Ciertos virus pueden ser nuestros aliados contra bacterias resistentes a antibióticos por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

Usando la técnica CRISPR se consigue que el sistema inmunitario primitivo de la bacteria se vuelva contra ella misma.

La resistencia a los antibióticos que desarrollan muchas bacterias es un grave problema que nos causa demasiados problemas. Para combatirlo hay una incesante investigación desarrollada a nivel básico en centros de investigación independientes y relacionados con las empresas farmacéuticas. Pero en un número reciente de la prestigiosa revista Nature se describe un nuevo procedimiento para combatir a estas bacterias, basado en el uso de virus y empleando la novedosa técnica CRISPR que está causando una verdadera revolución en la ingeniería genética y cuyos desarrolladores están recibiendo premios como el Príncipe de Asturias del pasado año o el de la Fundación BBVA de 2017.

En esta nueva estrategia se usan virus para inducir a la bacteria al suicidio. Varias empresas farmacéuticas han desarrollado virus, bacteriófagos, para usar el sistema de edición genética CRISPR, según se ha desvelado en una reciente reunión científica. Se espera que estas empresas comiencen los ensayos clínicos de forma inmediata. Según Rodolphe Barrangou jefe científico de Locus Biosciences en Research Triangle Park, en Carolina del Norte (EEUU), usando esta técnica se ha conseguido salvar a ratones infectados con bacterias resistentes a antibióticos y estos ratones estaban condenados a muerte de no haber sido por el novedoso tratamiento.

Los bacteriófagos se han usado ya anteriormente para tratar infecciones bacterianas. Tienen la ventaja de que son específicos para ciertas especies, e incluso para ciertas cepas, bacterianas, por lo que permitirían un tratamiento selectivo, cosa que no sucede con los antibióticos que atacan tanto a las bacterias patógenas como a las que viven en nuestro organismo desempeñando un papel beneficioso para nosotros. No obstante, las bacterias también pueden hacerse resistentes a los fagos, por lo que al igual que sucede con los antibióticos, habría  que estar constantemente buscando en la naturaleza nuevos fagos. Lo que por otra parte, obligaría a conseguir nuevas autorizaciones sanitarias para su uso. Además las empresas farmacéuticas encuentran un nuevo problema para su negocio, que no se puede patentar a los bacteriófagos.

En cualquier caso lo novedoso es que lo que estas empresas, tales como Locus, lo que han hecho es incluir instrucciones en el DNA de los fagos para expresar un ARN guía tras la infección que se enlaza al gen que proporciona la resistencia al antibiótico, lo que activa al enzima Cas3 producido por la bacteria con el fin de matar a los bacteriófagos, pero que ahora actuará contra el gen marcado por el ARN producido por el fago y de esta forma se destruye el cromosoma bacteriano. Otras empresas farmacéuticas, como Eligo Biosciences, han desarrollado bacteriófagosa los que han borrado de su ADN las instrucciones pata su autorreplicación, pero le han añadido la codificación de un ARN guía y el enzima Cas9 y de esta manera, tras la infección, dirigen el enzima a cortar el ADN bacteriano en un punto predesignado provocando la muerte bacteriana.

La gran ventaja de estas técnicas es que se puede seleccionar muy bien y con gran especificidad las bacterias a las que se va a dirigir el ataque y de esta forma se podría tratar de variar el microbioma humano que está muy relacionado con nuestra salud y con diversas patologías como la obesidad, el cáncer o el autismo.

Está claro que esta aproximación terapéutica está comenzando a dar sus primeros pasos y que todavía hay margen para perfeccionarla, pero hay que admirar el ingenio que hay detrás y lo prometedor de las nuevas rutas terapéuticas que podemos encontrar con su ayuda.

Para saber más: artículo por Sara Reardon en

https://www.nature.com/news/modified-viruses-deliver-death-to-antibiotic-resistant-bacteria-1.22173