Universidad de Murcia

La Fundación del Seminario de San Fulgencio

En 1599 comienza a funcionar como Colegio-Seminario el de Nuestra Señora de la Anunciata, merced a una donación del Dr. Juan de Cifuentes, ahogado de los Reales Consejos, quien en su testamento encomienda su dirección al Rector de la Compañía de Jesús en Murcia. A este Centro otorgaría Fernando Vi el título de Colegio Real, aunque pronto cesaría en sus actividades a causa de la expulsión de los jesuitas.
En San Francisco seguiría durante todos estos años funcionando el conocido colegio que recibiría un importante impulso en 1619, gracias a la fundación instituida en el testamento de don Francisco Ruiz de Alarcón. En 1710 se trasformaría en el Colegio de la Purísima, con estudios de Teología, Filosofía y Humanidades, logrando alcanzar gran preponderancia en el mundo científico y literario de la región.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de Murcia, Fernando de Loaces, que luego sería arzobispo de Tarragona, funda en 1545 un colegio en el convento de la Orden de Predicadores que, con el tiempo, alcanzaría el rango de Universidad, la primera que recibiría tal nombre en toda la región. El Papa Julio III le concedió en 1552 la facultad para otorgar todos los grados académicos, Bachiller, Licenciado y Doctor en Artes y en Teología, mientras que en 1569 el Papa Pío V la eleva al rango de Universidad tanto para clérigos como para seglares. Los privilegios pontificios tendrían pronto su correspondencia civil, ya que Felipe IV, en 1646, le otorga el título de Universidad regia con iguales derechos que el resto de las universidades del reino. Los estatutos fueron aprobados en 1655 y la Universidad de Oribuela tuvo vida hasta 1807, en que el Plan Caballero convertía en Colegios de Segunda Enseñanza las Universidades de Toledo, Osma, Oñate, Orihuela, Ávila, Irache, Baeza, Osuna, Almagro, Gandía y Sigüenza, según señalan Hortensia de la Viña y los autores del LBUM (LibroBlanco de la Universidad de Murcia): «Tal criterio restrictivo respecto al número de universidades sería mantenido en la reforma educativa liberal gaditana (informe Quintana y Proyecto de 1814), en el trienio liberal (Reglamento de 1821) y en el Plan Calomarde de 1824, de nuevo bajo el absolutismo fernandino. Al menos en esta cuestión -concluyen- coincidían ambas posiciones ideológicas, lo que no venía a ser más que un mero reconocimiento legal de un hecho: el de la decadencia y falta total de medios financieros y personales de dichas universidades.
La existencia de la Universidad de Orihuela durante tantos años restó a Murcia posibilidades de establecer una Universidad dada la proximidad geográfica. La fundación del Seminario de San Fulgencio en Murcia en 1592, y los diferentes pasos caminados en busca de una titularidad parauniversitaria por parte de este centro eclesiástico, hubieron de contribuir del mismo modo a que la fecha de la fundación de la Universidad fuese retrasándose. En cualquier caso, el Seminario, durante siglos, recogió las aspiraciones de las clases ilustradas de la ciudad, y en él estudiaron importantes personajes como Floridablanca, Clemencín, etc. Por todo ello, el estudio de esta institución como antecedente de la Universidad de Murcia es obligado. Hay que tener en cuenta el papel desempeñado por el Seminario Conciliar de San Fulgencio como centro de estudios de carácter no sólo eclesiástico, sino también jurídico y filosófico y la relación de este importante centro de educación con la idea de Universidad, que varió según las épocas, ya que en diferente medida se acercó en unos años o en otros a la concepción de Universidad como centro de obtención de títulos o grado de doctor o licenciado.
