Células madre (y 2) por el Prof. Dr. D. Vicente Vicente García, académico de número

Al margen de los problemas éticos que han surgido con la utilización de células madre de origen embrionario, que no analizaremos en esta columna, ¿qué evidencia científica diferencia la investigación con células madre adultas y las de procedencia embrionaria? Es evidente que la experiencia acumulada con la utilización de células madre adultas es notablemente mayor que con las células embrionarias. Como muestra, podemos citar diferentes estudios clínicos ya publicados que sugieren la utilidad de las células madre adultas en regenerar miocardios infartados. Por otra parte, la obtención y uso de células madre adultas es técnicamente más sencilla que la obtención y preparación de la cantidad suficiente de células madre de origen embrionario para uso terapeútico. Las células madre adultas, que se obtienen del mismo individuo, tras su diferenciación, no actúan como extrañas al introducirlas en el propio sujeto, en su miocardio, hueso, piel, cavidad ocular, cartílago, etc. Por el contrario, las células embrionarias son ajenas al individuo y pueden generar rechazo celular, aunque se puede evitar este importante inconveniente con manipulaciones genéticas adicionales. El conocimiento detallado de la diferenciación de las células madre es todavía pobre. Ello hace que las células embrionarias puedan ser consideradas por el momento bastantes incontrolables, y hace más complejo “dirigirlas” para obtener el tipo concreto de células que se necesitan para una terapia determinada. Por otra parte, las células embrionarias se multiplican más rápidamente que las células madre adultas y se ha comprobado la aparición de tumores en ratones trasplantados con células embrionarias antes de transcurrir seis semanas. Tal como señala la doctora Catherine Verfaille, descubridora de las células progenitoras adultas multipotentes, ése fenómeno no ha sido observado hasta ahora con la utilización de células madre adultas. Es incuestionable que el trabajo experimental con células embrionarias puede aportar información básica importante para conocer el proceso de diferenciación de las células madre, o lo que es equivalente, nos ayudará a entender cómo una célula pasa de ser inmadura a adulta. Aquí el debate también está servido, pues para un buen número de investigadores la célula necesaria en terapia celular es fundamentalmente la adulta. Como podemos vislumbrar, los tiempos que se avecinan en materia de medicina regenerativa son esperanzadores, y ya es factible imaginar nuevas herramientas terapeúticas útiles en la lucha eficaz de enfermedades graves o hasta ahora consideradas intratables.