Emilio Lora-Tamayo: “El CSIC necesita que se cree empleo público durante cinco años seguidos para alcanzar el nivel óptimo de científicos”

El presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas defendió que “en España se hace muy buena investigación a pesar de los recortes” tras su ingreso en la Academia de Ciencias de Murcia.

Murcia, 29 de noviembre de 2016. Emilio Lora-Tamayo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ya forma parte de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia. El también catedrático de Electrónica de la Universidad Autónoma de Barcelona fue investido el pasado lunes como académico correspondiente «por la importancia de sus contribuciones y méritos, tanto en el plano científico a través de la microelectrónica y la nanotecnología, como por su dilatada trayectoria en la gestión y dirección de centros de investigación», tal y como destacó el presidente de la Academia, Juan Carmelo Gómez, durante el acto.

 

La electrónica y sus aplicaciones fue el eje de la lección de ingreso que el físico Lora-Tamayo impartió en el Aula de Cultura de Cajamar en Murcia ante destacados miembros del mundo científico, académico y político de la Región. El nuevo académico correspondiente consideró su nombramiento como “un honor y una satisfacción; máxime teniendo en Murcia al CEBAS (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura), uno de los mejores centros de investigación del CSIC.”

 

Francisco Tomás Barberán, académico numerario y profesor de investigación del CEBAS, cerró la investidura con el discurso de contestación, en el que destacó que este físico madrileño “es un gran conocedor del sistema español de I+D+i. De hecho, se trata del único que ha dirigido en dos ocasiones (2003-2004 y en la actualidad) el mayor organismo público de investigación científica de nuestro país”.

 

“Situación preocupante de la I+D”

Sobre el panorama actual de la I+D en España, Lora-Tamayo defendió que “hacemos muy buena ciencia, a pesar que desde el 2009 estamos en una situación preocupante por la reducción de los presupuestos, y eso ha traído problemas para estabilizar el volumen necesario de investigaciones. El mínimo se alcanzó en 2013 y ahora estamos remontando posiciones. Este año hemos puesto en juego 135 nuevas plazas de empleo público para la incorporación de científicos. Lo que pido es que en los próximos 5 años haya ofertas de empleo público semejantes porque es lo que asegurará que lleguemos a los niveles óptimos de personal que actualmente necesita el CSIC”.

 

Profesor en Berkeley y presidente del comité científico del ‘Prestige’

Tras licenciarse en Ciencias Físicas en 1972, Emilio Lora-Tamayo (Madrid, 1950) obtuvo el Diplôme d’Études Approfondies en la Université Paul Sabatier (Toulouse, Francia) y en 1977 se doctoró en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense. Desde 1989 es catedrático de Electrónica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Ha sido investigador en la Ècole Nationale Supérieure d’Aéronautique et de l’Espace (Toulouse), en el Laboratoire d’Automatique et ses Aplications Spatiales (Toulouse) y en el Laboratoire d’Electronique et de l’Informatique (Grenoble, Francia), además de profesor visitante en el Departamento de Electrical Engineering and Computer Sciences de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos). Ha sido director del Instituto de Microelectrónica de Barcelona-Centro Nacional de Microelectrónica y de su ‘Sala Blanca integrada de Micro y Nano-fabricación’. También ha coordinado el Barcelona Cluster de Nanotecnologia (BCN-b).

Su principal área de trabajo es la microelecrónica y la nanotecnología, que aborda aspectos de física y tecnología de semiconductores y microcircuitos, simulación y diseño de dispositivos y circuitos integrados de silicio, micro y nanosistemas, nanofabricación y nanotubos de carbono. En este campo ha publicado más de 100 artículos en revistas científicas y ha presentado 150 comunicaciones a congresos nacionales e internacionales. Es coautor de siete patentes y de una docena de libros y capítulos de libros especializados y ha participado y/o dirigido más de 50 proyectos nacionales e internacionales de I+D. Además, fue presidente del Comité Científico Asesor para el vertido del buque ‘Prestige’ y está en posesión de la Encomienda de número de la Orden del Mérito Civil.

Un botánico seducido por los musgosy descubridor de numerosas especies de flora

JUAN GUERRA MONTESCATEDRÁTICO DE BOTÁNICA DE LA UMU

 

Aunque Juan Guerra Montes (Coín, Málaga, 1952) escuchaba en su casa que su futuro sería emular a su padre, militar de carrera, a los 16 años se cruzó con un «un buen profesor que me transmitió el cariño por las plantas y los animales. En ese momento supe qué quería estudiar». Aún conserva en su despacho de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Murcia (UMU) su primer libro de Biología: «Hay que abrirlo con cuidado porque se desmonta pero sigue conmigo y seguirá».

 

El hoy catedrático de Botánica de la UMU empezó la carrera de Ciencias Biológicas en la Universidad de Málaga, allá por 1972, pero cursó la especialidad en la Facultad de Granada. «Fui buscando hacer dos especialidades pero finalmente me incliné por biología vegetal. Y es que mi destino era ser botánico».

 

La importancia de los musgos

La oportunidad de un contrato como profesor ayudantehizo que nuestro académico regresase a la Universidad desu Málaga natal. En la Universidad de Granada conoció al profesor Juan Varo, quien dirigió su tesis sobre la flora briofítica en los dominios de Abies pinsapo, un abeto que vive únicamente en las sierras de Málaga y Cádiz, iniciándole de esta forma en la línea de investigación que ha marcado su trayectoria científica:el estudio de la evolución, filogenia, sistemática y ecología de los briófitos.

