Una química experta en técnicas electroquímicas con vocación de física

ÁNGELA MOLINA GÓMEZ CATEDRÁTICA DEL DEPARTAMENTO DE QUÍMICA FÍSICA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

“Los seres humanos somos pura transformación química”. Ángela Molina Gómez, catedrática del Departamento de Química Física de la Universidad de Murcia y natural de Abarán, empieza la conversación confesando que su vocación estudiantil no era la química. “Siempre quise hacer física, pero no pude porque me tenía que ir a Valencia, así que me tocó elegir lo único cercano a ese campo que había en Murcia”. Aunque no eligió la carrera por vocación, asegura que al final se reconvirtió. Debido a que su interés estaba en la física, se especializó en química física “para inclinar la balanza”.

A pesar de sentir una atracción tan fuerte por la disciplina, no hubo un detonante concreto. “No recuerdo cómo me surgió el interés durante el bachillerato. Nadie en mi familia se dedicaba a esto ni tampoco recuerdo a ningún profesor que me marcara especialmente. Podría haber elegido las matemáticas porque se me daban muy bien, pero la física me gustaba más porque me parecía que era la ciencia que me enseñaba a entender el mundo. La química también es muy importante para entender el mundo”.

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De principiante a experta

A pesar de ser más de física, “me fue bien en la carrera. Como he mencionado antes, me gustaban más las asignaturas que tenían que ver con la química física. Hay que tener en cuenta que la carrera antes tenía una mayor carga de física y matemáticas en el temario. El químico de antes era multiusos, en los institutos muchos profesores de matemáticas y física eran químicos y se dedicaban a eso porque no había otra cosa. Pero en general me gustó la carrera. Es lo que tiene el estudio, que te vas acostumbrando y te acaba gustando todo”.

Tras terminar la licenciatura, decidió quedarse en la facultad a hacer el doctorado. “Hice una tesis centrada en el química física, dirigida por Jesús Gálvez Morillas, catedrático de esa materia”. Asegura que su tesis fue su gran revelación profesional y le sirvió como punto de partida para sus investigaciones posteriores. “La temática de la tesis me marcó. Trataba de la resolución de ecuaciones diferenciales, fundamentalmente de la ecuación de difusión. Aunque el tema de la tesis era muy especializado, y yo por entonces era prácticamente una principiante y no podía prever cuál era su utilidad porque el espesor de los árboles no me dejaba ver el bosque». Después de doctorarse, profundizando poco a poco y trabajando con su equipo de investigación «fui siendo cada vez más experta en el diseño y compresión de técnicas electroquímicas, que son una herramienta de las muchas que tiene el químico para estudiar y caracterizar diversos procesos, y sirven tanto para estudios cinéticos como analíticos. Se utilizan, por ejemplo, para el análisis de trazas de metales, especies orgánicas o nanopartículas de diferente composición para determinar su actividad catalítica, la cual puede ser beneficiosa o perjudicial para el medio ambiente o para nuestro organismo». Puntualiza que «también son de interés para determinar mecanismos de reacción mediante la producción de especies intermedias electroactivas, que se emplean en optimizar el transporte de iones a través de membranas biológicas y para el estudio de la corrosión, entre otras muchas aplicaciones».

«Para dominar las técnicas electroquímicas es condición indispensable plantear y resolver unas particulares ecuaciones diferenciales con condiciones de contorno muy diversas. Así que he pasado toda mi carrera resolviéndolas para diferentes técnicas, lo que a su vez implica el uso de distintos tipos de electrodos, sobre todo microelectrodos. Todo esto forma parte de la química fina, la de laboratorio, pero es extrapolable a otras disciplinas, como la conversión de energía. La química fina es fundamental para la comprensión de los procesos que tienen lugar en las pilas usuales. Y todo esto forma parte de la investigación básica».

El futuro energético

¿A qué se dedica en concreto de este amplio campo? “Analizo la velocidad de las reacciones que se dan en los electrodos. ¿Para qué? Porque es lo relevante de cara al futuro. Para algunas reacciones se busca acelerarlas mientras que en otras que son perjudiciales lo que conviene es ralentizarlas. Para eso es muy importante el diseño de nuevos materiales; el diseño y estudio teórico de cómo funcionan las nanopartículas cuando las pones en distintas superficies».

Actualmente, como es bien conocido, la mayor parte de energía producida tiene su base en el petróleo -continúa Ángela Molina-. Posiblemente si se estudiaran más a fondo otros tipo de energía, como la solar, se conseguiría un rendimiento más alto. A Molina no termina de gustarle este panorama, pero confía en que acabe evolucionando con el tiempo, como tantas otras cosas en el mundo de la ciencia. “El problema es que el petróleo ha generado mucha riqueza y los que la tienen no la quieren dejar escapar. Para que hubiera un cambio tendríamos que ponernos todos a trabajar con energía solar, ya que el problema no es nada fácil. La esperanza es que el paradigma se modifique, y aún así el éxito no está asegurado porque los resultados son imprevisibles. Fíjate por ejemplo, en los increíbles avances que ha habido con los ordenadores en apenas 40 años. Creo que la ciencia aplicada es muy importante, pero es evidente también que la ciencia básica tiene interés para todos y es necesario apoyarla. Es bien conocido que los grandes avances en la medicina tienen su base en la física, en investigaciones que no fueron, a veces, inmediatamente entendidas. Al descubridor del láser no le aceptaron el trabajo la primera vez que lo envió a una revista científica».

Otro campo de investigación en la trayectoria de nuestra experta en reacciones electroquímicas es el estudio de las transferencias iónicas a través de membranas. “Son de interés para ver la capacidad de un fármaco, como anabolizantes o tranquilizantes, de atravesar una membrana. Estudiamos qué condiciones posibilitan que la membrana transfiera o no un determinado tipo de especies cargadas o iones; algo que está también dentro la electroquímica. Este campo tiene grandes aplicaciones a nivel médico y farmacológico”. Una de sus aportaciones a la especialidad que más le satisfacen es “la investigación de los micro y nanoelectrodos porque recientemente hemos generalizado unas ecuaciones que llevaban muchos años ahí sin resolverse».

Pero lo que más enorgullece a Ángela Molina es dirigir desde 1985 el grupo de investigación de Electroquímica Teórica y Aplicada de la UMU. «Es un equipo sólido y estable, lo que no es fácil en este país en la situación actual de la ciencia, y además ha ido creciendo desde su creación». Nuestra experta en electroquímica defiende a ultranza las bondades del trabajo en equipo: «Es fundamental para conseguir logros y estabilidad, por eso estoy muy agradecida a todos los compañeros que trabajan actualmente conmigo, y también a los becarios que han pasado por nuestro grupo y han hecho su tesis con nosotros. De todos he aprendido».

