REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS


INTERDISCIPLINARIEDAD EN LA CIENCIA:
PUNTOS DE ENCUENTRO ENTRE LINGÜÍSTICA APLICADA Y DOCUMENTACIÓN.

Piedad Fernández Toledo
(Universidad de Murcia)

 

 

1. Introducción. Multidisciplinariedad e interdisciplinariedad en las ciencias

 

El diccionario de María Moliner recoge las siguientes definiciones de los términos multidisciplinar e interdisciplinar:

- Multidisciplinar: común a varias disciplinas o materias.

- Interdisciplinar o interdisciplinario: que engloba varias disciplinas o supone la colaboración de varias de ellas. “El informe sobre el alcoholismo ha sido elaborado por un equipo interdisciplinar.”

        

El estudio del lenguaje ha sido desde siempre una tarea común a variadas disciplinas, aunque en cada una se haya abordado con distintos matices. En Filología se han estudiado lenguas concretas y la producción literaria asociada a ellas, muchas veces con un enfoque diacrónico, en Lingüística su descripción se aborda desde una perspectiva más universal. En Historia, por otro lado, áreas como la Paleografía han analizado la escritura y el lenguaje de otras épocas para comprender el fenómeno histórico y sus instituciones. Disciplinas tan modernas como Publicidad y Marketing analizan el lenguaje desde una perspectiva semiótica, esencial para comprender los fenómenos publicitarios (persuasión, lenguaje como reflejo de la realidad…). En Documentación el lenguaje se estudia como instrumento clave para la transmisión de información y así sucesivamente.

Por otro lado, los enfoques interdisciplinares permiten acercarse a un mismo fenómeno desde distintos ángulos, ofreciendo de este modo una imagen más completa y enriquecedora, llena de matices procedentes de los distintos métodos utilizados. Es el caso de la investigación llevada a cabo recientemente en la Universidad de Murcia sobre las Partidas de Alfonso X el Sabio, que ha reunido a estudiosos provenientes de la Historia del Derecho, la Filología y la Historia Medieval, de manera que la información recopilada desde cada ángulo sirve para una mejor comprensión de estos documentos y de sus diferentes dimensiones (lingüística, histórica, social, legal…) por parte de todos.

     La gestión de información hoy en día se ha convertido en un contenido multidisciplinar, como se ilustrará a continuación. Y actualmente más que nunca es necesaria la colaboración interdisciplinar de áreas que comparten aspectos tan íntimamente ligados como son la información y el lenguaje, caso de los documentalistas y los lingüistas (por poner un ejemplo). Muchas veces las barreras que separan unas y otras áreas son tan tenues en la práctica que encontramos a profesionales provenientes de distintos ámbitos trabajando en tareas no ya similares, sino idénticas. Sería interesante, pues, detectar esos puntos de encuentro o de similitud en la aplicación de distintas disciplinas científicas, para conseguir la colaboración mutua de los profesionales en su resolución, con el consiguiente enriquecimiento por parte de todos.

 

2. El paradigma cognitivo y el modelo de procesamiento de información como contenido multidisciplinar

 

Los distintos paradigmas científicos han utilizado una óptica específica para abordar la realidad. Así, el estructuralismo se basó ampliamente en la noción de lenguaje como sistema, la pragmática pone el énfasis en el contexto de comunicación y el cognitivismo, paradigma que lo impregna todo hoy en día, se basa ampliamente en la noción de gestión del conocimiento, como modelo propio de la sociedad de la información (Alcaraz 2002). En este paradigma el lenguaje es una función cognitiva. Y llegamos al conocimiento a través de la captación y asimilación (o gestión eficaz) de la información.

 

  

2.1. La gestión de información en Documentación y la Documentación Científica

 

El concepto de Documentación en sí tiene varias acepciones. Considerada como objeto, se trata del conjunto de documentos cuyo objetivo es cubrir las necesidades informativas de un usuario potencial o real. Considerada como un proceso, sus fases serían lo que se ha llamado cadena documentalpor parte de diversos autores (por ejemplo, Coll Vinent y Bernal Cruz 1994): la selección,el tratamiento,la recuperación y la difusión de la información. En esto consiste básicamente la gestión de información. Por otro lado, la Documentación como ciencia, o Documentología,es la disciplina que estudia los documentos y el Proceso Documental. Gallego Roca (1999: 238) ofrece la siguiente definición de Documentación, que incide en su utilidad para la transmisión científica:

 

[...] la documentación hace suyo el deseo enciclopedista de dotar de un sistema a la memoria cultural y científica por medio de los resúmenes, los índices y las referencias.

