Covid-19. Una cura de humildad por el Prof. Dr. D. Francisco A. Tomás Barberán, académico de número

Con 2020 recién acabado y echando la mirada atrás a lo largo de este año, nos damos cuenta de que la pandemia que hemos vivido y seguimos sufriendo en 2021 con una fuerza renovada por las dos nuevas variantes más contagiosas del virus, ha puesto de manifiesto las limitaciones que tiene el ser humano y la necesidad de estar preparados frente a nuevos retos que llegarán sin ninguna duda en el futuro. El estado de bienestar en el que hemos vivido parecía algo garantizado y consolidado, pero este virus ha puesto de manifiesto nuestras debilidades y en jaque a nuestros sistemas de salud, educación y economía.

El desarrollo de las vacunas en tiempo record, y gracias a colaboraciones científicas multinacionales, hace que podamos ver la pandemia con esperanza gracias a unos grandes avances que abren nuevas estrategias terapéuticas y de prevención de enfermedades víricas.  Sin esta pandemia y su amenaza global a la sociedad, no se habría podido desarrollar estas vacunas, pues la complejidad logística de almacenamiento y distribución de las mismas a temperaturas por debajo de los -70 °C, las hubiera hecho inviables para la industria farmacéutica.

Nuevos retos de salud llegarán en el futuro próximo, como es el caso de las bacterias resistentes a antibióticos, y las nuevas variantes de virus aún más contagiosos y letales. La tecnología de estas nuevas vacunas y la de todos los tratamientos que se están desarrollando, nos posicionarán mucho mejor de cara a la superación de estos retos. Pero no podemos ser autocomplacientes. Detrás de estos avances existe una fuerte base de investigación científica. La pandemia ha hecho que la sociedad reconozca la necesidad de fortalecer el sistema de investigación junto con el sistema de salud. Aquí España tiene que apostar de manera decidida y llegar al nivel de inversión en investigación que tienen los países de nuestro entorno y no ocupar lugares mucho más retrasados en la inversión que no se corresponden con la capacidad y el nivel de calidad de la investigación que se produce en España. Ahora, nunca como antes, se está alcanzando un consenso sobre la necesidad de dedicar el 2% de PIB a la investigación, como se ha promovido a partir de la campaña ‘Constantes y Vitales ‘.

No dejemos escapar esta oportunidad de poner a España en el lugar que se merece en la ciencia y estar bien posicionados para dar respuesta a los retos que se nos plantean y se nos plantearán en el futuro. La ciencia es de todos y es necesaria para dar respuesta a los problemas de la sociedad.