Bohr y Heisenberg, dos actores Nobel por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

Dedicada a Andrés Silva (Los Toneles)

El pasado 19 de octubre de 2019, en el teatro Romea, se estrenó Copenhague, del novelista y dramaturgo británico Michael Frayn. Dirigida por el actor y director de teatro bonaerense Claudio Tolcachir, narra el encuentro entre el eminente científico danés Niels Bohr y su ex alumno Werner Heisenberg, la tarde del martes 16 de septiembre de 1941, en la capital danesa, un año y medio después de la ocupación de Dinamarca por las tropas de Hitler.

La obra, de 1998, se centra en descifrar el motivo y contenido de la visita, es decir, ¿pretendía Heisenberg obtener información de Bohr acerca de la carrera de los aliados en la fabricación de armas nucleares? O quizás ¿pedir asesoramiento sobre cómo manipular el uranio para que el ejército nazi tomara ventaja? Todas las especulaciones se aglutinan en torno a la figura de Heisenberg, quien, a pesar de haber trabajado con Otto Hahn, uno de los descubridores de la fisión nuclear, en el desarrollo de un reactor nuclear, no logró fabricar armas nucleares, ya por falta de recursos ya por un sabotaje deliberado para evitar que el ejército nazi dispusiera de armas atómicas.

Por la defensa de sus colegas físicos y matemáticos de origen judío, Heisenberg, sufrió la represión de las SS, quienes le apodaron “el judío blanco”, y la Gestapo, que llenó su domicilio de micrófonos escucha. Existen ríos de tinta sobre su vida y obra, con tantos defensores como detractores, donde se le tacha de cobardía y de acomodarse a las circunstancias, incluso de su mala física, a pesar de lograr el Nobel de Física de 1932.

Robert Jungk, en su libro Más brillante que mil soles, y Thomas Powers, en el suyo La guerra de Heisenberg: la historia secreta de la bomba alemana, abonan la tesis de que los físicos nucleares alemanes obedecieron la voz de su conciencia y evitaron la construcción de la bomba atómica. Frayn, apuntándose a esta tesis, logró un gran éxito y ganó el premio Tony para su obra. La familia Bohr no tardó en responder y el 6 de febrero de 2002 publicó los Archivos Niels Bohr.

David Cassidy, biógrafo de Heisenberg y el historiador que más ha estudiado el asunto, concluye que “Lo que Heisenberg aparentemente quería era que Bohr usara su influencia para evitar que los científicos aliados, que seguramente estaban muy por detrás de los alemanes, trabajaran para construir una bomba que pudiera usarse contra Alemania. Heisenberg no es un héroe ni un villano, sino un individuo culto y altamente talentoso que fue desafortunadamente atrapado en las terribles circunstancias de su tiempo para las cuales él, como la mayoría de la gente, no estaba totalmente preparado”.

Ciencia independiente por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

En ciencia es saludable y recomendable que haya controversia y discusiones críticas. Sin embargo, últimamente, se habla mucho de científicos independientes. Esto, en contra de lo que pudiera parecer, los deja en mal lugar porque presupone que lo que aportan son opiniones personales, no ciencia. La ciencia no puede ser dependiente o independiente, solo se hace preguntas o se plantea problemas y les busca respuestas aplicando el método científico, haciendo un diseño experimental para la obtención de datos y analizándolos para aceptar o rechazar la hipótesis de partida o encontrar relaciones entre variables que expliquen el funcionamiento de los procesos. De este modo, la ciencia solo puede ser buena o mala y depende únicamente de que el diseño experimental sea correcto y el tratamiento de datos el adecuado. Lógicamente, tanto haciéndola bien, como mal, esto no es posible sin financiación, con lo que la actividad científica, pero no la ciencia en sí o sus respuestas, dependen de ello. Con la precariedad habitual, puede hacerse poca ciencia, pero una vez que se hace, que la tierra gire alrededor del sol o viceversa, no depende de presiones externas. Evidentemente, la ciencia (o los científicos) puede cometer errores, pero esos errores se rebaten o se corrigen con mejor ciencia, rehaciendo el experimento, y aportando nuevos datos. No con opiniones.

