1865-2015: 150 aniversario de la estructura de Kekulé para el benceno por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Ciencia – según definición de la RAE – es el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados, y de los que se deducen principios y leyes generales”. Por consiguiente, el desarrollo de la ciencia, en general, exige de un esfuerzo intelectual importante del hombre en la búsqueda de las leyes que rigen los distintos campos del conocimiento, definiendo tanto su ámbito de aplicación como los protocolos utilizados para su explicación, lo que, a su vez, proporcionará la base para el futuro descubrimiento de nuevos conceptos y teorías. Es obvia, por tanto, la relación que existe entre el avance científico y la perspectiva histórica. Si bien es cierto que la historia de la Química Orgánica está plagada de descubrimientos de gran relevancia sobre los que se han ido construyendo y asentando las bases necesarias para la comprensión de la estructura y reactividad de las moléculas orgánicas, quizás uno de sus hitos más importantes lo constituya la propuesta de Friedrich August Kekulé, en 1865, de una estructura cíclica para el benceno. La estructura molecular del benceno fue objeto de gran controversia desde su descubrimiento en 1825, por Faraday, hasta su comprobación experimental mediante técnicas de difracción de rayos X (Kathleen Lonsdale, 1929). Aunque pronto se conoció su fórmula molecular (C6H6), el interrogante de cómo se conectaban esos átomos sólo se resolvió cuando Kekulé – uno de los principales fundadores e impulsores de la “teoría estructural” – propuso una estructura en forma de hexágono regular plano, cuyos vértices estaban ocupados por unidades CH unidas entre sí por enlaces sencillos y dobles alternados. Esta estructura, “casi correcta”, de Kekulé – todavía útil para explicar los mecanismos de reacción del benceno – constituyó el punto de partida para la asignación estructural definitiva – sólo conseguida a la luz de la experimentación y de otros avances de la ciencia – que resultó ser la propuesta por Kekulé pero con electrones deslocalizados en todo el anillo hexagonal. Este descubrimiento tan trascendental, no sólo permitió clasificar a los compuestos orgánicos como aromáticos – poseen la estructura del benceno o análoga – y alifáticos – si no la tienen – sino que, además, impulsó el desarrollo teórico y experimental de la Química Orgánica base de industrias de gran interés tecnológico, biológico, o farmacológico, claves para el bienestar de la humanidad, y con notable incidencia en la economía mundial.