La motivación como clave docente

La docencia es un labor a que la catedrática de Química Física le confiere una enorme relevancia. “Tiene muchos matices. Podemos hablar de la docencia en la licenciatura y en el posgrado, porque la dirección de tesis doctorales también es una tarea docente. Al fin y al cabo estás formando a una persona, y si luego ella crea otro equipo, estás favoreciendo el desarrollo de la ciencia de forma más inmediata. Cuando das clase en la licenciatura también debes fomentar este desarrollo menos inmediato, pero motivando a los alumnos, y eso no es fácil en química física, porque les llenamos la pizarra de ecuaciones, lo que les da dolor de cabeza a los que no están interesados en la química pura. Creo que en la docencia hay que ser entusiasta porque los alumnos lo notan y rinden más».

Ángela Molina, que puede presumir de ser la primera mujer que fue investida académica en la Academia de Ciencias de la Región de Murcia, intenta distribuir el poco tiempo libre que le deja la actividad profesional en aficiones que le sirven para desconectar. Entre sus hobbies figuran la música, la lectura, las series de televisión de acción y suspense, el pilates, pasear por el campo, la decoración de interiores, entre otras muchas opciones. “La vida está llena de posibilidades. La pena es que no hay tiempo para todo”.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 04 diciembre 2014

Una bioquímica especialista en luchar contra el estrés ambiental que amenaza a las plantas

FRANCISCA SEVILLA VALENZUELA PROFESORA DE INVESTIGACIÓN DEL CEBAS-CSIC

Francisca Sevilla Valenzuela no recaló en la investigación científica movida por una férrea convicción desde la tierna juventud, más bien fue a través de un proceso natural. “No tenía vocación por la investigación durante mis estudios de bachiller, lo que quería era ser profesora de bachillerato o de universidad, y por eso sabía que tenía que venir desde Melilla a estudiar una carrera universitaria que me permitiera hacerlo. Lo del laboratorio surgió de forma paulatina: fueron los hechos los que me situaron poco a poco en el camino de la ciencia. Fui alumna interna del Departamento de Bioquímica en la Universidad de Granada, y vi que aquello era muy interesante y podía ser una excelente salida profesional. Así que cuando acabé la carrera de Biología me puse en contacto con el Departamento de Bioquímica Vegetal que formaba parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Allí me dirigieron hacia mi director de tesis, el doctor Luis Alfonso del Río Legazpi, quien fue el responsable de encauzar mi carrera científica».

Una vez doctorada, se trasladó desde Granada a Murcia por motivos profesionales de su marido. Nuestra académica obtuvo una beca posdoctoral para trabajar en el CSIC y desde entonces investiga en el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS).

Sevilla, al contrario que muchos de sus compañeros del CSIC de Granada, no salió a formarse al extranjero nada más a acabar su doctorado debido a una serie de coyunturas personales: “Al haber nacido en noviembre, acabé la carrera muy joven, con 21 años, y para cuando terminé el doctorado tenía 25 años y dos niños pequeños, así que esperé hasta que crecieran para irme fuera”. Por suerte, tampoco era un requisito indispensable para realizar su trabajo en aquel momento. «Para optar a una plaza del CEBAS, en aquella época aún se permitía permanecer como becaria postdoctoral un periodo de tiempo razonable, no era imperativo haber salido. Cuando me pude marchar estuve en un laboratorio de Toulouse (Francia), en una estancia no muy larga. Posteriormente, siendo ya investigadora, estuve también en Sheffield (Reino Unido). En mi equipo, el grupo de investigación de Estrés Abiótico, Producción y Calidad del CEBAS, hemos mantenido colaboraciones con una amplia gama de laboratorios de Europa, Australia, Túnez, Marruecos, Chile y Brasil».

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Los problemas del estrés oxidativo

El estrés oxidativo y los sistemas antioxidantes en especies vegetales ha sido la línea de estudio más destacada del grupo de investigación de nuestra académica. «Las plantas son organismos que no pueden trasladarse: una vez que son plantadas, aunque puedan crecer, permanecen sin poder cambiar de localización, lo que no significa que sean estáticas. Esto hace que las plantas estén sometidas a cambios ambientales continuos, que les van a influir en su desarrollo. En el caso de Murcia, estos factores ambientales potencialmente perjudiciales son la baja pluviometría y la baja calidad del agua de riego, las altas temperaturas y la intensidad lumínica y el elevado tiempo que están expuesta al sol, entre otros. Todos son potenciales factores estresantes. El metabolismo de la planta tiene que adaptarse y necesita responder a esas situaciones ambientales cambiantes y limitantes para poder crecer y producir con cierta calidad. A esas circunstancias se las denomina de forma genérica condiciones de estrés ambiental ”

«Las condiciones que he descrito son de estrés abiótico, y también están las bióticas, relativas a la defensa de la planta ante patógenos como hongos, virus, bacterias o insectos -continúa Sevilla-. Estas situaciones a las que las plantas se enfrentan a diario le producen una condición de alteración metabólica, y eso implica la producción de especies de oxígeno reactivas (ROS) y tóxicas. La planta se defiende de las ROS que atacan su ADN, sus proteínas, sus membranas; y si esos ataques no se controlan o contrarrestan, se produce lo que se denomina globalmente como estrés oxidativo. Si no puede hacerle frente con sus sistemas de defensa antioxidante, puede morir”.

La mejor forma de entenderlo, nos cuenta nuestra académica, es utilizando el símil de reemplazar metafóricamente a la planta por una persona. “Si te ataca un patógeno o tienes alteraciones nutricionales o una situación de estrés y tus defensas no reaccionan y lo combaten, o no tomas las medidas adecuadas, ese resfriado o ese estado puede empeorar, e incluso puede llevarte a una patología más severa».

Primera investigadora principal del CEBAS

Desde 1985, Francisca Sevilla es la investigadora principal de esta línea de investigación que implantó en el CEBAS y que ha permitido resultados pioneros e innovadores. De hecho, ha sido la primera mujer en el CEBAS en alcanzar el estatus de Investigadora Científica a los tres años de su incorporación a la plantilla del CSIC, y también fue la primera en ser nombrada Profesora de Investigación en dicho Centro.

Son muchos los hitos que nuestra académica ha logrado junto a su equipo en su larga trayectoria científica. Defiende que su grupo «constituye, junto con el del Dr. Del Río, de la Estación Experimental del Zaidín-CSIC de Granada, los dos equipos de investigación más consolidados en España en el campo de la biología de las especies reactivas del oxígeno y de sistemas antioxidantes en células vegetales a nivel subcelular. Fuimos pioneros en purificar y caracterizar una manganeso superóxido dismutasa en plantas y en proponer e implementar la utilidad del sistema antioxidante metaloenzimático superoxido dismutasa en los estudios del mecanismo de acción de los micronutrientes y de sus interacciones en la planta a nivel enzimático, así como las aplicaciones en la optimización de la nutrición vegetal. Dicho en otras palabras más accesibles: demostramos la utilidad de las metaloenzimas antioxidantes -unas enzimas que contienen un metal- para el diagnóstico y la corrección de deficiencias nutricionales en plantas cítricas, leguminosas y cultivos hortícolas».

