Australia 2; España 1 por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Si esta fuera la noticia del resultado de la final del próximo mundial de futbol, todo el país estaría conmocionado. Obviamente no lo es, pero estos números representan bien la realidad económica que diferencia los dos países. Australia está a más de 17000 km de nosotros continuando hacia el sur y hacia el este durante más de 24 horas de avión. Es un país enorme con una extensión 15 veces mayor que España, con una población de menos de la mitad, 22 millones de australianos frente a 46 millones de españoles. Pero con la mitad de población que España, Australia tiene un producto interior bruto (PIB) casi igual que nuestro. Eso significa, de manera simplista y aproximada, que cada australiano tiene una productividad doble a la de cada español. Les escribo esta columna en Sidney, donde me encuentro realizando una estancia de año sabático. En el tiempo que llevo aquí, ciertamente no me ha parecido que mis colegas australianos, o las gentes en las calles, desplieguen una actividad inusitada. Más bien la atmósfera del suave invierno austral de estas latitudes me ha resultado aparentemente muy relajada. ¿Donde se pueden encontrar las diferencias que hacen que en Australia la economía no deje de crecer y no conozcan la crisis? Por supuesto que existen muchos otros factores y que la explicación es más compleja, pero me quiero fijar especialmente en la inversión que Australia ha hecho en las últimas décadas en educación y ciencia. La educación es uno de los negocios más rentables de Australia atrayendo estudiantes de todos los niveles, especialmente de Asia. A la investigación científica se dedica un 2.4% del PIB. Esto es el doble en porcentaje respecto a lo que se hace en España, pero sería cuatro veces superior al considerarse por habitante. Por supuesto no es sólo una cuestión de cantidad de dinero. La inversión en ciencia en Australia ha tenido sus peculiaridades. Desarrollaron unos centros que llamaron de investigación cooperativa para favorecer el intercambio de conocimientos entre el mundo académico y las empresas. Y el modelo parece haberles funcionado muy bien para aumentar su competitividad. No se trata de que cada australiano trabaje el doble que nosotros, sino que lo hace probablemente en sectores que son el doble de productivos. Deberíamos como país cambiar cuanto antes la forma de jugar para dar la vuelta al marcador en este partido, el de nuestra competitividad, que es el realmente importante.