 

Pero, ¿qué son los briófitos?»Se trata de los musgos, las hepáticas y los antoceros, que se caracterizan porque no tienen vasos conductores ni flores ni frutos, viven en zonas húmedas y se reproducen por esporas.Empecé a trabajar con los plantas terrestres no vasculares porque en ese momento no se habían estudiado en profundidad y decidí enfocar mi carrera investigadora a este campo», explica nuestro botánico.

 

Por contra a lo que podría parecer dado su pequeño tamaño y su carencia de vistosidad, este experto en Biología Vegetal aclara que «sonorganismos de gran importancia por ser los primeros colonizadores del medio terrestre, evolutivamente hablando, y se consideran relevantes desde el punto de vista medioambiental porque detienen la erosión, interceptando la lluvia torrencial (tienen una enorme capacidad de retención de agua); ayudan a mantener la humedad en los bosques y matorrales; son los primeros colonizadores de suelos desnudos o que se han quemado en incendios forestales; favorecen la acumulación de materia orgánica (humus); son sustratos para la germinación de semillas en los medios naturales; incrementan la disponibilidad de nitrógeno en el suelo; absorben contaminantes de la atmósfera y funcionan como indicadores de polución, y son sustratos para que puedan vivir muchas algas microscópicas y bacterias que fijan nitrógeno atmosférico. Además son el alimento propicio para pequeños animales, sobre todo de los insectos».

 

Una vez elegida la línea en la que quería investigar, Guerra realizó estancias en los centros extranjeros que por aquel entonces eran punteros en esta materia. Primero investigó durante varios meses en la Universidad de Lille(Francia) y después recorrió diferentes centros de prestigio situados en Berlín (Alemania), Uppsala (Suecia) y Zürich (Suiza), además de estancias cortas en diversas universidades americanas.

 

Fundador del primer laboratorio español para el estudio de la evolución de los briófitos

Nuestro académico recaló finalmente en la Universidad de Murcia en el año 1986, donde obtuvo la cátedra de Botánica que actualmente ostenta.Precisamente, para Juan Guerra uno de los principales aportaciones científicas fue fundar en la UMU el primer laboratorio de biología molecular aplicada al estudio de la evolución y taxonomía de briófitos que existió en España. Producto de ello fueron la publicación con su grupo de investigación de dos trabajos pioneros en su campo:uno sobre la filogenia molecular de la familia de musgos Pottiaceae, publicado en la revista científica Plant Systematics and Evolution, y un estudio morfológico y molecular del complejo Syntrichialaevipila (Pottiaceae), difundido por la revista Nova Hedwigia. «Ambas son publicaciones de alto impacto en el campo de la biología vegetal, por lo que han tenido una importante repercusión en nuestra área», subraya el catedrático.

 

Descubrir nuevas especies de flora

El estudio de la diversidad vegetal, de la flora de territorios concretos, ha sido la segunda gran línea de investigación a la que ha dedicado sus esfuerzos nuestro académico como investigador principal del proyecto ‘Flora Briofítica Ibérica’, que comenzó en 1998 y finalizará en 2018 subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad y que ha dado lugar a la publicación de cinco volúmenes de esta flora de musgos. «Probablemente es la serie de libros científicos másvendida en la Universidad de Murcia. En cada volumen he dedicado 5 años de trabajo junto a mi equipo, realizando una exhaustiva labor de campo que a veces nos permite localizar especies desconocidas o que se creían extinguidas».

 

Como curiosidad, Guerra comparte que «una vez mis discípulos bautizaron a un musgo con mi nombre cuando estaban trabajando en Argentina. Se llama Guerra montesiamicrodonta. Fue muy halagador».

 

El objetivo de realizar una flora, como resalta nuestro experto en briófitos, va más allá de la mera documentación: «Se trata de conocer qué tipo de plantas viven en nuestro territorio, nuestro acervo natural, porque una vez que ya están publicados los datos se utilizan para la gestión del territorio. Por ejemplo, para evaluar si se concede la urbanización de un paraje natural teniendo en cuenta qué especies viven allí y si existe el riesgo de producir algún daño medioambiental. De este modo,localizamos, después de mi llegada a Murcia,diversas poblaciones desconocidas del Ciprés de Cartagena, Tetraclinis articulata, y realizamos el primer estudio de esta especie, que en toda Europa sólo se encuentra en las inmediaciones del campo de golf de La Manga del Mar Menor. Desde entonces, en cada decisión urbanística de la zona se tiene en cuenta su protección».

 

Al mismo tiempo que ejerció como director del Departamento de Biología Vegetal de la UMU durante casi dos décadas, aceptó el cargo de coordinador del Área de Biología de Organismos y Sistemas en la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEC) durante cuatro años.

 

Además, desde el año 2009 se hace cargo de la dirección del Herbario de la Universidad de Murcia, del que se siente especialmente orgulloso. «Puede parece una colección de cosas muertas pero es un herbario muy ‘vivo’ que atiende las necesidades de investigadores de todo el mundo que no tienen que desplazarse, de sus centros, para estudiar el ADN de una especie, su filogenia… Nos piden muestras desde el Jardín Botánico de Melbourne (Australia), del Museo de Historia Natural de Londres, de herbarios de Austria, Alemania, Suecia… Conservamos más de 400.000 muestras de todo tipo de plantas».

