CIENCIA, TÉCNICA Y USUARIOS por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

El mundo contemporáneo confunde muchas cosas, a veces fundamentales. A base de mal usar términos, los dejamos vacíos de contenido. Un ejemplo palmario es el término innovación. Pareciera que todos nacemos innovando. No falta razón, por cuanto algo nuevo viene al mundo con nosotros. Algo, que antes no estaba, otra cosa es que, además, aporte algo significativo a la Sociedad en la que aparecemos o, simplemente, nos limitemos a pasar el tiempo, sobre el que habría mucho que discutir, por aquello de que la relatividad ha puesto en escena nuevos conceptos y referencias, y esa clásica división en pasado, presente y futuro, no necesariamente obedece a lo que en realidad se da. Pues, conjetura, idea, invento, novedad, prototipo, desarrollo e innovación es una larga escala, en la que, en los tiempos actuales, usualmente, faltan todos los peldaños, salvo el último, si atendemos al lenguaje cotidiano y menos cotidiano, diríamos también.

Para que se dé la innovación, la sociedad ha de bautizarlo de esta forma y la Sociedad solamente otorga esa distinción, tras la asimilación de que lo aportado supone una mejora en las condiciones de vida, un progreso con respecto a la situación anterior. El largo recorrido de los vehículos, hoy denominados coches, para aportar un cambio sustancial en el concepto de desplazamiento, que haya sacudido la forma de vida y haya supuesto una organización de la sociedad de forma diferente y ventajosa, se fue dando progresivamente. No logró ser innovación hasta que adquirió una personalidad propia, separadamente del carro del que procede y la sociedad lo asumió. Trastocó, situación de los hogares, hábitats, transporte, intercambio de productos, comercio, cultura, construcción, etc. Ha sido una innovación de alcance

En otros campos, la situación es parecida. Es decir, no solo es la Ciencia que escudriña, la que justifica los procesos de la Naturaleza y descubre su intimidad ni la Técnica, que viene detrás acomodando la Naturaleza para nuestro propósito, facilitando el acceso a la misma, es que después vienen los usuarios, que dictaminan si aceptan como ventajosa o no la aportación. ¡Cuantas novedades y prototipos y desarrollos no han visto nunca el mercado! IBM daba una cifra, escalofriante, en la década de los ochenta: de cada 2000 prototipos solamente uno veía el mercado. Los que no llegaban nunca al mercado ¿pudieron ser innovaciones, alguna vez? Está claro que no. Intentos fallidos. Ideas no concretadas, novedades que no progresaron. Inventos que no cuajaron. Cualquier cosa, menos innovación. Es posible que hoy, la cifra pueda ser la misma. Tan solo un producto de cada dos mil conjeturados, pudiera llegar a ser provocador de una innovación.

Las aplicaciones, la técnica, que como diría Ortega: “sin la técnica el hombre no hubiera vivido ni viviría jamás” van encaminadas a propiciar las innovaciones. Son constantes las aportaciones, se tornan obsoletas con el tiempo, algunas muy rápidamente.  Cuando nuevas propuestas aventajan a las existentes,  implican al usuario para que dictamine. En la Revista de Telégrafos del año 1892 N. 295, que se puede encontrar en el archivo del foro de las telecomunicaciones, queda recogida esta reseña que evidencia como se preocupaba la Técnica de la satisfacción de necesidades, haciendo referencia, textualmente, a que la “Compañía newyorkina Stronger automatic telephone, para lograr, no solo la rapidez en el establecimiento de la comunicación entre abonado y abonado, sino también para disminuir en grande escala el personal de las Estaciones centrales, utilizando en lugar de este unos instrumentos que automáticamente ponen al abonado en comunicación con otro. Estos instrumentos contienen cinco teclas colocadas sobre uno de los lados del teléfono, y corresponden a las unidades, decenas, centenas y millares de los números que forman los de los suscriptores. Cuando uno de éstos desea comunicar con el núm. 131, por ejemplo, oprime una vez la tecla de las unidades, tres veces la de las decenas y una vez la de las centenas, y el aparato de la Central le coloca en comunicación con el teléfono de dicho número. La quinta tecla sirve, una vez oprimida, para volver el mecanismo a su estado normal. Si este sistema funciona bien, desaparecerán las demoras por descuido o cansancio de los empleados de las Centrales telefónicas.” Claramente, se expone la ventaja presunta que se aporta con la propuesta técnica que se ofrece. No se debió generalizar su uso, por aquello de que los avances lo debieron sobrepasar. Era una novedad que pretendía, tras la idea que la sustentaba, aportar un desarrollo que mejorara la vida y aportara progreso. De momento fue novedad. No llegó a ser innovación.

Muchas veces, el interés de la industria, no solamente era aportar novedades sino que su preocupación se enfocaba, también al buen uso, sin duda para que fuera no solo novedad, sino que aportara ventajas sustantivas en la buena dirección. En la citada Revista de Telégrafos de 1892, n 297 se publica una reseña en la que se dice “La nueva tarifa establecida en Suiza para los abonados de la Telefonía, que redujo de 180 pesetas al año a 80, el precio de suscripción, ha producido en el número de aquéllos un aumento del 81 por 100, pues antes de regir la indicada tarifa, los abonados eran 6.944 y ahora ascienden a 12.595. La suma de longitud de todas las líneas telefónicas es de 5.200 kilómetros con un desarrollo en los conductores de 21.450. Las principales redes son:; la de Ginebra, con 2.176 abonados, Zurich, con 1.712; Basilea, con 1.522; Lausana, con 806; Berna, con 753 y San Galo, con 596. El número de conversaciones en el último año en las líneas urbanas, ha sido de seis millones y pico. Este exceso de locuacidad ha parecido excesivo, y para restringirla se ha introducido una cláusula en la nueva ley, previniendo que a cada abonado solamente se le concede derecho a 800 conversaciones al año, y por las que pasen de este número deberán pagar cinco céntimos por cada una. Los ingresos han alcanzado la suma de 1.625.000 pesetas, siendo escasos los beneficios porque los han absorbido la construcción de nuevas líneas.

Queda claro que se pretende un objetivo, además de técnico, con incidencia social, mezclado con las restricciones técnicas, ante la aceptación de la sociedad de las novedades aportadas. El final lo conocemos: la innovación que hoy disfrutamos, en gran medida se debe a que aquella aportación de novedades de las telecomunicaciones, han desencadenado muchas otras novedades, avanzando progresivamente en la dirección de desencadenar innovaciones que han cambiado nuestra vida, han mejorado sustancialmente la comunicación interpersonal, han potenciado la actividad de las empresas, de los viajes, etc. En suma, han aportado innovación que ha traído de la mano progreso. Pero ha sido la sociedad con su veredicto la que ha calificado la innovación, cuando corresponde, nunca antes. Muchas ofertas quedaron en el camino. No innova quien quiere, es la sociedad la que puede, ella tiene la palabra.