COLECCIONAR MOMENTOS, NO COSAS por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Las máquinas conforman la técnica en su expresión utilitaria. Permiten concretar la adaptación de la Naturaleza para hacerla asequible al ser humano. Como afirmó con rotundidad Ortega, sin la Técnica el hombre no habría existido ni existiría jamás. Si examinamos la evolución de las máquinas, concluiremos que la progresión seguida siempre ha seguido una línea de mejora sistemática de la eficacia en la transformación de energía. Hemos ido cambiando el aprovechamiento de la energía haciendo mejor uso de la física y la química que subyacen en las leyes que se van descubriendo y que van desvelando los secretos más recónditos, cada vez, que guarda la Naturaleza. Si solo nos conformamos con un análisis superficial, es fácil deducir que el proceso de arrancar la intimidad a la Naturaleza, no tiene límites. En diversos momentos históricos la Humanidad ha estado tentada de creer que puede inventar cualquier “arte” o cualquier “ciencia” aprovechando la guía que la Naturaleza le ofrece, como si no hubiera final en las posibilidades. Es complicado contestar a interrogantes de este género. Laplace ya exteriorizó a Napoleón, que no necesitaba nada más que las leyes de Newton para justificar pasado y desvelar futuro. Los buscadores de la teoría del todo, con Weimberg a la cabeza, vuelven hoy a postular una posición similar. Se ignora ese golpe mortal que Gödel dio a las aspiraciones de completitud que acariciaron algunos matemáticos, y en general científicos, del pasado siglo. Las cosas, son como son, sobre todo cuando hay evidencia de ello.

En términos clásicos, las máquinas que hacen uso de la energía cinética, la incrementan al hacerlo su masa y al aumentar la velocidad con la que desplaza la parte operativa. Esta ha sido la clave en la evolución de las máquinas. Desde las que utilizan el viento, pasando por las que emplean el agua a las modernas máquinas que emplean motorizaciones de diversa clase y condición. Hemos pasado, como Humanidad de dominar los medios evidentes y convencionales: aire, agua y materia, a desentrañar la intimidad de los átomos y formular la mecánica cuántica para avanzar el conocimiento por unos derroteros inauditos, contraintuitivos y capaces de explicar a nivel microscópico cuanto ocurre en esa parte de la Naturaleza inasequible en primera instancia, pero indispensable para comprender cuanto acontece.

Ha tenido que transcurrir tiempo, mucho tiempo, para que vayamos comprendiendo. 11.800 millones de años han dado tiempo para que la Naturaleza haya construido, evolucionando el mundo que hoy disfrutamos. Aunque científicos de mucha entidad como Dirac, pusieran en duda que siempre hayan regido las mismas leyes, e incluso en tiempo más reciente se haya avanzado la posibilidad que alguna de las constantes universales puedan no ser iguales en todas las direcciones, como la constante hiperfina, lo cierto y verdad es que todo parece indicar que en gran medida la universalidad de las constantes y las leyes, son las que nos dan garantía de las cosas son como son y no de otra forma. Sería muy divertido que las leyes variaran con el tiempo y la posición. El conocimiento se encontraría en una situación comprometida.

No obstante, no es fácil hacer predicciones, aunque algunas tendencias si es posible establecerlas. La Humanidad tenderá a consumir más energía. Al tiempo, máquinas y procesos serán más eficaces y consumiremos más energía, mucha más. Todo indica que la energía no será el problema de los humanos. Es muy probable que el mayor problema esté centrado en los aspectos éticos. Ocurre con la Ética que no se tiene demasiado clara su importancia. Algo parecido a lo que ocurre con la Educación. Dado que el efecto de las iniciativas no se deja ver hasta pasado mucho tiempo, es muy frecuente que se desprecien las decisiones y se dispersen en el tiempo, caso de que se tomen, finalmente, por aquello de que su resultado no se aprecia a corto plazo. Pero nada más lejos de la realidad. Todo tiene su momento, su tiempo relevante. De no ser capaces de apreciar cual es ese momento, se llega tarde, a veces sin remedio posible por estar fuera de plazo. Con la Educación nos ha pasado que a fuerza de dilatar las acciones y tomar decisiones de alcance, probablemente estamos fuera de plazo y no hay nada que indique que se pueda reconducir razonablemente. Pero con los asuntos éticos nos puede ocurrir lo mismos. A fuerza de dejar pasar los tiempos sin tomar las precauciones, las máquinas no solo ayudarán, sino suplirán en funciones consideradas muy humanas. Hoy por hoy, no hablan con nosotros, ni efectúan predicciones afinadas, aunque compiten en juegos, considerados intelectuales como el ajedrez, con ventaja suficiente, como para ganar a los mejores especialistas. No toman las máquinas, todavía, decisiones autónomas, pero están cerca, no están próximas a alterar conceptos éticos, pero no andan demasiado lejos. Estamos en esa transición en la que hay que estar lúcidos, para afrontar ese momento crítico en que las máquinas tomen la alternativa. Hoy por hoy la ética está en manos humanas, pero el giro que puede darse es inesperado. Hasta ahora, la fuerza bruta la hemos multiplicado, las máquinas han carecido de alma, pero están aprendiendo a calcular, por ellas mismas. Esto puede cambiar y el armazón ético está sin formular. La quinta revolución está en ciernes y sería lamentable que no hayamos aprendido nada de las cuatro anteriores. Debemos coleccionar momentos y no cosas. ¡A ver si aprendemos algo!