 

Toda esta actividad investigadora y de gestión no merma su dedicación a la docencia. Guerra defiende que «el profesor universitario debe intentar compensar la dedicación docente e investigadora al 50%, porque si la balanza se inclina mucho hacia un lado, será negativo para los alumnos y para su trayectoria en la universidad».

 

Tenista incansable

Su gran pasión en el tiempo libre es el tenis: «Desde los 12 años no he dejado de pegarle a la raqueta y seguiré. ¡Menudos callos! Pero me encanta y espero enseñar a mi nieta a jugar conmigo en cuanto tenga edad para ir a la cancha».

 

Sin embargo, no sueña con inculcar a su nieta ni a los suyos su pasión por todo lo verde que crece a su alrededor. «Mis compañeros me dicen que cuando llego por las mañanas a la Facultad voy mirando los parterres y lo que verdea en los muros. Es deformación profesional, como botánico ves lo que los demás no ven. Pero en mi casa, ni una maceta. Ya se sabe: en casa de herrero…»

 

 

 

 

                                                                      

 

Redacción: Paz Gómez

Fotografía: Pablo Almansa

Fecha realización:  13marzo 2015

Un botánico que recrea escenarios del pasado identificando granos de polen al/con microscopio

José Sebastián Carrión García

Catedrático de Evolución Vegetal de la Facultad de Biología de la UMU

“Puede que naciera científico pues desde bien pequeño era muy curioso y no me valía la autoridad materna ni paterna para inhibir mi curiosidad”. Cuando José Carrión (Jumilla, 1962) busca en su memoria cómo le surgió la vocación científica enseguida recuerda su infancia: “Cuando mi madre dormía la siesta, me escapaba a buscar arañas en las casas del vecindario o a cazar ranas a las ramblas”. Precisamente esos anfibios condicionaron su carrera: “La elección por la biología surge de mi pasión por las ranas. Quería estudiar su comportamiento, aunque también me gustaba mucho trabajar con un microscopio”.

Dicho y hecho. En 1981 Carrión inició sus estudios de Biología en la Universidad de Murcia (UMU), donde se especializó en botánica porque “era lo que más se acercaba a ser un naturalista, que era lo realmente deseaba ser por aquel entonces”. El hoy catedrático de Evolución Vegetal de la UMU quería dar un paso más allá y centrarse en la paleobotánica, la que ha sido su principal área de investigación.

Nuestro académico cuenta que “al acabar la carrera entré en contacto con Michele Dupré, una profesora francesa que era la única que realizaba una técnica de análisis polínico de sedimentos, en la Universidad de Valencia. Obtenía granos de polen fosilizados de sedimentos arqueológicos. Me fui a aprender la técnica y me fascinó eso de reconstruir el pasado con un microscopio; muy detectivesco y excitante. Y por ahí tiré”.

Fue la profesora Dupré quien dirigió su tesis doctoral sobre ‘Evolución paleoambiental durante el Pleistoceno superior en el sureste de España’. A partir de ese momento este biólogo decidió centrarse en la identificación de granos de polen y esporas al microscopio para reconstruir escenarios del pasado; una especialidad poco extendida en aquel momento y en la que ha logrado avances de elevado impacto en la comunidad científica.

 

“No había ni un tubo de ensayo”

Los inicios, lógicamente, no fueron sencillos. Cuando en 1985 comenzó en el departamento de Botánica de la Facultad de Biología de la UMU como becario “sólo pude realizar estancias en el extranjero breves porque tenía que impartir muchas horas de prácticas. Más tarde sí he viajado con frecuencia a Holanda, Reino Unido y, sobre todo, a Sudáfrica. Pero he tratado de innovar mucho por mi cuenta. Entonces no había ni un tubo de ensayo en el departamento de Botánica. Sólo herbarios y papel de periódicos para prensar plantas. Fui pionero en montar una técnica de análisis polínico en nuestra universidad”.

A los 42 años consiguió la Cátedra de Evolución Vegetal y desde 2013 dirige el grupo de Paleoecología, Paleoantropología y Tecnología del Cuaternario de la UMU con el que ha desarrollado sus principales líneas de investigación. Carrión señala que “además de la paleoecología, hemos trabajado en análisis de mieles, filtros de captadores atmosféricos para pronosticar picos de polen para alérgicos y ahora nos estamos iniciando en la botánica forense”.

 

Resiliencia para la paleoecología

La principal contribución del profesor Carrión a la ciencia paleoecológica radica, a su juicio, en “un montón de registros nuevos. Por ejemplo, he descubierto cosas como que el nogal es originario de la Península Ibérica y que no lo trajeron los romanos. Pero el avance más importante que he aportado a mi especialidad puede que sea conceptual: la manera de interpretar y entender las pautas de cambio ambiental en términos de biología de la complejidad; es decir, leer los cambios en términos de resiliencia (capacidad de adaptación de los seres vivos a los agentes que perturban nuestro estado), lo que permite investigar dónde hay respuestas rápidas y lentas en un ecosistema en el tiempo profundo, en la escala de miles de años.”.

Su contribución teórica sobre paleoecología arqueológica se ha reflejado en publicaciones científicas internacionales que desde sus inicios siguen siendo muy citadas.

 

Los neandertales en Nature

Precisamente Nature, la revista científica con mayor índice de impacto de todo el mundo, se hizo eco en 2009 de un descubrimiento sobre la última cronología del Homo neanderthalensis en España en el que Carrión efectuó el análisis polínico. “El equipo multidisplinar e internacional de investigadores del que formé parte halló pruebas de que los últimos neandertales pudieron acabar sus días en el sur de la Península Ibérica; concretamente, en la Cueva de Gorham situada en Gibraltar. Los restos revelan que esta especie continuó existiendo miles de años después de que apareciese la nuestra, el Homo sapiens”.

