EL ESPECTRO ELECTROMAGNÉTICO por el Prof. Dr. D. Ernesto Martín Rodríguez, académico honorario

Por el académico numerario Prof. Dr. D. Ernesto Martín Rodríguez

¿Cuáles son las analogías y diferencias entre un microondas y un aparato de Rayos X? ¿Podemos medir las radiaciones de antenas de telefonía móvil con un Geiger? ¿Y evitar las emisiones de un transformador con una cubierta de plomo? Todos los equipos citados utilizan señales electromagnéticas, radiaciones de la misma naturaleza que la luz o que los rayos ultravioleta o los rayos gamma. Pero estas radiaciones difieren mucho en su frecuencia, pertenecen a diferentes partes del espectro electromagnético. Son producidas, transmitidas y detectadas de forma muy diferente, y su interacción con la materia se realiza también con características específicas. Por su utilización para denominar procesos muy diversos, el término “radiación” puede producir confusiones. Y, por supuesto, ni los teléfonos móviles, ni los transformadores son radiactivos o emiten rayos X que puedan ser evitados con cubiertas de plomo.

 

La división básica (no única, ni nítida) del espectro electromagnético se hace atendiendo a los rangos de frecuencias o de longitudes de onda. En orden creciente de frecuencias (decreciente en longitudes de onda) el espectro electromagnético abarca las siguientes regiones: ondas de baja y radiofrecuencia, microondas, infrarrojo, visible, ultravioleta, rayos X y rayos Gamma. Sus longitudes de onda van desde kilómetros hasta billonésimas de metro. (El producto de la frecuencia por la longitud de onda, en el vacío, es la velocidad de la luz, unos 300.000 km/s). Las diferentes regiones del espectro se caracterizan, también, por otra magnitud, la energía. En su interacción con la materia, las señales electromagnéticas muestran su comportamiento corpuscular, intercambiando energía en cantidades discretas múltiplos de un “cuanto” elemental, el fotón, cuya energía es proporcional a su frecuencia. Desde el punto de vista de la energía, el espectro se subdivide en dos grandes rangos: el de las radiaciones no ionizantes y el de las ionizantes. Ésta es capaz de hacer saltar electrones ligados a los átomos. Son ionizantes ‑y peligrosos, incluso a intensidades bajas‑ los rayos X y los Gamma. No lo son ni la luz visible, ni las radiaciones de frecuencia inferior (infrarrojos, microondas, etc.).

 

Hoy en día estamos sumergidos en un baño de radiaciones electromagnéticas; algunas naturales, como la luz solar, y muchas producidas por el hombre, como las asociadas a las comunicaciones. Están de actualidad los posibles efectos biológicos de las radiaciones, especialmente las asociadas a la telefonía móvil y a los microondas. No están claros sus efectos, pero sí sabemos que no son ionizantes y que nada tienen que ver con la (peligrosa) radiactividad medible con un Geiger.