El óxido nítrico ¿una molécula amiga o enemiga? por la Prof. Dra. Dª. Francisca Sevilla Valenzuela, académica de número

Mientras se debaten los compromisos asumibles por los países asistentes a la cumbre sobre cambio climático, dirigidos a detener la emisión de gases contaminantes, lo cierto es que la concentración de estos en la atmósfera, entre ellos los óxidos de nitrógeno (óxido nítrico, NO y dióxidos de nitrógeno, NO2), aumenta y ocasionalmente supera los límites permitidos por la normativa Europea, especialmente en zonas urbanas. Estos compuestos, generados en la combustión del petróleo, carbón o gas natural, contribuyen a la lluvia ácida y a la destrucción de la capa de ozono. Concentraciones de NO2 ≥400 µ/m3 dependiendo del tiempo de exposición, pueden provocar especialmente en personas con enfermedades respiratorias preexistentes, la aparición de diversos síntomas, dañando, además, a los cultivos vegetales. Sin embargo, como se describió en un artículo por Fewson y Nicholas en 1960, el NO podía ser utilizado por los microorganismos y las plantas como un intermediario del metabolismo. Posteriormente se identificó en sistemas animales como el compuesto previamente designado como factor de relajación endotelial, lo que supuso a los investigadores involucrados el reconocimiento internacional, al ser galardonados bien con el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica (Salvador Moncada, en 1990) o el Premio Nobel de Fisiología y Medicina (Robert F. Furchgott, Louis J. Ignarro y Ferid Murad, en 1998). A partir de estas investigaciones, este gas incoloro y difusible, fue calificado en 1992 como “molécula del año” en la revista Science, y hasta el día de hoy se han publicado decenas de miles de artículos sobre su importancia en la biología humana y vegetal. Dependiendo de su concentración en la célula, órganos y tejidos, como ocurre con su nivel en la atmósfera, de su oxidación a dióxidos y- trióxidos de nitrógeno y de su compartimentación, actúa de una forma u otra. Como molécula beneficiosa, actúa como antioxidante, en desarrollo, reproducción y defensa frente a patógenos, sequía o salinidad en plantas; actuando en humanos, como neurotransmisor, en la relajación del endotelio vascular, en la producción de energía o regulando el sistema inmune, entre otras funciones. También puede ser pro-oxidante inductor de estrés y generar especies reactivas de nitrógeno, modulando la expresión de genes y la actividad de proteínas, o participar en senescencia y en muerte celular. Por tanto es importante que sus niveles estén perfectamente controlados, en las células y a nivel global.   Esto lleva a considerar seriamente el estudio de su función biológica y no menos importante, el control de su emisión a la atmósfera.