El grupo ha demostrado cómo los sistemas antioxidantes y ciertas proteínas implicadas en la homeostasis redox celular, junto con los niveles moderados de especies reactivas del oxígeno y del nitrógeno, juegan una función fundamental en los mecanismos responsables de la capacidad de las plantas para responder a situaciones de crecimiento adversas, como salinidad y estrés por temperaturas elevadas. El funcionamiento correcto de estas proteínas en los diferentes compartimentos celulares es importante para desarrollar cultivos tolerantes en una agricultura mediterránea sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

También han podido demostrar por vez primera en plantas la presencia en mitocondrias de un ciclo antioxidante, en el que participan ascorbato y glutatión, y que modula los niveles de peróxido de hidrógeno en este compartimento celular en respuesta a situaciones de estrés. En este área, el grupo de nuestra académica ha logrado avances pioneros que ha sido publicados en revista de impacto del campo de la biología vegetal, tales como ‘Plant Physiology’, ‘New Phytology’, ‘Journal Environmental Botany’, ‘Journal Proteomic’…

La percepción de la mujer científica

Francisca Sevilla es una de las pocas mujeres que ocupan un puesto relevante en el mundo de la I+D regional; de hecho, es una de las dos únicas científicas que forman parte de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia junto a Ángela Molina de entre una treintena de académicos y ha sido la investigadora principal de uno de los Proyectos de Excelencia de la Fundación Séneca.“A principios del siglo XX la mujer no tenía derecho a ir a la universidad. En 1907 creo recordar que había siete mujeres en toda la universidad española, y eso es un sesgo que se ha ido arrastrando, no sólo por los hombres, sino por toda la sociedad -lamenta nuestra experta-.Recuerdo que la mayoría de chicas de Melilla no iban a estudiar a la Península aunque pudieran económicamente; y las que estudiaban hacían Magisterio, una carrera que es fundamental, pero que estaba fuertemente ligada al rol femenino. Que una jovencita cursara estudios de ingeniería o química sonaba como un fenómeno extraño; sin embargo, las primeras que entraron en la Universidad fueron químicas».

«Actualmente ha mejorado la visibilidad de las mujeres en organizaciones importantes como el CSIC, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Y un paso importante sería articular un buen plan de conciliación entre la vida laboral y la personal, que en este país hace una falta enorme”, defiende nuestra académica. Sabe de lo que habla porque experimentó esa carencia de conciliación al inicio de su carrera, y la sigue padeciendo, como tantas colegas femeninas con obligaciones familiares. Por eso reconoce que cuando sale del laboratorio le queda poco tiempo para disfrutar de sus aficiones, como viajar, ir al cine o a un concierto, hacer algo de deporte -aunque afirma que no es muy buena atleta- o ir de tapas con los amigos.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 28 noviembre 2014

Un neurocientífico famoso que desarrolló un nuevo mapa genético del cerebro de los vertebrados

LUIS PUELLES LÓPEZ CATEDRÁTICO DE ANATOMÍA Y EMBRIOLOGÍA HUMANA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

La educación de Luis Puelles (Santa Cruz, Tenerife, 1948), catedrático de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad de Murcia (UMU), empezó singularmente en el Colegio Alemán tinerfeño, donde estudió hasta los 15 años. «Mis padres valoraban mucho el dominio de otros idiomas; luego estudié también inglés y francés. Ese aprendizaje, reforzado con una voraz actividad lectora en esas lenguas, repercutió en mi carrera científica».

Lo que le orientó hacia la ciencia fue querer comprender la mente de sus compañeros de Bachillerato, concretamente «por qué se enamoraban y desenamoraban periódicamente unos de otros. Confié en el enfoque psicológico, y por eso elegí estudiar Medicina en Granada. Creía que los médicos entendían la mente humana, pero perdí tal ilusión cuando llegué a las asignaturas de Psicología y Psiquiatría, impartidas de forma muy especulativa. Paralelamente, a pesar de mis buenas calificaciones, fui comprendiendo que en realidad no tenía vocación médica».

En esa encrucijada, «opté por agarrarme a la anatomía microscópica, porque era lo que más se acercaba a observar cerebros, y estudiar su construcción. Como máquina, el cerebro es lo más complicado que conocemos, y representaba un importante reto». Fue una afortunada decisión que a la larga le convirtió en experto mundial en mapas genéticos del cerebro en desarrollo y en evolución cerebral. Es el investigador de la Región cuyas publicaciones científicas producen más impacto en la comunidad científica internacional, de acuerdo al ‘ranking’ que elabora el sistema de medición de la calidad científica conocido como ‘índice h’.

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Autodidacta y rompedor

En búsqueda de las piezas del cerebro, nuestro académico entró en 1970 en el laboratorio del profesor José María Génis, un joven catedrático de Anatomía que le animó en su autodidactismo. Puelles afirma que era considerado como «un ‘bicho raro’, porque leía obras en varios idiomas, y quería investigar en neuroanatomía; una disciplina casi muerta en la década de los setenta, al menos en España».

Nuestro académico siguió a Génis cuando se trasladó a Sevilla, donde permaneció cinco años, y allí leyó allí su tesis en 1973. Más tarde desempeñaría plazas de profesor contratado o adjunto en Badajoz y Cádiz antes de afianzarse con 31 años como profesor agregado en la UMU en 1979, donde creó su propio laboratorio. Antes de alcanzar esa meta, Puelles necesitó los primeros seis años de trabajo para publicar su primera investigación. Aunque sus estudios al microscopio eran en solitario, y carecía de una biblioteca adecuada, profundizó en la literatura científica, pidiendo numerosas separatas a los expertos extranjeros e iniciando su propia biblioteca, hoy muy voluminosa. Estos apoyos, y el diálogo mental con los maestros del presente y el pasado, le permitieron desarrollar la amplia base de conocimiento necesaria para empezar a generar ideas propias.

En ese punto, empezó a comparar órganos de distintas especies. «Para comprender bien el cerebro debes realizar ese recorrido. Hay un diseño básico común a todos los vertebrados, desde el pez más simple hasta nosotros, independientemente de la diversidad aparente. Ese diseño está conservado por los genes, que dictan cómo se construye cada cerebro durante el desarrollo; una proeza de ingeniería biológica. Cada especie modifica sutilmente el modelo fundamental, ajustándolo al tipo de vida a la que el animal está adaptado», nos explica el también director del equipo de investigación en Neurobiología de la UMU, uno de los veinte Grupos de Excelencia de la Región de Murcia financiados por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia.

