EL BRILLANTE SISTEMA BRAILLE por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Tras la magnífica inauguración de la Tabla periódica mural de la fachada de la Facultad de Química, nada menos que la mayor del mundo, aunque esta valoración sea posterior a su realización y no pretendida a priori aunque, una vez lograda la marca, ya no pasa inadvertida para propios y extraños. Una tabla de esta categoría en un emplazamiento privilegiado como éste, induce muchas cosas. Quizás la primera sea incentivar a los propios profesores de la casa a conocer con detalle el conocimiento asociado a cada elemento. Sería complicado que alguien preguntara a un docente y no obtuviera una respuesta puntual sobre cualquiera de los elementos de la Tabla. Probablemente, otro incentivo se extiende a referir con alguna asiduidad los avances en el conocimiento que se van logrando asociados a cada uno de los elementos que la integran. Debates científicos en torno a ellos, por ejemplo, o relatos singulares de los mismos, o un largo etcétera de iniciativas que pueden sobrevenir y que, en el fondo suscitan hablar, reflexionar, pensar, debatir, la Química. Es sinónimo de profundizar en Ciencia. A buen seguro que esos docentes de impulso joven y ambición de conocimiento que se irán incorporando a la Facultad superarán las expectativas que hoy se puedan tener.

 

Tras la inauguración oficial, me cautivó, al pasar al interior a inaugurar con las autoridades, entre otras cosas, una tabla periódica mural en Braille, lo que alguien había dejado sobre una de las vitrinas que protege “los instrumentos del pasado” que jalonan los largos pasillos del Centro, encerrados en vitrinas, a falta de una explicación sobre la utilidad que prestaron cuando estaban en activo. La cuartilla contenía el alfabeto del Sistema Braille. La primera imagen que me asaltó fue recordar que hace unos quince años tuve como alumno a un estudiante vasco que asistió al curso de doctorado interuniversitario en el que participan unas 20 Universidades españolas y hasta 40 Universidades europeas, sobre Química Teórica y Computacional y este alumno era ciego. Reconozco que no estamos preparados para impartir docencia a alumnos con discapacidad visual. Son tal cantidad de elementos los que ignoramos, que bien haríamos en aprender a conducir una sesión docente para ellos.  Recuperado del primer recuerdo, acaricié entre mis manos la cuartilla que contenía la clave con la que la información del mural estaba confeccionado. La examiné con atención. La había visto algunas veces, pero nunca con la profundidad con la que ahora la examinaba. Es un prodigio de eficacia. Es un sistema que utiliza una matriz de unas dimensiones determinadas (celdillas) de unos 5 mm de alto por 2.5 mm de ancho. Las celdillas están colocadas a 6.30 mm entre ellas y la vertical de las líneas es de unos 10.20 mm. Nada es caprichoso, estas dimensiones son las que caben (tiene alcance) en la yema de un dedo. Cada letra se representa en una de estas celdillas que tiene 6 puntos con potencial relieve. Es decir, una matriz de 3×2 va a contener las variaciones posibles de dos elementos (relieve o no) con repetición, tomadas de dos en dos, por tanto 2^6 = 64 combinaciones disponibles para representar 48 caracteres, incluyendo mayúsculas, minúsculas, dígitos del 0 al 9 y signos especiales. La economía del Sistema Braille es exquisita y un mismo signo braille puede significar cosas distintas, según el contexto donde lo utilicemos. De no ser así, un alfabeto con mayúsculas y minúsculas, dígitos y signos especiales, supera ampliamente 64. Dicho sea de paso, esto es lo que ocurrió cuando se diseñó el sistema de codificación ASCII que acabó incluyendo 8 bits (un byte) para codificar un carácter, de modo que los posibles caracteres a representar podían extenderse hasta 256 (variaciones con repetición de dos elementos, en este caso 0 y 1, tomados de 8 en ocho, es decir 2⁸ = 256). de este modo se puede incluir el alfabeto occidental y el hiragana (unos 100 caracteres) o el Katakana (más de 80 caracteres), también se podían codificar en un byte. También en el proceso de gestación del Sistema Braille, pasó por considerar matrices de ocho puntos, es decir cuatro filas y dos columnas. Finalmente, en aras de la simplicidad se redujo a los 3×2 iniciales. Hay un signo que indica que lo que viene a continuación son números, y hay otro que indica que son mayúsculas, de forma que se pueden reutilizar algunos de los códigos, según el contexto.  Hay también una celda, para indicar el espacio en blanco. Cada letra se representa mediante una combinación de puntos en relieve. Al comenzar a escribir se emplean dos espacios en blanco y entre párrafo y párrafo es conveniente dejar un renglón en blanco. Lo mismo que se hace cuando se escribe en tinta.

