A los cien años de la muerte de Boltzmann por la Prof. Dra. Dª. María de los Ángeles Molina Gómez, académica de número

El físico vienés Ludwing Boltzmann (1844-1906) es considerado unánimemente como uno de los más ilustres exponentes de ese irrepetible y fructífero periodo científico que abarca el último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Durante su etapa de estudiante entabló relación con su profesor Josef Stefan, quien más tarde dirigió su tesis doctoral -sobre Teoría Cinética de Gases- y encauzó su vida científica, que transcurrió entre las universidades de Heidelberg, Berlin, Graz y Viena y tuvo relación con los científicos de la época Kirchhoff, Helmholtz, Nernst, Arrhenius, Gibbs, Ostwald y Mach. Con estos dos últimos mantuvo grandes discusiones científicas, siendo Ostwald su más enconado detractor. Sin embargo, Boltzmann resultó finalmente victorioso en esta batalla, ya que sus argumentos fueron apoyados por los científicos jóvenes de la época. Aunque sus contribuciones fueron muy numerosas, su gran logro fue la idea por la que debió enfrentarse a un gran número de científicos: explicar el comportamiento del mundo físico (macroscópico) teniendo en cuenta su estructura molecular subyacente (microscópica). A los científicos que basaron sus investigaciones en esta hipótesis se los denominó atomistas y a Boltzmann, además de atomista, se le considera en la actualidad el primer precursor de la Mecánica Cuántica, ya que su influjo sobre Planck y Einstein fue decisivo. Este gran científico fue el pilar fundamental para el desarrollo de la Física Estadística o Termodinámica Estadística, disciplina que además de explicar fenómenos ya conocidos, como el comportamiento de los gases y la radiación de cuerpo negro, sirve de referencia para cualquier problema que involucre muchas variables, y puede aplicarse en la actualidad al estudio del comportamiento del cerebro, de la conducta social de los seres vivos, de la dinámica del mercado bursátil y de problemas de tráfico, entre otros. Boltzmann poseía un carácter depresivo, con frecuentes cambios de humor, por lo que los enfrentamientos anteriormente mencionados producían en él grandes depresiones. Estos problemas le condujeron al suicidio el 6 de septiembre de 1906, precisamente cuando la aceptación de sus ideas iba en aumento. En su tumba, situada en el cementerio de la ciudad de Viena, puede leerse, coronando su busto, la sencilla expresión “S = k log W”, que relaciona dos mundos, y en la que “k” es la denominada “constante de Boltzmann”. Sus conciudadanos comprendieron que, sin esta fórmula, su homenaje habría sido incompleto.