El cerebro no se divide en columnas, sino en rodajas

El punto de inflexión de partida se produjo en esa fase dedicada a la neuroembriología anatómica comparada. «Existían dos modelos o esquemas generales del cerebro, y estos eran totalmente contradictorios entre sí. A mí no me cuadraba el modelo columnar, que data de 1910 y divide arbitrariamente el cerebro en columnas longitudinales, sin una base embriológica apreciable», explica el neurocientífico.

«El otro modelo, que defendían algunos autores heterodoxos, me parecía acorde con mis observaciones. Se trataba del modelo segmentario, que divide el órgano en rodajas transversales. No estaba claro por qué la corriente heterodoxa no había triunfado, si su posición era más ajustada a los datos. Eventualmente deduje que se debía a una serie de errores en las técnicas empleadas para demostrar dicho modelo». Puelles se dedicó entonces a avalar con técnicas más modernas y apropiadas la validez del modelo segmentario, logrando acreditarlo en múltiples especies: «Le di la vuelta a la tortilla, aportando evidencias fiables».

En los ochenta, cuando ya había obtenido su cátedra en la UMU, se gestó el paso definitivo de su progresión al incorporar a su paleta una novedosa técnica para mapear los genes activos en cada momento en los órganos en desarrollo; tecnología que fue posible gracias a los avances paralelos en biología molecular y genómica. “Los anatómicos no suelen atender a aspectos moleculares, pero esta posibilidad me pareció fabulosa y aprendí estas técnicas. En 1991 conocí al profesor John L. R. Rubenstein, un investigador en genética del desarrollo cerebral de San Francisco. Él buscaba a un colaborador anatómico dispuesto a ser heterodoxo, como yo; y yo necesitaba a un genetista embriólogo como él».

La colaboración que iniciaron, que aún se mantiene viva, dio lugar a la confirmación genética del modelo segmentario, empezando con una publicación en 1993 que revolucionó la comunidad científica. «De repente se hizo famosa en todo el mundo la existencia de una teoría diferente sobre la estructura fundamental de los cerebros, que parecía avalada por los genes. Nuestro modelo segmentario fue seleccionado como una de las diez líneas de trabajo que prometían mayor repercusión futura, en opinión de los editores de la revista ‘Science’ en su número especial de 1994, dedicado al desarrollo neural. Diez años después, nuestro modelo ha pasado a ser reconocido por la comunidad internacional como el paradigma de elección en neurociencia”, apunta con orgullo el catedrático de Anatomía de la UMU.

¿Cómo se siente un científico cuando por fin halla aquello que le permite soltar un ‘¡eureka!’? «Es un placer tremendo, un chute de adrenalina que dura horas. Pero eso no implica que frenes tu curiosidad, que creas haber alcanzado todas las respuestas». Desde entonces ha producido media docena de otros modelos que reordenan partes discretas del cerebro. Ahora quiere dar el salto al gran problema de la evolución de la corteza cerebral, con interesantes resultados preliminares.

Por otra parte, comenta que ya ha surgido una aplicación clínica: “radiólogos intervencionistas en Suiza y Francia (especialistas que examinan las malformaciones vasculares del cerebro) han descubierto que mis mapas génicos de la corteza cerebral les ayudan a entender la localización y extensión de estas lesiones, facilitando su operación. En investigación básica, siempre esperas que tus resultados producirán aplicaciones prácticas, aunque sea a muy largo plazo. Este empleo práctico de mis mapas estando yo aún vivo resulta muy emocionante».

Presencia internacional

La trayectoria de Luis Puelles le ha llevado a realizar estancias científicas y docentes en centros de gran prestigio, tales como el Instituto Max Planck en Gotinga, el Colegio de Altos Estudios en Berlin, la École Normale, el Hospital de la Salpetriere y el Instituto Pasteur en París, el Instituto de Genética Humana en Newcastle, el Instituto Allen de Neurociencia en Seattle, la Facultad de Medicina en San Francisco, la Universidad de New South Wales en Sydney, y el Instituto de Ciencia y Tecnología en Okinawa. Ha desarrollado, además, una importante labor difusora de la neurociencia, formando investigadores nacionales y extranjeros visitantes, escribiendo y editando libros especializados e impartiendo conferencias en foros internacionales.

También tuvo la oportunidad de ejercer durante 4 años como vicerrector de Investigación de la UMU en el equipo del rector Antonio Soler, depositando su grano de arena en la gestión de la investigación y el desarrollo de la infraestructura científica universitaria, sin abandonar el laboratorio ni el aula. Puelles, que defiende la trascendencia de transmitir su visión y conocimientos a los alumnos, está inmerso en la actualidad en la segunda edición de su libro de texto, ‘Neuroanatomía’, y tiene en prensa (Springer, Berlín) un libro sobre la ‘Nueva Neuromorfología’, en colaboración con el prof. R. Nieuwenhuys, donde desarrolla su teoría sobre cómo se forma y evoluciona el cerebro.

«Si no hubiese encontrado al cerebro, habría sido músico»

Nuestro académico podría no haber sido neurocientífico. «Si no hubiese encontrado al cerebro, habría sido músico». Su pasión por el arte de combinar sonidos va más allá de un simple hobby. «Toco el piano y el violín, sólo o con amigos, y en mis vacaciones me reúno con otros músicos para hacer música de cámara».

No obstante, mantiene intacto aquel interés adolescente que le hizo científico: entender la mente humana. «Ahora estoy mejor cualificado, pero sigo sin poder explicar la mente en sus aspectos más complejos. Ya sabemos lo que es la vida, pero aún se nos escapa la mente, aunque confío en que llegaremos a entenderla. Eso supondría la siguiente gran revolución en la sociedad humana».

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 27 noviembre 2014

Un biólogo fascinado por las lagunas costeras gracias a su devoción por el Mar Menor

ÁNGEL PÉREZ RUZAFA CATEDRÁTICO DE ECOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

El amor que Ángel Pérez Ruzafa (Murcia, 1958) profesa desde pequeño al Mar Menor le dirigió hacia la biología marina. «Mi abuelo Juan, que de joven fue minero en La Unión antes de emigrar a Murcia, tenía una carpeta donde con caligrafía inglesa impecable había escrito: ‘El Mar Menor, en peligro’. En ella guardaba documentos, fotos, recortes de periódico y actas notariales denunciando los vertidos de la actividad minera. En 1955, cuando el ecologismo no existía ni como concepto, consiguió con otros vecinos de Los Urrutias que cesaran los vertidos. Mi padre me transmitió estas inquietudes y la curiosidad por investigar esta laguna costera, de la que entonces no se conocía casi nada científicamente. Por eso decidí especializarme en biología marina y, en cuarto de carrera, me marché a la Universidad de La Laguna».

Hasta cuando le tocó cumplir con el servicio militar, Pérez Ruzafa, también sopesó el poder del mar en su trayectoria y solicitó la milicia universitaria en la Armada. «Estuve dos años y medio en Infantería de Marina. Tengo recuerdos inolvidables de mi periodo de alférez y de teniente». Así de clara tenía su vocación por el mar.

