El enigma de las nanobacterias por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico de número

¿Cual es el tamaño más pequeño de lo que se considera vivo? Los seres vivos más diminutos conocidos son las bacterias denominadas micoplasmas, clamidias y rickettsias. Aunque existen entidades con tamaño inferior capaces de manifestar algunas propiedades biológicas, se trata de sistemas que no pueden ser considerados vivos porque carecen de estructura celular y dependen de otras células para desarrollarse. Tal es el caso de los virus, los viroides y los priones. Sin embargo, hace unas décadas se descubrió la existencia de unas estructuras enigmáticas mucho menores que las bacterias y que parecían reproducirse por sí solas. Se las llamó nanobacterias o nanobios y su presencia en muchos ambientes despertó gran interés porque, por algún tiempo, se relacionaron con la causa de algunas enfermedades, sospechándose que podrían tener algún papel en la formación de cálculos renales o biliares y en el desarrollo de arterioesclerosis. Por otra parte, su descubrimiento parecía establecer una nueva frontera de la vida a nivel de lo muy pequeño y representar una revolucionaria evidencia de vida extraterrestre. Curiosamente, el meteorito de origen marciano ALH84001, que se encontró en 1984 en el área antártica de nuestro planeta, contenía pequeñas estructuras microfosilizadas, morfológicamente análogas a las minúsculas formas de las nanobacterias. Este hecho se interpretó como un sugerente apoyo favorable a la posible existencia de vida primitiva en nuestro vecino Marte. Pese a las sorprendentes especulaciones que rodearon inicialmente a las nanobacterias y a su potencial significado, estudios posteriores más detallados llevados a cabo por miembros de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos han revelado que estas entidades no son verdaderas células ni constituyen nuevas formas de vida. El tamaño mínimo de una célula viva debe ser superior a 200 nm de diámetro para poder contener toda la maquinaria que hace posible la replicación del material celular, pero las nanobacterias no superan los 80 nm. Además, no hay evidencias de que contengan material genético, y su aparente crecimiento tiene más en común con el crecimiento de cristales inorgánicos que con la autoreplicación biológica. En definitiva, las nanobacterias parecen pertenecer a una familia de complejos materiales organometálicos, que pueden autoensamblarse y propagarse como si fueran vivos pero que, pese a su semejanza microscópica en cuanto a disposición con pequeñas células bacterianas, no comparten ni la organización ni los mecanismos de replicación autónoma que son propios de las células vivas.