Los universalistas y Humboldt por el Prof. Dr. D. Félix María Goñi Urcelay, académico correspondiente

En una Columna anterior hablábamos del movimiento de los “Universalistas españoles del siglo XVIII”, iniciadores del estudio de las ciencias y las artes desde una perspectiva universal, y no local, o nacional, y terminábamos mencionando el histórico encuentro de José Celestino Mutis, destacado universalista, con el sabio alemán Alexander von Humboldt en Bogotá, en 1801. En relación con esta última figura vamos ahora a contemplar otro aspecto de la historia de la Ilustración, esta vez desde el punto de vista alemán, un movimiento guiado por el paradigma idealista y romántico de la filosofía de la naturaleza de Schelling y Goethe, que, en términos generales, entendía ésta como un Todo. En este ambiente se educó y vivió Alexander von Humboldt (1769-1859), hermano menor del lingüista y político Wilhelm. Alexander fue el arquetipo del polígrafo: geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador. Viajó por Europa, por las dos Américas, y por el Asia Central. Se le considera uno de los creadores de la Geografía Universal, representada en su monumental e inacabada obra Kosmos.

La conexión de A. von Humboldt con los universalistas españoles es, podríamos decir, de ida y vuelta.  Por una parte, Juan Andrés, en su obra enciclopédica, se refiere a Humboldt (con el que nunca se encontró) en numerosas ocasiones, sin escatimar elogios, como han mostrado los estudios de M. Rosario Martí Marco, de la Universidad de Alicante. Por otra, Humboldt tuvo intensa y fructuosa relación con uno de los más importantes universalistas, el citado José Celestino Mutis. Humboldt y Mutis se encontraron en [Santa Fe de] Bogotá, entonces capital de la Nueva Granada, en 1801. Humboldt se quedó sorprendido por el equipo de trabajo a las órdenes de Mutis: “Desde hace quince años trabajan a sus órdenes treinta pintores; él tiene de 2000 a 3000 dibujos en folio…”. (A. v. Humboldt “Del Orinoco al Amazonas”). Ambos científicos mantuvieron una nutrida correspondencia durante los años de vida de Mutis, fallecido en 1808.

Es evidente que la figura de A. v. Humboldt, universalista alemán, ha sido mejor tratada por la posteridad que las de los universalistas españoles. Sin embargo, Martí Marco, entre otros, ha iniciado una revisión de la valoración de la obra humboldtiana, con el reconocimiento de su deuda con los trabajos de Hervás, Mutis, Clavijero, Andrés y otros. ¿Cuánto de Kosmos, publicado cuando ya casi todos los universalistas españoles habían desaparecido, se debe a la influencia de éstos? Una revisión crítica como la que ahora está en marcha permitirá, sin disminuir un ápice la gloria de Humboldt, destacar con merecido relieve la obra de sus inspiradores españoles.

Sencillo, pero exitosamente funcional por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Cuando éramos niños, tuvimos que aprender a distinguir entre mano o pie derecho e izquierdo. Aprendimos que las manos y los pies (“quirales”) eran imágenes especulares no superponibles (“enantiómeros”) y también a poner el guante o el zapato en la mano o pie correctos. A una edad temprana aprendimos a distinguir el olor de las naranjas del de los limones, sin saber que ambos olores se corresponden con la “versión zurda y diestra” (dos formas enantiómeras) en que puede existir la molécula del limoneno (el (R)-(+)limoneno y el (S)-(-)limoneno), ni que esa distinción entre ambas formas estaba asociada a la existencia en nuestros receptores nasales de moléculas (“quirales”) capaces de reconocer esa diferencia de propiedades organolépticas, ni que esa diferencia estaba exclusivamente ligada a la estructura tridimensional (“estereoquímica”) de esas moléculas.