Nuestro académico regresó a Murcia a hacer la tesis alertado por su padre de que un discípulo del ecólogo Ramón Margalef había aterrizado en la UMU. Se trataba de Joandoménec Ros, hoy catedrático de Ecología en Barcelona. Pérez Ruzafa logró que fuese su director, lo que supuso un punto de inflexión de su trayectoria hacia la investigación de los ecosistemas marinos.

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Pseudoviaje de novios para científicos

Recién casado con Concepción Marcos -también ecóloga a la que tuvo la suerte de conocer en el archipiélago canario-, surgió la necesidad de visitar a especialistas de otros países. Recuerda que «montamos un pseudoviaje de novios con tintes científicos. Cogimos el coche y nos fuimos a Génova y a París, al Museo de Historia Natural, donde trabajaban los mayores expertos en equinodermos. Para formarte, tienes que moverte». Una máxima que ha mantenido a lo largo de toda su carrera. Hoy es un especialista en ecosistemas marinos de renombre internacional, lo que le ha llevado a sumergirse como investigador en aguas tan remotas como las de la Antártida, Galápagos, Vancouver, Venezuela, Azores, Cabo Verde…

 

El regreso de Joandoménec Ros a Barcelona motivó que Pérez Ruzafa se atreviese a crear su propio grupo de investigación de Ecología y Ordenación de Ecosistemas Marinos Costeros en aras de «abrir las líneas de investigación en un área que no tenía tradición en la UMU. Fueron años duros porque si estás en un departamento nuevo, donde no existe tradición ni infraestructura, tienes que poner todo en marcha».

 

Este apasionado de las lagunas costeras lamenta la persistente escasez de infraestructuras y presupuesto que sufren las universidades públicas para trabajar y mantener al personal técnico. «Los equipos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Español de Oceanografía cuentan con infraestructuras y técnicos estables, pero en la universidad, tras treinta años de formar y mantener personas a cargo de proyectos, seguimos en precario y sin personal técnico estable. Sobre el investigador recae, a nivel individual, la responsabilidad de conseguir financiación, ahorrando en varios proyectos, para tener una infraestructura básica como un barco, que tenga un patrón, pasar las inspecciones, limpiarle los fondos y darle mantenimiento y hasta conseguir el punto de amarre con el que, en nuestro caso, contamos gracias a la generosidad del Club Náutico de Lo Pagán. Así funcionamos».

Pioneros en gestión pesquera con reservas marinas

Aunque empezó investigando los equinodermos -concretamente las holoturias: animales invertebrados marinos como los erizos o las estrellas de mar-, tardó poco en diversificar las líneas: desde la planificación ecológica en las zonas costeras a los indicadores de contaminación o la genética de poblaciones marinas. Con satisfacción reconoce que con su grupo «nos hemos anticipado a líneas que luego se han convertido en temas ‘estrella’. Fuimos pioneros en España en el estudio las relaciones de los peces con su hábitat y el funcionamiento de las reservas marinas. Empezamos a trabajar en Cabo de Palos a mediados de los 80; antes incluso de terminar mi tesis sobre el Mar Menor, cuando las primeras reservas, como la de la Isla de Tabarca (Alicante) y Cabo de Palos, no se crearon hasta 1986 y 1995, respectivamente. Pedíamos proyectos nacionales, que nos denegaban porque decían que nuestra investigación no estaba relacionada con la pesca, y terminamos coordinando diez años después un proyecto europeo para el empleo de las reservas marinas como instrumento de gestión pesquera aunando perspectivas biológicas y socioeconómicas. Hoy las reservas funciona tan bien, que proliferan en Europa».

Pero su gran objetivo ha sido y serán las lagunas costeras; y en especial, su adorado Mar Menor. Nuestro experto defiende que «hemos roto muchos tópicos. Eran ecosistemas relativamente denostados por ser sistemas estresados de forma natural, con fluctuaciones ambientales muy marcadas, propensos a la contaminación, aparentemente simples y poco atractivos para la investigación. Sin embargo, el Mar Menor ha resultado ser tremendamente complejo con una gran capacidad de autorregulación: se defiende muy bien de las agresiones humanas y es un ejemplo óptimo para estudiar cómo se organizan los ecosistemas».

«Nuestras investigaciones muestran que todo es gracias a una red trófica compleja, muy heterogénea en el espacio y en el tiempo y con un porcentaje muy elevado de componentes variables que dependen de la baja probabilidad de colonización de las especies que entran desde el Mediterráneo». Pérez Ruzafa se apoya en una analogía con el sistema inmunológico humano: «El Mar Menor posee mecanismos homeostáticos que permiten compensar las presiones a las que lo tenemos sometido; por ejemplo, la entrada de nutrientes y la eutrofización. Algunos elementos de la red trófica aumentan su abundancia, como las medusas, para impedir la proliferación excesiva de otros, como las algas, evitando crisis distróficas y mareas rojas. La complejidad del sistema es posible gracias a un equilibrio delicado entre permitir que haya colonización de especies desde el Mediterráneo y poner restricciones para que esta no sea masiva. De este modo, se logra que los componentes de la red trófica sean distintos todos los años hasta en un 40%. Es admirable cómo esta continua y sorprendentemente alta tasa de renovación le permite defenderse de las agresiones; cómo un sistema tan dinámico puede ser estable y mantenerse ‘igual’ a sí mismo es una tema de investigación apasionante».

«Sois capaces de resolver problemas ambientales»

Aunque se define como tímido, Ángel Pérez Ruzafa es un asiduo de las charlas divulgativas (225) y ha escrito 82 libros y capítulos de libros que ayudan a los profanos a comprender cómo funciona el mar. «Morirse sabiendo mucho y no haberlo compartido, es como no haberlo vivido, como si sólo lo hubieses soñado. Debemos comunicar nuestros conocimientos».

El mismo espíritu ha guiado su trayectoria como profesor universitario. Nuestro ecólogo entiende que «muchos piensan que la docencia es estéril para un investigador universitario porque nadie te la reconoce y resta tiempo de investigar, lo que te hace menos competitivo frente a los científicos de entidades no docentes. En mi caso, la asignatura de Oceanografía Biológica no se había impartido nunca en la UMU. Prepararla fue un reto difícil, haciendo la tesis y sin un mentor ni tradición docente hasta ese momento. Sin embargo, la solidez conceptual que me aportó es impagable”. “Pero la mayor satisfacción de la docencia -prosigue- es despertar el sentido profesional en los alumnos y hacerles comprender que su principal herramienta es la capacidad de pensar e integrar información. Como les digo a mis estudiantes de cara a su futuro laboral y ante las dificultades de encontrar un trabajo remunerado: vuestro trabajo tendrá valor si sois capaces de identificar y anticipar, para evitar o en el peor de los casos resolver, problemas ambientales».

