Tomemos ejemplo de la naturaleza. La bioinspiración por la Prof. Dra. Dª. María Ángeles Esteban Abad, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 18 de mayo de 2019

La inspiración es la lucidez repentina que se siente y favorece la creatividad o la búsqueda de soluciones a un problema. Entonces ¿qué es la bioinspiración? Se podría definir como el uso de fenómenos propios de la biología que pueden ser empleados para estimular la investigación en cualquier otra ciencia y tecnología. Es ya una estrategia que abre áreas de exploración muy interesantes y novedosas. Más allá de su potencial para dar lugar a nuevas ideas, la bioinspiración tiene otras dos características muy interesantes. Una es que sugiere temas en investigación que son relativamente simples a nivel técnico y otra es que conduce a resultados que suelen ser muy funcionales.

Un increíble ejemplo lo encontramos en la tela de araña. Es un material mecánicamente muy resistente (unas 3.500 veces más que una malla de acero) y a alguien se le ocurrió que se podrían diseñar chalecos antibalas con ella y serían muy livianos y seguros. El problema era cómo hacer tela de araña sin ellas y en cantidad. Intentaré resumir cómo lo han logrado ya. Se conocen los genes que codifican la proteína de la tela de araña, los inyectaron en un cigoto (célula a partir de la que se desarrolla un ser vivo) de vaca justo tras el momento en el que se juntaron un espermatozoide y un óvulo. Nació una vaca que producía leche con tela de araña. Al ordeñar esa leche solo quedaba separar la tela de araña y emplearla. Otros ejemplos más sencillos resultan de imitar las patas de los gecos, que son animales capaces de trepar por cualquier superficie. Al estudiar sus patas con las técnicas más recientes de microscopía electrónica descubrieron el secreto. Las patas poseen estrías y cada estría está recubierta de millones de fibras de queratina (la misma proteína de nuestro pelo) a escala nanométrica. Cada uno de esos pelos está rematado en una estructura ramificada en forma de espátula. Todos esos millones de fibras juntas hacen que se puedan sujetar a cualquier superficie por lisa que sea. Esta capacidad de adherirse hasta sobre superficies relativamente húmedas ha permito desarrollar adhesivos capaces de pegarse incluso sobre la piel mojada que actualmente se usan, por ejemplo, en parches para dispensar fármacos. Aunque todo esto parezca muy actual, Albert Einstein ya dijo «profundiza en la naturaleza y entonces entenderás todo mejor».

Exceso de confianza por el Prof. Dr. D. Manuel Hernández Córdoba, académico numerario

Columna de la Academia publicada el 11 de mayo de 2019 en el Diario La Verdad

Los dirigibles son artefactos voladores, evolución lógica de los globos aerostáticos cuando se les incorporan motores de propulsión y timones de navegación. En los primeros años del siglo XX se diseñaron artefactos de este tipo, cada vez mayores y más perfectos. En la década de los años 1930, una empresa alemana se propuso lanzar al mercado un gran dirigible que permitiese cruzar cómodamente el océano Atlántico en mucho menos tiempo que los buques transatlánticos. Hasta aquí todo normal, pues se trataba de mejorar comunicaciones por medio de avances tecnológicos, y nadie mejor para ello en aquel momento que la ingeniería y ciencia alemana, fiable y de bien ganada fama.  Sin embargo, si uno se para a pensar, la idea no parece tan buena. El tal dirigible, que por razones de estrategia política se denominó Hindenburg, tenía una longitud de 245 metros, esto es tan solo 24 menos que el Titanic, con una altura equivalente a un edificio de trece pisos y anchura promedio cercana a los 40 metros. En otras palabras, una auténtica mole difícil de manejar y sobre la que tenían que influir las condiciones meteorológicas. Pero eso no es lo peor. Un dirigible se sustenta porque contiene un gas menos denso que el aire. Los ingenieros alemanes diseñaron el Hindenburg para que el gas de sustentación fuese helio. El problema se originó cuando el mayor proveedor de helio del momento (los Estados Unidos de América) no quisieron suministrar el gas, y los responsables optaron por reemplazarlo por hidrógeno. Es evidente que, por muchas precauciones que la técnica adoptase, la cosa era arriesgada porque el helio es inerte pero el hidrógeno arde en contacto con el oxígeno del aire, siempre que haya una chispa que provoque la ignición. Con esa masa gigantesca de hidrógeno y el artefacto navegando en medio de la atmósfera en la que se producen fenómenos eléctricos, la tragedia estaba cantada. Sucedió el 6 de mayo de 1937. Al intentar sujetar el dirigible al poste de amarre en Lakehurst (Nueva Jersey) estalló un violento incendio que calcinó el Hindenburg en menos de 40 segundos y dio al traste con las comunicaciones basadas en dirigibles. Murieron 36 personas. Los avances en la ciencia y en la tecnología han de ser audaces e incluso arriesgados, pero no tienen que olvidar en su aplicación las normas básicas de lógica y prudencia. A veces el exceso de confianza puede transformarse en una imprudencia de fatales consecuencias.