Siendo, por tanto, obvio que la estructura tridimensional de las moléculas puede tener importantes consecuencias que no sólo pueden afectar a sus propiedades físicas, sino, también, a sus propiedades biológicas o a su eficacia como fármacos, y que cualquier compuesto orgánico es preparado a través de una secuencia de reacciones, no sorprende que cuando se aborde el proceso de síntesis de una molécula quiral para ser usada en farmacia, agricultura, perfumería, etc., la estereoquímica con que transcurren cada una de las etapas de ese proceso sea un aspecto clave, especialmente si consideramos que, habitualmente, será necesario obtener, de forma selectiva, el estereoisómero (isómero espacial) que exhiba la propiedad buscada.

Esta necesidad ha suscitado, a lo largo de las últimas décadas, un gran esfuerzo investigador orientado a conseguir nuevas metodologías sintéticas que permitan la construcción estereoselectiva de moléculas orgánicas “quirales”, habiendo sido clave el empleo de catalizadores metálicos “quirales” y de biocatalizadores.  De hecho, ya en 2001, Knowles, Noyori y Sharpless, trabajando en este campo de “síntesis asimétrica”, recibieron el premio Nobel por desarrollar reacciones enantioméricamente selectivas utilizando catalizadores metálicos. Sin embargo, a partir del año 2000, y de la mano de los profesores Benjamin List y David MacMillan, empezó a emerger una alternativa cuyo desarrollo ha constituido un hito dentro de esta misma área: la denominada “organocatálisis asimétrica”, que utiliza pequeñas moléculas orgánicas quirales para catalizar reacciones de modo estereoselectivo. Este concepto de catálisis, que se ha convertido en una herramienta fundamental en síntesis orgánica para la preparación de compuestos enantiopuros, es “tan sencillo como ingenioso”, según el presidente del comité que otorgó, la pasada semana, el Premio Nobel de Química 2021 a estos investigadores.

Tatuajes científicos por el Prof. Dr. D. Rafael García Molina, académico de número

Durante este verano, en que la gente va ligera de ropa y luciendo tipo (quien puede), me he percatado de la abundancia de tatuajes en torsos, brazos, piernas… Los motivos que aparecen en los cuerpos tatuados son muy variados, pues van desde frases (en caracteres latinos, chinos…), hasta imágenes variopintas. Lo cierto es que ya no se lleva el típico «amor de madre», ni anclas, ni Cristos o Vírgenes de distintas advocaciones, que fueron estética dominante en otras épocas.

Reflexionando sobre la variedad de temas gráficos y literarios representados en los cuerpos tatuados (y amenizado con música a propósito: la copla «Tatuaje», interpretada por Concha Piquer, y el álbum de blues-rock «Tattoo», de Rory Gallagher), me ha llevado a pensar en qué tipo de tatuaje nos haríamos los científicos, en el caso de que quisiéramos lucir en nuestra anatomía algún motivo gráfico representativo de las materias en que investigamos.

Me vienen a la cabeza figuras icónicas en diferentes disciplinas, todas ellas con un claro significado alegórico y una innegable carga artística: la estructura del ADN, en biología; una neurona (como las dibujadas por Ramón y Cajal) en neurociencias; un diagrama de Feynman, en física; un átomo, en física o química; un fractal, en matemáticas o física; un anillo de benceno, en química; o un rayo de luz dispersado por un prisma, en óptica (y en un disco de Pink Floyd). A pesar de su indiscutible valor simbólico, no le veo muchas posibilidades a la tabla periódica de los elementos químicos en el repertorio de los tatuajes, debido a la envergadura del “soporte” necesario.

También tienen su valor estético las representaciones simbólicas propias de diversas disciplinas científicas, tales como las reacciones químicas o las ecuaciones físicas y matemáticas (sobre las que hay un debate respecto de cuál es la ecuación más bella). La identidad de Euler o la ecuación de Schrödinger están entre mis ecuaciones preferidas.

