Ciencia versus Tecnología e Ingeniería por el Prof. Dr. D. Félix Faura Mateu, académico honorario

Existe una visión distorsionada, y un tanto negativa, sobre las características esenciales de la Tecnología e Ingeniería, que está aún vigente en algunos círculos académicos. Según ella, las Tecnologías tienen que ver más con el hacer que con el saber, es decir, son instrumentales, sirven para hacer algo, y, sobre todo, son, salvo para especialistas e ingenieros, algo que se usa. En segunda instancia, se consideran como algo artificial y actúan en un plano superficial, por lo que no pueden resolver las necesidades de la humanidad. Finalmente, son optativas y, por tanto, moralmente neutrales, es decir, el juicio moral no recae sobre ellas, sino sobre el uso que de ellas pueda hacerse. Efectivamente, no es posible obviar el ámbito utilitarista en que algunas tecnologías pueden nacer y crecer o ignorar los casos que anteponen el valor de la rentabilidad al de la persona. Sin embargo, la realidad, para bien o para mal, no es así. Tecnología e Ingeniería, por una parte, y Ciencia, por otra, son ámbitos de actividad diferenciados, con contenidos y objetivos propios, pero no se puede, ni se debe, ocultar su dinámica de colaboración y complementariedad. Sobre esta dinámica convendría recordar que Tecnología e Ingeniería actúan sobre el mundo para someterlo a nuestras necesidades y, en consecuencia, su presencia es contemporánea a nuestra propia existencia, mientras que la Ciencia, hija de la filosofía, irrumpió en la historia tras un largo y complejo proceso, en el contexto de la revolución científica del Renacimiento. Si bien la influencia de las Ciencias sobre la Técnica fue escasa antes de la primera industrialización, ha sido al contrario, posteriormente. Inversamente, resulta inimaginable el desarrollo de la Ciencia sin la colaboración de la Técnica. De hecho, en las últimas décadas resulta difícil establecer un preciso criterio de demarcación, existiendo una relación recíproca en la que la Ciencia obtiene de la Tecnología e Ingeniería tanto como éstas se benefician de aquella. Un buen ejemplo de los casos donde la Tecnología ha precedido a la Ciencia que, posteriormente, le ha dado soporte fue el de la máquina de vapor que, como se ha dicho, «fue realizada por cabezas duras y dedos inteligentes», y que precedió y dio origen al nacimiento de una ciencia, la Termodinámica. Otro sería el de la Astrofísica, donde el avance de esta ciencia siempre ha estado, y está, absolutamente condicionado por el avance en todas las tecnologías e ingenierías necesarias para poder realizar las observaciones experimentales.