 

Terapia con Células CAR-T por el Prof. Dr. D. Vicente Vicente García, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 4 de mayo de 2019

En los últimos años estamos viviendo un nuevo impulso de esperanza para el rescate terapéutico de pacientes que han tenido recaídas de enfermedades graves como son un tipo de leucemias y linfomas. La expectación la han generado las células CAR-T, pero ¿que son y cómo actúan? Los linfocitos T (células T) corresponden a una estirpe de células del sistema inmune que tienen encomendada la defensa de agentes infecciosos y también de neutralizar y destrozar células anómalas y cancerígenas.

Desde finales de los años 1980 ha existido una investigación intensa e ininterrumpida intentando modificar las células T para que tuviesen una especificidad de interacción con una diana celular. La herramienta utilizada para alcanzar ese objetivo ha sido la modificación genética de linfocitos T del propio paciente, obtenidos por aféresis, y añadiéndoles en el laboratorio el gen para que reconozcan e interaccionen con un antígeno presente en una célula tumoral. Una vez multiplicados in vitro y nuevamente infundidos, esos linfocitos tendrán una diana exclusiva. Ese nuevo receptor en el linfocito T se ha denominado “receptor de antígeno quimérico”, en inglés “Chimeric Antigen Receptor”, de ahí que se conozca por sus iniciales CAR y T por ser linfocitos T.

En 2017 a la empresa Novartis la FDA le aprobó la primera generación de estos “fármacos celulares”, el Tisagenlecleucel. El interés y expectativas con estas nuevas terapias ha aumentado exponencialmente y la tecnología CAR se ha convertido en una herramienta que arrastra un gran interés tecnológico y comercial, con las grandes multinacionales de la Hematología y Oncología trabajando muy activamente. La gran mayoría de los ensayos clínicos de CAR-T se están realizando en neoplasias hematológicas que expresan el antígeno CD 19, presente en leucemia linfoblástica y linfoma difuso de células grandes. En Norteamérica hay más de mil pacientes tratados ya con células CAR-T y en China se supone un número no inferior. Los datos son muy prometedores pues se les ha aplicado a pacientes que han tenido fallos a otras medidas terapéuticas, incluido el trasplante de progenitores hematopoyético. En leucemia linfoblástica se han conseguido respuestas entre el 64% y 86%, y muy parecido en linfomas. Muy pronto dispondremos de datos sólidos de supervivencia, y también de efectos adversos a medio y largo plazo, así como resultados en nuevas indicaciones como mieloma y en tumores sólidos.

En definitiva, se han abierto las puertas a una nueva herramienta terapéutica que da una enorme esperanza en aquellos casos con limitadas opciones de superar su enfermedad.  Los servicios de Hematología con amplia experiencia en trasplante alogénico y trabajando años con sólidos sistemas de calidad implantados en sus unidades de trasplante de progenitores hematopoyéticos esperamos ansiosos esta nueva terapia que se extenderá rápidamente y supondrá un enorme beneficio para nuestros pacientes.

El índice h y los investigadores de Murcia por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

Cuando se trata de evaluar a científicos por sus obras publicadas se suele tropezar con la dificultad de averiguar la calidad de las publicaciones, dada la cada vez más alta especialización en las ciencias. Por ello Hirsch propuso un índice que mide el impacto causado por un autor en sus colegas, el denominado índice h. El índice (o factor) h es un número que se asigna a cada científico y establece el número de artículos que tiene ese autor con tantas o más citas que su factor h. Así, por ejemplo, un índice h=30 significa que ese científico tiene 30 artículos que han sido citados 30 o más veces. Este índice es una aproximación a la importancia que los propios científicos dan a sus colegas. Indudablemente que no es algo perfecto, pero tomado con las debidas precauciones es una herramienta útil para clasificar la importancia de la obra de un científico.