Las frases (lapidarias, a ser posible) referidas a la ciencia, o enunciadas por científicos, también serían susceptibles de aparecer sobre nuestra piel: “Dios no juega a los dados (Albert Einstein)”, “Si he llegado a ver más lejos que otros hombres, es porque me encaramé a hombros de gigantes (Isaac Newton)”, “La Naturaleza está escrita en lenguaje matemático (Galileo)”. Y si se dispone de poco espacio para el tatuaje, ¿por qué no recurrir a algún símbolo reconocible por la mayoría de científicos, tales como ∞, π o ħ?

Finalizo desvelando una frase (de Richard Feynman) que luciría en mi cuerpo: “Todo está hecho de átomos”, junto al esquema de un átomo. Pero no recurriría al tatuaje, sino a una calcomanía (de calidad). Así podría exhibir otras ilustraciones o frases científicas cada cierto tiempo.

Tres gases inorgánicos peligrosos por el Prof. Dr. D. Gregorio López López, académico de número

Nos referimos a H2S (sulfuro de hidrógeno), HCN (cianuro de hidrógeno) y CO (monóxido de carbono). Su peligrosidad se basa en el bloqueo irreversible de la sexta posición (posición distal) del grupo hemo de la hemoglobina. El ion hierro(II) (ferroso) está unido a cuatro átomos de nitrógeno pirrólicos, dos de ellos desprotonados para compensar las dos cargas positivas del ion ferroso. La quinta posición está ocupada por un átomo de nitrógeno de histidina (proximal) y en la sexta posición entra la molécula de oxígeno (O2), en el hueco que queda entre el ion ferroso y otra histidina (distal).

El sulfuro de hidrógeno se encuentra de forma natural en petróleo, gas natural y manantiales de aguas termales. Se genera también por descomposición de la materia orgánica existente en condiciones anaerobias, proveniente de proteínas que contienen azufre. Es un gas de olor característico a huevos podridos, perceptible en contenidos muy bajos (realmente son los huevos podridos los que huelen a sulfuro de hidrógeno). Es extremadamente nocivo para la salud. Comienza causando un malestar agudo que conlleva a la asfixia y a la muerte por sobreexposición.

El cianuro de hidrógeno ha sido el gas utilizado habitualmente en la pena capital mediante la cámara de gas, método muy utilizado en los campos de concentración de la segunda guerra mundial. Se coloca un recipiente con un ácido fuerte (por ejemplo, ácido sulfúrico) y se introduce en él una bolsa conteniendo cianuro de sodio o de potasio. Se genera inmediatamente una nube de gas cianhídrico letal. Su presencia se percibe por un ligero olor a almendras amargas y en el laboratorio los cianuros deben manejarse en medios alcalinos y en el interior de vitrinas bien ventiladas.

El monóxido de carbono fue también muy utilizado durante el holocausto en la segunda guerra mundial. Se produce en la combustión deficiente de sustancias como gas, gasolina, carbón, tabaco o madera. Calentadores de agua y aparatos domésticos que queman combustible, como las estufas y hornillas de la cocina también pueden producirlo si no funcionan bien. Los vehículos con el motor encendido también lo expulsan. De aquí el sumo cuidado que deben tener las parejitas que se entregan a sus juegos amorosos en el interior de un vehículo con la calefacción funcionando y las ventanillas cerradas. El monóxido de carbono es inodoro (no se detecta) y su intoxicación comienza con una placentera modorra de la que puede no despertarse.

Los universalistas españoles del siglo xviii por el Prof. Dr. D. Félix María Goñi Urcelay, académico correspondiente

En 1767 Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de las tierras de la Corona de España, “usando la suprema autoridad que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto a mi Corona”. Una buena proporción de los expulsados de la España peninsular acabaron refugiados en los Estados Pontificios. Allí coincidieron tres “expulsos”, como se les llamaba en la época, respectivamente Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno, que pusieron en marcha una de las más grandes, y más injustamente olvidadas, epopeyas intelectuales hispánicas, lo que se ha dado en llamar la “Escuela Universalista Española del siglo XVIII”. El autor de estas líneas no tuvo conocimiento de la misma sino a través de una exposición montada en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense en 2017, con ocasión del bicentenario de la muerte de Juan Andrés.