Entre los logros de su carrera, este botánico le dedica un lugar muy especial a la ‘Paleoflora ibérica’, una obra enciclopédica sobre la cubierta vegetal de la Península Ibérica y las Baleares en los últimos cinco millones de años mediante el análisis de los registros fósiles. “Ha costado nueve años sacarla adelante -destaca- y ha sido desde un despacho modesto, coordinando a setenta investigadores de todo el mundo. Es un gran orgullo”.

 

Revisor, gestor y asesor

Todas estas aportaciones han permitido que actualmente nuestro académico sea editor en revistas científicas de renombre, tales como Quaternary Science Reviews, Review of Palaeobotany and Palynology y Journal of Arid Environments, además de revisor en muchas otras como Plos One, PNAS e incluso Science. Además, durante los últimos años ha sido gestor del Plan Nacional de I+D+i (Programa CGL-BOS) y en 2015 asumió el cargo de asesor en Política Universitaria del actual rector de la UMU, José Orihuela.

A pesar de esta intensa carrera, nuestro catedrático no olvida su papel como docente vocacional porque “enseñar lo es todo para mí. Todo investigador debe estar en contacto cercano con su estudiantes y tratar de impactar en sus cerebros. Es la necesaria transmisión del conocimiento”.

 

De la música clásica a Metallica

Al igual que su trayectoria profesional, las aficiones de nuestro académico son numerosas y eclécticas. Se declara amante de la música clásica, con especial querencia por compositores rusos como Rachmaninoff. Pero esta inclinación no es óbice para que también disfrute con el heavy metal de Ozzy Osbourne o Metallica.

La poesía es otra de sus debilidades junto al séptimo arte: “Crecí como el niño de ‘Cinema Paradiso’, viendo películas desde la sala de proyección del cine donde mi madre trabajaba como taquillera”.

 

                                                                       

 

Redacción: Paz Gómez

Fotografía: Pablo Almansa

Fecha realización: 12 marzo 2015

Un químico pionero en implantar la biotecnología en la Región de Murcia

JOSÉ LUIS IBORRA PASTOR CATEDRÁTICO DE BIOQUÍMICA Y BIOLOGÍA MOLECULAR DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

“Saber que tu vida está orientada al servicio de los demás es suficiente recompensa.” Para José Luis Iborra Pastor (Alicante, 1944), catedrático emérito del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Química de Universidad de Murcia (UMU), la vocación por la disciplina le llegó en el bachillerato “gracias a la ayuda de un gran profesor”. En la Alicante de los años sesenta no había carreras científicas, así que el joven Iborra tuvo que ampliar horizontes. “Llegué a Murcia en 1960 a estudiar Ciencias Químicas. Luego hice la tesis en Química Analítica. Cuando la acabé, tuve la suerte de que en Alicante se creara el Colegio Universitario, donde me contrataron para enseñar Química Analítica en 1970. Allí estuve tres años. Entonces se crearon las Universidades Autónomas de Madrid, Barcelona y Bilbao, y me contrataron para esta última, donde colaboré en montar la especialidad de Bioquímica y en la que estuve otros dos años. En ese tiempo, las promesas que se me hicieron respecto al desarrollo de mi carrera científica no se cumplieron; de modo que me volví a Alicante, donde se acababa de inaugurar la Facultad de Ciencias y el Colegio Universitario de Medicina, para impartir Bioquímica».

Posteriormente, realizó oposiciones para profesor adjunto a nivel nacional y tuvo la oportunidad de incorporarse a la Facultad de Medicina de Murcia, al departamento que dirigía el profesor José Antonio Lozano Teruel, «a quien le tengo que agradecer no sólo su amistad, sino también todo el apoyo y los consejos que he recibido desde que le conozco». Un año después opositó a profesor agregado en la Facultad de Ciencias, y al siguiente obtuvo la cátedra por concurso de acceso.

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«Fue una osadía»

Originalmente José Luis Iborra investigó la pigmentación en el cuerpo humano y los melanomas dentro del grupo de Lozano Teruel. “Cuando fui catedrático se podría decir que me independicé y seguí con la línea propia, centrada en la biotecnología. Es la ciencia que estudia a nivel tecnológico el desarrollo de la biología”.

Apostó fuerte por esta especialidad y resultó ser todo un éxito, a pesar de ser muy criticada en su momento. “Fue una osadía por nuestra parte. En aquel momento se fomentó por el Ministerio de Educación y Ciencia la investigación en el área de biotecnología. Una cosa que tenía claro es que necesitábamos gente joven, así que solicitamos becas para estudiantes de doctorado, y nos concedieron todas las que solicitamos, cinco. Los compañeros de la Facultad no se lo creían, me preguntaban que qué había hecho”. Seguramente los que asignaban las becas vieron el potencial de estas investigaciones, y el tiempo le ha dado la razón al equipo de Iborra, pues ahora la biotecnología es una de las ramas científicas más punteras y su grupo fue pionero por estas tierras. «No es por colgarnos méritos pero sí que fuimos el primer grupo que se dedicó a la biotecnología en la Región. Es una evidencia. Posteriormente, ha habido un gran avance tanto en el territorio nacional como en Murcia”.