El grupo DIH, con Luis Pérez a la cabeza (http://indice-h.webcindario.com/), viene realizando un minucioso estudio de los índices h de científicos españoles, desde hace años. Recientemente se han actualizado los índices por provincias y mujeres científicas y vamos a revisar cómo queda la Región de Murcia en esos índices.

En lo que se refiere a provincias, este grupo efectúa dos clasificaciones, una es por el número de investigadores destacados y otra por el número de campos en los que esa provincia tiene investigadores destacados. En cuanto a investigadores destacados están localizados en la provincia de Murcia un total de 58, de acuerdo a esta clasificación, quedando en un octavo puesto nacional. Teniendo en cuenta que esta provincia es la séptima de España por población nos da la idea de que ocupa un puesto proporcionado con su potencial, quedando por detrás de Barcelona, Madrid, Valencia, Granada, Sevilla, Zaragoza y La Coruña. Está claro que en este asunto influye la existencia de universidades con mucha solera, como es el caso de Granada y Santiago de Compostela. También es notable que Murcia quede por delante de provincias con más población como Málaga o Alicante. La otra clasificación es por áreas de conocimiento en que las diversas provincias tienen científicos destacados, apareciendo Murcia con 9, tan solo por detrás (con 10) de Barcelona, Zaragoza Valencia y La Coruña y empatando a 9 con Madrid, Granada, Sevilla y Málaga. Esta clasificación nos da una idea sobre la diversificación en diferentes campos científicos existente en cada provincia y en ella queda muy bien la provincia de Murcia. Los campos en los que aparecen científicos murcianos destacados son Agricultura (14), Biología (14), Ciencia de Materiales (1), Ciencias de la Salud (17), Ciencias de la Tierra (2), Física (1), Ingeniería (2), Matemáticas (4) y Química (6).

Con respecto a las mujeres científicas residentes en España, es llamativo que destaca con el segundo puesto nacional María Dolores Bermúdez Olivares (Ingeniería Mecánica) y un décimo puesto para María Teresa Hernández Fernández (Edafología). En total son 11 las científicas destacadas en esta clasificación sobre un total de 430. Es por tanto un 2,5 %, que está por debajo del 3,2 % de población de Murcia sobre el total nacional. Queda por tanto bastante por hacer en este terreno.

Impacto socioeconómico de la investigación y la tecnología matemática en España por el Prof. Dr. D. Antonio Córdoba Barba, académico de Honor

Esta mañana del 10 de abril, en un acto presidido por la Ministra de Industria y Turismo, María Reyes Maroto y que ha contado con una amplia representación de la empresa y de la comunidad investigadora matemática, ha sido presentado el informe sobre el impacto económico de las Matemáticas en la economía española. Trabajo realizado por AFI (Analistas Financieros Internacionales) por encargo de la Red Estratégica en Matemáticas (REM), de la que forma parte el Instituto (ICMAT) del que soy director.

El informe es desde hoy mismo accesible a quien desee consultarlo y ha sido elaborado con el método empleado en similares estudios realizados en Francia, Reino Unido y Holanda, por lo que cabe hacer oportunas comparaciones.  Siguiendo el estilo periodístico, paso a subrayar a modo de titulares algunas de sus conclusiones:

.- En España las matemáticas son responsables directas del 6% del empleo (más de un millón de ocupados). Pero en Reino Unido, Francia y Holanda esta cifra oscila entre el 10% y el 11%.

.- Si se añade el impacto indirecto e inducido de las matemáticas sobre otras actividades económicas en España, las cifras alcanzan el 19,4% del empleo y el 26,9% del producto interior bruto (PIB).

.- La empresa española incorpora aún pocos profesionales de alta intensidad matemática, como especialistas en bases de datos, finanzas o diseñadores de software. Son las ocupaciones más productivas y las que más crecerán, pese a que en España lo harán menos (0,47% anual) que en la Europa de los 15 (0, 59% anual).

.-Si en las empresas españolas hubiera la misma proporción de graduados en ciencias e ingenierías que en Francia, la productividad del trabajo aumentaría un 2,2%.

