Diversidad domesticada por el Prof. Dr. D. Juan Guerra Montes, académico de número

En la década de los cincuenta, la conocida “revolución verde” propició la difusión de variedades muy productivas de plantas en las regiones en vías de desarrollo, pero a costa se redujo drásticamente el número de especies durante milenios seleccionadas por el hombre, y la variabilidad genética. Los rendimientos de las cosechas aumentaron, pero, además de hacer depender a los campesinos de las semillas comerciales, dado que las variedades desarrolladas son híbridos estériles, provocó una reducción drástica de la diversidad biológica agrícola. Se estima que existen unas 30.000 especies o variedades de plantas potencialmente comestibles, de las cuales unas 7.000 han sido alguna vez utilizadas como tal por el hombre. Sin embargo, en la actualidad sólo 20 especies proporcionan el 90% de la contribución del reino vegetal a la energía dietética humana y 9 especies – trigo, maíz, arroz, cebada, mijo, patata, batatas, caña de azúcar y soja- suponen más del 70%, y de ellas las tres primeras proporcionan más del 50%. El hombre ha conseguido con los sistemas tradicionales de selección multitud de variedades adaptadas a ambientes y circunstancias muy variadas. Recordemos, por ejemplo, las hortalizas tempranas en zonas de clima benigno, las judías de ciclo corto en áreas de montaña, los cítricos de fructificación espaciada, etc. En la Península Ibérica existen 19 variedades de trigo, un centenar de olivo, y casi otro de almendro sólo en Andalucía, 11 tipos de judías en Castilla-León, etc., pero estas variedades se van perdiendo inexorablemente barridas por las modernas prácticas agrícolas y las leyes de mercado. La FAO ha estimado que en el siglo pasado ha desaparecido un 75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas. Así, más del 95% de las variedades nativas de trigo en el Mediterráneo oriental se han extinguido. La Región de Murcia no es un caso aislado en este proceso de pérdida de diversidad biológica. La variada agroclimatología de la Región, las diversas influencias culturales, el cultivo de huertos familiares y el aislamiento de alguno de sus territorios, han generado una enorme variabilidad genética que es necesario conservar para futuras generaciones. En este sentido una iniciativa enmarcada en la Red de Agroecología y Ecodesarrollo de la Región de Murcia ha propuesto entre sus objetivos, el inventario, recuperación, caracterización, estudio de adaptación, análisis de problemas fitosanitarios, viabilidad, selección y producción de semillas de variedades locales de plantas comestibles. El uso de estas variedades supondrá además la solución para conservar “in situ” estos recurso fitogenéticos en peligro de extinción.