Iborra reconoce que influyeron varios factores. “Cuando fui a Bilbao me contrataron para enseñar bioquímica, así que tuve que estudiarla porque era un neófito en ese aspecto. Ya en Murcia, cuando tuve que tomar responsabilidades y abrir una línea piloto, decidí decantarme por este área tan amplia para luego alcanzar realidades más concretas. Traté de enlazar lo que había hecho con el profesor Lozano en la pigmentación con algo que tuviera que ver con la salud, y el resultado fueron los melanomas. Así que empezamos a probar modelos con ratones que podían desarrollar cáncer de piel”.

Pigmentación y melanomas

¿Qué estudiaban en concreto con esos experimentos? “Cómo se desarrollaba la pigmentación en estos animales que tenían melanomas. Nuestro objetivo es el mismo que promulga la disciplina al completo: encontrar remedios para la cura y el tratamiento del cáncer, aunque para eso hace falta obviamente mucho trabajo. Cuando se montó la Facultad de Química tuve que tomar la decisión de separarme del grupo de Lozano Teruel para dedicarme a la biotecnología, y fue un tránsito. Empecé a pensar en qué podíamos centrarnos y, además, teníamos que buscar el interés de la industria, porque si no tienes contratos con empresas que apliquen estos conocimientos, la sociedad no puede beneficiarse de ellos. Puedes hacer dos cosas: que tus trabajos sirvan simplemente para ser citados en bases de datos o devolver a la sociedad lo que ella te ha dado a ti. Eso es muy importante”.

Otras líneas de investigación relevantes

La biocatálisis es otra de las especialidades del grupo de trabajo de Iborra. “La catálisis es una reacción química que incrementa la velocidad de una reacción que se desarrolla en condiciones normales. Con ello se puede obtener más rendimiento y mayor productividad en menos tiempo. No sólo se acelera la reacción, sino que se hace más rentable. La catálisis se produce tanto por los elementos catalíticos que hay en las células como por las propias células. O sea, que puedes usar unas células especializadas para que capten unos sustratos, los transformen y eso dé como resultado unos productos. Por eso aíslas los catalizadores que hacen la transformación, las enzimas, al ser más eficaces. La biocatálisis es la utilización de enzimas y células para realizar procesos de interés industrial».

Entre los ejemplos de aplicación de esta técnica, nuestro experto en biotecnología cita uno especialmente conocido: la carnitina. Popularmente es conocida como un quemagrasas pero, como advierte Iborra, “no es que las queme realmente. Es una molécula que transporta al interior de la célula los ácidos grasos con el fin de quemarlos. Nosotros utilizamos microorganismos, los modificamos genéticamente para que expresen la posibilidad de producir L-carnitina, que tiene otros muchos usos médicos aparte de quemagrasas”.

¿Qué convierte esto en un proceso de biocatálisis? “Es un proceso de biocatálisis porque hemos modificado un organismo genéticamente que está especializado en realizar una transformación rápida. Le damos de comer y nos da lo que nos interesa; en este caso, L-carnitina, pues hay dos tipos de carnitina: la otra es D-carnitina. Antes en la producción química sólo se conseguía el 50% de producción de L-carnitina. Nosotros lo hacemos al 100%”.

Líquidos iónicos para biodiésel

Iborra ha desarrollado otras líneas de investigación relevantes a lo largo de su carrera. Una que sigue dando sus frutos hoy es la centrada en los líquidos iónicos. “Los iones se asocian entre ellos, uno de carga positiva se une a otro de carga negativa, y constituyen sales como el cloruro sódico. Con los líquidos iónicos pasa lo mismo, hay de carga negativa y de carga positiva, pero en su estado natural es líquido. Y además de naturaleza orgánica. En química hay un principio que dice que ‘semejante disuelve a semejante’. Eso quiere decir que una sal sólo disolverá compuestos iónicos. Pero el líquido iónico, al tener compuesto orgánico, también puede disolver o interaccionar con compuestos orgánicos. Eso da pie a producir, por ejemplo, biodiésel por vía enzimática en presencia de líquidos iónicos”. Esta investigación fue muy exitosa a nivel internacional, hasta el punto de que ‘Nature’ recogió la cita de esa publicación en 2011; un reconocimiento que todavía sorprende a sus autores.

Con Santiago Grisolía en Kansas City

A la hora de hablar sobre la docencia, se apresura a destacar un elemento inherente a la profesión que tiene que ver con la percepción que la sociedad suele tener del ejercicio docente. «Me llama la atención que cuando digo en la comunidad de vecinos que soy profesor de Universidad, siempre me preguntan sobre qué hacemos. Esta labor supone un esfuerzo doble, desde la docencia y desde la investigación, y ese esfuerzo se plasma proponiendo líneas de investigación para ser publicadas en revistas con índice de impacto. Eso exige estar al día continuamente. ¿Cómo se mide si un investigador es bueno o malo? Fácil, están los índices de impacto, que indican si tu trabajo es leído poco o mucho».

Una de las cosas por las que Iborra se siente también más satisfecho es por haber tenido la oportunidad de conocer al profesor Santiago Grisolía, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, para posteriormente mantener una estrecha relación con él. “Fui el encargado de atenderle durante su estancia en el Congreso de la Bienal de Física y Química celebrada en Alicante. Me ofreció ir a visitarle a su laboratorio en Kansas City y estuvimos los meses de un verano colaborando en unas investigaciones sobre el recambio proteico. Una gran experiencia vital, sin duda”.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 04 diciembre 2015

El bioquímico de las colinesterasas, unas enzimas fundamentales para transmitir las señales nerviosas

Cecilio Jesús Vidal Moreno Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular-A de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia.

