CIENCIA Y TÉCNICA. SON LOS TIEMPOS por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La confusión es manifiesta, Ciencia y Técnica se asumen, en general,  sinónimas en muchos ámbitos. Claro que, ni todo lo que se rotula Técnica lo es, ni mucho menos lo que se refiere como Ciencia lo ha sido siempre. En determinados círculos se recurre, con harta frecuencia a respaldar las afirmaciones que se hacen, amparadas supuestamente en la Ciencia. La gente que escucha, que tributa respeto al halo científico, generalmente, acepta como autoridad de garantía cuando se apela a la Ciencia. Los científicos, rara vez acuden como tabla de salvación a formular afirmaciones referenciales de la Ciencia. Los científicos argumentan, razonan explican, describen, etc. La Ciencia pretende aplicar el método científico para lograr nuevo conocimiento. La Técnica, por contra, tiene por objeto acomodar, transformar, adecuar la Naturaleza para beneficio de las personas.

No son antitéticas Ciencia y Tecnología, pero no son sinónimas. Y no tiene por qué preceder una a la otra. La primera requiere observación y sus pilares son la repetibilidad y la falsabilidad. La segunda puede ser, perfectamente, empírica. Qué duda cabe que cuando hay Ciencia detrás, la Técnica avanza a paso ligero, ahonda mucho más lejos, logra mucho más progreso. Pero la inducción puede ser su compás. Frecuentemente, se conoce la Historia de la Ciencia, en algún grado. La Técnica se pone de relieve con más dificultad. Ortega le dedicó atención, de la forma brillante con la que abordaba todo lo que enfocaba. En la Introducción de la intervención con la que inauguró la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en 1933, con un ensayo sobre la Técnica, afirma “Sin la Técnica el hombre no hubiera existido ni existiría jamás”. Y tras este inicio tan rutilante, comenzó su disertación que se extendió hasta cubrir doce lecciones, en las que describió, justificó y evidenció las razones sobradas que esgrimía para justificar su aserción.

Ciertamente, la misión de los intelectuales es prever con fecunda anticipación lo que andando el tiempo va a convertirse en usual o va a ser un problema y generar debate, de forma que se irradien ideas claras y los que pueden aportar algo viertan propuestas que irrumpan, proporcionando sosiego o serenidad, valorando la verdad sobre las cosas importantes y ponderar la realidad incluso cuando se presenta con su careta negativa, siendo como es nuestra vocación la de vivir o pervivir. Reflexión y voluntad son las facultades de la vida, capaces de reobrar sobre los instintos.

Hay un gran repertorio de actividades que la Humanidad ha acumulado y las necesidades que subvienen a ellas  Vivir es la necesidad originaria de todas las demás. No es una necesidad impuesta, sino creada por un acto de voluntad, que es el empeño en pervivir. Desde alimentarnos, hasta desplazarnos suscitan necesidades y actividades para satisfacerlas aprovechando los medios de que disponemos. El  animal no es que tenga menos apego a la vida, sino menos dotes intelectuales para defender su vida. Las personas hemos ido generando formas de hacer para que la naturaleza, que está ahí, produzca lo que no hacía, o no está al alcance cuando hace falta. Fabricamos automóviles para suprimir espacio y tiempo. Cultivar en un invernadero no es lo mismo que alimentarse, como hacer un coche no es desplazarse. Estas actividades no son necesidades, sino actividades para soslayar aquellas otras necesidades que las suscitaron. En esta capacidad están las personas y no los animales. No es tanto falta de inteligencia como ser capaz de desprendernos de las urgencias vitales, para dedicarnos a ocuparnos de actividades capaces de lograr obviar las necesidades. El animal solamente permanece ligado a sus necesidades: vida biológica tan sólo.  Los actos que las personas realizan presuponen la invención de procedimientos para obtener lo que hay en la Naturaleza y necesitamos. Esto implica crear objetos, instrumentos o aparatos cuyo funcionamiento proporciona lo que necesitamos. Estas actividades modifican la Naturaleza logrando que en ella haya lo que no había y se necesitaba. Estos son los actos técnicos y su conjunto es la Técnica. Así pues, resumiendo, la Naturaleza nos impone necesidades y nosotros imponemos una reforma a la Naturaleza para satisfacer las necesidades que ésta nos genera. De aquí se desprende la creación de una sobre-naturaleza, en la que, realmente, nos desenvolvemos cotidianamente, también. Como evidencia Ortega, Técnica no es lo que el hombre hace para satisfacer sus necesidades, sino la reforma de la Naturaleza que nos provoca la necesidad, de forma tal que se anulen las necesidades y dejen de ser un problema a satisfacer. La Técnica sitúa el calor junto a la sensación de frío y anula la necesidad, soslaya el problema, por ejemplo.

La Humanidad ha ido desarrollando la Técnica, acomodando las invenciones a la percepción de las necesidades que han ido emergiendo. La Ciencia ha ido aportando conocimiento que ha permitido invenciones cada vez más audaces, al tiempo que la propia Técnica ha ido acumulando más invenciones, herramientas y dispositivos empleados en un creciente abordaje de satisfacción de necesidades. Desde la tarea de encender fuego, para disponer de él donde y cuando se precisaba, hasta la actualidad en que nos ocupan las herramientas autónomas, cada vez dotadas de más “inteligencia”, lo que nos obliga a reflexionar el mundo que nos aguarda, en breve, porque la máquina está lista, la Inteligencia, dispuesta, la voluntad, decidida a reformar la Naturaleza para satisfacer lo que nuestra voluntad requiera. Estamos en los albores de la era en que tenemos que encarar los dilemas sociales, éticos y, también afectivos, que las máquinas inteligentes nos plantean. Son los tiempos.