Las hazañas intelectuales del trío antes señalado son literalmente asombrosas. Juan Andrés (1740-1817) construyó una Historia Universal Comparada de las Letras y de las Ciencias, ahí es nada. Lorenzo Hervás (1735-1809) hizo lo propio con la Lingüística, y Antonio Eximeno (1729-1808) propuso un concepto universal de la Música como arte y como expresión. Estos representantes tardíos de la Ilustración aceptan de dicho movimiento el empirismo científico y la orientación historiográfica, pero se mantienen al margen de la Enciclopedia. El conjunto de su obra es, sencillamente, ciclópeo. ¿Qué ha sido de todo ello? Pues, ha sufrido el mismo destino de los “novatores” valencianos, de las contribuciones astronómicas de Jorge Juan, de la metalurgia de Alonso Barba, o de los avances médicos de los catalanes Gaspar Casal o Antoni Gimbernat, por no salirnos del XVIII: el olvido y la incuria. Si, al par de modesta, la ciencia española no es víctima de una maldición peculiar, desde luego que lo parece.

Y, sin embargo, los universalistas no pasaron desapercibidos para sus contemporáneos, particularmente en la América hispana. Entre los seguidores de dicha corriente cabe señalar al botánico Antonio José de Cavanilles, precursor del ordenamiento de los recursos naturales y del desarrollo sostenible, a Francisco Javier Clavijero, iniciador del indigenismo mejicano, al chileno Juan Ignacio Molina, catedrático en Bolonia, y tantos otros. Pero debemos destacar especialmente al médico y botánico gaditano José Celestino Mutis, director de la Real Expedición Botánica al Reino de Nueva Granada (actuales Colombia, Venezuela, Ecuador…).

En 1801, y en [Santa Fe de] Bogotá, tuvo lugar un encuentro de la mayor trascendencia, entre Mutis y… nada menos que Alexander von Humboldt, el padre de la geografía universal. Pero esa es otra historia.

Las matemáticas de los frentes atmosféricos por el Prof. Dr. D. Antonio Córdoba Barba, académico de Honor

Es notable la solvencia que han adquirido las predicciones del tiempo atmosférico, contribuyendo a salvar cosechas y vidas humanas, consecuencia del progreso en los medios de observación y captación de datos (temperatura, presión, humedad, velocidad y dirección del viento) a través de la red mundial de estaciones y satélites meteorológicos. Y a la potencia de los ordenadores, que los pueden procesar rápidamente usando algoritmos matemáticos que predicen la evolución atmosférica con bastante precisión.

Entre los modelos matemáticos de la Meteorología destaca la llamada ecuación Quasi-Geostrófica-Superficial (SQG), que describe la evolución de un frente atmosférico a cuyo través la temperatura cambia drásticamente. Se obtiene a partir de las ecuaciones de los fluidos formuladas por el gran Euler en el siglo XVIII, a las que se acopla el movimiento de rotación de la Tierra (aceleración de Coriolis).

En latitudes medias SQG es una relación de proporcionalidad entre la velocidad de cambio de la temperatura (derivada temporal) y el producto (escalar) de su gradiente espacial por un campo de velocidades incompresible (o incomprimible) que depende asimismo de la temperatura. Es decir, podemos pensar que las ecuaciones describen un fluido, el aire, cuyas partículas tienen una “temperatura” y se mueven con un campo de velocidades que es función, en cada tiempo y espacio, de esa misma temperatura.