«Al mejor profesor colinérgico”. La dedicatoria de la taza que Cecilio Jesús Vidal (Jódar, Jaén, 1950) exhibe en su despacho como un preciado trofeo fue un regalo de sus alumnos de Biología cuando hace dos años le nombraron padrino de la promoción. Para este experto en neurobiología, muestras de afecto como esta compensan sus 42 años de docencia abnegada porque, a su juicio, los científicos de carrera universitaria “debemos llevar a las aulas lo que hacemos en los laboratorios. La docencia debe ser algo vivo, que brota, se alimenta y transmite con la experiencia del maestro que ‘hace ciencia’; lejos del dogmatismo, la enseñanza debe ser sometida a permanente revisión y a actualización”.

A los 15 años, vivió un encuentro que definió su futuro. “Siempre tuve mucho interés por la vida, por los animales y las plantas. Y estudiando como alumno interno en los Salesianos de Úbeda se celebró un ciclo de conferencias con expertos de diferentes profesiones para despertar posibles vocaciones. Aquello fue un hecho esclarecedor en mi vida porque salí de la charla con la idea clara de ser químico”.

Dicho y hecho. Aprovechando que sus padres se trasladan a Murcia por el negocio familiar, en 1967 se matricula en Químicas en la Universidad de Murcia (UMU). En 1976 defiende su tesis doctoral, dirigida por los profesores Antonio Soler y José Antonio Lozano del entonces Departamento de Química Orgánica y Bioquímica, y consigue una beca posdoctoral que le abre las puertas de la ciencia que se hacía en el extranjero. Recuerda que «ya casado y con mi primer hijo nos trasladamos los tres a Londres. Trabajé en el Chelsea College of Science and Technology entre 1976 y 1979”.

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Un doctorado en Londres con mucho peso

El salto al Reino Unido fue fundamental en la especialización en bioquímica de Cecilio Vidal, catedrático de la UMU en ese área desde 1998. “En los años setenta la bioquímica estaba poco desarrollada en España, a excepción de algunos departamentos en Madrid, Barcelona y Valencia. La experiencia de trabajar fuera resultó esencial para mi formación como investigador y científico. Me obligó a abrir la mente, a concebir la investigación de otro modo, a ver los problemas desde otro ángulo, a trabajar en equipo, a decidir después de escuchar a otros. A mi regreso a Murcia, todo ese bagaje de conocimientos y experiencias me permitió poner en marcha la línea de investigación en la que había trabajado”.

Fue en el Chelsea College de Londres, un centro de referencia internacional en cuanto a los aspectos estructurales y funcionales de las membranas biológicas, donde, de la mano del profesor David Plummer, Vidal cursó otro doctorado que dio mucho peso a su curriculum y proporcionó las bases de la línea de investigación que ha marcado su trayectoria científica: las colinesterasas, unas enzimas necesarias para que las neuronas reciban y transmitan órdenes. En concreto, las colinesterasas hacen posible que un neurotransmisor llamado acetilcolina ejerza sus acciones de forma controlada.

Distrofia muscular, tumores y demencias

“Desde que regresé a la UMU en 1979, como profesor agregado interino del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, me he dedicado con mi equipo de investigación a estudiar las colinesterasas, los catalizadores biológicos que forman parte de un operador colinérgico, que es como un dispositivo que convierte y amplifica una señal, donde el disparador se llama acetilcolina».

“Si sube la cantidad de acetilcolina, aumenta la acción colinérgica, y las colinesterasas destruyen la acetilcolina para evitar la sobreactivación; es decir, frenan la actividad colinérgica. O dicho de otro modo, el operador colinérgico comprende las enzimas que fabrican, liberan e hidrolizan la acetilcolina y también los receptores que transforman la señal de la acetilcolina”.

Las investigaciones de Cecilo Vidal están relacionadas con enfermedades tan relevantes como la distrofia muscular, el alzhéimer o el cáncer. ¿Qué relación hay entre las colinesterasas y estas patologías? “El buen o mal funcionamiento del sistema colinérgico puede atenuarlas o acentuarlas porque el sistema colinérgico participa activamente en la contracción muscular (distrofia), en la proliferación celular (cáncer) y en la comunicación adecuada entre regiones cerebrales, para que opere correctamente el sistema nervioso central (demencias)”.

«Un bien para la humanidad»

En el caso de la proliferación celular en exceso, que es lo que origina el cáncer, el equipo del Dr. Vidal estudia «si la supresión o aumento de la actividad acetilcolinesterasa puede ralentizar el desarrollo del tumor. Se ha observado que en algunas clases de cáncer el operador está sobre-estimulado porque falla o escasea la colinesterasa que detiene la señal».

Ante la pregunta de si estos descubrimientos sobre el comportamiento de las colinesterasas en pacientes oncológicos servirán para mejorar su salud, Vidal explica que «trabajamos para corregir los fallos en el funcionamiento del operador colinérgico, pero de momento se desconoce el resultado porque intervienen muchas variables, como los procesos compensatorios y la diversidad de células de las que puede emanar un tumor en distintos tejidos e incluso en un mismo tejido. Nosotros hacemos investigación básica con el propósito de que un día se convierta en un bien para la humanidad gracias a la investigación aplicada».