 

La labor del documentalista como analista del contenido y gestor de la información se hace indispensable para la transmisión y difusión del conocimiento científico. La elaboración de documentos secundarios (referencias de los originales), permite que los usuarios de la Ciencia podamos acceder a la información utilizando los mismos descriptores o palabras clave y las técnicas destinadas a su almacenamiento previo, tal y como se refleja en el esquema (fig. 1). La búsqueda de información relevante sería asimismo una tarea insufrible, si no imposible, de no ser por la existencia de los índices, abstracts, tesauros y demás documentos intermedios entre el documento original y el usuario.

 


Fig. 1. Esquema del proceso de transferencia de la información científica (en Pérez Álvarez Ossorio 1990:11)

 

2.2. La gestión de información en Lingüística Aplicada

 

A medida que las técnicas de procesamiento de la información han inundado la metodología de análisis del lenguaje, los conceptos de un ámbito se han trasladado al otro. Así, el almacenamiento del lenguaje en forma de corpus lingüístico para una primera fase de descripción y elaboración de obras lexicográficas descriptivas (Cobuild, diccionario CUMBRE) han dado paso a las técnicas sofisticadas de análisis de córpora para extraer datos basados en la frecuencia de términos, sus combinaciones sintácticas, semánticas, etc. (Krishnamurthy 2001; Sánchez 2001).

En Lenguas con Fines Específicos las técnicas de análisis de córpora permiten una aproximación más detallada y fiable a los lenguajes de especialidad. Algunos trabajos en España en este sentido son los de Gil Salom et al. (2001), sobre las características del inglés científico-técnico, o la investigación de Curado Fuentes (2001) en torno a los comportamientos léxicos y la frecuencia relativa de términos de documentación y tecnologías de la información en varios campos de especialidad, con la extracción de conclusiones de cara a la enseñanza en un ámbito contrastivo.

Un paso más es la introducción del concepto de palabra clave en ámbitos ajenos a la Documentación como es la gestión de córpora. Mike Scott (2003) habla de palabras clave, término habitualmente usado como técnica de Análisis Documental, con el matiz de que aquí el objetivo es averiguar los campos léxicos y datos relacionados (relaciones textuales, características de textos determinados, densidad léxica, etc.), ya  sea por extraer conclusiones acerca de la configuración del lenguaje per se, o de cara a su enseñanza en el ámbito del Inglés Profesional y Académico (IPA).

Tim Johns (2003), por su parte, habiendo trabajado largo tiempo con córpora y con programas de concordancias como el MicroConcord, diseñado por él mismo, ofrece también una serie de líneas a seguir en la enseñanza contrastiva de idiomas. Así, utilizando estos bancos de información se puede, entre otras cosas, hacer a los alumnos partícipes en poco tiempo de las interacciones entre léxico y sintaxis que a menudo se han visto relegadas a un segundo plano por la separación de ambos planos. Algunos de los beneficios del uso de datos extraídos de córpora que Johns (2003) menciona son el facilitar un aprendizaje por descubrimiento, el análisis de un lenguaje auténtico y el acceso directo al lenguaje natural, tal como se usa. El banco de datos o corpus hace un papel similar al de los ejemplos de una entrada de diccionario, sólo que de manera más exhaustiva, fiable y adaptada a las necesidades en algunos casos.

Corpas (2002) propone para el ejercicio de la traducción la creación de mini- córpora adaptados a las necesidades particulares de los traductores, a partir de bancos de textos comparables (es decir, similares en cuanto a registro, género y temática al texto origen, principalmente en la lengua meta).

 

Como vemos, éstos son sólo varios ejemplos de cómo las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) van inundando las disciplinas del lenguaje y la Lingüística Aplicada, marcando el método en una especie de revolución con respecto al pasado más inmediato.

