Ciencia independiente por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

En ciencia es saludable y recomendable que haya controversia y discusiones críticas. Sin embargo, últimamente, se habla mucho de científicos independientes. Esto, en contra de lo que pudiera parecer, los deja en mal lugar porque presupone que lo que aportan son opiniones personales, no ciencia. La ciencia no puede ser dependiente o independiente, solo se hace preguntas o se plantea problemas y les busca respuestas aplicando el método científico, haciendo un diseño experimental para la obtención de datos y analizándolos para aceptar o rechazar la hipótesis de partida o encontrar relaciones entre variables que expliquen el funcionamiento de los procesos. De este modo, la ciencia solo puede ser buena o mala y depende únicamente de que el diseño experimental sea correcto y el tratamiento de datos el adecuado. Lógicamente, tanto haciéndola bien, como mal, esto no es posible sin financiación, con lo que la actividad científica, pero no la ciencia en sí o sus respuestas, dependen de ello. Con la precariedad habitual, puede hacerse poca ciencia, pero una vez que se hace, que la tierra gire alrededor del sol o viceversa, no depende de presiones externas. Evidentemente, la ciencia (o los científicos) puede cometer errores, pero esos errores se rebaten o se corrigen con mejor ciencia, rehaciendo el experimento, y aportando nuevos datos. No con opiniones.

Ante la afirmación de que “un grupo de científicos es independiente”, se podría realizar un diseño de muestreo en el que se toma ese grupo de científicos que puede subdividirse por centros de investigación, regiones geográficas, género, edad, especialidad o cualquier otra categoría (factor) que consideremos relevante y por otro lado un muestreo al azar entre otros científicos no considerados independientes, que pertenezcan a las mismas categorías. Para analizar su posible independencia habría que ver qué variable utilizan quienes hablan de ciencia independiente, pero se me ocurre que podría servirnos su afiliación a partidos o su actividad política, militancia en grupos de presión social o alguna otra. Como esa es una variable cualitativa, podríamos cuantificarla en base a la antigüedad en dichas afiliaciones. Con este diseño podremos ver si realmente el grupo definido previamente como independiente está realmente diferenciado del resto o si no pueden encontrarse diferencias significativas o, incluso, si la dependencia ideológica del mismo es mayor que en otros casos. Pero, insisto, con esto no estamos valorando su ciencia, sino su dependencia ideológica a la hora de dar opiniones. Para valorar su ciencia hay que ver qué trabajos publican, qué repercusiones tienen los mismos en la comunidad científica internacional, cómo están diseñados sus experimentos de campo y laboratorio y qué datos ponen sobre la mesa. Quizás, quienes hablan de crear comités independientes en temas de ciencia podrían plantearse hacer el experimento.