Y lo mismo ocurre con los fallos en la contracción muscular.»Nuestro proyecto es averiguar en qué medida las anomalías en el operador colinérgico contribuyen o no a una patología; en el caso de la distrofia muscular, al acoplamiento de la excitación nerviosa con la contracción del músculo. Trabajamos con un tipo de ratón que, al igual que los humanos, padecen distrofia muscular congénita, una distrofia parecida a la de Duchenne, enfermedad que sólo afecta a los hombres y les provoca la muerte antes de los 30 años. En los ratones distróficos hemos visto que hay una deficiencia de la proteína PRiMA, que sirve para fijar de modo duradero la acetilcolinesterasa a la membrana de la célula muscular y de las células neurales. Es probable que la restauración del nivel normal de PRiMA en el músculo beneficie a los pacientes, pero tal posibilidad no se ha abordado todavía porque la falta de PRiMA no es la causa principal de las distrofias, sino un efecto secundario que seguramente contribuye a la patología». Eso sí, saber más sobre el funcionamiento del operador colinérgico es avanzar hacia un posible tratamiento futuro.

En el caso de las demencias, los estudios de este bioquímico publicados en prestigiosas revistas científicas analizan las relaciones entre el neurotransmisor acetilcolina y una serie de proteínas (tau, beta-amiloide y presenilina) implicadas en las demencias. ¿Por qué? «Existe un diálogo entre esas proteínas de tal manera que la interrupción de la comunicación normal favorece la producción de placas seniles, unas formaciones patológicas que se observan en las personas que fallecen por alzhéimer. De hecho, entre las terapias que se usan para detener la progresión de ciertas demencias figuran fármacos inhibidores de la actividad acetilcolinesterasa. Si se bloquea la enzima que destruye la acetilcolina, se mantiene más tiempo la actividad cerebral normal y la emisión/recepción de las señales nerviosas, las cuales se interrumpen en las personas que padecen estas enfermedades».

Neurotóxicos en repelentes de insectos

Los neurotóxicos son otra línea de investigación de este catedrático. En concreto, los piretroides, unos pesticidas artificiales que se emplean en los repelentes de insectos para ahuyentarlos en verano. «Ciertas empresas farmacéuticas ofrecen los piretroides como un material inocuo, pero vimos que no son tan inofensivos porque se incorporan a las membranas celulares, las hacen más frágiles y afectan a las proteínas situadas en dichas membranas».

Nuestro experto precisa que esos efectos nocivos sólo se producen tras una exposición al neurotóxico en dosis elevadas, pero el efecto sobre las membranas es acumulativo, de forma que sus estudios han ayudado a evaluar mejor las acciones beneficiosas y perjudiciales de los piretroides.

Su nieto, los paisajes y un buen vino

Cecilio Vidal tiene otra gran pasión: su nieto Federico. Su tiempo libre lo invierte en jugar con él para disfrutar al máximo de sus tiernos ocho añitos. Y del resto de su familia: «Mis aficiones son la compañía de mi mujer María Jesús y de mis hijos, Federico y Ana Victoria. Me gusta pasear con mi esposa, ver una buena película, leer novela histórica, conocer pueblos de Castilla, parajes de Asturias, ciudades de Extremadura… Y saborear un buen vino».

A sus 65 años no se plantea la jubilación. «Mientras me encuentre útil, voy a seguir en la Universidad. Desde luego no prolongaré mi actividad universitaria si no estoy en condiciones, pero, mientras pueda, trataré de transmitir a los alumnos la ilusión, la alegría de un hallazgo en investigación, la satisfacción por un trabajo bien hecho; en fin, mi experiencia personal».

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 10 noviembre 2015

Un matemático fascinado por entender la omnipresencia de las estructuras helicoidales en el Universo

ÁNGEL FERRÁNDEZ IZQUIERDO CATEDRÁTICO DE GEOMETRÍA Y TOPOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

Las matemáticas conquistaron a Ángel Ferrández (Orihuela, 1952) gracias a su poder, como ciencia exacta, de dar respuestas definitivas sin ambages. El ahora catedrático de Geometría y Topología de la Universidad de Murcia (UMU) recuerda que “de pequeño me sacaba de quicio que me dijesen que según un autor u otro la versión de los hechos de la historia, por ejemplo, cambiaba. Me di cuenta de que la búsqueda de la verdad absoluta sólo podía alcanzarla a través de las matemáticas”. A ese objetivo se sumó otro descubrimiento: “Tenía un libro donde el autor era doctor, pero en Matemáticas, y me sorprendió porque pensaba que sólo los médicos era doctores. Y me dije: yo quiero ser doctor en Matemáticas”. Y lo consiguió.

Sin pensarlo demasiado, aunque a la postre fue un acierto, optó por marcharse a estudiar a la Universidad de Granada, donde trabajó tres años después de licenciarse. Pero no abordó su tesis doctoral hasta la providencial llegada del catedrático Antonio Martínez Naveira en 1976. “Entonces empecé a ver la luz, porque era un profesional capaz de dirigir la tesis que yo deseaba realizar sobre geometría, aunque sólo se iba a quedar en Granada un año. Así que cuando se marchó a Valencia, me fui tras él”.

Tras su experiencia en la ciudad mediterránea, nuestro académico consideró que había llegado el momento de ampliar horizontes. Consiguió una beca postdoctoral para la Universidad de Maryland (Estados Unidos), donde investigó sobre raíces de espacios homogéneos durante un año a las órdenes del profesor Alfred Gray, a quien había conocido en una visita a la universidad valenciana. A lo largo de su carrera también ha realizado varias estancias de larga duración en el Instituto Poincaré de París gracias, como subraya, al apoyo de la embajada de Francia en España.

