¿Cuándo diremos adiós a las gafas? por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Por alguna razón, en los últimos meses me han hecho esta pregunta insistentemente. Y la respuesta es que las gafas, y similares, como lentillas, serán algo del pasado, en algún momento del futuro. Las gafas son un invento maravilloso y sencillo que resuelve problemas muy serios en millones de personas. Son algo tan cotidiano que resulta difícil pensar alguna razón por la que tengan que desaparecer. Pero la historia está llena de ejemplos de utensilios que han quedado obsoletos. Desde hace años, muchas personas con necesidad de llevar gafas, dejaron de usarlas tras someterse a cirugía refractiva en la que se talla la cornea con láseres para producir buenas imágenes en la retina. De alguna manera estos procedimientos abrieron el camino a la progresiva desaparición de las gafas. Pero lo cierto es que en la actualidad con las tecnologías disponibles, y a pesar de las muchas mejoras, los rangos de corrección son limitados, se trata de procesos siempre irreversibles y los resultados no son siempre óptimos. Además, muchas personas sólo se libran de las gafas temporalmente y las vuelven a necesitar para ver de cerca cuando pasan los años y aparece la presbicia, o vista cansada. Algunos estudios que se llevan a cabo en varios laboratorios van en una dirección diferente. Se trata, no de cambiar la forma de la cornea eliminando parte de tejido, sino de modificar sus propiedades ópticas de una manera reversible, manteniéndola intacta. Es decir, se podrían cambiar las propiedades ópticas, tanto y tantas veces como se quisiera. La idea consiste en irradiar la cornea natural, o previamente tratada, con láseres que emiten pulsos de luz extremadamente cortos para corregir los defectos ópticos del ojo. Si estos procedimientos demuestran tener éxito y se implementan en métodos seguros, las gafas podrían haber recibido un golpe mortal. Porque imagínense un escenario futuro similar a este: sea cual sea su problema óptico, simplemente debe pasar por una “máquina” que le ajusta en unos segundos, sin dolor y sin riesgos, la óptica de su ojo hasta que le proporciona la mejor visión adaptada a sus necesidades. Y además, puede arrepentirse y cambiarla casi tantas veces como quiera hasta que encuentre su visión ideal. ¿Cuándo llegará ese momento? Obviamente, no hay nada más arriesgado que este tipo de predicciones. Pero lo que si les puedo decir es que me gustaría llegar a verlo, y sin gafas. Por cierto, si están interesados en algún detalle más sobre este asunto, no duden en asomarse a mi blog “Visión de lejos” (http://visiondelejos.blogspot.com/).