Agroalimentaria e investigación por el Prof. Dr. D. Félix Romojaro Almela, académico honorario

En las Semanas de la Ciencia y Tecnología, organizadas por la Consejería de Economía, Industria e Innovación y la Fundación Séneca, se ha podido constatar la importancia y necesidad de establecer vínculos sólidos y dinámicos entre la Ciencia y la Sociedad. Como hechos más relevantes habría que destacar, por un lado, el interés que despiertan entre la juventud las diferentes actividades científicas y tecnológicas programadas por los organismos e instituciones que acuden al evento y, por otro, la realización de una investigación básica y aplicada de alto nivel por grupos de investigación que se encuentran a disposición de la región para contribuir a su desarrollo. Personalmente creo que esta participación de los jóvenes, potenciales investigadores, aconseja la ampliación del Museo de la Ciencia, para equipararlo a otros creados en nuestro país. Aunque en estas muestras se ha puesto de manifiesto el progreso que se ha alcanzado en numerosos campos científicos y tecnológicos, quiero destacar, por su importancia en la economía regional, el experimentado por la investigación agroalimentaria. La evolución desde el germen inicial de la Asociación de Investigación de la Industria de Conservas, referente para el sector, y dirigida sucesivamente por los profesores Soler, Carpena, Ortuño y Guzmán -con un esfuerzo generoso cuando la investigación no era precisamente una prioridad- hasta la situación actual, supone un avance cualitativo y cuantitativo de enorme importancia, y en el que están participando numerosos grupos de investigación de las universidades, organismos públicos de investigación y centro tecnológico, habiendo ampliado la oferta investigadora a todos los sectores estratégicos de la industria agroalimentaria de la región. Se detecta, sin embargo, una escasa incidencia en la investigación en nuevas tecnologías de procesos, como -por ejemplo- altas presiones, pulsos eléctricos y biotecnología, esenciales para la innovación de nuevos productos y desarrollo del sector industrial. Esperamos que el Proyecto BioCARM evite esas carencias. La investigación agroalimentaria no sólo tiene interés desde la vertiente de la rentabilidad económica, sino que además es también fundamental para abordar los nuevos retos que se están presentando en la seguridad alimentaria. La detección de acrilamida en algunos productos transformados, así como otros compuestos cancerígenos, como las 2 alkilciclobutanonas en alimentos irradiados, cuyo impacto sobre la salud del consumidor se está evaluando, son ejemplos de la necesidad de potenciar esta faceta investigadora para asegurar al máximo la inocuidad de los alimentos en un mundo globalizado.