BENZODIAZEPINAS: ¿UN DESCUBRIMIENTO CASUAL? por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Si se hiciese una encuesta sobre el descubrimiento de la penicilina, un elevadísimo porcentaje de la población respondería de forma adecuada sobre este descubrimiento de Alexander Fleming, Premio Nobel de Medicina en 1945. Es más, con toda seguridad describirían la anécdota sobre “la casualidad” que lo rodeó y que abrió un apasionante camino hacia la determinación estructural de la penicilina G, y que permitió llevar a cabo modificaciones para hacerla más efectiva sobre determinados microorganismos. Si la pregunta que se hiciese a continuación tuviese como protagonistas al Valium (Diazepam), Myolastan (Tetrazepam) u Orfidal (Lorazepam), la respuesta no iría mucho más allá de reconocer el efecto de relajante muscular o ansiolítico que manifiestan este tipo de fármacos. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de encuestados sería capaz de identificar este tipo de compuestos como pertenecientes a una familia general de derivados con una estructura básica común: las 1,4-benzodiazepinas, descubiertas, al igual que la penicilina, de forma “casual” por L. H. Sternbach, de los laboratorios La Roche. Si curioso fue el descubrimiento de la penicilina, no lo es menos el de la familia de las benzodiazepinas. El Dr. Sternbach, involucrado en un proyecto orientado hacia la síntesis y estudio de la actividad biológica de una serie de compuestos orgánicos (3-óxidos de quinazolina) observó que, desafortunadamente, ninguno de los derivados sintetizados mostraba actividad. Sin embargo, durante una operación de limpieza del laboratorio, previo a iniciar otro proyecto de investigación, uno de los colaboradores llamó su atención sobre unos miligramos de un producto perfectamente cristalino, cuya actividad biológica no había sido estudiada. Antes de desecharlo, se decidió hacer ese estudio y, ¡sorpresa!, resultó ser el único de todos los productos sintetizados que mostraba propiedades tranquilizantes. Se abordó su determinación estructural y se comprobó que no se trataba, como se pensaba, de un 3-óxido de quinazolina sino de un 4-óxido de 1,4-benzodiazepina, generado durante una de las etapas de síntesis. Al compuesto se le denominó Librium y marcó el inicio del desarrollo de una amplia familia de 1,4-benzodiazepinas, medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central. Dos casos paralelos de descubrimientos con un denominador común: su aparente “casualidad”. Sin embargo, en investigación la casualidad no existe. Existen excelentes investigadores dispuestos a sobreponerse al desaliento y no cejar en el empeño hasta llegar a explicar todos los hechos experimentales observados. Ellos han sido, son y serán los verdaderos artífices del avance de la humanidad.