.-Los teoremas no son patentables, y sin embargo están en la base de la pirámide de ideas y conocimiento aplicado a las actividades productivas. Las matemáticas son desde este punto de vista un bien “no rival”, porque la aplicación de un teorema no agota las posibilidades de uso por parte del resto de los ciudadanos. Son también un “bien de club”, dado que solo poseen el recurso quienes conocen el lenguaje matemático. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de los bienes públicos de club, este no presenta economías “de congestión”, sino de adopción o red: cuantos más usuarios, más valor. En otras palabras, cuanta mayor formación matemática tena una población, más rico será su club matemático y más se beneficiará su tejido productivo. Este mensaje, relevante para los responsables de políticas públicas, puede ser expresado en cifras: “Se estima que la mejora de la educación matemática desde edades tempranas genera una rentabilidad en términos de mejores ocupaciones y mayores salarios en el futuro que oscila entre el 7% y el 10%”.

.- Las matemáticas son una herramienta esencial para el impulso de la productividad del trabajo, que es el determinante fundamental del crecimiento económico a largo plazo. Además, al ser un bien “no rival”, los beneficios económicos de su uso pueden ser proporcionales a la población, impulsando así procesos de crecimiento muy acelerado, como el que viene observándose en China en los últimos años.

Acto solemne de toma de posesión de la nueva académica numeraria María Ángeles Esteban Abad por la Prof. Dra. Dª. María Ángeles Esteban Abad, académico numerario

 

Se celebró el pasado 29 de abril de abril de 2019.
La nueva académica numeraria pronunció un discurso de ingreso titulado: Influencia del estudio de la inmunología de peces en el progreso de la acuicultura”.
El discurso de contestación estuvo a cargo del académico numerario el profesor Dr. D. Carlos García Izquierdo.
 Ecos en la prensa:

 

Edad de Plata de la ciencia española por el Prof. Dr. D. Rafael García Molina, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 13 de abril de 2019

Si preguntamos por artistas (escritores, músicos, pintores…) españoles del primer tercio del siglo XX, seguro que se citan varios nombres. Entre ellos, y por mencionar tan solo un par de cada grupo, aparecerían García Lorca y Miguel Hernández, Falla y Albéniz o Picasso y Juan Gris, amén de otros muchos intelectuales que formaron parte de la denominada Edad de Plata de la cultura española. El nombre de esta época proviene de su singularidad y repercusión, comparable, en cierta medida, al Siglo de Oro.

Pero si se pregunta por científicos españoles destacados en esa época, muy probablemente la relación de nombres será mucho menor. Seguramente saldría a relucir Santiago Ramón y Cajal, y… para de contar. Sin embargo, hubo una floreciente actividad intelectual (en sus diversas facetas), con una nutrida representación de científicos que estuvieron al tanto de los avances más relevantes de la época y mantuvieron contactos con sus colegas a nivel internacional.

Lo cierto (y triste) es que muchas de esas personas que contribuyeron a forjar esa Edad de Plata (tanto en las letras como en las ciencias), se vieron afectadas en su vida personal y en su carrera profesional con el estallido de la Guerra Civil y su posterior desarrollo. Entre los más notorios están quienes murieron como consecuencia del conflicto bélico (García Lorca –asesinado durante la guerra–, Miguel Hernández –fallecido en prisión por desatención médica) o se exiliaron (Falla, Rodolfo Halffter…). Lo que quizá no resulta tan conocido es que a muchos profesores e investigadores se les privó de su puesto de trabajo o se les redujo notablemente su sueldo, entre otras medidas represivas, con lo cual los notables avances que se habían producido en la ciencia española se vieron truncados con el fin de la República.

Entre estos científicos cabe citar a Blas Cabrera (físico, Rector de la Universidad Central de Madrid, experto en magnetismo, director del Laboratorio de Investigaciones Físicas –actual Instituto Rocasolano, del CSIC–), Enrique Moles (químico, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, organizador del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada que se celebró en Madrid en 1934, secretario de la Comisión de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada…), Luis Santaló (matemático, cofundador de la geometría integral), Juan Negrín (médico fisiólogo, presidente del Gobierno de la República durante la guerra), Rafael Méndez (fisiólogo, cuya actividad investigadora quedó eclipsada por su protagonismo político), y tantos otros que no pueden mencionarse en esta columna por falta de espacio.

Valgan estas líneas para recordar a estos científicos (y rendirles un merecido homenaje), cuya carrera se truncó por los avatares de un conflicto político que nunca se debió resolver militarmente.