El arte de la ciencia

Unos retratos a tinta china de Leonardo da Vinci, Darwin, Beethoven y Ramón y Cajal decoran el despacho de Pérez Ruzafa. Retratos que ha dibujado nuestro académico: un humanista que combina el arte con la ciencia hasta el punto de que se licenció en Bellas Artes en el tiempo de ocio. «Justo al terminar mi cargo de vicerrector en la UMU, que fueron cuatro años intensos y agotadores al compaginar docencia, investigación y gestión, se creó la Facultad de Bellas Artes -rememora el catedrático de Ecología-. Al dejar el vicerrectorado, de repente me encontré con un montón de tiempo libre, más mental que real. Y me dije: es el momento de estudiar Bellas Artes».

El arte está siempre presente en su vida, otra afición que comparte con su esposa. Como el amor al mar, ya sea en el Mar Menor, en Los Urrutias, o en Bajamar en Tenerife, donde disfrutan con sus hijos cada verano que pueden. Pero su imprescindible curiosidad científica impregna esas vacaciones: «Cuando miro el mar, no puedo evitar pensar: ¿qué estará pasando allí abajo? Me fascina cómo los ecosistemas se organizan a pesar de la tendencia inevitable al desorden. Y esa es la clave de la supervivencia, de la vida. Dar sentido al caos que nos rodea».

 

                                                                       

 

Redacción: Paz Gómez

Fecha realización: 18 noviembre 2014

Un microbiólogo apasionado por los seres vivos invisibles

MARIANO JOSÉ GACTO FERNÁNDEZ BIÓLOGO Y CATEDRÁTICO DE MICROBIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

“Durante la carrera me llamaba mucho la atención lo que no se aprecia a simple vista. Como dice Saint-Exupéry en El Principito, lo importante es lo que no se ve”. Eso es lo que impulsó a Mariano José Gacto Fernández (Salamanca, 1948), catedrático de Microbiología de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia, a dedicarse a la investigación de los seres vivos más pequeños. La vocación científica, o más bien biológica, le viene de familia: «Tengo hermanas que son médicos, y mi padre era veterinario. En mi familia estábamos rodeados de biología”.

Después de licenciarse en Ciencias Biológicas en la Universidad de Salamanca, trabajó en su tesis doctoral en una línea que le acabaría abriendo nuevos horizontes: “Había investigado con bacterias y hongos y tuve la oportunidad de sacar una beca para irme a Estados Unidos. Fui a trabajar en algo que no había hecho hasta entonces y que en España prácticamente no se había tocado: los virus animales. Estuve en el Baylor College of Medicine en Houston y colaboré con el discípulo del virólogo que desarrolló la vacuna contra la polio, Joseph L. Melnick, que tenía un grupo de trabajo muy bueno en esa universidad”.

En Houston trabajó, principalmente, con las modificaciones que introducen los virus animales en las membranas de las células una vez que las infectan. “Al final pasé cuatro años allí. Llegó el momento en el que tenía que nacionalizarme o volver a España, y regresar fue la opción más sensata. El problema era que no tenía plaza, así que tuve que presentarme a unas oposiciones para profesor adjunto que saqué en Salamanca. Al año volví a hacer unas en León, luego en Granada, para ser profesor agregado, hasta que llegué a Murcia como catedrático en 1981”.

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Levaduras y rutas MAP

Entre las líneas de investigación que Mariano Gacto ha desarrollado en su carrera, destaca el estudio de las levaduras. “Son las células unicelulares que más se parecen a las nuestras, al contrario que las bacterias. Ese es un objeto de estudio muy interesante porque, por ejemplo, las investigaciones que se hacen con las bacterias no se pueden aplicar a células superiores como las nuestras. Sin embargo, los descubrimientos con las levaduras sí son aplicables a nuestras células, porque también son eucariotas. Aunque son morfológicamente muy distintas a las nuestras, sí son prácticamente idénticas desde el punto de vista bioquímico».

Otra línea interesante es la que involucra a las rutas MAP. «Son las que informan a las células de lo que ocurre fuera de ellas. ¿Por qué las células saben si hay poca glucosa o mucha glucosa en el sistema? Porque se adaptan a través de la información que le llega al núcleo a través de estas rutas. Por ejemplo, si yo veo que está lloviendo es porque tengo unos ojos y unos sentidos que me permiten discernirlo. Las células no tienen ojos, pero sí pueden adaptarse al exterior a través de estímulos químicos que llegan al núcleo, que activan o inactivan genes según convenga. Si está lloviendo, cojo un paraguas; si la célula ve que hay mucha presión osmótica, crea sustancias internas para acomodarse gracias a las señales que llegan al núcleo».

“Mi trabajo me sale por pura inercia”

Gacto puede sentirse especialmente orgulloso de su equipo, pues no sólo publican artículos en las revistas científicas de mayor índice de impacto (las más citadas) a nivel internacional, sino que también han recibido galardones como el Premio Fleming en 2008: un galardón nacional que se otorga anualmente a un trabajo de investigación de relevancia internacional en el campo de la micología realizado en un laboratorio español. Sin embargo, este microbiólogo prefiere curarse en humildad: “Después de tantos años dedicándome a esto, es algo que hago por inercia. Prácticamente no sé hacer otra cosa”.

La mayoría pasamos por el mundo sin prestar atención a lo que nuestros ojos no pueden captar a simple vista. ¿Es diferente la perspectiva de la vida de un especialista en microbiología? ¿Se ve el mundo de manera distinta cuando eres capaz de intuir lo que no se ve? “Pues sí. Hay quien dice que los microbiólogos trabajamos en cosas a las que el resto de la gente no le da importancia porque no se ven. Para nosotros es al revés: lo importante es lo que no se ve. Un célebre microbiólogo dijo que “no es sorprendente encontrar gente dedicada a contemplar la actividad de los microbios invisibles porque a menudo son los que no sienten mucha atracción por las cosas que la vida nos muestra cada día”.

Nuestro experto contempla la docencia como una parte vital de su actividad como microbiólogo. “Si nos tuviéramos que dedicar exclusivamente a la investigación, nos habríamos decantado por el CSIC, que no imparte docencia. Nosotros tenemos las dos cosas, y eso es muy bueno. Primero, porque te obliga a actualizarte, no puedes enseñar exactamente lo mismo que hace 30 años. Y, por otro lado, creas una cierta sensación de continuidad. Cuando llegué a Murcia era el único catedrático de Microbiología que había en la UMU, aunque sí había entonces un agregado. Ahora hay cuatro más, y a todos ellos les he dado clase. Así que es gratificante que esto se extienda a través de la actividad docente”.

