CIENCIA POÉTICA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

El uso de los símbolos y las metáforas para explicar conceptos intrincados, como suelen ser los científicos, implica una habilidad, no siempre disfrutada por las gentes que se dedican a la Ciencia. En realidad sólo los manejan apropiadamente los auténticos genios.

 

El autor de Crónicas de Narnia, C.S. Lewis, distinguía entre la poesía magistral, y la pupilar. La primera la asignaba al lenguaje metafórico y poético que usan los científicos para explicarnos algo que ya conocemos. La segunda la adscribe a las imágenes poéticas que los científicos emplean para ayudarse en sus propios pensamientos. Este último es el más común. Buen ejemplo de ello son las denominadas “líneas de fuerza” con las que Faraday imaginaba que actuaban las fuerzas magnéticas, como si se tratara de materiales elásticos bajo tensión, capaces y dispuestas a liberar su energía. Fue clave para comprender el electromagnetismo.

 

Son muchos los ejemplos que se podían rememorar. Dawking cita a Monod, biólogo molecular francés que decía incrementar su intuición química imaginando lo que sentiría el electrón en un enlace molecular concreto. Ciertamente, los electrones y la luz se han imaginado, a menudo, como esforzadas entidades que irremediablemente pretenden minimizar su tiempo de viaje. Einstein, cuando era adolescente, imaginó qué ocurriría si viajase a lomos de la luz yendo desde el reloj de la estación hasta sus propios ojos, concluyendo que todo quedaría detenido en el tiempo. Esta imagen quedó inmortalizada en el posterior axioma de la constancia de la velocidad de la luz, situado en el frontispicio de las teorías de la relatividad. Kekulé imaginó soñando el anillo del benceno en forma de serpiente que se devora a si misma por la cola.

 

No siempre han sido imágenes acertadas las que se han empleado. Los canales de Marte como estructura de irrigación fabricada por inteligencias marcianas, con las que el prestigioso astrónomo Percival Lowell en 1908 concluía la propuesta de los surcos que en 1877 observara el astrónomo italiano Schiaparelli, no son más que fruto de la imaginación desbordante y un efecto óptico producido por las imperfecciones inevitables de las lentes de los telescopios. Hay que decir en descargo de Lowell, que su audacia permitió descubrir Plutón, a partir de las imperfecciones de la órbita de Neptuno. Los últimos ocho años de vida los dedicó con especial interés a redimir su imagen pública, dañada por la propuesta de los canales de Marte.

 

En tiempo reciente, la teoría del caos, la complejidad, la no linealidad, la consciencia cuántica, la teoría de las catástrofes, la incertidumbre y, en general, todo lo relacionado con la relatividad y la teoría cuántica, han sido objeto de relatos, analogías, metáforas y similitudes, deplorables, que han invadido la cultura popular con imágenes muy distorsionados y alejadas de una genuina concepción. Se abusa de todo aquello que resulta ser contraintuitivo. Se ha llegado a publicar hasta un libro sobre “curación cuántica”. “psicología cuántica”, “moral cuántica”, “responsabilidad cuántica” y ¡como no!, “teología cuántica”.

 

La Ciencia trata de encontrar las reglas, leyes, que rigen la Naturaleza. La Cuántica estudia la Naturaleza a escalas muy pequeñas. Todo indica que funciona estupendamente, dado que sus predicciones acaban verificándose. Lo especial que caracteriza a la Cuántica es el carácter contraintuitivo y desafiante al sentido común. Resulta extraña, incluso al lenguaje usual, ya que emplea con profusión un lenguaje basado en las matemáticas, que requiere entrenamiento. El mismo Einstein opuso su opinión toda su vida, pese a haber jugado un papel decisivo en sus comienzos. Ciertamente, las predicciones de la Cuántica se han verificado una y otra vez. El mundo resulta ser distinto, una vez estudiada la Cuántica, pese a que conocerla resulta complicado, dada nuestra naturaleza macroscópica que nos aleja de la comprensión de la conducta de las partículas propias del ámbito microscópico. Así, no concebimos lanzarnos contra una pared y pasar de uno al otro lado, salvo que apelemos a la magia. Sin embargo, los electrones lo hacen constantemente, efecto túnel, tan real como que un microscopio contemporáneo usa este principio. Bohr opinaba que “si la Física Cuántica no te impacta, entonces no la entiendes”, a lo que Feynman agregó que “nadie entiende la Física Cuántica”. Ciertamente, en sus aspectos fundamentales se sigue investigando para desentrañar sus intimidades.

 

Sentado esto, esbocemos lo que en ningún caso es, alejándonos de la charlatanería abundante que nos acosa por todas partes. Es común en este ámbito, emplear términos complicados con la finalidad de que no se cuestionen los enunciados. Los términos: energía, campos, vibraciones, frecuencias, resonancias, etc, no son conocidos por la gente, porque no forman parte del léxico habitual. Pero, solamente por utilizar estos términos, el que nos habla no es ningún experto, ni mucho menos. Realmente, nuestra cultura y nuestra educación es más proclive a aprender conceptos que a cuestionarlos. Muy pronto olvidamos la constante interrogación, ¿ por qué? Los sistemas educativos en vigor procuran descartar la interrogación en pro de la autoridad del enseñante (menoscabada por muchos otros elementos concomitantes) , sin valorar la tremenda pérdida que supone el descarte de la interrogación, como motor e inductor del conocimiento y más firme garante del asombro inicial que precisa todo descubrimiento.

