DE AIRE, FUEGO Y TIERRA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

En marzo de 1775 Priestley comunicó que había descubierto el oxígeno. Agregó toda una teoría sobre la “verdadera naturaleza” del oxígeno, al considerar que estaba compuesto por ácido nítrico y tierra. Priestley narra que lo descubrió en la casa en la que estaba al cuidado de su patrón Lord Shelburne y que fue un descubrimiento accidental. Con una “lente ardiente”, que era una lente convexa que concentraba los rayos solares en un área pequeña calentándola hasta el extremo de que provocaba la ignición de lo expuesto en la superficie. Se usaron mucho en el siglo XVIII para estudios químicos de materiales ardiendo en vasos cerrados ya que los productos de la combustión quedaban atrapados para su análisis. Se mantuvieron estos procedimientos hasta el advenimiento de la ignición eléctrica. Priestley ensayaba el efecto del calor sobre distintas substancias, entre las que se encontraba el óxido de mercurio rojo obtenido por calentamiento del metal en aire durante mucho tiempo y que se denominaba precipitado rojo o mercurio calcinado. Puso una pequeña cantidad de esta sustancia en un pequeño bulbo lleno con mercurio e invirtió el bulbo y calentó la sustancia situándola en la lenta ardiente.  Dice Priestley que el 1 de agosto de 1774 …”extraje el aire del calcinado de mercurio, encontrando que mediante la lente, el aire fue expelido de aquél, muy rápidamente… pero lo que más me sorprendió fue que una vela ardía en este aire con notable vigor, mucho más que la llama de una vela cuando arde en aire nitroso, expuesta a hierro u óxido nítrico (aire nitroso) , pero sabiendo que no se había usado ningún ácido nitroso en la preparación del calcinato de mercurio, me encontré perdido para dar cuenta de ello”. Repitió el experimento con otra muestra de precipitado rojo que se aseguró que no procedía de calentamiento con nitrato de mercurio y volvió a encontrar que el gas que se desprendía, tras agitación en agua, todavía hacía arder la llama de una vela con gran intensidad. Por tanto, no era óxido nítrico. También obtuvo oxígeno a partir de plomo rojo, que no se obtenía con ácido nítrico. Cuando redactó sus resultados en 1775, estaba persuadido de que el oxígeno se componía de ácido nítrico y tierra La verdadera naturaleza del oxígeno, como un gas diferente del óxido nítrico, no la percibió hasta avanzado 1775. Para Priestley era un aire atmosférico desprovisto de flogisto Desflogistizar el aire suponía reducir aquel a un cuarto o un quinto. De hecho, cuando Cavendish descubrió el hidrógeno en 1766, pensó que era flogisto puro.

 

Además de Priestley, el oxígeno fue descubierto de forma independiente por Sheele en torno a 1771-1772, como se desprende de sus notas de laboratorio. En un libro titulado “Sobre el Aire y el Fuego publicó sus experimentos en 1777, aunque finalizado el manuscrito en 1775. Obtuvo oxígeno mediante una variedad de procedimientos: descomposición de vapor de óxido nítrico mediante calor, calentamiento de óxido de mercurio y carbonato de plata, calentamiento de dióxido de manganeso con ácidos sulfúrico y arsénico, etc. Explicó sus resultados bajo la suposición de que el calor está compuesto de oxígeno (aire ardiente) y flogisto. Al igual que Cavendish, identificó el flogisto con el hidrógeno. Pensaba que quemando hidrógeno en aire, el producto de la unión del hidrógeno y el aire ardiente era el calor. Le faltaba tener en cuenta la formación de agua, explicable porque trabajaba con agua caliente.  La teoría de Sheele proponía que la parte que denomina “calx” (como el contenedor de los metales que acompañaba al flogisto) podía reducirse a metal: bien como “calces” de metales comunes y el flogisto se le suministraba por sustancias ricas en él, como el carbón o la otra alternativa consistía en las “calces” de los metales nobles que se reducían solamente con calor y el flogisto se suministraba por la descomposición del propio calor que estaba compuesto por aire ardiente (oxígeno) y flogisto. El flogisto reducía el “calx” a metal y el aire ardiente quedaba libre.

 

La autoría del descubrimiento del oxígeno se ha debatido mucho por los historiadores de la Química. Las fechas a las que se comunica el descubrimiento siguen discutiéndose, aunque todo indica que son prácticamente coetáneas. En todo caso estas dos referidas son independientes y todo parece indicar que ambas válidas para tenerlas en cuenta.