2015, año internacional del suelo por el Prof. Dr. D. Carlos García Izquierdo, académico de número

Diversas actuaciones realizadas por algunos países durante años, han desembocado en situaciones negativas hacia la protección de los suelos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue incluso criticada hace unos años al no apostar decididamente por políticas tendentes a dicha protección. Todo ello a pesar de lo prioritario que debería ser salvaguardar un recurso natural tan valioso como el suelo, impidiendo su degradación y hasta su pérdida en determinados casos. Para los científicos que nos dedicamos a la Ciencia del Suelo, esta situación no es nueva. Desde siempre se ha tenido clara la necesidad de proteger la calidad del aire y del agua, recursos claves para la salud de la población mundial, pero ¿por qué y contra qué proteger el suelo si siempre ha estado ahí y estará? Este razonamiento tan simple no tiene en cuenta que nuestro suelo es fundamental dentro de los sistemas productivos de alimentos y de otras materias. Almacena carbono en mayor medida que otros ecosistemas, habitamos sobre el suelo y toda nuestra vida se desarrolla sobre él, da cobijo a un amplio conjunto de organismos vivos, ayuda a depurar compuestos no deseables, e incide favorablemente sobre la gestión del agua hacia ríos y acuíferos; y sobre todo, es el soporte por excelencia para mantener una vegetación acorde con el ambiente. El empeño de muchas personas en estos últimos años, para hacer entender a quienes impulsan normativas que el suelo es un recurso fundamental que necesita con urgencia ser considerado como tal, si queremos enfrentarnos a los desafíos actuales y futuros, ha dado sus frutos: la 38 sesión de la Conferencia de la Organización para la alimentación y la agricultura (FAO) instó a declarar el 5 de Diciembre como Día Mundial del Suelo, y a nominar el 2015 como Año Internacional de los Suelos. El principal objetivo de esta actuación es sensibilizar a la población en general sobre la importancia global de los suelos y la necesidad de conservarlos para futuras generaciones. Si somos capaces de conseguir la implicación de la sociedad y de la administración en una adecuada toma de decisiones, y concienciarnos del papel crucial del suelo en la seguridad alimentaria, la adaptación y la mitigación del cambio climático, los servicios ecosistémicos esenciales, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible, estaremos en disposición de hacer un buen legado para la humanidad, la cual desde luego, no será capaz de vivir sin suelo.