 

Resulta sorprendente que en los medios de comunicación aparezcan con demasiada frecuencia gentes, a título de “expertos” que cuestionan o formulan ideas complicadas, no entendibles por el público en general, que emplean términos científicos, pero fuera de contexto, embebidos en palabrería que da origen a disciplinas imaginarias como las que hemos citado. Auténticos fraudes para el publico desinformado. Cualquiera tiene derecho a creer en cosas sin sentido, faltaría más, otra cosa es el abuso por parte de quien trata de instalar falacias aprovechando la ignorancia de la gente, en especial cuando afectan a cuestiones tan sensibles como la educación o ¡qué decir de cuando inciden en la salud! La cuestión es que no solo se trata de usar el lenguaje científico fuera de contexto, sino que la pretensión es el engaño y la desinformación, para vender un producto: un auténtico fraude. Los implicados no son solo los que venden algo de forma directa, sino también aquellos que expanden y divulgan “disciplinas” pseudocientíficas, que apoyan y constituyen las referencias de quienes venderán productos de forma directa.

 

No solo la homeopatía cae en este infernal saco. Emplear los conceptos de cuántica para hablar del alma, la salud o la conexión de nuestro cuerpo con el Universo son formas elaboradas de fraude científico de la misma categoría que suponer que la dilución infinita de un compuesto semejante al que produce nuestra dolencia, hace retener en una “memoria” próxima a la cósmica, radicada en el agua, los principios que nos sanarán y liberarán de nuestros males. Pese a lo burdo del planteamiento, estos engaños tienen miles de seguidores y los “gurús” siguen dando charlas y vendiendo libros como pipas y su popularidad no decrece, pese a las muchas denuncias sensatas que se han formulado sobre los charlatanes. Empleando “términos científicos” confunden a la audiencia y hacen creer que tienen una sólida base científica sobre la que apoyar su tratamiento alternativo, que no tienen ningún problema en argumentar que la mejoría de una enfermedad llegará, dado que las “energías se balancean” mediante la Física Cuántica. No dudarán en emplear referencias de libros y publicaciones como apoyo para la credibilidad del engaño, pese a que los conceptos y las citas estén fuera de contexto.

 

Es cierto que la mente humana parece estar especialmente diseñada para aceptar el pensamiento mágico. La imaginación desbordante de los mundos mágicos, tiene la contrapartida de convertirnos en presas fáciles para el engaño. Establecemos relaciones mágicas con extrema facilidad. Como diría David Hume, primero en formular la relación entre causa y efecto y atribuirla a la costumbre de los humanos en establecer esa relación. Las hipótesis de causa-efecto, las establecemos con gran facilidad. Si una persona mejora, sin atención médica, los milagros irrumpen en el escenario de inmediato. Las medicinas alternativas: homeopatía y terapias varias se imponen en lugar de pensar que el diagnóstico médico pudo fallar y que la persona realmente pudo no tener nunca tal dolencia. Seguramente, si las medicinas alternativas fueran tales, dejarían de ser alternativas.

 

En la esfera de la alternativa “medicina cuántica” se postula que el alma se conecta con el Universo y, mediante técnicas propias de la Física Cuántica, se restablece la salud y el bienestar. Libros y publicaciones no tienen problema en implicar a la energía oscura, o la denominada energía sutil y dicen establecer conexión entre la frecuencia de vibración del cuerpo con el Cosmos, derivando el bienestar, ante el desequilibrio físico o psicológico que padezcamos.

 

Tenemos claro que el cuerpo humano es un multireactor que armoniza una cantidad ingente de procesos químicos que suponen consumo e intercambio de energía, que no tiene nada que ver con la energía sutil ni mágica, ni cósmica. No hay nada, aparentemente extraño en ello. Unos pocos átomos fueron creados como consecuencia de la gran explosión que originó el Universo, el Big Bang y otros se generaron posteriormente en las estrellas. Que seamos polvo de estrellas no implica que estemos conectados directamente con ellas. El que el Universo sea una totalidad, no implica en modo alguno que los remedios para restablecer la armonía en algún ser vivo, involucren a todo el Cosmos. Que el todo no sea la suma de las partes, tampoco autoriza a que tengamos que hacer intervenir a las estrellas para establecer nuestros designios. Probablemente, no sea tan difícil desvelar a los charlatanes, si les pedimos que expliquen cómo funcionan sus productos en términos comprensibles, lo que supone que tienen que aclarar lo que significan las términos que emplean en su explicación. Recuerdo, como anécdota, que recientemente fui a una Farmacia, con la pretensión de adquirir algún desinfectante para la garganta, creo recordar, y no tenía en existencia, sino que tenía que pedirlo a la Hermandad Farmacéutica (no sé si con la crisis, hoy las oficinas de Farmacia son meras sucursales de la citada Hermandad), ante lo que manifesté mi decepción por tener que esperar más tiempo del aconsejable para adquirir el producto. Ante la contrariedad, la farmacéutica me ofreció un producto homeopático que tenía en una estantería que ocupaba la parte central del local. Ante tal despropósito, inquirí a la profesional ¿Cómo puede ser que una persona con carrera universitaria como Usted puede ofrecerme tal cosa? La contestación fue letal : la gente me lo compra. Sin más.

 

Los avances superlativos que hemos dado como Humanidad, gracias a la Ciencia han caracterizado el progreso, el desarrollo tecnológico, el avance en la educación (muy mejorable, sin embargo), el incremento de la esperanza de vida y un largo etcétera. La ignorancia supone malgastar recursos y poner en manos de desaprensivos el enriquecimiento. Precisamos vivir informados.