Facultad de Filosofía

Los estudios de Filosofía analizan nuestra condición humana, es decir, nuestra experiencia del mundo y nuestro lugar en él. En ellos se ejerce una interrogación metódica y crítica sobre la historia de los diferentes sistemas de pensamiento, sobre el conocimiento empírico de la realidad, sobre las formas de expresión artística y lingüística, y sobre los fundamentos de la vida ética y la convivencia política. Además, estos estudios se caracterizan por la vocación de universalidad y por el diálogo permanente que mantienen con las diferentes épocas, culturas, lenguas y saberes. Por todo ello, son esenciales para comprender la historia, el presente y el porvenir de la humanidad.

Desde los orígenes de la civilización occidental y de las instituciones académicas, comenzando por la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles, la Filosofía se ha ocupado de los problemas universales de la existencia humana, mediante el ejercicio del pensamiento libre, la argumentación racional y el debate público. Por eso, los estudios filosóficos han estado siempre presentes y han tenido un papel decisivo en la tradición cultural de Occidente.

La formación de la Europa moderna, que ha cristalizado en la Unión Europea y en la creación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), no puede ser comprendida sin la Filosofía. Desde la Grecia antigua, pasando por el Imperio romano, la Escolástica medieval, el Renacimiento, la Ilustración y las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo (positivismo, liberalismo, marxismo, vitalismo, pragmatismo, fenomenología, hermenéutica, existencialismo, estructuralismo, filosofía analítica, filosofías de la diferencia, etc.), la Filosofía ha jugado un papel decisivo en la configuración de un espacio cultural europeo, fundado sobre el pensamiento racional crítico, la libertad de conciencia, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, el cultivo del arte y la literatura, y, por último, el reconocimiento de la dignidad y los derechos inalienables de todos los seres humanos. Nuestro reto consiste en renovar y adecuar ese papel de la Filosofía a las características y exigencias de la sociedad actual.

La relevancia internacional de la Filosofía, no sólo en Occidente sino en todo el mundo, ha sido acreditada en muchas ocasiones por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desde su constitución en 1945. Véase la página de la UNESCO dedicada a la Filosofía. Merece la pena consultar también el estudio que ha publicado recientemente, con el título: La Filosofía, una escuela de la libertad (2011).

En las últimas décadas, estamos asistiendo a una creciente interdependencia entre todos los pueblos de la Tierra, y a profundas transformaciones de los saberes tecnocientíficos, las formas de convivencia sociopolítica y las modalidades de expresión artística y literaria. Los estudios de Filosofía pueden proporcionar la formación adecuada para comprender estas interdependencias y transformaciones, y para establecer un diálogo racional entre las diferentes culturas y entre los diferentes campos de la experiencia humana.

Los saberes tecnocientíficos ocupan un lugar preeminente en la sociedad actual, pues contribuyen a mejorar nuestra comprensión de la Naturaleza y nuestro bienestar social, por medio de numerosas innovaciones técnicas. Pero estas innovaciones conllevan también cambios sociales y culturales, riesgos sanitarios y ambientales (desde las modificaciones del genoma humano hasta el cambio climático antropogénico), dilemas éticos, conflictos políticos y enfrentamientos religiosos. Por todo ello, requieren de un examen crítico y de un debate público y democrático, en el que es ineludible recurrir a los instrumentos conceptuales, los procedimientos argumentativos y el rico legado intelectual de la reflexión filosófica.

Por eso, el conocimiento que necesitamos en el siglo XXI, como ya escribió el filósofo español José Ortega y Gasset en su obra Misión de la Universidad (1930), no puede consistir solo en los avances tecnocientíficos, sino también en otro tipo de saberes que tienen que ver con las artes, las humanidades y las ciencias sociales, es decir, con el conjunto de las experiencias históricas, políticas y culturales que hemos heredado del pasado y que no podemos dejar de preservar para las generaciones futuras, y con el cultivo metódico de toda una serie de capacidades que proporcionen a los estudiantes universitarios no solo una cualificación profesional especializada sino también una formación cívica e intelectual "a la altura de nuestro tiempo".

No podemos seguir manteniendo la vieja disociación entre las "dos culturas" (tecnocientífica y humanística), sino que es preciso avanzar hacia una "tercera cultura" interdisciplinar y hacia lo que Edgar Morin ha llamado la "democracia cognitiva", es decir, hacia una formación a un tiempo científica y humanística que capacite a los hombres y mujeres del siglo XXI para comprender las complejas interacciones entre la ciencia y la sociedad, entre la tecnosfera humana y la biosfera terrestre, entre las diferentes tradiciones culturales y las aceleradas transformaciones de la sociedad global. Porque la humanidad se enfrenta hoy al doble reto de preservar su supervivencia colectiva y elaborar nuevas formas de convivencia a escala mundial.

La Filosofía tiene un papel decisivo en la creación de esta "tercera cultura" mundial. Por eso, es necesario contar con graduados, másteres y doctores de ambos sexos que tengan una formación especializada en estos estudios, para que puedan desempeñar de forma cualificada una actividad profesional en los diversos campos donde se requiere el ejercicio de la reflexión, el diálogo y la deliberación: la docencia en educación secundaria y universitaria; la investigación especializada; la gestión cívica, editorial y cultural; y, por último, el asesoramiento y consultoría en materias tan diversas como bioética, responsabilidad corporativa, convivencia intercultural, mediación social, comunicación audiovisual, orientación personal, etc.