Diversidad y Evolución por el Prof. Dr. D. Juan Guerra Montes, académico de número

En poblaciones naturales de plantas y animales, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) utiliza una serie de categorías para definir el estado de conservación de las especies y para detectar e informar sobre el tamaño y estado de las poblaciones existentes en un territorio. Así, a la categoría de “especie extinguida” le sigue la de “especie en peligro de extinción”, que incluye aquellas especies con unos niveles de efectivos que pueden considerarse críticos, es decir, a un paso de la desaparición. Un caso extremo es el del guacamayo de Spix, especie de la selva amazónica brasileña, del cual se había censado un solo ejemplar macho a finales del siglo pasado. Si ello fuera cierto, la especie puede considerarse virtualmente extinguida. Pero este no es un caso aislado, ni mucho menos infrecuente. En la Región de Murcia existen al menos una treintena de especies vegetales que se encuentran en situación similar, como ocurre con la jara de Cartagena (Cistus carthaginensis), la manzanilla de Escombreras (Anthemis chrysantha) o el dragoncillo de roca (Antirrhinum subbaeticum), cuyas poblaciones se encuentran al límite de la supervivencia, de forma que la más mínima alteración de su hábitat provocaría su desaparición. La urgencia de establecer planes de conservación no es caprichosa y así debe ser entendida con urgencia por las autoridades y organismos públicos competentes, que al mismo tiempo deben asesorarse por científicos y técnicos experimentados en conservación y protección de especies. Para estos fines no vale cualquier aficionado o ecologista al uso, por más sensibilidad que se posea sobre el tema, una cosa es que te guste el tenis y otra competir en Roland-Garros. La reducción de los efectivos de una especie a estos niveles (50-100 individuos en una única población, en muchos casos) supone una merma de su diversidad genética y de su capacidad de respuesta ante cambios de cualquier tipo. Este fenómeno trasciende el nivel de una especie en concreto y tiene relación directa con el proceso evolutivo, que se basa justamente en la variabilidad genética. Tratado el problema en un plano global –otra manera de abordar la diversidad en su conjunto- la naturaleza puede considerarse como un inmenso banco genético sobre el que ella misma realiza “procesos experimentales de evolución”. Un banco empobrecido en diversidad limita las posibilidades de la naturaleza para experimentar y, en consecuencia, responder a situaciones cambiantes y nuevas, como el tan referido “cambio climático” al que el Planeta se encuentra sometido. Sin diversidad no hay posibilidades de evolución.