Cáncer y energía por el Prof. Dr. D. José Antonio Lozano Teruel, académico numerario

En Ciencia las relaciones filiales afectivas maestro-discípulo son de gran valor. Nuestro admirado Premio Nobel Severo Ochoa siempre tuvo una gran veneración por otro gran gigante científico, también Nobel, sir Hans Krebs, descubridor principal de los más importantes ciclos metabólicos como el ciclo de Krebs y el ciclo de la urea, propios de la materia viva. A su vez Hans Krebs se sentía fascinado por la naturaleza humana y científica de Otto Warburg (1883-1970), otro bioquímico alemán, de quien era profesor ayudante en 1931, cuando se concedió a Warburg el premio Nobel por su trabajo sobre “la enzima amarilla oxidativa”. En el año 1981 Krebs publicó una biografía de su maestro con el título de Otto Warburg, fisiólogo celular, bioquímico y excéntrico. Una de las preocupaciones de Warburg era la posible relación entre el origen de los tumores y el suministro de energía. En 1931, explicaba tales ideas en su libro El Metabolismo de los tumores. Normalmente, las células obtienen su energía (ATP) a través de un proceso relativamente lento, denominado respiración aerobia, en el que el oxígeno oxida totalmente, hasta dióxido de carbono, los hidratos de carbono y las grasas. El efecto Warburg, descubierto por él, consiste en que el crecimiento de muchos tumores cancerosos se asocia a la existencia de un intenso y rápido proceso de glicólisis anaerobia, en el que la glucosa se rompe hasta lactato aún en presencia de oxígeno. Las teorías de Warburg sobre el cáncer se fueron olvidando paulatinamente al descubrirse que algunos tumores no se asociaban a la glicólisis anaerobia y, sobre todo, por el protagonismo alcanzado por las nueva biología y genética molecular, por lo que la idea predominante moderna es la de que el cáncer es una enfermedad de los genes más que fruto de una alteración energética. En esta última línea de pensamiento un gran biólogo del cáncer, Robert Weinberg, establecía hace media docena de años los 6 factores principales de las células cancerosas. Por ello, es interesante que, en una de los últimos congresos de la American Association of Cancer Research, la intervención de otro prestigioso investigador del cáncer, actualmente afincado en Gran Bretaña, el israelita Eyal Gottlieb, comenzase diciendo: “Yo pienso que estoy trabajando sobre el séptimo factor, que es la bioenergética”. De hecho, su grupo y otros han recuperado algunas de las viejas ideas de Warburg sobre el papel importante de la naturaleza del suministro de energía en el desarrollo de los procesos cancerosos y están obteniéndose los primeros resultados prometedores en nuevas terapias basadas en el bloqueo de las fuentes específicas de energía de las células cancerosas. En la Ciencia es importante controlar las modas y mantener siempre abierto el espíritu crítico.