Universidad de Murcia

Alfonso X: Primer promotor de la Universidad de Murcia

Tradicionalmente, se ha venido vinculando la fundación de la primera Universidad de Murcia a Alfonso X el Sabio, quien, como es notorio, figura desde hace muchos años en el escudo de nuestro primer centro docente junto a la leyenda "Universitas Studiorum Murciaria" y una fecha un tanto enigmática que intentaremos aclarar e, incluso, justificar: MCCLXXII. Se debe la presencia de la figura de¡ monarca a que Alfonso X el Sabio fue el primer promotor de la Universidad de Murcia, ya que tanto en su época de infante y conquistador como ya durante su reinado, funcionó, según todos los indicios, el primer centro de estudios e investigación de nivel superior.

En mayo de 1243, después del tratado con lbn Hud, el entonces Infante de Castilla don Alfonso hizo su entrada en Murcia, cuyo reino tardaría aún dos años en pacificar. A partir de la sumisión de todo el territorio, señala Torres Fontes que "una de las primeras preocupaciones de don Alfonso y en la que pondría todo su entusiasmo fue mantener y aprovechar el alto grado cultural existente en el Sureste"

Cuando don Alfonso llegó a Murcia encontró una ciudad en la que la cultura ocupaba un papel muy importante, ya que durante la última etapa de la dominación musulmana, Murcia dominó sobre los demás reinos de taifas y numerosos sabios vivieron en ella. Dado que tras la conquista castellana se vivió un breve período de protectorado, a pesar de que algunos sabios marcharon a Granada y a África, la mayoría de los intelectuales permanecieron entre nosotros. Como señala Torres Fontes, "en Mohamed ibn Ahmed Abubequer Al-Ricotí halló el rey de Castilla la persona capacitada para centrar la fusión cultural que anhelaba. Don Alfonso le conservó en sus derechos y condición social, creando para él una madriza o estudio, al que muy pronto acudieron gran número de cristianos, musulmanes y judíos, atraídos por la posibilidad de ampliar y perfeccionar los conocimientos". Las enseñanzas de Al-Ricotí correspondían a Medicina, Geometría, Lógica y Filosofía y las lenguas que utilizaban eran indistintamente árabe, latín y romance. Lo más destacable de esta primera experiencia universitaria murciana era, sin duda, el espíritu de convivencia, ya que, sin distinción de raza y religión, todos contribuían a la adquisición de los conocimientos.

Pero, tras la sublevación de los mudéjares en 1266 y final de¡ tiempo de protectorado, que fue sustituido por el dominio castellano, muchos de estos intelectuales, al haber perdido sus privilegios, hubieron de emigrar a Granada. Entre ellos, el propio Al-Ricotí, que se instaló en el reino granadino en fecha anterior a 1272, y allí impartiendo su ciencia entre la estimación de sus correligionarios y de su propio monarca. Como señala Torres Fontes, "los ruegos y ofrecimientos del rey sabio para que permaneciera en Murcia, no tuvieron éxito". Las causas de esta ruptura definitiva están claras para Antonio Martínez Ripoll en su estudio Aportaciones a la vida cultura¡ en Murcia en el siglo XIII, en donde se analiza la situación y se afirma que «la presencia en Murcia del Estudio de Lenguas Orientales de la Orden de Predicadores a partir de 1266, máxime cuando el fin de la escuela era el combate y la controversia para derrocar al infiel, y la existencia de una mayoría de sabios cristianos y conversos, produjo quizá el estado de tensión e incomodidad en Al-Ricotí, que se acrecentó por los constantes intentos de Alfonso X por atraerlo a la religión cristiana".

La Primera Fundación Cristiana de carácter docente.

La primera fundación cristiana de carácter docente en un nivel superior corresponde a la Orden de Predicadores, cuyos componentes establecieron en Murcia un Estudio o Escuela de Artes y Filosofía, interesados por situarse lo más próximos posible al foco de difusión cultural que estaba teniendo lugar en Murcia en aquellos años. Los dominicos, según ha estudiado Martínez Ripoll, debieron establecerse en Murcia inmediatamente después de la conquista, quizá hacia 1250, que es cuando se restaura la diócesis de Cartagena con fray Pedro Gallego como obispo. Las fuentes manejadas hablan de 1252 ó 1253 como primera fecha de la fundación de un convento dominico y posiblemente de un «studium conventuale» donde «se cursarían grados inferiores de Artes, con estudios de gramática, retórica y lógica. Es decir - añade Martínez Ripoll -, vino a ser una escuela en la que se abordaba el estudio del «Trivium, incluyéndose las enseñanzas de filosofía moral y natural, aunque nunca las de teología". En 1266 sería convertido en un «studiurn solemne", después de la reconquista de Murcia por Jaime I de Aragón y bajo el patrocinio y protección de San Raimundo de Peñafort, funcionando a partir de entonces y como máximo hasta 1280 como Estudio General o Facultad de Lenguas Orientales, ya que no simplemente estaba dirigida para los frailes electos de la orden [... ] sino también para otros muchos" en este Estudio se cursaban, además de las enseñanzas conventuales antes señaladas, Teología, Escrituras, Árabe y Hebreo, además de Apologética cristiana, con el fin de preparar sólidamente a los nuevos misioneros.