Esa dependencia “activa” de la velocidad respecto al escalar transportado confiere a estas ecuaciones una dificultad especial, sobre todo por su carácter no-local: la velocidad en un lugar del espacio depende de los valores de la temperatura en todo el dominio, y no solamente de los que tome cerca del punto en cuestión. Si a la no-localidad le añadimos la no-linealidad cuadrática que implica el producto escalar antes mencionado, no debe sorprendernos que, a pesar de su apariencia tan sencilla, SQG presente todavía desafíos matemáticos enormes y queden muchas preguntas básicas por responder.

Empero, sabemos que el problema de valores iniciales está bien propuesto: existe solución única durante un cierto tiempo y esta depende continuamente de las condiciones iniciales. No es poca cosa, puesto que de lo contrario no tendría sentido usar la ecuación para hacer cálculos numéricos de los que extraer previsiones meteorológicas. Pero claro, querríamos saber más sobre ese intervalo de existencia y la aparición, o no aparición, de singularidades en un tiempo finito.

Me complace acabar señalando que se trata de un área relevante del Análisis Matemático, donde matemáticos muy estrechamente vinculados a nuestra querida Región han aportado contribuciones fundamentales.

Tordesillas en versión espacial por el Prof. Dr. D. Miguel Ángel De la Rosa Acosta, académico correspondiente

En la localidad vallisoletana de Tordesillas –en 1494, apenas un par de años después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón–, los reinos de España y Portugal ponían fin a sus disputas y acordaban repartirse las zonas de navegación y conquista de la mar océana y del nuevo mundo. El así conocido como Tratado de Tordesillas establecía una línea de demarcación situada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. De esta forma, los portugueses protegían sus rutas africanas y los españoles se garantizaban las conquistas transatlánticas. El acuerdo recibió la confirmación apostólica del Papa Julio II en 1506 con la bula Ea quae pro bono, que venía a ordenar la expansión portuguesa y castellana en África e Indias, respectivamente, bajo pena de excomunión en caso de incumplimiento.

Hace tan solo unas semanas, China conseguía que la nave espacial Tianwen-1 “aterrizara” en la superficie de Marte. Unos meses antes, en febrero, había hecho lo propio la nave estadounidense Perseverance, apenas pocos días después de que la sonda Hope, lanzada por los Emiratos Árabes, alcanzara la órbita marciana. La Unión Europea, Rusia y hasta Elon Musk, fundador de Tesla, contemplan la exploración de Marte entre sus proyectos a corto plazo… Parece que el planeta rojo haya renovado el interés por la emigración al espacio de los terrícolas, al igual que años atrás lo hizo la Luna, cuando en 1969 el hombre consiguió poner el pie por primera vez en el satélite terrestre a bordo de la nave Apolo 11.

El paralelismo entre una y otra aventura exploratoria, entre la conquista de América y la conquista del espacio, es evidente. El afán propio del hombre por adentrarse en lo desconocido, por acaparar recursos y bienes preciados, por extender su cultura y religión y, en definitiva, por ampliar su esfera de poder constituyen en conjunto la fuerza impulsora de las grandes expediciones. Es lógico pensar, por tanto, que las disputas por la primicia en la llegada, con el consiguiente reconocimiento de soberanía y derecho de explotación de los nuevos territorios surjan dentro de poco en la carrera extraterrestre como antes lo hicieron en la carrera de Indias. La minería espacial ya ha comenzado y la colonización humana de Marte y la Luna dejará de ser ciencia-ficción en no mucho tiempo.

La reedición del Tratado de Tordesillas en versión espacial se vislumbra como solución inevitable a las más que previsibles disputas internacionales por los nuevos descubrimientos y expansiones del hombre fuera de la Tierra. Esperemos que al menos no haga falta llegar a la intervención del Vaticano.

Análisis de riesgo y coronavirus por el Prof. Dr. D. Juan José Alarcón Cabañero, académico de número

A la sociedad actual le preocupan cada vez más los peligros a los que estamos sometidos y por ello los estudiamos con detalle. Quizás los análisis de riesgo más conocidos sean los relacionados con la seguridad alimentaria, pero también se investigan aquellos riesgos asociados con la movilidad, el trabajo y por supuesto los producidos en el ámbito de la salud. Estos últimos son los que más horas de debate han ocupado recientemente como consecuencia de la terrible pandemia que nos ha tocado vivir. Pero distingamos las fases en las que tenemos que dividir un análisis de estas características.