Los peligros del analfabetismo científico

Casos como la epidemia mundial del virus ébola han puesto de actualidad su área de especialización. “La parte de los microorganismos patógenos siempre es más fácil de entender, porque nos afectan directamente. Desde el inicio de la microbiología, las enfermedades infecciosas han gozado de un gran interés. La divulgación ahí es relativamente simple, porque entendemos todos que hay microorganismos que nos quieren hacer daño”.

“Habría que resaltar que sólo el 5% de estos organismos son perjudiciales. El vino, el pan y la cerveza también tienen actividad de microorganismos, pero las nocivas llevan más fácilmente al gran público, aunque desde luego son importantes”. Estas son las peculiares modas dentro del mundo científico, las fashions of science, como ya lo fueron la gripe A o el VIH. Para combatir el pánico causado por esta corrientes mediáticas, reivindica el papel de la divulgación: “Todo tiene su momento. Cuando acabe el ébola surgirá otra cosa que también será importante en su momento, pero acabará siendo controlada, o por lo menos limitada. Estos brotes llevan al pánico inducido por el analfabetismo científico. Quien se asusta es quien no lo entiende. De ahí la importancia de la divulgación”.

La fotosíntesis marina y el calentamiento global

Una de las investigaciones más esclarecedoras de la carrera de este catedrático fue la que realizó sobre el calentamiento global. “Los microorganismos son también muy importantes en este fenómeno aunque es un aspecto muy desconocido. Muy poca gente sabe que rumiantes como las vacas producen al año más efecto invernadero que un coche que recorre mil kilómetros. Tenemos microorganismos metanogénicos que producen gases de efecto invernadero, que en los rumiantes se expulsan como eructos y ventosidades».

«Otro ejemplo ilustrativo: una de las formas de aplacar el calentamiento global es a través de la fotosíntesis. El público general cree que sólo las plantas la hacen, cuando las bacterias que hay sobre la superficie marina generan más fotosíntesis que todo el Amazonas. La contaminación marítima destruye esas bacterias, y ese no es el motivo que se suele esgrimir cuando se protesta contra la contaminación”.

Gacto reflexiona sobre el estado actual de la ciencia llevando el foco de atención a un problema cada vez más común en las universidades: “Lo que más me preocupa es que la gente prácticamente no se mueve, cuando la ciencia es internacional. Si te quedas en un sitio no es bueno, además de los peligros que conlleva ser autodidacta en esta disciplina. Hay que trabajar en países diferentes con equipos distintos, y hoy eso no se valora. Es más, uno de los problemas de la universidad actual es la endogamia. En Estados Unidos nadie puede ser profesor en el sitio en el que ha hecho su tesis, y eso genera movilidad. Aquí en España se hacen oposiciones de despacho que no prueban que te sepas el programa de tu asignatura. Necesitamos mayor amplitud de horizontes, eso te engrandece profesionalmente, sobre todo en la investigación, porque si no es una cosa cerrada e infecciosa”.

Curiosamente, Gacto es aficionado a la astronomía, justo lo inverso a la microscopía. También disfruta con la música clásica y la lectura de ensayos filosóficos.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 11 noviembre 2014

Un bioquímico obsesionado con sanar suelos heridos

CARLOS JAVIER GARCÍA IZQUIERDO PROFESOR DE INVESTIGACIÓN DEL CEBAS-CSIC.

«En la naturaleza no existe el concepto de basura». Carlos García Izquierdo (Murcia, 1954), profesor de investigación del Centro de Edafología y Biología Aplicada el Segura (CEBAS-CSIC), se inició en la carrera científica obsesionado por una comunión a sus ojos evidentes: la vinculación entre la degradación de los suelos semiáridos que había observado desde niño y la eliminación correcta y útil de las basuras domésticas y otros residuos orgánicos”. «Si los residuos suponían un problema porque había que deshacerse de ellos, y si los suelos suponían otro problema porque se estaban desertificando, mi meta era crear una sinergia que resolviese ambos problemas con estrategias científicas».

Este experto sobre enzimología y recuperación de suelos degradados decidió abordar su proyecto pionero desde la carrera de Químicas, en la Universidad de Murcia (UMU), por una opción elegida desde el inicio y dejada patente en la familia: «De la misma manera que me gusta el fútbol porque cada quince días me llevaban al campo, elegí la química porque era lo que me atraía desde niño».

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A Italia en busca del ‘compost’

Pero pronto se dio cuenta de que su especialidad sería la bioquímica del suelo y los residuos orgánicos; áreas de investigación que a finales de los años setenta sonaban a chino mandarín en España. «Aunque se trataba el suelo como estático, siempre entendí que el suelo era dinámico y que ahí mandaban los microorganismos. Y los procesos que mueven los microorganismos son bioquímicos».

Carlos García recuerda que el primer paso fue su tesis doctoral, en la que “estudié procesos de compostaje con la materia orgánica de la basura doméstica para convertir esa materia, que puesta en el suelo por sí sola sería perjudicial, mediante procesos de bajo coste por microorganismos para convertirla en compost o abono natural».

Tras doctorarse en la UMU se marchó al equivalente del CSIC español en Italia donde, por aquel entonces, eran punteros en la bioquímica de suelos y el reciclaje de residuos orgánicos. «Hoy, afortunadamente, recibimos en el CEBAS a extranjeros que vienen a formarse en este área, pero en 1990 la referencia era Italia y aquí no estaba claro lo que significa el término compost. De hecho, en mis primeros papers (artículos científicos) las discusiones con los references (revisores de las revistas científicas) no trataban sobre datos sistemáticos, sino para dejarles claro que no me dedicaba a abrir una bolsa de basura y a tirarla al suelo sin más».

La experiencia en Italia fue enormemente positiva porque, como defiende este bioquímico, «la ciencia es internacional y multidisciplinar»; una máxima que llevó al grupo de Enzimología y Biorremediación de Suelos y Residuos Orgánicos del CEBAS que creó a su regreso y que hoy es uno de los veinte Grupos de Excelencia de la Región de Murcia (GERM) que concede la Fundación Séneca-Agencia ciencia y Tecnología Región de Murcia.

«La tierra no es un almacén de tóxicos»

La suerte le ayudó a conseguir un Proyecto Frontera para financiar la estructura de ese equipo de investigación, uno de los Grupos de Excelencia de la Región de Murcia que concede la Fundación Séneca. Recueda que “varios grupos en Europa dábamos vuelta a lo mismo: el suelo necesitaba materia orgánica, pero no nos valía cualquier cosa con carbono porque la tierra no puede ser un almacén de productos tóxicos”.

“Precisamente -prosigue- esa necesidad de esa unidad entre grupos europeos para luchar contra el cambio climático que nos pisaba los talones fue lo me llevó a convertirme en responsable de proyectos de investigación de la UE en el área de Agricultura y Medio Ambiente (Strep, Craft, Life, Inco, VII Programa Marco). Bonn tendrá el centro de desertificación pero aquí, en el sur de Europa, es donde tenemos el laboratorio al aire libre”.