La creación del Seminario data del 19 de agosto de 1592 en que el obispo de Cartagena don Sancho Dávila y Toledo da cumplimiento con su fundación a las disposiciones emanadas del Concilio de Trento. La aprobación definitiva se solicita a la Santa Sede el 4 de junio de 1595 y es otorgada por el Papa Pablo V el 7 de enero de 1614. Las enseñanzas de los primeros años se ciñeron especialmente a las cátedras de Gramática y Retórica ya existentes con anterioridad en la Catedral, a las que se añaden clases de Teología y Moral. Como señala Fernando Jiménez de Gregorio en su trabajo sobre "El Colegío-Seminario Conciliar de San Fulgencío" "la modestia docente y la parquedad económica con que se inicia su labor iba a caracterizar su vida en el siglo XVII e influir en sus derroteros en los comienzos de la centuria siguiente. El Colegio-Seminario fue en el siglo XVII una mediana escuela para dramáticos y no el centro de formación sacerdotal que ideara el concilio tridentino al disponer la fundación de colegios-seminarios que contribuyeran a elevar el nivel intelectual de los futuros eclesiásticos..
Aunque es, en efecto, en el siglo XVIII cuando el Seminario adquiere un cierto esplendor, justo es señalar que, a pesar de su pobreza, en torno a él y a sus profesores, se formaron los círculos culturales de la Murcia barroca. En este sentido, hay que destacar la labor y la presencia del humanista Licenciado Francisco Cascales, una de las voces más respetadas en su tiempo en toda España, y la significación del que fue Rector del Seminario durante el segundo tercio del siglo XVII, el poeta murciano Salvador Jacinto Polo de Medina. En torno a él, se desarrollaron en su tiempo las tertulias literarias que congregaban a nobles, eclesiásticos e hidalgos cultos acerca de los temas galantes y profundos de la literatura de la época como han estudiado Juan Barceló Jiménez y Francisco Javier Díez de Revenga. El cardenal Belluga, ante la escasa formación que recibían los seminaristas en su centro, dispuso, ya entrado el siglo XVIII, que sus escolares asistiesen a los Colegios Superiores que en la ciudad mantenían dominicos, franciscanos y jesuitas, pudiendo elegir el que deseasen de los tres según sus preferencias, ya que estos años los dominicos practicaban el tomismo, los franciscanos el escotismo y los jesuitas seguían los postulados del padre Suárez. Participaron así los seminaristas, a la hora de realizar sus estudios superiores, en el sano con traste de modos de entender la filosofía y la teología que distinguía a las tres órdenes religiosas citadas. Como señala Jiménez de Gregorio, rivalizaban los tres Colegios Regulares, en esta época, en mantener un profesorado competente, distribuyéndose los fulgentinos según sus inclinaciones y simpatías, en cualquiera de ellos, no pudiendo, una vez elegido, variar de escuela sin permiso del Prelado".
Conocemos, por las Constituciones del centro, otorgadas por Belluga en 1707, pormenores muy interesantes de la enseñanza, el entorno social y las características de este centro de docencia, aun que ha de advertirse siempre la extraordinaria pobreza del establecimiento y el bajo nivel de los estudios. Por ello, Belluga luchó por dignificar la enseñanza e intensificar el estudio, especializado con nuevas fundaciones, las enseñanzas recibidas por cada seminarista. En el Colegio de San Leandro, creado entonces, se estudiaría Gramática, Música y Canto, mientras que en el de San Isidoro, fundado en 1733 y aprobado por un Breve de Clemente XII, con la protección de Felipe V que le dotó de cuantiosas rentas perpetuas, estudiarían los teólogos, aunque no comenzó a funcionar hasta bastantes años después.

