El Mar Menor: Tratamientos sin receta médica por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

¿Quién debe diagnosticar las enfermedades de los ecosistemas? Y, una vez diagnosticadas, ¿quién establece el tratamiento a aplicar? Las respuestas, que en el caso de nuestra salud no ofrecen dudas, no parecen tan claras cuando se trata de los ecosistemas. Casi cualquier titulado superior puede realizar una evaluación de impacto ambiental y diagnosticar si el ecosistema está enfermo o no. Otra cosa es si el diagnóstico es acertado o si se han realizado las pruebas adecuadas que lo justifiquen.

Nos alarmamos si un graduado en enfermería receta tratamientos contra el cáncer pero no si cualquier titulado decide que nuestros ecosistemas están sanos. No es corporativismo, simplemente con la salud no se juega. En la prevención de impactos, diagnóstico del estado ecológico y restauración de los ecosistemas deben participar equipos multidisciplinares, en los que todos tienen cosas que decir, pero diferenciando quién diagnostica la enfermedad, nos opera o nos impone un tratamiento, de quién realiza los análisis clínicos, quién elabora o vende los medicamentos y quién diseña la política sanitaria para garantizarnos una sanidad pública y de calidad.

Si con nuestra salud lo tenemos claro, resulta sorprendente que con los ecosistemas, que son mucho más complejos que un cuerpo humano y cuyo estado afecta a la salud y la calidad de vida de todos, no nos importe en manos de quien estén.

Tampoco sirve de mucho un buen diagnóstico si decidimos automedicarnos. Hay medicamentos que sólo se prescriben con receta médica porque su mal uso puede tener consecuencias irremediables.

Esta es la situación del Mar Menor, uno de los ecosistemas más singulares de Europa y que más bienes y servicios ofrece a la Región de Murcia. Se le están aplicando medidas que pueden dejarle secuelas irreparables. Las palas excavadoras se pasean por sus playas, poniendo y quitando arenas, dragando las orillas, produciendo turbidez y macerando sus fondos. Estas medidas producen precisamente el efecto contrario al que se busca. El primer temporal vuelve a poner la arena en el agua, aunque donde no le corresponde, formando desniveles y barras paralelas a costa. El ecosistema se desestabiliza, favoreciendo la proliferación del alga Caulerpa prolifera, y se colmatan las praderas de la fanerógama Cymodocea nodosa. Con ello se deteriora el principal refugio de los alevines de peces que luego querríamos pescar, y sobre todo, se producen el enfangamiento y los malos olores que queríamos evitar. Alguien debería velar por nuestro sistema sanitario ambiental