 

Lo que me subyugaba de la cuestión era la lógica subyacente. Nada obvia. No se trata de suponer, por simplicidad que se aplica la memoria y ya está. Evidentemente que hay que memorizar, pero hay que aprender a hacerlo. El principio ordenador es necesario. En una máquina de escribir, hoy teclado de ordenador, los tipos no ocupan cualquier lugar, al azar. Observemos que el teclado, que se denomina qwerty, es, precisamente porque los seis primeros tipos de la línea superior del teclado son esos caracteres. Hay otros teclados, aunque se haya impuesto aquél, como el azerty, usual en los países francófonos, por ejemplo. Entre ambos tienen intercambiadas las letras A y Q, Z y W, además de que la M no está a la derecha de la N, sino a la derecha de la L y no incluyen la Ñ, sino un punto y coma. Hubieron otros, como el HCESAR, implantado en Portugal en la época de Oliveira Salazar o el Teclado Dvorak. La razón de estas alternativas, radica en que en cada idioma la frecuencia con la que se emplean los distintos caracteres varía de una lengua a otra y la contigüidad de los tipos tiene que ver con la probabilidad de que dos caracteres pueden presentarse contiguos en las palabras de cada idioma. Algo conocemos los españoles de tales cosas, cuando hoy ya algo superado, pero durante mucho tiempo tuvimos que conformarnos con suprimir la ñ, que es genuina del idioma español, y escribir y leer una n en su lugar, porque los teclados nunca fueron españoles. Hoy de hecho son adaptaciones de software las que siguen operando para que la ñ figure en nuestros escritos. Por cierto, como Braille era francés, la ñ no la incluía tampoco.

 

Las diez primeras letras solamente incluyen los cuatro puntos superiores de la matriz (B de Braille B = , y sus elementos bij)

(elementos b11, b12, b21 y b22). Con estas combinaciones cubrimos desde la letra a hasta la j. Desde la k a la t, otras diez letras, añaden el punto a31, a las correspondientes del primer grupo de diez. Así, entre la a y la k solamente hay la diferencia del relieve b31. Entre la t y la j, por idénticas razones, ocurre lo mismo. La tercera serie acaba el alfabeto, incluyendo desde la u hasta la z y los caracteres siguientes incluyen la c con cedilla, el signo generador (todos los puntos en relieve), la a con acento, e con acento y u con acento. La cuarta serie  es parte de la primera serie añadiendo en relieve el punto 23, es decir la g, h y i, para asignarla a ñ, u con diéresis y w. Finalmente, la quinta y última serie son los signos de la primera utilizando en lugar del relieve de las dos primeras filas, los de las dos de abajo. Así se incluyen la coma, el punto y coma, etcétera. Las vocales con acentos y otros signos de interés como: guión, paréntesis etc. completan el sistema. Los signos complementarios antepuestos convierten las letras en mayúsculas y números. Así, se pueden expresar textos, números de distintas cifras o utilizar signos matemáticos, la arroba o el signo del euro, que son los de más reciente creación Hay organismos internacionales que consensuan y aplican universalmente los cambios y novedades del sistema.

 

El Sistema Braille soporta un lenguaje y una experimentación táctil basados en una percepción analítica de los estímulos. El Sistema en funcionamiento precisa favorecer el aprendizaje con explicaciones orales, dado que la lectura es casi letra a letra, ya que el tacto no admite otra forma. Es un mundo fascinante. Un sistema digno de elogiar por la labor que permite llevar a cabo. Me cautivó la lógica subyacente que no es nada obvia a primera vista. Es una realidad que merece la pena mirarla con la lupa del entusiasmo por las cosas bien hechas. ¡Cuánto hay que aprender y cuanto de ello está bien cerca de nosotros! La mirada nos lo desvela cuando es atenta.