Ciencias y letras por el Prof. Dr. D. Carlos Ferrándiz Araujo, académico numerario

En el mundo científico actual es cada vez más patente, en general, el alejamiento de las ciencias y las letras. Esta escisión, que intelectualmente no es comprensible, es antigua. La primigenia ordenación en ciencias y letras obedecía a criterios conceptuales y definitorios, distribuyéndose, a su vez, las primeras, en los conocimientos relativos a las matemáticas, física, química, biología, geología, etc; y, las segundas a la lengua, literatura, filosofía, derecho, historia, arte, etc. Y subdividiéndose hasta quedar en una clasificación didáctica y práctica, usual y artificiosa, pero en la que de manera alguna debía estar ausente el valor de la complementariedad entre ciencias y letras. Hoy día, por mucho especialismo que exista entre los profesionales de las distintas ramas del saber, por muchos aplicacionismos prácticos que haya, si no se da el fenómeno de la interdisciplinariedad, de la coordinación y el intercambio de los conocimientos, y la integración de unos con otros, el desarrollo de las ciencias y las humanidades no será pleno. Sobre una sólida base humanística se debe desarrollar la científica. Convencido profundamente de la utilidad, importancia y necesidad de una buena formación humanística para los científicos, y no como ornato de las ciencias, la complementariedad de ambas es obvia. Y estas reflexiones de máxima actualidad son, sin embargo, una constante a través de los tiempos. Basta recordar, como ejemplos a vuelapluma, San Isidoro, Jovellanos y Balmes. Isidoro, en sus Etimologias, basándose en una descomunal síntesis de textos clásicos, nos ofrece un verdadero programa de instrucción científica enciclopédica, donde la etimología del vocablo nos hace llegar a la realidad, a través de la lengua, en la búsqueda de un saber global. Para él, tanto las tres artes literarias (trivium) como las cuatro científicas (quadrivium), son indispensables para la formación del médico. Jovellanos, en su Oración sobre la necesidad de la unión del estudio de la literatura al de las ciencias, manifiesta que la subdivisión de las ciencias ha contribuido a su perfección, pero que ha destruido la íntima unión que tienen entre sí todos los conocimientos humanos, cuya comprensión debe ser nuestro único fin y sin ello todo saber es vano. Balmes, el autor de El Criterio, para mayor claridad en la exposición de sus ideas y lograr un estilo lo más conciso posible, se ejercitó en el estudio de las ciencias matemáticas, considerando que el sometimiento al rigor propio de la aritmética, álgebra y geometría es imprescindible para todo buen filósofo.