Conflictos bélicos de origen climático por el Prof. Dr. D. José Sebastián Carrión García, académico honorario

El escritor y corresponsal de guerra Jean Hatzfeld, saltó a la fama hace años por la publicación de una trilogía sobre el genocidio ruandés. A través de una serie de entrevistas a genocidas en prisión, Hatzfeld nos presenta con crudeza la realidad de la guerra desde la perspectiva de un observador desprejuiciado. La historia de Ruanda tiene mucho que enseñarnos sobre la importancia que la interpretación de los sucesos deviene en la explicación de las grandes catástrofes. También es un buen laboratorio experimental para observar cómo, en cuestión de horas, y ante la percepción de una amenaza, los fundamentos morales de una sociedad pueden adaptarse a la justificación de la violencia.

Tras leer el último libro de la trilogía, La Estrategia de los Antílopes, no he podido evitar trascender las narraciones individuales para reafirmar la idea personal de que la guerra de Ruanda tiene un trasfondo característico de todas las guerras modernas cuya causa esencial viene a ser el cambio climático. Ruanda era una de las naciones del mundo con mayor densidad y tasa de crecimiento poblacional y el genocidio se vio precedido por un aumento del número de personas que habían llegado a vivir por debajo del umbral del hambre.

Parece que con la crisis financiera, las políticas de adaptación al cambio climático han pasado a un segundo plano en la agenda de los organismos internacionales, los cuales no gustan de ser informados de aquello que no satisface las expectativas de su clientela. Sin embargo, la inacción política en estas circunstancias puede suponer una tragedia de proporciones incalculables. En las próximas décadas, muchas sociedades agropastorales van a entrar en colapso debido al cambio climático. Algunas ya se están descomponiendo (véase el caso de Darfour a partir del año 2003). En otros casos, como Etiopía, Kenia, Nigeria, Indonesia o Sri Lanka, es previsible que los países se desintegren debido al conflicto por los recursos, las hambrunas, la pérdida de legitimidad de las élites políticas y el lucrativo mercado de la guerra. Se prevé que en el año 2050, un mínimo de 2000 millones de personas sufrirán problemas directos de supervivencia por escasez de agua. Los impactos del cambio climático serán geográficamente muy dispares y lo más probable es que los mayores causantes sean los menos afectados. Si hay algo incuestionablemente global entre los efectos del cambio climático es precisamente la injusticia.