 

Por otro lado observamos que, mientras que las Ciencias de la Información necesitan de un lenguaje para procesar la información y gestionar el conocimiento, las Ciencias del Lenguaje encuentran una necesidad de conocer las convenciones de transmisión de la información para describir el uso lingüístico. Así, en Lingüística Cognitiva se habla de “cognición contextualizada” (situated cognition) aludiendo de alguna manera a las convenciones contextuales de transmisión de información que en el IPA se asocian a los distintos géneros, objeto también de la Retórica, y de la Socio-retórica de la Comunicación. Siendo el conocimiento, la información y el lenguaje entidades tan íntimamente ligadas (el conocimiento podría considerarse como la información procesada a través del lenguaje), no es de extrañar que las actividades en torno a ellas también tengan muchos puntos de confluencia. Esta relación se hace especialmente evidente en el ámbito de la difusión del conocimiento científico.

        

 

3.     La difusión del conocimiento científico y el lenguaje

 

Lenguaje y Ciencia han ido unidos en una relación simbiótica, como comenta Martín Municio (1998):

 

Ante la gran coincidencia de los filósofos de que la filosofía es idéntica a la investigación de la lengua- Carnap-; de que toda filosofía es crítica de la lengua – Wittgenstein-; o de que toda filosofía es en el fondo filología- Unamuno-; resulta no menos cierto que la Ciencia y, por ende, la descripción científica, comparten con el lenguaje el meollo de sus problemas. Ya Lavoisier estableció que el progreso de una ciencia y el progreso de su lenguaje son inseparables.[…] En cualquier caso, no hay Ciencia ni método científico sin ideas precisas, ni ideas precisas sin palabras exactas.” [...] El desarrollo de la Ciencia y la continua aparición de nuevos dominios de la Ciencia van acompañados de una necesidad de superación del lenguaje natural. (Martín Municio 1998: 11)

 

La gestión del conocimiento es, básicamente, la gestión de su lenguaje. En el caso del conocimiento científico su difusión parece depender del conocimiento de al menos tres tipos de lenguaje: la terminología científica, el inglés como idioma de difusión de la ciencia y el lenguaje de la documentación científica, como se expone en las siguientes secciones.

  

 

3.1. El lenguaje científico y la terminología

 

La terminología es, según Cabré (1999), el modo de representación de la realidad especializada:

 

Cada unidad terminológica corresponde a un nudo cognitivo dentro de un campo de especialidad, y el conjunto de dichos nudos, conectados por relaciones específicas, constituye la representación conceptual de dicha especialidad. (Cabré 1999: 25)

 

Ahora bien, ¿en qué consiste dicha especialidad? Hoffmann (1987) (en Cabré 2002: 31) combina cuatro variables de análisis para la caracterización de los textos especializados: nivel de abstracción, forma lingüística, ámbito y relación entre los participantes. Cuanto más alto es el nivel de abstracción más mono-referencial o preciso es el lenguaje, que se reduce a símbolos en el caso de las Ciencias llamadas por Hoffman “fundamentales”, en el contexto de una comunicación de científico a científico. En el otro límite de especialización se encuentra un lenguaje natural con algunos términos especializados y sintaxis libre, en un ámbito más divulgativo y donde la comunicación se da entre no expertos.

     Cabré (1999) considera también el tipo de interlocutores en la transmisión del conocimiento científico, estableciendo tres casos:

-         de especialistas a especialistas (a través de revistas, foros digitales, congresos, etc.);

-         de especialistas a aprendices, esencialmente a través de libros de texto;

-         de especialistas a la sociedad en general, mediante revistas de divulgación, conferencias, aplicaciones prácticas…

 

Cabré sostiene que el hecho de que la temática sea especializada en mayor o menor grado no implica que el texto y su lenguaje deba serlo:“Sólo en situaciones que mantienen la referencialidad especializada en la transmisión de los contenidos se producen textos especializados” (Cabré 1999: 24). Y en un trabajo posterior insiste en la misma idea: “Es el contenido, o mejor el tratamiento [bajo control] de ese contenido, y no el tema la condición necesaria para considerar que un texto es especializado.” (Cabré, 2002: 30)

 

En el momento en que la información científica se difunde con un mínimo de rigurosidad (bajo control) estamos hablando de textos especializados y es necesario el conocimiento de la terminología que permite delimitar con precisión los conceptos y avanzar otros nuevos a partir del consenso sobre los primeros.

