Universidad de Murcia

Desde el final de la Guerra Civil hasta 1975, la Universidad de Murcia desarrolla una larga etapa que configura su existencia como la de una Universidad provinciana, en la que el crecimiento es prácticamente nulo, en contraste con el resto de las universidades españolas y sin prestar el adecuado servicio a la sociedad regional que en este tiempo experimenta un extraordinario desarrollo. Sólo es excepción a esta actitud la creación de la Facultad de Medicina, debida en gran parte a la extraordinaria presión de las corporaciones provinciales y locales, en el año 1968. Sabido es que el gobierno de la Universidad en este tiempo conoce sólo dos rectorados, el del catedrático de Derecho Canónico Jesús Mérida (1939-1944) que deja el Rectorado para acceder al Obispado de Astorga y el del catedrático de Derecho Civil Manuel Batlle Vázquez, que ocupa el larguísimo período entre 1944 y 1975.
 
Durante este tiempo que ha quedado estudiado en profundidad por los autores del LBUM y por María Encarna Nicolás en su riguroso estudio Instituciones murcianas en el franquismo, las facultades apenas cambian respecto a sus enseñanzas y especialidades con respecto al período anterior a la Guerra Civil. Derecho permanece a lo largo de todos estos años exactamente igual, viendo pasar por sus aulas un buen número de catedráticos que prefieren trasladarse a otra Universidad, mientras que sólo unos pocos, con el Rector Batlle al frente, se deciden a permanecer en la ciudad del Segura. Tal aspecto afecta aún más seriamente a la Facultad de Filosofía y Letras, que llega a conocer un período de tiempo sin ningún catedrático lo que obliga al Rector Mérida a ocupar el Decanato. La Facultad había sido creada legalmente en 1935, cuando se le concedió la Licenciatura en Ciencias Históricas que no llegó a funcionar. En los años a que nos referimos apenas si conoce progreso: en 1940 se crea una Sección de Filosofía Pura que sustituye a la de Ciencias Históricas, a la que se añade en 1943 la Sección de Filología Clásica, sustituida en 1944 por la de Filología Románica, que se impartiría sin interrupción hasta 1973, con la reforma de los estudios universitarios. En 1954 volvió a cambiarse Filosofía por Historia, y únicamente en 1967, gracias al interés incansable de Manuel Muñoz Cortés, se crea la anhelada sección de Filología Francesa, notable excepción en el período que nos ocupa. La Facultad conoce prácticamente un solo Decanato en este tiempo, convirtiéndose en imagen reducida de lo que ocurría con toda la Universidad: el Decanato del catedrático de Historia de España Luciano de la Calzada Rodríguez, que ocupa el cargo entre 1944 y 1974.
 
Por último, la Facultad de Ciencias inicia la posguerra en condiciones legales muy oscuras ya que, sin estar constituida como Facultad, otorga la Licenciatura de Químicas, única especialidad existente hasta el período de expansión. La Facultad, que se crea por Decreto en 1944, sólo conoce en este tiempo dos Decanatos: el del veterano y respetado Loustau (1940-1962) y del catedrático de Química Analítica Francisco Sierra (1962-1977).
 
Tres rasgos distintivos han caracterizado la Universidad de Murcia, según señalan los especialistas citados, en este período: estancamiento académico, ya que en 1975 había, prácticamente, las mismas enseñanzas que en 1939; profesorado titular trashumante, porque son muy pocos los catedráticos que han alcanzado la jubilación en la Universidad murciana en este tiempo, con el consiguiente perjuicio para la enseñanza y la formación de escuelas de investigación; y, por último, escasísimo número de alumnos, consecuencia lógica de los dos anteriores rasgos y determinante del carácter de Universidad minoritaria y pacífica en contraste con el resto de las universidades españolas que habían multiplicado por 6 o por 7 la cifra de alumnos en este tiempo, mientras que Murcia arrojó las siguientes: 1.036 alumnos en 1940; 1.117 en 1961, y 2.094 en 1968.
 
A pesar del severo juicio que la etapa ha merecido para los historiadores especializados, que no han dudado en valorar muy negativamente este período académico, y también a pesar de la fría objetividad de los datos manejados que revelan un indiscutible estancamiento, son muchos los componentes de la Universidad, tanto catedráticos como profesores de distintas categorías, que siguiendo el ejemplo lleno de dignidad de Loustau lucharon individualmente por construir una Universidad, en contra de las adversas circunstancias, seria y rigurosa, realizando una labor de investigación personal muy estimable y meritoria, creando las primeras escuelas de investigación y profesorado, sembrando en terreno muchas veces yermo la semilla que, sin embargo, ha hecho posible en la etapa de expansión, el actual crecimiento de la Universidad de Murcia, con la corrección de los principales defectos antes aludidos.

Bibliografía

Díez de Revenga, F.J.: La Universidad de Murcia en la Historia: 75 aniversario de la IV Fundación, Universidad de Murcia, 1991.

Ibáñez Martín, J.: Discurso pronunciado por el Excelentísimo Sr. Ministro de Educación Nacional D. José Ibañez Martín en el acto académico solemne, conmemorativo del XXV Aniversario de la Funsación dela Universidad, Universidad de Murcia, 1940

La Universidad de Murcia en su Historia. Exposición conmemorativa de la Universidad de Murcia en su 75 Aniversario. Texto de María Concepción Ruiz Abellán. Comisario de la Exposición: Pascual vera Nicolás, Universidad de Murcia.

Ruiz Abellán, M.C.; Cultura y ocio en una ciudad de retaguardia durante la Guerra Civil (Murcia, 1936-1939), Real Academia Alfonso X el Sabio, 1993.