Ante la afirmación de que “un grupo de científicos es independiente”, se podría realizar un diseño de muestreo en el que se toma ese grupo de científicos que puede subdividirse por centros de investigación, regiones geográficas, género, edad, especialidad o cualquier otra categoría (factor) que consideremos relevante y por otro lado un muestreo al azar entre otros científicos no considerados independientes, que pertenezcan a las mismas categorías. Para analizar su posible independencia habría que ver qué variable utilizan quienes hablan de ciencia independiente, pero se me ocurre que podría servirnos su afiliación a partidos o su actividad política, militancia en grupos de presión social o alguna otra. Como esa es una variable cualitativa, podríamos cuantificarla en base a la antigüedad en dichas afiliaciones. Con este diseño podremos ver si realmente el grupo definido previamente como independiente está realmente diferenciado del resto o si no pueden encontrarse diferencias significativas o, incluso, si la dependencia ideológica del mismo es mayor que en otros casos. Pero, insisto, con esto no estamos valorando su ciencia, sino su dependencia ideológica a la hora de dar opiniones. Para valorar su ciencia hay que ver qué trabajos publican, qué repercusiones tienen los mismos en la comunidad científica internacional, cómo están diseñados sus experimentos de campo y laboratorio y qué datos ponen sobre la mesa. Quizás, quienes hablan de crear comités independientes en temas de ciencia podrían plantearse hacer el experimento.

One Health, Una Nueva Salud por el Prof. Dr. D. Juan María Vázquez Rojas, académico de número

Escribía durante la primera semana de febrero en esta misma sección sobre “One Health” como estrategia frente a la amenaza de un nuevo coronavirus, una familia bien conocida por los profesionales veterinarios, cuyos efectos en China había producido ya numerosos fallecidos y amenazaba con extenderse a otros países como así posteriormente fue. A los 6 coronavirus que habían sido capaces de infectar a humanos (los más recientes SARS-CoV, MERS-CoV) se sumaba uno nuevo, el SARS-CoV-2, un virus extremadamente contagioso entre humanos con efectos devastadores desde un punto de vista sanitario, económico y social, especialmente agravados en España.

El pasado 28 de mayo, la Comisión Europea publicaba (y el parlamento español autorizaba el pasado 30 de junio), la propuesta de regulación para el nuevo programa europeo en salud (Programa EU4Healt) para el periodo 2021-2027, construido para reforzar decididamente aquellos aspectos que han fallado durante la pandemia y estar preparados ante futuras amenazas, bajo la premisa que el esfuerzo e inversión en prevención es la principal barrera de protección, con un coste que debemos asumir.

El principal avance del nuevo programa es su integración bajo un enfoque “One Health” que reconoce la interconexión entre la salud humana, la salud animal y, en términos más generales, con el medio ambiente. Una “nueva” salud que debe ser abordada desde un enfoque interdisciplinar y global con participación de médicos, veterinarios, así como otros especialistas sanitarios. El Programa EU4Health reforzará los sistemas de salud de los Estados Miembros, pero también reforzará la seguridad de Europa como un territorio preparado ante nuevas amenazas.

Pero será difícil avanzar en una integración “One Health” sin una apuesta firme por propiciar nuevo conocimiento científico que nos permita comprender esta realidad y que nos dirija hacia una innovación en productos y también en procesos que nos ayuden a encontrar soluciones y protejan la salud, entendida globalmente. Por eso es importante que, desde planes estatales o regionales a actuaciones en universidades y centros de investigación, se propicien programas, proyectos o equipos de investigación multidisciplinares que avancen en conocimiento, instrumentos y estrategias integradas en “One Health”

Y es urgente. Cuando aún nos encontramos inmersos en la pandemia por SARS-Cov-2, nuevas amenazas por zoonosis otean el horizonte. Debemos entender y aceptar que en estos momentos y en cualquier lugar del mundo un nuevo virus puede estar preparándose para ser el responsable de una nueva pandemia. Y tenemos que estar preparados poniendo todo el conocimiento científico a disposición de nuestra seguridad.

