COMPROBANDO A EINSTEIN por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La permanente referencia a la Ciencia o la más pretenciosa alusión a la verdad, a la que se dedican los que ponen en cuestión a aquélla y forman grupos para reclamarla y defenderla, forman un coro en el que no faltan las sorpresas. Porque el culto a la magia, la superstición, la formulación de propuestas poco razonadas y razonables, incluso carentes de racionalidad, no hacen sino aflorar creencias que no tienen fundamento, que reclaman una intervención mágica o sobrenatural ante determinados sucesos. Siempre han existido estas posiciones en nuestra sociedad. Claramente antes mas que ahora. No por nada, sino porque nuestra sociedad ha avanzado de forma espectacular gracias a la contribución de la Ciencia, a la que debemos estar donde hemos llegado.

Las personas que, por diversas circunstancias, no han tenido la oportunidad de formarse, conocer, adquirir conocimiento, disfrutar de capacidad de raciocinio, para de forma serena razonar ante los problemas que le afectan a lo largo de su vida, hay que lamentar la enorme carencia que les pone en dificultad y desventaja. Hace un tiempo era común encontrarse con personas que no pudieron asistir a la escuela, casi siempre por las necesidades familiares que los enfrentaban con la dureza de la vida y el trabajo desde la niñez. Los de cierta edad hemos conocido a muchas personas que no sabían firmar. Hasta aquí llegaban las deficiencias. Pero había un sentimiento de desgracia que arrastraban de por vida. Muchas de ellas con inteligencia suficiente como para lograr éxito en su existencia, tanto familiar como social. Pero ello no le soslayaba la falta de preparación que lamentaban. Asistir a la escuela y lograr el titulo de bachiller era escalar un nivel en la sociedad, tanto intelectual como socialmente. Y tenía repercusiones económicas. Ir a la Universidad era subirse al ascensor social. Incorporarse a la parte más cómoda de la sociedad. Así cientos de miles de ciudadanos logramos desde la humildad de nuestras familias, alcanzar un nivel social acorde con las capacidades intelectuales y humanas que realmente poseíamos.

Desde una posición de formación universitaria nunca ha sido concebible adoptar posiciones irracionales, poco justificadas o anormalmente disparatadas. Siempre es posible encontrar un garbanzo negro, pero nunca ha sido habitual que desde un rango de conocimiento supuestamente importante, como reporta la formación universitaria se asuman propuestas disparatadas, poco razonadas o anormalmente injustificadas. Ahora vemos que o los tiempos han cambiado mucho o estamos muy equivocados en la preparación que suponemos reporta la formación universitaria. La pandemia ha tenido, también, la oportunidad de hacer aflorar los disparates a cuenta de posturas, soflamas y recomendaciones de esperpénticas propuestas para enfrentarla.

Hay que admitir que pasar por la Universidad las personas, no garantiza que la Universidad pase por ellas. Evidentemente más en unos casos que en otros. No todas las carreras son iguales, por cierto. El Médico Juan Manuel Jiménez Muñoz, daba su filiación completa aportando todos los detalles para que el que crea oportuno denunciarle, pueda llevarlo a cabo, es decir, dando la cara que diría el genuino. Razonaba la disparatada posición de 200 médicos ( ¡MEDICOS!, que han cursado una carrera universitaria) que se autodenominan “Médicos por la Verdad”, denominación que ofende a los otros 159 800 médicos restantes que ejercen en este país y , que según los 200, deben estar en la Secta de “Medicos por la Mentira”. Después de introducir esto dispara con batería de carga hueca y, claro está, de acuerdo con el nivel que requiere la circunstancia. Van por el mundo impartiendo soflamas negacionistas, sin fundamento y de consecuencias nefastas en el trance de pandemia que atravesamos. Reclama a los Colegios de Médicos y otras instancias su falta de ajuste a las circunstancias que evidencian con su silencio. Desde una concepción medievalista proponen remedios o valoraciones que además de ridículas resultan peligrosas. La ignorancia de muchos acepta la propuesta. Los califica de vergüenza de la profesión, criticando el ruido y la confusión que están sembrando.

