COMO PARA NO SOÑAR por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

El sueño ocupa, al menos, un tercio de nuestra vida. Ocupamos casi un cuarto de siglo en dormir y se estima que cuatro años de la vida los pasamos soñando, aunque no recordemos casi nada al despertar.  Una verdadera lástima. En estos términos, expresamos como un lamento de que es un tiempo perdido el que dedicamos a este menester. Pero, nada más lejos de la realidad. En todo caso, se trata de una actividad compleja con distinto grado de profundidad, según circunstancias.

Está generalizada la idea de que dormir y soñar son sinónimos. Hay dos aproximaciones que las concretan. En una de ellas se atiende el ciclo dia-noche y en la otra se atiende al equilibrio homeostático que incluye aspectos químicos y hormonales y donde es muy visible la componente eléctrica. Las teorías que atienden al ciclo dia-noche, inciden en que el sueño es una consecuencia de una programación que nos hace dormir por la noche, con independencia de lo que acontezca durante el periodo de vigilia diurno. Genéricamente, son las conocidas teorías circadianas del sueño que contempla ciclos de aproximadamente 24 horas. Es como un reloj biológico, situado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo anterior y conectado con el sistema neuronal que dispone de centros que regulan el sueño y la vigilia. Los denominados cronobiólogos dedican su atención a estudiar estos relojes internos, que son personales e intransferibles.

Por otro lado, las que se basan en la necesidad de recuperación atienden a que el estar despierto, modifica el equilibrio fisiológico interno, que denominaos homeostasis y hay que restablecerlo, mediante el sueño. Cuando el equilibrio se ha restablecido, nos despertamos.

El sueño es concebido por gran cantidad de gente como un estado de conciencia y no como una conducta. De este modo, quedan descartados los procesos en que se sueña con control del sujeto durmiente sobre el proceso. Esto tiene mucho que ver con que se considere que se puede recordar lo que se sueña o no. En todo caso, el tiempo de sueño estando relacionado tanto con la mejor recuperación, en el caso de prolongar el estado, como, por el contrario, asumir que es un tiempo que restamos a la actividad, en cuyo caso, cuanto menos durmamos, mejor, nos llevaría a los casos extremos que no son razonables. Precisamos de un tiempo mínimo, en el supuesto de ser un proceso de recuperación, y tenemos que formir en determinados momentos y un mínimo si atendemos a las imposiciones de los relojes internos. Ambas posiciones no admiten extremos.

La neurociencia nos va aclarando las funciones del sueño y las concreta en  que las neuronas se reordenan y los recuerdos se distribuyen apropiadamente para poder acceder a ellos. Pero esto se lleva a cabo en varios escenarios simultáneamente. Desde el punto de vista biológico y fisiológico el sistema inmunitario se reequilibra y sanea las toxinas que han podido alcanzar el cerebro en el periodo de vigilia. Desde el punto de vista endocrino se regula el sistema hormonal equilibrándolo de nuevo. Desde el punto de vista psicológico tanto el aspecto emocional como la salud mental se suavizan y ponen distancias relativizando las implicaciones, se reequilibra también. Finalmente, desde el punto de vista cognitivo tano la memoria como el engarce de conceptos encuentran el sosiego para el establecimiento y restablecimiento  de nuevos nexos y corrección de otros que pasan a formar parte de los conceptos a borrar mediante el olvido del sistema cognitivo. Hay muchas alteraciones del sueño, que lo hacen alejarse de las cómodas implicaciones y devienen en trastornos de conducta, unas veces episódicos y otras con mañas consistencia.

Los alimentos influyen, también, en la vigilia y en el sueño. Ciertamente hoy no comemos solamente cuando tenemos hambre. Los hábitos sociales, los aspectos laborales y muchos otros rasgos inciden en la calidad del sueño. Por otro lado, la calidad del sueño incide, a su vez, en el equilibrio de la saciedad y el apetito, de forma que puede convertirse el proceso en una espiral explosiva. Desde estos puntos de vista, parece razonable coadyuvar a que los equilibrios orgánicos y funcionales se restablezcan lo mejor y mas intensamente posible. Si favorecemos la síntesis de hormonas que facilitan el sueño (por la tarde, por ejemplo) y procuramos alimentos calóricos y estimulantes en el desayuno para iniciar la actividad diaria, iremos en la buena dirección y con justificación de hacerlo en esos momentos. Muchas veces, la sabiduría popular nos encamina en sentido o dirección contraria. Los hidratos de carbono facilitan el sueño, junto con los vegetales que propician la formación de serotonina, mientras que los ricos en proteínas la limitan y no contribuirán a favorecer el descanso. Serotonina, calcio, melatonina, magnesio y vitaminas del grupo B, inciden en la actividad neuronal facilitando las conexiones neuronales. La formación de melatonina y serotonina se favorece con los componentes de plátanos, piña, aguacate, leche, carne, huevos, frutos secos, por ejemplo. La leche, siempre se ha dicho, favorece el sueño. En efecto aporta triptófano, calcio y vitamina B12, entre otras sustancias que contribuyen a regular el sueño. Por el contrario, las bebidas estimulantes, las productoras de dispepsias, los alimentos ricos en tirosina como las frutas ricas en vitamina C

Es muy frecuente que las personas que tienen dificultades para conciliar el sueño, tomen medicamentos para facilitar el sueño. Recientemente se ha efectuado una publicación en una revista acreditada que desvela los resultados de un reciente estudio de un centro de California dedicado a aspectos clínicos del sueño. Trataron las fichas clínicas de 34.000 pacientes, por lo que el valor estadístico es significativo. La conclusión es dramática: los que toman pastillas para dormir, contraen un riesgo cuatro veces superior de morir, independientemente de la edad, sexo y estado de salud. Ahondando en las especulaciones podría deberse a que las personas que toman pastillas, siguen durmiendo mal y dormir mal, la falta de sueño, acorta la vida. De nuevo sale a relucir la importancia del sueño, como hemos relatado anteriormente.

La importancia del sueño es central y todo lo que sea mejorar la higiene del sueño, antes de tomar la decisión de acudir a los fármacos Drogas para no soñar no son admisibles, por cuanto hemos relatado. Podrán quitarnos las ideas, incluso castigarnos indebidamente, pero no pueden quitarnos el sueño, salvo por la violencia que desemboca en un fatal desenlace. Nosotros deberemos cuidarnos: ni televisión ni alcohol próximo a acostarnos y sanear nuestras costumbres para aliviar la carga excesiva a nuestro sistema neuronal que tiene que restablecer su equilibrio. Palabra mágica: equilibrio. Pero ¡eficaz!