En primer lugar, hay que evaluar el peligro asociado a un determinado evento. En el caso que nos ocupa el peligro es un coronavirus que hemos sido capaces de identificar genéticamente de forma rápida, lo que ha permitido desarrollar en unos pocos meses vacunas eficientes y seguras. En segundo lugar, es necesario caracterizar y evaluar la exposición al peligro, y para ello ha sido preciso observar el desarrollo de la enfermedad, sus pautas de transmisión, sus dosis infectivas y su morbilidad. Una vez el riesgo ha sido caracterizado, se pueden implementar las medidas de control más adecuadas, lo que se conoce como gestión del riesgo. En este caso, buena parte del riesgo ha sido mitigado por medio de la aplicación de determinadas pautas de comportamiento como el uso de mascarilla, el mantenimiento de la distancia social y el confinamiento selectivo (pautas todas ellas muy costosas desde un punto de vista socioeconómico y emocional, pero que han permitido reducir los efectos negativos que genera el virus sobre la salud).

Por último, pero no menos importante, tras los procesos de evaluación y gestión del riesgo existe una fase relacionada con la necesidad de comunicar los avances obtenidos frente a la pandemia. La sociedad demanda conocer datos y detalles técnicos respecto a uno de los eventos más trascendentales de nuestra vida, pero la enorme avalancha de información que nos llega lamentablemente invita en ocasiones a la confusión, de modo que es difícil distinguir lo que es una sugerencia bienintencionada de lo que es una recomendación avalada por la fuerza de una evidencia científica, lo que es secundario de lo que es realmente una prioridad. En este sentido se echa en falta, especialmente a nivel político y mediático, pero también a nivel científico, más reflexión y consenso y menos discusión pública, solo de este modo conseguiremos que el plan de análisis de riesgos asociado al coronavirus se complete de forma correcta y efectiva.

Cuando las pelotas surcan el aire por el Prof. Dr. D. Rafael García Molina, académico de número

En física es habitual usar las pelotas para ilustrar el movimiento de los cuerpos. Como estos se suelen describir mediante puntos materiales (sin tamaño), la fuerza de rozamiento ejercida por el aire no se suele tener en cuenta, aunque juega un importante papel en la trayectoria de los proyectiles que lo surcan, tal como como puede comprobarse en deportes como golf, tenis o fútbol (de actualidad por la Eurocopa 2021), entre otros.

La inevitable fuerza de rozamiento (o de arrastre) tiene sentido contrario al del movimiento y su valor depende del tamaño y velocidad de la pelota, así como de la viscosidad (una forma de tener en cuenta la fricción) del medio en el que se mueve. En un lanzamiento (sin efecto) de golf, tenis o fútbol, el alcance del proyectil es notablemente menor del esperable en el recorrido parabólico cuando no hay fricción con el aire.

Además, si se lanza la pelota con efecto, golpeándola lateralmente para que gire alrededor de su eje mientras se desplaza por el aire (tal como bien saben futbolistas, tenistas y golfistas), sobre el proyectil actúa la fuerza de Magnus (en honor de quien la describió matemáticamente en 1852), perpendicular al eje del giro y a la dirección en que se mueve (aunque parece que Newton ya descubrió este efecto en 1672 mientras veía un partido de tenis). Esto produce una trayectoria curvilínea que sortea obstáculos y confunde al contrincante. A lo anterior, cabe añadir que cuando una pelota con efecto golpea el suelo, puede rebotar con mayor o menor velocidad de la que llevaba, según el efecto que le proporcione quien la lanza.

