ADOPTA UNA BORRASCA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La atmósfera es una delgada capa que nos envuelve. Delicada, estrecha, que roza la ridiculez cuando se piensa bien. Más o menos el espesor es equivalente a la distancia desde el Campus de Espinardo hasta la Catedral. Esta es la capa que envuelve la Tierra; es todo lo que hay. Si fuéramos conscientes de ello, probablemente seríamos más cuidadosos con el trato que, a nivel individual, le damos y, por descontado, a nivel colectivo. Es demasiado poco, pero tan relevante como que su mantenimiento en condiciones saludables es imprescindible para la vida.

Pero, ese escaso elemento es un fluido en cuyo comportamiento influyen muchos procesos, movimientos que son determinantes desde sequías hasta inundaciones, pasando por fríos y calores o soporte de polvo del Sahara que condiciona el clima. Las borrascas o zonas de la atmósfera de bajas presiones originan vientos fuertes, porque los fluidos se comportan desplazándose e incrementando su velocidad, cuando el espacio que ocupa se estrecha o comprime, como acontece con una manguera cuando se estrecha la salida mediante una boquilla, por ejemplo. Si al circular el viento, se comprime, por alguna razón, se incrementa la velocidad. Cuando hay un fuerte ascenso de aire caliente que parte del mar  hacia una capa superior donde es más frío y alcanza la zona que separa la atmósfera de la estratosfera, el aire se comprime, gracias a que confluyen cantidades importantes desde todas las direcciones de la disposición horizontal. Cuando divergen las direcciones de los vientos que ascienden, como ocurre en un anticiclón, las velocidades disminuyen y tienden a ser nulas.

La condensación de agua supone la liberación de 540 calorías por gramo. Al ascender el aire cargado de humedad se origina una columna que se auto-mantiene gracias a la condensación del agua que lleva y se produce una succión del aire de las zonas vecinas. El viento tiene por causa la diferencia de presión entre puntos distintos de la atmósfera. Los anticiclones son las zonas de altas presiones y las borrascas las de baja. El aire circula de las zonas de alta presión a las de baja, con lo que se produce un descenso del aire situado en niveles superiores que desciende. Esto contribuye a que la zona que corresponde al anticiclón, es estable, con pocas nubes y viento. Ocurre que los anticiclones se sitúan en invierno en las partes frías, con mayor densidad del aire. Se enfrían comenzando por la parte más baja.

Los años pares, se dan nombres de mujer a las borrascas y de hombre a los anticiclones. En los impares, al contrario. Lo gestionaba el Instituto Meteorológico de la Universidad de Berlin y actúa en el mundo privado: 199 euros para un anticiclón y 299 para los anticiclones y los nombres deben ser comunes. La recaudación se emplea como fondo para financiar estudios en el ámbito de la climatología o meteorología Suelen darse, en torno a una cincuentena de anticiclones y unas 150 borrascas.

Si adopta una borrasca o un anticiclón en Alemania, se publicará en el Berliner Wetterkarte y es el que usan los servicios meteorológicos y los medios de comunicación. En Alemania se nombran todas las borrascas, mientras que el acuerdo reciente entre Francia, Portugal y España solo nombra a las perturbaciones importantes, profundas y solo se nombran las de mayor impacto, atlánticas y mediterráneas occidentales, las que provocan avisos naranja o superior por viento, que en España equivale a rachas superiores a 90, 100 ó 110 kilómetros por hora, según la zona. Aquí el sistema de nombramiento es el de cremallera, alternando nombres masculinos y femeninos. La temporada pasada se nombraron hasta 13 borrascas, finalizó con la borrasca Miguel que operó en Junio de 2019. En 2018 se nombraron 9. Esta es la tercera temporada en que se nombran y los países que se encargan de hacerlo son Portugal, España, Francia y Bélgica, ésta última recién incorporada. No se trata de huracanes como los que nombra el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, que corresponden a ciclones tropicales, ya que se trata de ciclones extratropicales, que son los que operan en las zonas medias como la que ocupa España. Si nos afectara un ciclón tropical, la denominación sería la que otorgan en Estados Unidos.

La temporada 2019 – 2020 que se inició en Septiembre, empleará la lista: Amelie, Bernardo, Cecilia, Daniel, Elsa, Fabien, Gloria, Herve, Inés, Jorge, Karine, León, Myrian, Norberto, Odette, Prosper, Raquel, Simón, Teresa, Valentín, Wanda. La Aemet ha puesto cinco de los siete nombres ya utilizados (uno el Servicio Meteorológico de Francia y otro el de Portugal) incluido el último, GLORIA, tristemente conocido recientemente. Ojalá sea corta la lista completada.