ANIVERSARIOS MATEMÁTICOS por el Prof. Dr. D. Pascual Lucas Saorín, académico de número

Este año 2004, que consume sus últimas semanas, ha sido testigo de un gran número de aniversarios matemáticos, tanto de nacimientos o defunciones de ilustres matemáticos, como de extraordinarios avances en cualquiera de los campos científicos matemáticos. El espacio disponible en esta columna me obliga a realizar una estricta selección, por lo que anticipadamente pido disculpas por las ausencias y omisiones que voy a cometer.

Hace 350 años, Pierre de Fermat y Blaise Pascal fundaron la teoría de la probabilidad, en cinco cartas que se intercambiaron en el verano de 1654. Cien años más tarde, es decir, hace 250 años, en 1754, Joseph-Louis Lagrange realizó importantes descubrimientos acerca de la tautocrona, lo que contribuyó de manera sustancial al nacimiento de una nueva rama de las Matemáticas, el cálculo de variaciones.

En 1804, hace ahora 200 años, Wilhelm Bessel publicó un artículo sobre la órbita del cometa Halley, basándose en las observaciones realizadas 200 años antes por Thomas Harriot.

Hace 150 años ocurrió algo muy especial: en 1854 tuvieron lugar tres acontecimientos matemáticos de primera magnitud. Junto a la publicación por Boole de Las leyes del pensamiento en que se basan las teorías matemáticas de la lógica y la probabilidad, donde se recoge lo que hoy se conoce como álgebra de Boole, Arthur Cayley (también en Inglaterra) realizó los primeros intentos de definir el concepto de grupo abstracto, y en Alemania Bernhard Riemann completó su Habilitación. En su discurso, Riemann estudió la representación de funciones por medio de series trigonométricas y propuso condiciones para que una función fuese integrable. En una conferencia titulada Sobre las hipótesis en que se fundamenta la geometría, dada el 10 de junio, Riemann definió el espacio n-dimensional y propuso también la definición de lo que hoy se conoce como “variedad de Riemann”.

A comienzos del siglo XX, en 1904, hace exactamente 100 años, Zermelo utilizó el axioma de elección para probar que todo conjunto podía ser bien ordenado, y Lorentz introdujo las “transformaciones de Lorentz”, que serían posteriormente empleadas en las nuevas teorías físicas. Precisamente, ese mismo año, Henri Poincare estuvo en un tris de descubrir la teoría de la relatividad, en un intento de explicar los experimentos de Michelson y Morley. Desafortunadamente para él, no dio el siguiente paso y dejó el camino libre para que, al año siguiente, Albert Einstein publicase su famoso artículo donde describía la teoría especial de la relatividad.