«No nos detendremos ante nada para salvar vidas», dijo Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea el pasado 26 de marzo. Que así sea a partir de ahora, desde la seguridad que una estrategia “One Health” contribuirá a ello.

Una reflexión en tiempo de pandemia por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Como consecuencia de la pandemia generada por el COVID-19, hemos visto a nuestros gobernantes referirse a los criterios de los “científicos expertos” (ignotos por el momento) para justificar sus decisiones.

Sin embargo, hablar de científicos, en general, implica hablar de esos grandes olvidados que, de forma discreta, desarrollan su labor investigadora en universidades y centros de investigación que, curiosamente, se mantuvieron cerrados e inactivos durante todo el periodo del “estado de alarma”.

No se había previsto esta situación a la que nos hemos visto abocados. Pero ha sucedido y parece sensato aprovechar este momento – en el que se nos induce a pensar que el beneficio del conocimiento científico sea exclusivamente satisfacer las necesidades derivadas de una pandemia – para hacer reflexionar a la ciudadanía sobre la necesaria consideración que, en todo momento, los gobernantes han de mostrar hacia la ciencia y los científicos.

Se hace necesario transmitir el papel social desarrollado por todos los científicos, en general, que, motivados por la emoción que supone adentrarse en el mundo de la investigación, ponen a trabajar su imaginación para conseguir nuevas soluciones a problemas ya planteados a la humanidad o, simplemente, para desarrollar nuevos conocimientos, incluso sin prever el posible impacto social que su investigación pueda generar. Sin embargo, este tipo de investigación, impulsada simplemente por la curiosidad (investigación básica) en la que no se tenga presente su impacto social – incluso antes de comenzar ésta -, frecuentemente es considerada, por las administraciones y entidades financiadoras, como una importante limitación a la hora de aportar fondos para su desarrollo. Contrasta con esta realidad el hecho de que muchos descubrimientos científicos, de gran trascendencia para la humanidad, se han producido por simple casualidad.

Es evidente que apostar por el progreso en la investigación exige recursos económicos e inversión en instrumentación. Pero esta financiación, siendo muy importante, no conducirá por sí sola a avances significativos si no se apuesta de forma decidida por una estabilización de los jóvenes científicos, con mentes creativas y demostrado talento, y formados sobre la base de un buen sistema educativo en el que, junto al esfuerzo y el trabajo, los conocimientos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas han sido esenciales. Y esta es una de las prioridades que deben abordar los responsables políticos y las autoridades académicas. De momento, cantera, con preparación contrastada a nivel nacional e internacional, hay. El futuro dependerá de las medidas que ahora se adopten.

El Universo de Platón por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

El mundo de las formas (o ideas) de Platón es el reino del ser inmutable y eterno que contiene los objetos de la comprensión racional mediante argumentos matemáticos para alcanzar una aprehensión segura de la verdad y la realidad. El reino inferior contiene «aquello que está en continua transformación», pero nunca llega a ser real. Así pues, el mundo visible, del cual hay dar cuenta, es una imagen cambiante de un modelo eterno. Es un reino, no del ser, sino del devenir. Nunca puede haber una declaración final de la verdad exacta sobre este objeto cambiante.

