Educación en ciencia, ahora por el Prof. Dr. D. José Luis Iborra Pastor, académico honorario

La Dirección General para la Investigación, la Educación y la Cultura de la Comisión Europea ha publicado recientemente un informe con el mismo título de esta columna. Su principal conclusión consiste en la necesidad de revisar significativamente la forma en que las ciencias y las matemáticas se enseñan en los colegios e institutos a la juventud. ¿Por qué de este informe? Un análisis de la OCDE de 2006 describe que en la última década, en muchos países europeos, se ha incrementado el número de estudiantes universitarios, pero disminuye la proporción de alumnos que eligen ciencias. Además, en ciertas áreas como las matemáticas y las ciencias físicas, áreas que son el corazón del desarrollo económico, el número de estudiantes también disminuye, y en algunas universidades europeas, tiende a reducirse a la mitad, como es el caso de los que se matricularon en física en el periodo 1995-2005. También indica que, en la mayoría de los países, las mujeres están menos interesadas (31%) que los hombres por alcanzar estudios académicos en matemáticas, ciencias y tecnologías. Sin embargo, prácticamente un 80% de los europeos (Eurobarómetro en “Europeans, Science and Technology”, 2005) considera que “el interés de la gente joven por la ciencia es esencial para nuestra prosperidad futura”, pero solamente un 15% están satisfechos por las clases de ciencias en los colegios e institutos, pues no son lo suficientemente atractivas (59,5%). El 60,3% de los europeos opina que “las autoridades son las que deberían resolver este problema”. El informe también detecta la existencia de iniciativas y proyectos que tratan de renovar la educación en ciencia, auspiciados por profesores dinámicos de enseñanzas primarias y secundarias, comunidades locales y regionales, estudiantes y profesores e investigadores universitarios. ¿Qué recomendaciones propone el informe? Para los expertos no hay ninguna duda de lo importante que es para Europa el tener una población con una buena educación en ciencia. Y para ello sugieren, en primer lugar, demandar a las autoridades locales, regionales, nacionales y europeas las acciones necesarias para mejorar la educación en ciencia. También, en que se fomente e incremente la auto-confianza de las mujeres en la ciencia. Estas mejoras se deben realizar con nuevas formas de pedagogía, a través de la introducción, promoción y financiación en las escuelas de aproximaciones innovadoras, y en el desarrollo de redes de profesores, y sugiere que se tomen como modelos experiencias tales como las realizadas en Europa, denominadas “Pollen” (12 ciudades en 12 países europeos) y “Sinus-Transfer” (Alemania). La última recomendación es la creación de un Comité Asesor de Educación en Ciencia Europeo financiado por la Comisión Europea.