Universidad de Murcia

El primer Rector de la Universidad ocupó el cargo hasta 1939, salvo un corto período inferior a un año (29 abril 1929 - 5 abril 1930) en que fue sustituido por Recaredo Fernández de Velasco. Puede decirse por ello que la etapa Loustau va desde la inauguración hasta el final de la Guerra Civil, coincidiendo con las distintas fases de consolidación, intentos de supresión, precariedad económica y guerra y, en consecuencia, que la imagen de la Universidad queda vinculada a su imaginativa y certera gestión. Hay que señalar en primer lugar que de acuerdo con el Decreto fundacional los estudios de la Universidad de Murcia fueron los siguientes: "Las enseñanzas de la nueva Universidad serán todas las pertenecientes a la Licenciatura de Derecho con su curso preparatorio, o sea el primer grupo de los estudios comunes a las tres Secciones de la Facultad de Filosofía y Letras, constituido por las asignaturas de Lengua y Literatura Españolas, Lógica Fundamental e Historia de España, y el curso preparatorio para las Facultades de Medicina y Farmacia, que comprende las asignaturas de Física General, Química General, Mineralogía y Botánica y Zoología General, correspondientes al primer grupo de la de Ciencias".
 
Hacer el relato pormenorizado de esta Universidad sería repetir investigaciones valiosas llevadas a cabo principalmente por Diego Sánchez jara, que se ocupó de las vicisitudes del nacimiento del centro docente; por los autores del LBUM de Murcia, interesados sobre todo en fijar los aspectos que condicionaron el nacimiento de la institución y atentos a la estadística de profesores y alumnos; por Luis Valenciano Gayá, que al biografiar con excelente buen hacer la personalidad de José Loustau hizo la historia de la propia Universidad, entre otros autores e investigadores.
 
Pero de todos los aspectos que podrían llamar nuestra atención, hay que destacar la cuestión económica con toda su complejidad legal-institucional que nos permite ver la Universidad nacida para ser subvencionada por las rentas del Instituto y que, a partir de 1920, perdiendo su autonomía económica se convierte en una Universidad estatal subvencionada, como las restantes de España, con cargo a los fondos estatales. La labor de Loustau en este sentido fue hábil y sabia, ya que de la buena administración de las tales rentas consiguió extraer suficientes fondos para crear un Colegio Mayor, el primero de España, que llegaría a tener como huésped, en momento de dificultad económica local, al Presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora.
 
La Universidad estuvo instalada en principio, como ya sabemos, en el Instituto de Segunda Enseñanza, pero al poco tiempo (1920), se trasladó al edificio recién construido de las graduadas del Carmen, convirtiéndose en la que Jesús Quesada Sanz llamó «la Universidad del Barrio". El Colegio Mayor, creado en 1927, se instalaría en el edificio que, al final de la Alameda de Colón, hace esquina con la Plaza de la Media Luna. Al inaugurar el curso 1935-36, la Universidad, tras complejas gestiones de compra, relatadas con detalle por Luis Valenciano, se traslada, con el Colegio Mayor, al actual edificio contiguo a la iglesia de la Merced, que aún hoy sigue ocupando.
 
El número de alumnos de la nueva Universidad fue cuantioso en cifras absolutas, si hemos de tener en cuenta el extraordinario número de matriculados por enseñanza libre. Las estadísticas nos hablan de cifras totales en 1916-17, de 1.213 alumnos, de los cuales oficiales sólo eran 100 (32 de Derecho, 22 de Filosofía y Letras y 46 de Ciencias), mientras que en 1926-27, el total era de 2.147, de los que sólo 265 eran oficiales (135 de Derecho, 31 de Filosofía y 98 de Ciencias). Las cifras correspondientes a 1933-34, último que conocemos antes de la Guerra Civil, son bastante similares: Total de 1.904, de los cuales sólo son oficiales 166 (115 de Derecho; 30 de Filosofía y Letras y 21 de Ciencias). se destaca el desmesurado número de 1.366 alumnos en Derecho en ese año, que sigue la tónica general de¡ período de tiempo estudiado. Tales cifras han sido interpretadas por los autores del LBUM como signo claro de la escasa vitalidad académica de la Universidad, debida en gran parte al tono de provisionalidad que siempre presidió esta etapa y que se traducía en una gran inseguridad para los alumnos de la única Facultad existente: Derecho. Las otras dos, que funcionaban como meros preparatorios, sufren también de la misma psicosis y la de Ciencias más aún al no conseguirse la anhelada Facultad de Farmacia a partir de 1922-23, debido a la oposición de los profesionales locales.
 
