Servicio de Cultura
Isabelle García Molina
Nació a la poesía a los diez años cuando para la clase de recitación tuvo que aprenderse de memoria textos de los grandes poetas franceses del siglo XX.
Prévert la atrapó, y Verlaine le puso los grilletes de por vida. Después, llegó otra lengua; y Bécquer, Quevedo y Juan Ramón prepararon el cadalso que cada día otea desde su cárcel, segura de subir a él algún día si la prosa no lo remedia.Por eso lee tanto. Por eso organiza tantos actos literarios: busca redimirse.
La escritura es sólo un pasatiempo, un modo de comprobar que escribir no es tarea fácil, ni grata, ni está a su alcance. Prefiere entonces entretener los largos días de presidio promocionando a los que sí saben hacerlo, sea poesía o narrativa, editándoles en cualquier soporte y formato, impartiendo talleres, participando como jurado en premios, haciendo crítica en Prensa o publicando artículos y reseñas, entre otras cosas.
Por eso ha dirigido otros proyectos y dirige el Aula de Poesía. Sólo para redimirse.