Ante Sócrates, Timeo se presenta como “el más sabio en Astronomía y el que más ha trabajado para conocer la naturaleza de las cosas, comenzando por la formación del Universo”. Timeo comienza afirmando que el mundo (Universo) ha tenido un comienzo. En efecto, el Universo es visible, tangible y corpóreo y todo lo que tiene estas cualidades es sensible; y todo lo que es percibido por los sentidos requiere una causa, por lo que el mundo debe tener una causa, es decir, un creador (Demiurgo). Para ser visible necesita el fuego y para ser tangible la tierra. De ahí que el creador, cuando comenzó a armar el cuerpo del Universo, se dispuso a hacerlo de fuego y tierra, y para que haya un vínculo entre ambas el Demiurgo colocó el agua y el aire entre el fuego y la tierra. Estos son los cuatro elementos principales.

Cada elemento está formado por moléculas, que son sólidos geométricos regulares, uno por cada elemento. Cada molécula, a su vez, está formada por átomos, que serían triángulos rectángulos. Platón determina que los únicos triángulos rectángulos atómicos son el escaleno de ángulos 30, 60, 90 grados y el isósceles, de ángulos 45, 45, 90. Así, una molécula de fuego es un tetraedro, cuyos átomos son triángulos equiláteros; una de aire es un octaedro; una de agua es un icosaedro; y una de tierra es un cubo.

Platón proclama que el Universo es un ser vivo y único y el Demiurgo lo ha hecho lo más parecido a su modelo. Es esférico, porque esa es la forma más perfecta y hermosa, y le aplicó un movimiento circular sobre sí mismo y en torno a un punto fijo con movimiento uniforme y circular. El Universo no puede ser eterno, como lo es una forma, ya que surge, así que cuando el Demiurgo creó el Universo, también creó el tiempo. Siguiendo a Aristóteles, Platón define el tiempo como el número que mide el cambio con respecto al antes y el después.

Transfusión y COVID-19 por el Prof. Dr. D. Vicente Vicente García, académico de número

Una de las mayores y más importantes responsabilidades en el mundo de la medicina transfusional es poner todos los medios para que la sangre obtenida de los donantes sea segura. Cuando emergen enfermedades por nuevos agentes infecciosos, es necesario verificar que la sangre no es capaz de transmitir la enfermedad. La aparición abrupta de un síndrome respiratorio agudo grave, causado por el coronavirus 2 (SARS-CoV2) que fue bautizado como COVID-19, produjo intranquilidad en el mundo de la medicina transfusional. La cuestión de si se podía contraer la enfermedad por transfusión de sangre se planteó inmediatamente. Afortunadamente fueron surgiendo evidencias que han ayudado a aclarar rápidamente la cuestión.

El hecho de que la enfermedad apareciera meses antes en China aportó información valiosa, pues no se han descrito contagios por transfusión sanguínea. Por otra parte, en epidemias vividas en años previos por otros coronavirus, como el Síndrome de insuficiencia respiratoria aguda grave por el virus SARS, y del síndrome respiratorio del Middle East por el virus MERS-CoV, no se observó transmisión de los dos coronavirus por transfusión de sangre. También desde el inicio de la pandemia actual se realizaron determinaciones del SARS-CoV2 en sangre de pacientes que habían sido positivos tras el estudio del virus en muestras obtenidas, como es preceptivo, de mucosas nasal y faríngea. Solamente en casos excepcionales de pacientes muy graves, intubados en UCI, se encontró en alguno de ellos rastro genómico del virus en sangre. En el resto de situaciones clínicas, pese a ser positivos de SARS-CoV2 en las muestras obtenidas en mucosas, no se ha encontrado positividad en sangre.

Un requisito elemental para donar sangre es gozar de un buen estado de salud, y no se deja donar a personas con fiebre, tos o dificultad para respirar, sintomatología frecuente de la COVID-19. El Centro Regional de Hemodonación dictó la estricta recomendación a todos los donantes de sangre que debía notificar inmediatamente, si aparecía sintomatología similar a la indicada en la semana después de la donación. Con ello aplicábamos un estricto principio de precaución para poder retirar los productos sanguíneos y proceder a estudiar al donante. Todo lo indicado hace que aceptemos que la transmisión de la COVID-19 por transfusión de sangre es prácticamente nula, y no ha podido objetivarse en miles de transfusiones efectuadas durante este periodo en todo el mundo.

