Agricultura limpia, agricultura de futuro por el Prof. Dr. D. Antonio Cerdá Cerdá, académico de número

En materia alimentaria los consumidores son cada vez más exigentes con respecto a la calidad nutricional de los alimentos, así como con su seguridad sanitaria. Ello ha motivado una creciente actividad investigadora dirigida hacia la búsqueda de medidas de lucha eficaces para el control de plagas y enfermedades que sean, al mismo tiempo, sostenibles y respetuosas con la naturaleza. Los actuales sistemas productivos agrarios tienden a conseguir productos sanos y saludables aplicando técnicas de control biológico y biotecnológico. Las prácticas de control biológico son muy antiguas, aunque ha sido recientemente cuando se ha extendido su aplicación de forma masiva. A partir de los años 70 se hizo efectivo en los cítricos para el control de la mosca blanca (Aleurothrixus floccosus) mediante el heminóptero Cales noacki por adaptación al medio. En la actualidad se ha avanzado enormemente en la investigación y en las técnicas de producción y cría de enemigos naturales, que en muchos casos proceden de la fauna autóctona. Esto ha posibilitado la suelta masiva por parte de los agricultores en otros cultivos de un modo controlado en los momentos y circunstancias adecuados. Para lograr una eficacia de estas medidas es necesario conocer con detalle el ciclo biológico tanto de la plaga a combatir como del auxiliar a implantar, lo que precisa de una investigación previa, así como de una formación especifica de los técnicos y productores que intervienen en los programas de control biológico. Por otra parte, los avances en el conocimiento de las relaciones entre insectos han permitido implantar medidas de control biotecnológico basadas en la utilización de sustancias atrayentes que permiten reducir las poblaciones de las plagas a combatir. Ejemplo de este tipo de aplicaciones son las técnicas de confusión sexual para el control de la polilla de la vid, la captura masiva y la quimioesterilización para combatir la mosca del mediterráneo en diversos cultivos, la aplicación aérea de feromonas liquidas para el control de orugas de lepidópteros o la colocación de trampas luminosas y cromotrópicas, entre otras. Como vemos, son numerosas las herramientas no químicas con que cuenta el agricultor para el control de las plagas y enfermedades de sus cultivos, que además de reducir la aplicación de fitoquímicos le da un valor añadido a sus productos y mejora la calidad de vida de los agricultores. Es por ello preciso potenciar programas de investigación y experimentación que profundicen a nivel molecular en los mecanismos de las relaciones entre insectos con el fin de la adecuación permanente de las medidas a tomar en cada momento. Este reto debe de ser asumido tanto por las administraciones como por el sector productor y técnico para todos los cultivos. Es nuestra agricultura de futuro.