Microplástico: palabra del año por el Prof. Dr. D. José García de la Torre, académico numerario

Columna de la Academia publicada el 6 de abril de 2019 en el Diario La Verdad

Fundéu BBVA es una fundación cultural promovida por la Agencia Efe y BBVA, que, cada año, designa una “palabra del año”. Sus normas indican que “la ganadora, que no tiene que ser necesariamente una voz nueva, ha de suscitar interés lingüístico por su origen, formación o uso y haber tenido un papel protagonista en el año de su elección”. Así, ha reconocido palabras como escrache (2013), selfi (2014), refugiado (2015), populismo (2016) y aporofobia (2017). La nueva palabra, o la nueva acepción de una ya recogida en el diccionario, son generalmente aceptadas por la Real Academia. En 2018, entre otras palabras candidatas (como sobreturismo, procastinar, nacionalpopulismo y VAR), se ha elegido un término de resonancia científica y tecnológica: “microplástico”. Elección que no ha de pasar inadvertida a quienes, en ámbitos académicos, tenemos a los plásticos, y demás compuestos macromoleculares como objetos de estudio. La actualidad de la palabra viene del reciente reconocimiento de otra forma en la cual estos magníficos materiales modernos, los polímeros sintéticos, que tanto han contribuido a nuestro actual bienestar, nos complican la vida por ser posibles contaminantes de nuestro entorno.

Los plásticos son polímeros, larguísimas cadenas moleculares, de procedencia sintética, formadas por eslabones moleculares (monómeros), que presentan una notable resistencia a la macrodegración. Me refiero a que una bolsa, o un fragmento de plástico, a la intemperie en un monte o una playa puede permanecer casi inalterada (aparentemente) durante muchísimos años. Ya sabe el lector por que se restringen las bolsas de plástico en el comercio.  Hace poco se reconoció otro problema:  una degradación a nivel molecular. De esas cadenas pueden desprenderse sus minúsculos eslabones, pequeñas moléculas, que en algunos casos presentan efectos nocivos, como los efectos endocrinos del bisfenol A que se desprende del policarbonato. Este polímero ya está prohibido en biberones y utensilios infantiles.

Además de estos mecanismos contaminantes, se ha conocido recientemente otro: una forma sutil de degradación de los plásticos de un nivel intermedio, descomponiéndose en forma de micropartículas, de tamaño invisible, de unas pocas micras, o incluso nanómetros, que pueden integrarse en los tejidos de animales y plantas, y por ende en nuestro cuerpo a través de los alimentos.  Así, paulatinamente liberados al medio ambiente, integrados en la cadena alimenticia, ciertos plásticos de escasísima biodegradabilidad se han detectado ya en nuestros cuerpos en forma de tales micro o nanopartículas. Lo sabemos gracias a recientes, potentes técnicas de caracterización de polímeros y nanomateriales. Mientras los especialistas biomédicos determinan hasta qué punto el actual grado de exposición supone riesgo para la salud, los que vemos el asunto con un enfoque fisicoquímico tenemos mucho trabajo por delante, en cuanto al diseño de los materiales plásticos y a investigar cómo se comportan en sus aplicaciones.

“Investigar en la periferia de la periferia” por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 30 de marzo de 2019

La frase sintetiza la conferencia del profesor Pablo Artal, “La investigación en Murcia”, en el acto de reconocimiento que nuestra Academia de Ciencias le tributó por su trayectoria y su reciente Premio Nacional de Investigación, y es fácil percibir lo que encierra.

Pero habitar en las periferias no es necesariamente malo. Él resaltaba que el sistema solar es periférico en nuestra galaxia, pero contiene un planeta capaz de desarrollar algo tan extraordinario como la vida.