Mañana, la Organización Mundial de la Salud lo ha declarado como “Día Mundial del Donante de Sangre”, con el lema “La sangre segura salva vidas”. La Columna de la Academia de Ciencias quiere sumarse a esa conmemoración, agradeciendo a los miles de conciudadanos donantes de sangre su iniciativa, pues posibilitan que nuestros hospitales sigan funcionando normalmente, incluso en periodos tan complicados como los que estamos viviendo.

COVID-19 y Trombosis por el Prof. Dr. D. Vicente Vicente García, académico de número

En los últimos meses nos hemos visto desbordados por una enfermedad que tiene un alto nivel de contagio y que se manifestó por un síndrome respiratorio agudo grave, expresión de una inusitada reacción inflamatoria causada por el coronavirus 2 (SARS-CoV2). La Organización Mundial de la Salud denominó este cuadro con el acrónimo COVID-19 (COronaVIrusDisease, año 2019). La irrupción abrupta de esa infección y su progresión implacable nos obligó a enfrentarnos de improviso a una nueva enfermedad que desconocíamos y de la que comprobamos rápidamente su alta morbi-mortalidad. Ya en las primeras descripciones de la enfermedad observada en la ciudad de Wuhan (China), se verificó una serie de modificaciones del sistema hemostático que daban lugar a un estado de hipercoagulabilidad, con aparición de eventos trombóticos. Por ello, los protocolos de tratamiento de los pacientes ingresados por la COVID-19 han incluido la prevención de la trombosis con la indicación de heparinas. Uno de los problemas al que nos hemos tenido que enfrentar era saber la incidencia real de la oclusión vascular en esta enfermedad, pues esos datos han sido difíciles de conseguir en un periodo donde era complicado realizar pruebas objetivas diagnósticas de trombosis, como el eco-doppler o el angio-TAC, pues algunos pacientes estaban en situación crítica y tienen una alta capacidad de contagio, lo que limitaba el desplazamiento hospitalario. En el centro universitario de Amsterdam investigaron la incidencia de casos de trombosis objetivamente confirmados en 198 pacientes que requirieron ingreso hospitalario por la COVID-19. En el 20% de los enfermos se comprobó la existencia de trombosis en distintas localizaciones. Curiosamente la tercera parte de esas trombosis fueron asintomáticas y se diagnosticaron por las pruebas de imagen realizadas.

El motivo de la alta incidencia de trombosis en enfermos con la COVID-19 es producto de una auténtica tormenta inflamatoria originada por el virus, siendo el producto final de la interacción de tres sistemas de defensa del organismo, el de coagulación, inflamación e inmunidad innata. Estas interacciones, que fueron denominadas, no hace mucho tiempo, como “inmuntrombosis” o “tromboinflamación”, están siendo estudiadas con mucho detenimiento, pues sin duda frenar el inicio de la tormenta es la mejor medida para prevenir todas las complicaciones, y entre ellas la trombosis. No quisiera finalizar estas letras sin hacer referencia a las preguntas que pueden hacerse muchas personas, ¿si he sufrido la infección y afortunadamente no he tenido que ingresar, tengo riesgo de trombosis? Es una pregunta de plena actualidad y donde la respuesta no está totalmente definida. Hay acuerdo razonable que indica que en los pacientes que no han requerido ingreso hospitalario se debe realizar una valoración individualizada antes de indicar una profilaxis de enfermedad tromboembólica, pues no hay que olvidar que la anticoagulación también tiene sus riesgos.

