Ciencia ciudadana por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

La ciencia trabaja con datos procedentes de observaciones que deben ser objetivas y realizadas bajo condiciones controladas o, al menos estar acompañadas de la suficiente información que permita conocer las fuentes de variabilidad que afecten a su interpretación. El número de observaciones necesarias para comprobar una hipótesis es proporcional a las fuentes de variabilidad no controladas. Trabajar en el laboratorio permite reducir esos factores fijando las condiciones del experimento.  Pero en ecología, trabajando en la naturaleza, no es posible controlar todos los factores y esto hace esencial acumular un volumen alto de datos. Esto es caro por la inversión necesaria en tiempo, desplazamientos y personas, particularmente si los procesos abarcan rangos geográficos y temporales amplios.

Una solución imaginativa, que puede ser muy efectiva, es la ciencia ciudadana. Ello consiste en utilizar como datos las observaciones realizadas por cualquier ciudadano dispuesto a colaborar. Sus aplicaciones en la ecología pueden ser muy variadas y relevantes: la observación de especies invasoras, de la evolución de especies en peligro, la aparición y extensión de plagas, la detección de fuentes de contaminación o del estado ambiental… En el Mar Menor estamos teniendo muchos ejemplos, a través de asociaciones como Hippocampus o iniciativas individuales, en lo que respecta a observaciones del estado de las aguas, la evolución de las poblaciones de caballitos de mar, nacras o nuevas especies de medusas u opistobranquios, el estado de las praderas o las aves. En el Mediterráneo ya hay proyectos para el seguimiento de las praderas de Posidonia y en general proyectos como Observadores del mar.

La utilización de la ciencia ciudadana implica riesgos de subjetividad, falta de formación del observador, heterogeneidad en el método de observación o incluso de rigor, pero cualquier sistema de medida, incluso en el laboratorio, está sujeto a fuentes de error aleatorias que obligan a una depuración y análisis crítico de los datos antes, durante y después de su análisis para la extracción de conclusiones. Además, estas limitaciones pueden minimizarse con campañas de divulgación y estableciendo protocolos sencillos que mejoren el rigor de la observación. La utilización de páginas web para la introducción de los datos, donde se delimita los que son necesarios y su formato, es muy útil. La posibilidad de utilizar los teléfonos móviles para establecer la ubicación exacta del registro, el poder subir fotografías que ayuden a la validación de la observación y la identificación de especies o de las circunstancias en las que se ha producido, aportan una enorme robustez a la información facilitada. En una región como Murcia, en la que los recursos de investigación son muy limitados, y especialmente sensible a la aparición de especies invasoras, hacer esfuerzos desde la Administración para facilitar la ciencia ciudadana coordinada con los centros de investigación, puede ser una inversión altamente rentable y fundamental para la gestión de nuestros recursos y espacios naturales.