Resulta sorprendente que la propuesta que se hace desde el entorno Científico, ponderado, estudiado, contrastado y sujeto permanentemente a la falsación, unos titulados en medicina se permitan ponerlo en duda, gratuitamente y sin la ponderación de las consecuencias. Es de suponer que esta gente, estos 200, que solamente son capaces de soportar una cabeza, como todo el mundo, en su labor diaria y profesional, juzgan, valoran y operan con esa misma cabecica que Dios les dio. Otra cosa es que no ha aflorado la deficiencia hasta ahora.

Resulta sorprendente que iletrados en el raciocinio, hayan pasado por una Universidad. Y me viene a colación el rigor con el que la Ciencia actúa de forma permanente y desde sus inicios. Valga como piedra de toque y a título de botón de muestra la exposición al contraste, constante y permanente de la teoría de la relatividad de Einstein. Después de cientos de comprobaciones desde su misma formulación, incluso en aquellos casos en que el propio autor asumía que eran cosas que no esperaba que nunca se comprobaran (en esto falló estrepitosamente) como fue la detección por el astrónomo británico Sir Arthur Eddington que midió la curvatura de la luz que le brindaría el eclipse total de Sol del 29 de mayo de 1919. Pero las comprobaciones han seguido de forma constante. A finales del año pasado un equipo de investigadores concluyó un estudio con una duración superior a una década sometiendo a prueba la teoría de la relatividad.

Los científicos del Max Planck de Radioastronomía sometieron a prueba la teoría de la Relatividad comprobando la generación de ondas gravitacionales en el espacio-tiempo, asi como la propagación de la luz en campos gravitacionales intensos, la inflexión de la luz, que ya comprobara Eddington, el efecto de la dilatación del tiempo y todo ello a través de la observación durante 16 años de un sistema de estrellas pulsares, concretamente PSR J0737-3039A/B que se encuentra a 2.400 años luz de la Tierra. Estas estrellas orbitan entre si a una velocidad de un millón de kilómetros por hora, Una estrella gira a razón de 44 veces por segundo y otra cada 2.8 segundos, Se precisa que estas estrellas son un 30% mas masivas que el Sol, aunque solamente tienen un radio de unos 24 kilómetros. Conforman un escenario sin parangón para someter a prueba la teoría de la relatividad. Informan que han comprobado que la energía transportada por las ondas gravitacionales es la descrita por la teoría de Einstein. La cuestión no es menor., por cuanto estas mediciones eran 245 veces más precisas que las efectuadas en el pulsar Hulse-Taylor, científicos  ganadores del Premio Nobel de Física en 1993, por el descubrimiento de un nuevo tipo de púlsar que abrió nuevas posibilidades para el estudio de la gravitación. y mil veces mejor que las se obtienen con detectores de ondas gravitacionales, como LIGO, que es un Observatorio de detección de ondas gravitatorias. ​ La misión para la que se diseñó es confirmar la existencia de las ondas gravitatorias predichas por la teoría de la relatividad general de Einstein, y medir sus propiedades. La primera observación directa de una onda gravitatoria se produjo el 14 de septiembre de 2015, identificándose con el código GW150914, y se presentó al publicó el 11 de febrero de 2016.

Así funciona la Ciencia, no de otra forma. No se trata de opiniones, ocurrencias, enunciados sin fundamento, propuestas de iletrados o conjeturas propias del subdesarrollo económico, social o incluso mental. La Ciencia hace propuestas que somete a cuestión de forma permanente. Prueba de ello es lo relatado para las propuestas del mayor genio que haya tenido jamás el mundo y que hemos relatado a titulo de botón de muestra. No es posible aceptar que unos universitarios formen parte del negacionismo irreverente e inextricable que mueve a la ignorancia a posicionarse irracionalmente. Las consecuencias derivadas en los que dan crédito, por cualquiera de las circunstancias imaginables, a estas propuestas que se airean y ventean en las redes sociales son inimaginables. Estos 200 profesionales de la medicina deberían ser conminados por las estructuras profesionales que se tienen a gala cuidar por la escrupulosa deontología, a abandonar las prácticas de una profesión para la que no están preparados. No es posible llevar con dignidad una institución que se pone de lado ante estos desatinos. La universidad debería velar por evitar que hayan titulados que egresan sin la preparación apropiada que se les supone. Hay que hacérselo mirar. Parece increíble que esto ocurra, pero está pasando. De las pocas cosas positivas de la pandemia, es que han aflorado carencias que no imaginábamos.