La figura más destacada de los que entonces participaron en la vida cultural de Murcia es la del padre Ramón Martí, discípulo del más grande científico cristiano San Alberto Magno, con el que había estudiado en París. Era además reputado orientalista, como demuestran sus obras Vocabutísta in arabico, diccionario árabe-latino y latino-árabe, y sus obras sobre moros y judíos, que lo convirtieron en el más significativo especialista en ambas razas y religiones orientales, como destacó Menéndez Pelayo, y en un precedente reconocido de la Sumrna Teológica de Santo Tomás de Aquino. Pues bien, San Raimundo de Peñafort destinó al padre Ramón Martí a Murcia en la temprana fecha del 1250, y aquí permaneció llegando a estar al frente del Estudio General.

Se suele citar como fecha de la fundación de la Universidad de Murcia la de 6 de abril de 1272, o incluso, en numerosas fuentes, la muy errónea del mismo mes y día pero de 1310 (que no es sino la correspondiente al año de la era hispánica), esta última difundida a través de un muy citado discurso de José Loustau, que se servía de apuntes del entonces secretario don Luis Luna, y presente, por ejemplo, en la Guía de la Universidad de Murcia de 1968, en el Libro Blanco de la Universidad de Murcia, en el libro de Valenciano Gayá sobre El Rector Loustau, obras éstas últimas, sin embargo, muy valiosas. Volviendo a la fecha de 1272, cabe destacarse su importancia por ser la que figura en el escudo-sello actual y anterior de la Universidad de Murcia. La fecha, sin embargo, no tiene otra relación con el centro docente que la de corresponder a un documento de Alfonso X, expedido en Murcia el 6 de abril de 1272, en el que se conceden unas casas y huerta en la Arrixaca a los dominicos, para que construyan su convento: «Por fazer bien a merced a prior e al convento de los frayles predicadores de Murcia, dámosles e otorgámosles las casas e la huerta que son en la partida de la Arrixaca que los moros nos dieron".

Las actividades del Estudio General a que nos venimos refiriendo y de los científicos que a él pertenecían fue intensa en aquellos años, y en los documentos de la época se nos da cuenta del auge cultural de la ciudad en este tiempo, cuando Alfonso X vivía en ella. Se destaca, por ejemplo, que en Murcia se redactaron la segunda y tercera Partidas en las que colaboraron el obispo fray Pedro Gallego y Jacobo de la junta, el famoso Jacobo de las Leyes, residentes también en Murcia en los años en que tales instrumentos jurídicos se redactaron.

En su ensayo titulado La cultura en Murcia en el reinado de Alfonso X el Sabio, Torres Fontes ha dado cuenta detallada del asombroso esplendor cultural que llegó a alcanzar la ciudad en aquella época, sobre todo, por el gran número de personalidades científicas que vivieron entonces en la región. Hay que destacar, además de los citados, el traductor Bernardo el Arábigo, musulmán convertido; el médico Maestre Nicolás, el historiador Jofré de Loaysa, los trovadores Pedro Gómez Barroso, Guiralt Riquier de Narbona y Pedro de Amigo, el juglar Ponce y la juglaresca María Pérez Balterra y el pintor Pedro Lorenzo, autor de gran parte de las miniaturas de las Cantigas, en especial las referidas a Murcia y su región.

Pero pronto, como ya tenemos señalado, el esplendor cultural fue descendiendo, y perdiéndose, a causa de las circunstancias externas, especialmente el aislamiento de la región y la escasez de los pobladores, el interés por mantener estos estudios superiores. El estudio reducido de los dominicos, en el que sólo se estudiaba ya Teología Moral y Artes, la Cátedra de Teología del Convento de San Francisco y las clases de los dos maestros de Gramática que sostenía el municipio, fueron los únicos centros de enseñanza que existieron en los siglos XIV y XV. Sólo al final del siglo XVI y fundado por el obispo Esteban de Almeida, se creó en 1563 un estudio de los jesuitas que vendría a rivalizar con los existentes de dominicos y franciscanos.

Bibliografía

Díez de Revenga, F.J.: La Universidad de Murcia en la Historia: 75 aniversario de la IV Fundación, Universidad de Murcia, 1991.

Ibáñez Martín, J.: Discurso pronunciado por el Excelentísimo Sr. Ministro de Educación Nacional D. José Ibañez Martín en el acto académico solemne, conmemorativo del XXV Aniversario de la Funsación dela Universidad, Universidad de Murcia, 1940

La Universidad de Murcia en su Historia. Exposición conmemorativa de la Universidad de Murcia en su 75 Aniversario. Texto de María Concepción Ruiz Abellán. Comisario de la Exposición: Pascual vera Nicolás, Universidad de Murcia.

Ruiz Abellán, M.C.; Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la Guerra Civil (Murcia, 1936-1939), Real Academia Alfonso X el Sabio, 1993.