La extensión de la longevidad por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico de número

Aunque evitar el envejecimiento es un símbolo de nuestra civilización, resulta interesante considerar si la prolongación de la vida humana mucho más allá de los noventa años supone una ventaja real para los individuos o incluso para la especie humana. En muchos casos, la salud, el vigor y la felicidad es posible hasta esa edad, pero resulta dudoso que el placer y la diversión que aún pueda obtenerse de la vida después de más años compense las dificultades y limitaciones de su mantenimiento. La mayoría de los ancianos acepta filosóficamente la muerte y pocos miran el cese de la experiencia con el temor de las personas jóvenes. Metchnikov, un precursor de la Inmunología, dedicó cierta atención a esta cuestión y concluyó que los muy ancianos sin enfermedades específicas, sino meramente envejecidos, manifiestan un deseo de morir tan natural y normal como el de dormir al final de un largo día.

Una sorprendente consideración de las desventajas de la vida eterna se encuentre en la conocida obra «Los viajes de Gulliver» de Jonathan Swift, generalmente considerada como literatura infantil.  Sin embargo, merece la pena leer lo que se describe en el libro tercero, capítulo diez, de esa obra. Gulliver visita a los habitantes de Luggnagg con vida inmortal.  El repaso de las inconveniencias derivadas de esta propiedad hace que el deseo inicial de una larga vida por parte del protagonista sufra un duro revés.

El cerebro tiene una estructura funcional propia de su época y sus circunstancias y, a medida que el tiempo pasa, resulta más difícil aceptar nuevas ideas fundamentales. Con la edad, persisten sentimientos y afecciones que se han ido fijando a lo largo de la existencia y la mente parece atascada con memorias y conclusiones sobrecargadas por cosas del pasado y valores referidos a otros tiempos.

Una bacteria es pura multiplicación y no muere en el sentido biológico de la muerte humana: se divide mecánicamente, origina clones idénticos y se puede conservar indefinidamente. Pero sus actividades son muy limitadas. Sin embargo, los seres más complejos han ido sacrificando la inmortalidad física a cambio de una existencia con más poder de realización. El hombre, en concreto, como Fausto, parece haber vendido su inmortalidad por vivir con abundancia una experiencia rica que le hace sentirse parte del universo. Noventa o cien años parece suficiente para hacer lo que hay que hacer: hay tiempo para trabajar, para descansar y para marcharse.

Math_TalentUM 2020 por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

Con tal acrónimo, la Facultad de Matemáticas y la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Murcia (UMU), con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología-Ministerio de Ciencia e Innovación, el Departamento de Matemáticas de la UMU y la Academia de Ciencias de la Región de Murcia, convocaron el pasado octubre la primera edición de un certamen dirigido a propiciar el acercamiento a las Matemáticas de los estudiantes murcianos y mejorar su educación científica a través del ocio. Tuvimos muy presente que la reciente cuadragésima Conferencia General de la UNESCO, a instancias de la Unión Matemática Internacional, proclamó el 14 de marzo como Día Internacional de las Matemáticas, cuyo lema para 2020 es Las matemáticas están en todas partes.

El concurso pretendía que estudiantes de 5º y 6º de Primaria (nivel 1); 1º y 2º de ESO (nivel 2); y 3º y 4º de ESO (nivel 3), tutelados por docentes, presentaran una creación científica, en su sentido amplio, ya sea un relato real o de ficción, una poesía, una obra de teatro, una pintura, una escultura, o cualquier ocurrencia basada en las Matemáticas. Cada idea se recogería en un vídeo que más tarde se debería exponer en público ante un jurado encargado de seleccionar a los mejores para la gran final.

Se inscribieron 73 equipos, contabilizando 307 estudiantes y 24 docentes. El estado de alarma tuvo su impacto y el número de vídeos se redujo a 39: 17 del nivel 1, 15 del nivel 2 y 7 del nivel 3, con 167 estudiantes y 17 docentes. Pasaron 23 a la final: 9 del nivel 1, 7 del nivel 2 y 7 del nivel 3, contando 100 participantes y 17 tutores. La situación de confinamiento impidió la celebración presencial de las pruebas, así que la final, mediante videoconferencia, consistió en una prueba simultánea donde cada grupo aspiraría a resolver el máximo número de ejercicios, adaptados a cada nivel y en una hora, de un total de 30.