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Coincidencias providenciales

Antes de recalar en la Universidad de Murcia, regresó de nuevo a Valencia, donde trabajó durante otros cinco años, hasta que en 1986 “se dieron dos coincidencias -relata Ángel Ferrández-. Resultó que, al comienzo del curso académico 86-87, un catedrático se había desplazado a otra universidad, quedando sin cubrir una serie de asignaturas de la licenciatura de Matemáticas. El vicedecano de entonces, José María Ruiz, me llamó y me propuso venir a cubrir esa baja. A la vez, y en atención a mi hija, que había nacido un año antes y que necesitaba tratamientos médicos muy específicos, me hablaron muy bien del equipo de neurocirugía infantil del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca. Los doctores Carlos Casas y Máximo Poza fueron muy importantes en aquellos momentos”.

Ante semejante tesitura, Ferrández pidió una comisión de servicios de dos años porque “los profesores titulares no tenemos derecho al traslado. Y en Murcia tuve la inmensa suerte de que Pascual Lucas – hoy también catedrático de Matemáticas y académico- estaba terminando su carrera y se quedó conmigo a trabajar. Fue el nacimiento del actual grupo de Geometría Diferencial y Convexa, que obtuvo la mención como de ‘Grupo de Excelencia de la Región de Murcia’ que concede la Fundación Séneca”.

Las preguntas que le lanzaba el Universo

Después de obtener la plaza de catedrático en febrero de 1992, Ferrández se embarcó en la búsqueda de aplicaciones prácticas de la Geometría y Topología en el mundo de la Física. “¿Qué son los agujeros negros?, ¿qué significa que el Universo está curvado?… En el grupo nos hacíamos esas preguntas y decidimos realizar incursiones en la geometría aplicada a la Física y, más en concreto, en cómo se comporta el Universo”.

Ese reto llevó a nuestro matemático a hallazgos exitosos y muy gratificantes. Destaca que “investigando cómo se mueven las partículas en el espacio, descubrimos que lo hacen siguiendo hélices. Es curioso porque nos dio la pista de por qué las estructuras helicoidales son tan frecuentes en el Universo. Están presentes en toda la naturaleza. Documentamos así que las partículas sometidas a determinadas fuerzas siguen trayectorias helicoidales”.

Pero la grandeza del método científico radica en que de una solución nace otra investigación. “Con mi colega Manuel Barros, con quien estudié Geometría en Granada, nos planteamos por qué son tan comunes esas hélices en el Universo. Y a comienzos del año 2000 hicimos un descubrimiento muy importante: teniendo en cuenta que las hélices más importantes de la vida son las del ADN, con su doble estructura helicoidal, reflexionamos sobre por qué en tan diminuto espacio se acumula tanta cantidad de materia y si en realidad las hélices de nuestro código genético son tan perfectas y homogéneas como se creía. Dimos una demostración: la doble hélice del ADN no es tan perfecta si analizas curvatura y torsión, no son homogéneas. Este hallazgo tuvo mucho impacto tras publicarse en la revista ‘Journal of Mathematical Biology’ en 2014 al ser válido para muchas disciplinas, desde biología a física”.

La clave es la energía

“Toda acción que se produce en el Universo supone un intercambio de energía. Si comemos, tomamos energía; si corremos, perdemos energía. O ganas o pierdes energía. Por eso la clave de ese descubrimiento reside en la energía. La naturaleza busca realizar cambios con el mínimo gasto de energía y las hélices lo consiguen. Hasta el Sol cuando expulsa una partícula, lo hace siguiendo una trayectoria helicoidal”, nos explica este experto en Geometría.

Su pasión por la Física queda palpable en el despacho con dos fotos de Albert Einstein y Roger Penrose, el famoso colega de Stephen Hawking, a quien tuvo el oportunidad de conocer en la Universidad de Granada. ¿Le gustaría haber sido físico en lugar de matemático? “No me siento físico”, responde Ferrández, “pero me llama la atención porque son mucho más arriesgados que los matemáticos: hacen suposiciones aun sin saber demostrarlas y casi siempre aciertan. Son muy intuitivos y no les importa equivocarse. Los matemáticos somos mucho más cautos. Si no estamos seguros de una cosa, no abrimos la boca. En nuestro mundo no se admiten esas elucubraciones».

De la divulgación a fundar la Academia de Ciencias

Para Ángel Ferrández, su labor como profesor universitario complementa su visión de la ciencia, aunque considera que “si la docencia no está respaldada por un componente investigador, es una docencia sin alma. Puedo enseñar mejor porque mi componente investigadora me permite ver más allá. Es como el ajedrez: los maestros van veinte jugadas por delante de ti”.

Este catedrático de Geometría y Topología siempre ha sentido la necesidad de divulgar el conocimiento científico, lo que casi por inercia le llevó a poner en marcha la primera Semana de la Ciencia y la Tecnología de la Región cuando era vicerrector junto a su compañero Pascual Lucas y el físico Rafael García-Molina.

Ese ímpetu por fomentar la divulgación fue también el caldo de cultivo que le llevó a proponer la creación de la Academia de Ciencias de Murcia. Rememora que “en 2001 hicieron académico a Manuel Barros en Granada y pensé: ¿por qué no podemos disponer de una Academia similar en nuestra región con gente joven y dinámica? Así que me puse a recoger modelos de estatutos y a ‘reclutar’ a veintiún académicos fundadores”. En junio de 2002 nacía oficialmente esta institución que dirigió durante ocho años y que hoy es un emblema de la ciencia murciana.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 11 marzo 2015