Ciencia, Fe, Razón y Religión por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 28 de octubre de 2018

En su libro Una breve historia del tiempo, Hawking se pregunta qué significaría si alguna vez descubriéramos por qué existimos nosotros y el Universo, y responde: «Sería el triunfo final de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios». De ello, alguien interpretó que Hawking creía en Dios. Tres años antes de su muerte, Hawking lo quiso dejar claro: “Antes de entender la ciencia, es natural creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir con ‘conoceríamos la mente de Dios’ es que sabríamos todo lo que Dios sabría, si hubiera un Dios, que no existe. Soy ateo.”

Las insistentes declaraciones de Hawking negando la existencia de Dios a pocos sorprendían, pues a lo largo de los años, había manifestado reiteradamente su oposición a las creencias religiosas. Por ejemplo, hablando de ciencia y religión: «Hay una diferencia fundamental entre la religión, que se basa en la autoridad, y la ciencia, que se basa en la observación y la razón. La ciencia ganará porque ésta funciona.» Y sobre la creación: «Somos libres de creer lo que queramos y creo que la explicación más simple es que no hay Dios. Nadie creó nuestro Universo y nadie dirige nuestro destino. Esto me lleva a una profunda comprensión de que probablemente tampoco haya cielo ni vida después de la muerte. Tenemos esta vida para apreciar el gran diseño del Universo y por eso me siento muy satisfecho».

Las posibles controversias Ciencia, Fe y Razón suelen dar mucho juego mediático y, de hecho, existen en internet largas listas de eminentes científicos que se declaran ateos y son muy activos tanto en defender sus opiniones como en atacar las contrarias. Es difícil pontificar sobre tan delicado asunto, pero me apetecía tocarlo para ponderar la figura de George Lemaître.

La apertura de la Iglesia al progreso científico se inició con el papa Pío XII. Tras la lectura del libro de Lemaître, El átomo primigenio, Pío XII intentó identificar el estado inicial de las cosmologías del Big Bang con el acto de la creación divina. Ello ocasionó una gran controversia que pudo ser apaciguada gracias a la intervención del propio Lemaître, quien ya entonces gozaba de un gran prestigio mundial gracias al reconocimiento con que Einstein le distinguió. Fue suficiente con que Lemaître insistiera en que el átomo primigenio y la hipótesis del Big Bang deberían juzgarse únicamente como teorías físicas, quedando completamente al margen de cualquier consideración teológica.