Como señalamos, la Universidad sufrió constantemente en este tiempo una infravaloración notable por parte de las autoridades ministeriales y de las restantes universidades, que veían en la de Murcia la clásica ,cacicada» de los políticos locales que terminó por convertirse en un típico "coladero". Las cifras de alumnos libres pueden muy bien aludir a peregrinos que, procedentes de otras Facultades más duras, encontraban en Murcia refugio y aprobado fácil. No es extraño que la Universidad conociera por ello un intento serio de supresión materializado en un Decreto que llegó a aprobar el Consejo de Ministros de 28 de enero de 1929, con efectos de 30 de septiembre, aunque no llevado a la realidad, porque una sólida campaña, otra vez, de las fuerzas vivas de la región, consiguieron dejarlo sin efecto. La dimisión de Loustau en abril y su sustitución por otro gran profesor leal al ex-Rector, Recaredo Fernández de Velasco, la publicación de un documento de extraordinario interés en defensa de nuestro primer centro docente, titulado Crónica de la Universidad de Murcia, son algunos de los sucesos importantes acaecidos antes del 20 de septiembre de 1929 en que se consigue que la Universidad siga en pie. Los cambios políticos de la nación al principio de aquel otoño y la posterior dimisión de Fernández de Velasco terminan con la reposición de Loustau en el rectorado el 5 de abril de 1930, a petición por unanimidad del claustro de profesores.
 
Todavía conocería en 1932 la Universidad otra etapa en que el peligro de supresión se deja sentir en la ciudad y se lee en la prensa de la época. Pero la visita a Murcia, en marzo de aquel año, del presidente de la República, que se aloja en el Colegio Mayor, supone un respaldo a la institución, aunque todavía al final del año continúa la alarma produciéndose en los meses de noviembre y diciembre ciertas manifestaciones con huelga estudiantil incluida.
 
No vamos a alargarnos mucho más sobre esta etapa que culmina poco antes del comienzo de la Guerra Civil con la inauguración, en la apertura del curso 1935-36, del nuevo edificio comprado para la Universidad junto a la iglesia de la Merced. Hay que dar cuenta, sin embargo, de que a pesar de las dificultades, la actividad consolidadora del Rector Loustau, ha sido totalmente reconocida por los componentes de la Universidad y de la sociedad de Murcia en las décadas siguientes y, lo que es más significativo y valioso, por los historiadores especializados.

Bibliografía

Díez de Revenga, F.J.: La Universidad de Murcia en la Historia: 75 aniversario de la IV Fundación, Universidad de Murcia, 1991.

Ibáñez Martín, J.: Discurso pronunciado por el Excelentísimo Sr. Ministro de Educación Nacional D. José Ibañez Martín en el acto académico solemne, conmemorativo del XXV Aniversario de la Funsación dela Universidad, Universidad de Murcia, 1940

La Universidad de Murcia en su Historia. Exposición conmemorativa de la Universidad de Murcia en su 75 Aniversario. Texto de María Concepción Ruiz Abellán. Comisario de la Exposición: Pascual vera Nicolás, Universidad de Murcia.

Ruiz Abellán, M.C.; Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la Guerra Civil (Murcia, 1936-1939), Real Academia Alfonso X el Sabio, 1993.