En aquella época, el esfuerzo de especialistas como Carlos García se concentró en conseguir una transferencia del conocimiento hacia la Administración pública: que los diferentes responsables comprendieran la necesidad de cuidar nuestros suelos y tratar los residuos de una manera “amable” con el medio ambiente para legislar en favor de ello y lograr un cambio.

Un hongo que cura patógenos sin matarlos

Esa transferencia se logró gracias a que su grupo trabaja en todas las fases científicas: investigación básica, aplicada y creación de patentes y soluciones concretas para el sector privado y público. En 2010 nace Microagia Biotech, una spin-off (empresa tecnológica que surge de un equipo académico de investigación) con el patentado de una cepa de trichoderma, un componente común del suelo, capaz de atacar a hongos y bacterias perjudiciales para los cultivos sin necesidad de usar agroquímicos. “Los pesticidas -explica nuestro experto- son como la quimioterapia: mata todo lo que hay vivo, no discrimina entre células sanas y enfermas. Nuestro microorganismo ataca selectivamente respetando la biodiversidad del suelo. Es más, cura al patógeno sin matarlo, lo desarma al quitarle su poder dañino”.

En esa lucha contra el abuso de agroquímicos en los campos, el grupo de Carlos García se alía con universidades y empresas italianas en grandes proyectos europeos. Es el caso de proyectos como ‘After-Cu’, que creará moléculas amistosas ambientales antiinfeciosas contras las bacterias patógenas de plantas en aras de reducir el consumo de cobre en la agricultura; o de ‘Evergreen’, para generar biopesticidas a base de polifenoles (antioxidantes naturales presentes en las plantas).

Carlos García considera imprescindible en su trayectoria profesional y en el desarrollo de su grupo de investigación los contratos con empresas como Fertiberia o Cespa-Ferrovial porque “nos ponen los pies en el suelo, hace que los científicos de mi área no nos olvidemos de qué necesita realmente el sector al buscarles soluciones”. Por ejemplo, su equipo lleva 18 años ayudando a Repsol a eliminar de manera sostenible sus lodos con alta carga de hidrocarburos.

A la gestión por altruismo

“Por altruismo”. Carlos García tiene claro que los años y el esfuerzo que ha dedicado a compaginar su actividad como investigador con cargos de gestión ha estado motivado por el afán de “ayudar a poner a las ciencias agrarias en el sitio que se merecen porque es un pilar de la economía del país”. Así, ejerció entre 2004 y 2009 de director del CEBAS y lo dejó para coordinar todo el área agraria del CSIC entre 2010 y 2014, entre otros puestos de responsabilidad. Además, en pos de su especialidad, fundó y presidió el Grupo Español de Enzimología de Suelos entre 1998 y 2005 y es presidente de la Sección de Biología del Suelo dentro de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo desde hace 5 años.

“Satisface mucho ver un erial reverdecer”

Tras más de treinta años defendiendo al suelo, “el hermano tonto del medio ambiente”, se define como “un afortunado porque me he dedicado a mi vocación. Me queda poco tiempo libre pero disfruto revisando papers un fin de semana. Lo difícil para mí es intentar que la investigación no lo abarque todo. Un profesor mío decía que ‘entre el día y la noche no hay pared en la investigación’. La idea te puede surgir a las 6 de la tarde o a las 6 de la mañana, pero recoges muchas satisfacciones. Es una enorme gratificación que te publiquen un estudio en un revista con un índice de impacto muy alto, como el metanálisis sobre genómica del suelo que hice con el Centro de Investigaciones de Desertificación (CIDE) de Valencia para ‘Ecology Letters’, pero también es una satisfacción enorme ver un erial reverdecer gracias a una técnica limpia que has propuesto”.

Reconoce que ve el campo menos de lo que le gustaría. Este bioquímico es aficionado a visitar haciendas agrícolas, desde frutos subtropicales hasta viñedos. Adora leer prensa -”en papel, no consigo sentir lo mismo por Internet”- y novelas de suspense. Pero sin dejar de darles vueltas a su siguiente obsesión científica: degradar contaminantes emergentes, derivados de productos farmacéuticos y cosméticos tirados al agua, con microorganismos y enzimas.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 27 octubre 2014

Dos murcianos en la Junta de Ampliación de Estudios por el Prof. Dr. D. Carlos Ferrándiz Araujo, académico numerario

Se cumple este año el centenario de la creación de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, la iniciativa más trascendente como ministro de Instrucción Pública del cartagenero Amalio Gimeno Cabañas, y verdadero hito histórico de la ciencia en España. Su objetivo fue proveer de medios a los docentes para incorporarlos al movimiento científico y pedagógico de las naciones más adelantadas, formar sólidamente a los futuros y nutrir los centros de actividad investigadora, respondiendo a la mentalidad regeneracionista tras el desastre de 1898, continuando el ejemplo -en parte- del modelo alemán. Se creó por R.O. de 11 de enero de 1907 y, tras la citación de Gimeno, su constitución se hizo cuatro días después, asistiendo Ramón y Cajal, Sorolla, Menéndez Pidal, Calleja, Rodríguez Carracido, Torres Quevedo, San Martín, Simarro, Bolívar, Casares, Ribera, Fernández Alcarrea, Álvarez Buylla, Vicenti, Santa María de Paredes y Castillejo. Azcárate y Echegaray, excusaron su asistencia, pero aceptaron el cargo. Se eligió como presidente a Ramón y Cajal, puesto que ostentó durante un cuarto de siglo con ilusión al considerar la institución como “instrumento decisivo para la promoción de la actividad científica en España”. La Junta concedió becas para trabajar en el extranjero y subvenciones a delegaciones españolas en congresos científicos internacionales. Organizó y promocionó la investigación científica, la publicación de libros y revistas, así como pensiones para estudiar en centros nacionales. Fundó el Centro de Estudios Históricos y el Instituto Nacional de Ciencias FísicoNaturales (1910), que agrupó a otros existentes con anterioridad y a los de nueva creación, entre ellos la Estación Alpina de Biología y el Laboratorio de Investigaciones Físicas, que significó la incorporación española a la vanguardia sobre diferentes parcelas científicas. Después creó el Laboratorio de Fisiología, el de Histopatología del Sistema Nervioso y otros ubicados en la Residencia de Estudiantes, entre ellos, el dirigido por el histólogo y cardiólogo cartagenero Luis Calandre Ibáñez, introductor de la moderna cardiología en España. Igualmente, la Asociación de Laboratorios, iniciativa de Torres Quevedo, cuyo Laboratorio de Automática alcanzó la vanguardia mundial. Un siglo después, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sucesor de la Junta, tiene el reto de atraer a los jóvenes por la ciencia y a la sociedad para valorarla, oteando nuevos horizontes sin perder de vista la historia que, en este caso, nos muestra la aportación decisiva de unos sabios, entre ellos dos murcianos, a un formidable proyecto común.