En un buen tiro, las fuerzas de arrastre y de Magnus que actúan sobre una pelota de fútbol o de golf cuando surca el aire son comparables a sus respectivos pesos, lo cual es un factor muy importante cuando se aplican las leyes de la física para calcular la trayectoria del proyectil, sobre la cual también influye el diseño de su superficie (más o menos rugosa; con hoyuelos –en el caso de las pelotas de golf–; con surcos de costuras o soldaduras entre los paneles de los balones de fútbol).

Como vemos, los deportes donde las pelotas vuelan por los aires son una excelente manifestación de las aplicaciones que tiene la ciencia en la vida cotidiana. Así es que aficionados y profesionales de ambas creaciones (ciencia y deporte) del genio humano, tenemos motivos para disfrutar cada vez que vemos una pelota surcando los aires. En el reciente libro La ciencia de los campeones, de José Manuel López Nicolas, un buen colega universitario y mejor amigo, pueden encontrarse más historias donde se marida ciencia y deporte.

Referentes científicos y el futuro que viene por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

Eliminar a científicos y personajes relevantes de nuestra memoria colectiva puede parecer un acto de estupidez. Pero, más allá del dicho: “ningún tonto se equivoca en su contra”, evidencia mediocridad. Y esto es más peligroso. La mediocridad no implica ser menos inteligente o tener limitaciones.

Todos las tenemos y la genialidad está al alcance de pocos. El problema es que el mediocre es incapaz de aceptarlo y no soporta verse reflejado en quien evidencia sus carencias. Por eso no hay nada peor que un mediocre con poder. La película Amadeus, de Milos Forman, lo retrataba magistralmente en la figura de Salieri. Buen músico y en la cima, pero, incapaz de soportar la genialidad de Mozart, no cejó hasta aniquilarlo. Estas personas resultan altamente destructivas. Intrigantes y manipuladoras, abundan precisamente en ámbitos donde se espera inteligencia, en la dirección de muchos departamentos y centros de investigación y en las esferas del poder, truncando la proyección de numerosos profesionales brillantes.

Evidentemente, el daño no pueden hacérselo ya a Ramón y Cajal o a Juan de la Cierva. Ellos ya justificaron su vida, contribuyendo con su genialidad y esfuerzo, a pesar de los mediocres de su época, al bien común y el progreso de la humanidad. Algunos, como Isaac Peral, incluso perdieron la vida en ese desgaste, pero su obra sigue aquí y ya nada pueden arrebatarles. A ellos es a quienes menos les importa que un premio, una beca o un aeropuerto lleven su nombre. Su trabajo sobrevivirá a quienes los denigran. Los perjudicados somos nosotros y nuestros hijos. Porque para batir una marca, hay que tenerla como referencia, para que la sociedad progrese, hay que saber que otros ya cruzaron horizontes y, como decía Newton, subirse a sus hombros de gigantes para ver más lejos.

Es aquí donde los mediocres no se equivocan, porque así eliminan el sentido crítico, el anhelo de superación y la excelencia, rebajando los referentes al nivel del populismo. Resulta fácil neutralizar un referente genial, basta con acusarlo por sus creencias y convicciones tras haberlas demonizado, o de cualquier debilidad humana de las que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, al tiempo que justificamos al que no siente remordimiento por disparar en la nuca o indultamos, en aras de la concordia, a los que no tienen más méritos que haber cometido delitos reales de violencia, supremacismo nacionalista o limitado libertades básicas en la educación, la lengua o la forma de pensar.

Lo triste es que argumentar es inútil, porque ya casi hemos perdido el sentido crítico. En estas condiciones, promover la ciencia hablando de nuestros grandes científicos a nuestros jóvenes, solo podrá hacerse desde las catacumbas y la clandestinidad, mientras en la superficie resuenan las palabras de Salieri en su locura: “mediocres del mundo, yo os absuelvo”. Qué duro resulta escribir esto desde una columna de la Academia de Ciencias.