Cambio climático y agricultura por el Prof. Dr. D. Félix Romojaro Almela, académico honorario

Se podrá discrepar de los estudios científicos que han alertado del cambio climático, pero cada vez hay un mayor consenso de que sus impactos son ya visibles. La teoría se ha convertido en una compleja realidad que afectará en general, en mayor o menor medida, a sectores económicos estratégicos, siendo la región mediterránea una de las más vulnerables. De momento se han divulgado más las consecuencias sobre el aumento de la temperatura y del nivel del mar y su repercusión sobre el turismo, pero las previsiones apuntan a que la agricultura será uno de los sectores más vulnerable. Además los efectos negativos sobre ella continuarán manifestándose, incluso reduciendo ya drásticamente la emisión de gases con efecto invernadero, pues la alteración actual de los patrones climáticos incidirán en el futuro durante décadas. Aunque es cierto que existen divergencias entre los científicos sobre la amplitud de la variación de la temperatura media anual, las estimaciones más optimistas apuntan a una subida que oscilará entre 1,8º y 4º C en el transcurso de los próximos 100 años. Este incremento y la disminución de las precipitaciones, estimada entre el 25 y 35% en el área mediterránea, repercutirá sobre la fisiología de las plantas. Fotosíntesis, respiración, transporte y transpiración alcanzan su valor óptimo en un margen estrecho de temperaturas, que oscila por lo general entre 30º y 40º C. Valores superiores afectarán sensiblemente a estos procesos, limitando el crecimiento y rendimiento de los cultivos. Sin ser alarmistas, estas alteraciones podrían inducir un desplazamiento de las especies tradicionalmente cultivadas en el sur hacia el norte, donde las condiciones climáticas se suavizarán y no tendrán problemas de adaptación. De hecho, se estima que el actual límite norte del cultivo de la vid se desplazará entre 10 y 30 kilómetros en los próximos diez años. Tal vez podamos volver a catar buenos vinos tintos elaborados en el sur de Inglaterra, como ya ocurría en el siglo XII. Esta deslocalización, que ya se ha observado en otros cultivos, como hortalizas en el sur de Groenlandia, y experimentalmente cítricos en nuestro país, producirá un cambio de la estructura productiva de muchas regiones e incluso podría afectar a la seguridad alimentaria. Los investigadores están ante el reto de ampliar los conocimientos que permitan eliminar las incertidumbres que se han generado con el cambio climático y elaborar propuestas que permitan mitigar los impactos sobre la biología de los cultivos.