Primeras enseñanzas que relacionan a San Fulgencio con la Universidad

Las primeras enseñanzas que relacionan a San Fulgencio con la futura Universidad de Murcia, surgen ya al final de la vida de Belluga, ya que en 1741 –dos años antes de su muerte dispone la fundación a sus expensas de dos cátedras que se situarán en San Fulgencio, una de Derecho Civil y otra de Derecho Canónico, que empezarían a funcionar en 1745. De la trascendencia de estas fundaciones nos avisaría Jiménez de Gregorio, cuando destaca que se advierte a partir de aquel año "una decadencia cada vez más acentuada, de los estudios de Filosofía y Teología. A los de Derecho -continúa el citado investigador- asisten estudiantes que van a seguir profesiones civiles, llamados manteístas. Esta dualidad de alumnos necesariamente había de contribuir a deformar los esenciales fines del Colegio-Seminario, enquistando en el mismo un elemento extraño y perturbador".
Muy interesantes, por lo reveladoras de su carácter eminentemente minoritario, son las cifras de alumnos que se manejan en los documentos de la época. He aquí algunos ejemplos: San Leandro contaba en su fundación con doce plazas para alumnos, mientras que San Isidoro disponía de veinte becas. En 1740, cuando San Fulgencio comenzaba su esplendor, contaba tan sólo con noventa alumnos que aumentan diez años después a ciento diez debido sobre todo a las Cátedras de Leyes. En 1754 había 180 y en 1770 se contaba ya con 267.
Una época de brillantez conoció el Seminario en época del obispo Rojas Contreras, que fomentó los estudios eclesiásticos y pretendió, sin conseguirlo, suprimir los estudios legistas. En su época se termina la construcción de San Fulgencio y se levantan San Leandro y San Isidoro, que se inaugura al comenzar 1767. Se plantea una vez más la necesidad de una Universidad, según podemos leer en el informe del obispo Rojas de 1767, recogido también por Jiménez de Gregorio: "Si se fundase Universidad en esta ciudad en la que se confiriesen grados de todas las Facultades, sería de mucha utilidad y correspondiente a su situación y concurso de discípulos que todos necesitan ahora irse a Orihuela y Granada". Pero en la época de este obispo nada más se consiguió: arreciaron las polémicas entre escuelas, la expulsión de los jesuitas agravó las cosas y descendió el nivel de la enseñanza
Retraro del Obispo Rubín de Celis
El obispo Rubín de Celis convirtió en la práctica el Seminario de San Fulgencio a partir de 1773 en una Universidad, dotándola de cátedras y mejorando sus planes de estudios.
Tendría que venir el obispo siguiente, a partir de 1773 Rubín de Celis, para que volviese a acariciarse la idea de Universidad para Murcia, esta vez en colaboración con el poderoso Floridablanca, y en el mejor momento para la ciudad, ya que el esplendor cultural en aquella época era notable, mientras los estudios de Santo Domingo habían decaído y los jesuitas habían desaparecido del mapa nacional. Rubín consiguió convertir, en la práctica, a San Fulgencio en una Universidad, dotó Cátedras, reformó y mejoró planes de estudios, aumentó el número de seminaristas y, lo que técnicamente es fundamental, obtuvo del estado el privilegio de otorgar títulos superiores basándose en la inexistencia de Universidad en el reino. Y así se consiguió que se pudiesen cursar estudios, que se convalidarían en las Universidades de Orihuela o de Granada, mediante un simple trámite, de Artes y Teología en 1777 y de Leyes en 1781, a pesar del parecer desfavorable de Cabildo Municipal que veía, si se otorgaban estos privilegios a San Fulgencio, perdida para siempre la posibilidad de obtener para Murcia una Universidad. Y sería en 1783 cuando por Real Cédula se obtendrá la plena autonomía al conseguir habilitar al Seminario para la colación de grados menores de Artes, Teología, Leyes y Cánones, de igual valor y aprecio que el conferido por cualquiera de las Universidades aprobadas. La misma Real Cédula nos habla de lo riguroso de los exámenes y de la duración de las carreras: Artes, tres años; Teología, cuatro; Leyes, cuatro; y Cánones, cuatro. Vuelve el esplendor al Seminario, pero los sucesores de Rubín de Celis lucharon contra la infiltración de los estudios civiles en el centro, consiguiendo suprimir en 1806, las Cátedras de Derecho Civil y Cánones, y acabando así con los problemas producidos por lo que Vicente de la Fuente llamó idea «descabellada y nada viable (que) salió en gran parte de la cabeza de Floridablanca". se abortó, así, definitivamente, la posibilidad de crear una Universidad, y el error no fue otro, como señalara el Cabildo Municipal en 1783, que otorgar privilegios a quienes sin duda no correspondían. Jiménez de Gregorio, cuya monografía revela todas las inquietudes y penas del establecimiento conciliar, resume este pegote en el Seminario con palabras certeras: "Cuánto más fácil le hubiera sido al poderoso ministro crear de nueva planta la necesaria y deseada Universidad que edificar sobre cimientos inadecuados".
Durante todo este tiempo han funcionado los Colegios religiosos superiores de Dominicos, Franciscanos y Jesuitas, como ya sabemos, aunque éste último sólo hasta la fecha de la expulsión. Pero con la entrada del siglo XIX, los distintos cambios sociales y políticos afectarán de manera muy intensa al mundo de la educación y de la enseñanza, y pondrán en numerosas ocasiones, en situación comprometida a la enseñanza eclesiástica, que ha de dejar paso a la poderosa enseñanza estatal creada y engrandecido en las distintas oleadas de libertad de enseñanza que se suceden a lo largo de la centuria. De esta situación precisamente, surgirán las dos universidades murcianas del siglo XIX, coincidiendo en 1840 y en 1869, con períodos de libertad política.

 

Bibliografía

Díez de Revenga, F.J.: La Universidad de Murcia en la Historia: 75 aniversario de la IV Fundación, Universidad de Murcia, 1991.

Ibáñez Martín, J.: Discurso pronunciado por el Excelentísimo Sr. Ministro de Educación Nacional D. José Ibañez Martín en el acto académico solemne, conmemorativo del XXV Aniversario de la Funsación dela Universidad, Universidad de Murcia, 1940

La Universidad de Murcia en su Historia. Exposición conmemorativa de la Universidad de Murcia en su 75 Aniversario. Texto de María Concepción Ruiz Abellán. Comisario de la Exposición: Pascual vera Nicolás, Universidad de Murcia.

Ruiz Abellán, M.C.; Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la Guerra Civil (Murcia, 1936-1939), Real Academia Alfonso X el Sabio, 1993.