Tras una reñidísima competición, los ganadores del nivel 1 fueron los equipos ELIS Fractal Freaks (El Limonar International School Murcia, El Palmar) y Mate Trivial (CEIP San Cristóbal, Cartagena); del nivel 2, los equipos Aureola (Colegio de Fomento Monteagudo-Nelva, Murcia) y Las Cat Woman’s (Colegio San Buenaventura, Capuchinos, Murcia); y del nivel 3, Los Geométricos (IES Sanje, Alcantarilla) y Los Little Einsteins (Colegio Madre de Dios, Mercedarias, Lorca).

Esta experiencia, pionera en la Región de Murcia, ha resultado muy satisfactoria en todos los niveles. Quiero dar las gracias a las entidades financiadoras, los concursantes, los centros de procedencia, al jurado y, especialmente, a los tutores de los equipos, alma mater del concurso. Math_TalentUM 2021 ya está en marcha.

Apellidos “nobelescos” (y II): un poco de todo por el Prof. Dr. D. Rafael García Molina, académico de número

Hay laureados con el Premio Nobel más allá del primer grado familiar y en otras disciplinas, además de la Física y la Química (las más representadas en el panel de distinciones familiares con el prestigioso galardón). En lo que sigue, solo detallaremos los premios de naturaleza científica.

Hans von Euler-Chelpin recibió el Nobel de Química en 1929 por sus estudios sobre el papel de las enzimas en la fermentación de los azúcares; su hijo Ulf von Euler obtuvo en 1970 el Nobel de Fisiología o Medicina por sus hallazgos sobre la transmisión de la información en las terminaciones nerviosas; como anécdota, el padrino de Ulf fue S. A. Arrhenius, premiado con el Nobel de Química en 1903 por su teoría de la disociación electrolítica.

Aunque no compartían apellido, Chandrasekhara V. Raman, premiado en Física en 1930 por su investigación sobre la dispersión de la luz y el efecto que lleva su nombre, era tío paterno de Subrahmanyan Chandrasekhar, quien obtuvo idéntico premio en 1983 por su trabajo sobre los procesos físicos responsables de la estructura y evolución estelar.

El matrimonio formado por Gerty T. y Carl F. Cori compartió el Nobel de Fisiología o Medicina en 1947 por descubrir la catálisis del glucógeno mediante la cual almacenan energía las células de los músculos.

Por la invención del microscopio de contraste de fases, el Nobel de Física en 1953 recayó en Frits Zernike, tío abuelo del Gerardus ‘t Hooft, quien recibió idéntica distinción en 1999 por sus trabajos sobre la estructura cuántica de la interacción electrodébil.

Arthur Kornberg, Nobel de Fisiología o Medicina en 1959, descubrió los mecanismos de la síntesis biológica del ADN y el ARN; su hijo, Roger D. Kornberg, obtuvo el Nobel de Química en 2006 por sus estudios sobre la transcripción genética en las células eucariotas.

Jan Tinbergen (primer Premio Nobel de Economía en 1969) era hermano de Nikolaas Tinbergen, quien obtuvo en 1973 el Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre la conducta animal.

El matrimonio Gunnar y Alva Myrdal obtuvo el Premio Nobel por separado; el marido el de Economía en 1974, y la esposa el de la Paz en 1982. Otro matrimonio, May-Britt y Edvard I. Moser, obtuvo en 2014 el Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos de las células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro.

Cerramos con Economía, que ha sido el Nobel más reciente concedido a un matrimonio, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, en 2019. Y, también, porque acoge a los (denostados) cuñados en este salón de la fama de familiares recompensados con el más alto galardón del mundo académico: Paul Samuelson (1970) y Kenneth Arrow (1972).