Más allá de los premios que avalan a Pablo Artal, sus logros, en el campo de la óptica y las tecnologías para mejorar la visión, son equiparables a los de los mejores científicos en cualquier ámbito y lugar. Esto dice mucho de él y su capacidad para conformar equipos en los que, como él mismo defiende, participan investigadores que le superan. Esto, por sí solo, le aleja de la mediocridad. Pero, lo más importante es que nos enseña cómo afrontar retos con todo en contra. Moverse en la periferia tiene implicaciones termodinámicas interesantes. Las fronteras propician los flujos de energía y es donde se dan las circunstancias para que se muevan la historia, la cultura, el comercio y las ideas. Son un mundo de oportunidades. Pero para que esa energía fluya, la comunicación entre el centro del sistema y la periferia tiene que estar abierta. Con las puertas cerradas nada es posible. Por eso, una de las enseñanzas de Pablo Artal es que, para salir adelante, hay que entreabrir esas puertas. Eso solo se logra con un esfuerzo personal que sacrifica muchas cosas. La segunda oportunidad termodinámica es que las resistencias a superar son tantas, que el trabajo generado construye el espíritu y el ingenio de quienes deciden afrontarlas. Esto supone encarar el principio de S. Mateo. A los que más tienen más se les da y a los que menos tienen hasta ese poco se les quita. Solo con una visión clara, con paciencia y tesón, puede empezar a construirse, con los flujos de la primera puerta entreabierta, la infraestructura que facilite recibir más en el segundo intento y con ello, construir lo que permitirá abrir nuevas puertas y extender lo adyacente posible. Los planes de ciencia, no suelen estar diseñados con esta visión, sino envueltos en prejuicios, mediocridad y presiones políticas o hechos diferenciales injustificables, excusándose en la producción e ignorando la productividad. La producción bruta suele ser mayor en los que más tienen porque ya se ha invertido mucho en ellos, pero su productividad (o producción por unidad de recursos de que disponen) es más baja. Por eso, el mérito del profesor Artal y su equipo supera lo que se ve. El problema final es que la materialización de esos esfuerzos suele tener un futuro incierto. Su continuidad depende de que alguien siga luchando contracorriente, porque no hay políticas de consolidación e inversiones para que quienes son productivos sean competitivos en la consecución de talentos y que garanticen el relevo de los que necesariamente cierran su ciclo. En Murcia podemos prosperar en la periferia de la periferia, pero solo si tenemos ideas claras a la hora de apoyar a quienes nadan contracorriente.

El Mar Menor ¿bien, gracias? por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico numerario

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad el 23 de marzo de 2019

La obligación de la ciencia, particularmente de la ecología, es responder preguntas y realizar diagnósticos, en base a los datos disponibles y el conocimiento de los procesos ecológicos, aplicando el método científico. Incluso estando bien aplicado, con datos fiables y diagnósticos acertados, la aceptación de las conclusiones no está garantizada, ni siquiera dentro del ámbito científico. Hay muchas razones para explicar esa desconfianza y cada caso responde a circunstancias distintas, pero, aunque nos parezca injusto que Galileo tuviera que renunciar a sus convicciones murmurando “…y sin embargo se mueve”, lo cierto es que el criticismo es bueno. Incluso cuando es infundado o mal intencionado, siempre será saludable, para la ciencia y para quienes tienen que tomar decisiones de gestión, que los científicos tengamos que ser cautos y rigurosos con lo que decimos y debamos fundamentarlo a prueba de toda ambigüedad (a pesar del principio de incertidumbre que rige el universo).

El Mar Menor ha sufrido estos últimos años, o, mejor, décadas, este proceso de búsqueda de la verdad y puesta en entredicho de cualquier afirmación. Al final la realidad se impone y da la verdadera medida de la ciencia que hacemos. Pero ahí no termina todo.

De poco sirve que la ciencia acierte y que finalmente todos acepten sus diagnósticos, si no se hace caso o si se sigue actuando al margen de las leyes, ya sean las físicas, las ecológicas o las sociales. Las consecuencias serán irremediablemente destructivas.

El Mar Menor ha respondido bien a las restricciones a la entrada de nutrientes. La solución no era ni dragar canales ni fangos, ni bombear oxígeno, ni secarlo y volverlo a rellenar. Bastaba con desacelerar el sistema y dejar de presionarlo. Sus mecanismos de autorregulación se han restituido y su integridad ecológica sigue consolidándose. Las aguas han recuperado su transparencia y el año pasado el ecosistema incluso asimiló bien las temperaturas veraniegas y las lluvias otoñales. Pero el problema no está resuelto.

La infraestructura necesaria para canalizar las aguas, tratarlas, recogerlas tras su utilización, almacenar residuos y reutilizarlas o evacuarlas al lugar y en la forma adecuados, aun no existe. Las aguas pluviales siguen descontroladas, las depuradoras no pueden asimilarlas, los agricultores necesitan regar, pero no se les ha dado una solución para la gestión del riego y sus efluentes. En esta situación es difícil cumplir normativas y, aunque esto nunca será una excusa, es fácil anticipar una muerte anunciada y nuevos vertidos. El gobierno regional tiene la responsabilidad de luchar para que las soluciones estables sean una realidad, el gobierno de la nación debe atender las urgencias de las regiones, aunque no jueguen al chantaje nacionalista ni decidan investiduras, los grupos sociales y partidos deben tener claro dónde presionar y los que sufrimos la falta de coordinación y financiación no podemos dejar de actuar con responsabilidad, ni haciendo ciencia, ni utilizando el agua de forma suicida.