 

3.2. El idioma de la Ciencia y la Lingüística Aplicada

        

El científico Martín Municio (1998) reflexiona también sobre el papel del inglés como lengua de la difusión científica por excelencia:

 

.... No deja de resultar coincidente que la máxima capacidad creadora en el terreno científico actual se corresponda con la fácil tolerancia de la lengua inglesa a la invención de palabras. La variedad de sus orígenes, célticos y germánicos, la pérdida de las inflexiones anglosajonas y su gran capacidad para acoger influencias externas como las danesas o normandas, las del francés político, del latín eclesial o las de lenguas más diversas del mundo, portadas por exploradores y comerciantes, han dado al inglés moderno – de profunda construcción nominal- una gran facilidad de adecuación a cualquier circunstancia de la ciencia o de la técnica. (Martín Municio 1998: 13)

 

El Inglés con Fines Académicos (IFA o EAP) ha ido cobrando auge en los últimos años, promovido en parte por el estudio de géneros, en parte por el énfasis en el aspecto social en la enseñanza-aprendizaje, y sobre todo porque el inglés sigue siendo la “lingua franca” en el mundo científico- académico. Ese mismo énfasis en el aspecto social ha propiciado el resurgir de los movimientos a favor de la alfabetización académica, y una redefinición del IFA-EAP. Hyland y Hamp-Lyons (2002), editores de la revista de reciente aparición Journal of English for Academic Purposes, relacionan el EAP y la alfabetización académica del siguiente modo:

 

‘Academic literacy' has its basis in educational marxism and critical linguistics/critical education, and so it argues from very different premises than traditional EAP. But despite arising from quite different sociopolitical contexts, proponents of academic literacy and those of EAP share a common desire to provide appropriate and effective education.

 

Frente a la visión tradicional del IFA como la enseñanza de técnicas de estudio, los autores lo entienden por educación apropiada y eficaz que permita a los alumnos, principalmente universitarios, adquirir las herramientas necesarias para integrarse en el mundo de la investigación, lo cual incluye el dominio de los géneros y convenciones discursivas de la comunidad científica, en general y en el área particular del individuo, y la interacción eficaz con miembros de esa comunidad. Esta nueva visión tiende a igualar IFA a IFAE (Inglés con Fines Académicos Específicos) y de hecho los autores hablan del IFA como un conjunto de “alfabetizaciones específicas”, ofreciendo esta otra definición del concepto:

 

English for Academic Purposes refers to language research and instruction that focuses on the specific communicative needs and practices of particular groups in academic contexts. It means grounding instruction in an understanding of the cognitive, social and linguistic demands of specific academic disciplines. This takes practitioners beyond preparing learners for study in English to developing new kinds of literacy: equipping students with the communicative skills to participate in particular academic and cultural contexts.

Aparece más o menos implícita en muchos trabajos la idea del colonialismo lingüístico y del papel de los docentes del IPA que han de ayudar a sus alumnos a integrarse en la comunidad académica, con unas convenciones establecidas desde la cultura anglosajona dominante. Algunos autores están comenzando a plantearse hasta dónde obliga la docencia del IFA a perpetuar los esquemas retóricos de la comunidad anglosajona y a su ideología, impuestos a través de las normas de publicación de revistas y en los distintos foros, y hasta dónde se han de defender los valores y pautas de la cultura de origen y de la lengua materna en la escritura científica.

De hecho, Salager-Meyer (2002) realiza un estudio diacrónico que muestra las variaciones retóricas en el discurso académico y científico anglosajón, español y francés, relacionándolas con factores socioculturales e históricos. Los datos muestran cómo el discurso académico español se ha ido alejando del modelo cartesiano (seguido en Francia y Alemania) adaptándose al anglosajón en cuanto a patrones retóricos de su prosa.

Igualmente existe cierta reacción en grupos de investigación de habla no-inglesa que no terminan de asimilar el hecho de que la difusión de los principales hallazgos científicos se tenga que realizar en el idioma anglosajón, cuando en algunos casos las comunidades emisoras y receptoras pertenecen a lenguas relativamente cercanas o incluso comparten la misma lengua. Aparece un movimiento en defensa de lo autóctono, que defiende el desarrollo de tecnologías de traducción simultánea para que cualquier científico se pueda expresar en su propia lengua, aunque esto hoy por hoy sigue siendo más bien utópico según en qué ámbito nos movamos.

Hoy en día coexisten dos tendencias en la elección del idioma para la difusión científica:

-         uso del inglés como idioma común actualmente predominante, con una mayor concienciación sobre las particularidades retórico – culturales del hablante (y la defensa de una fusión).

-         El uso de la propia lengua (especialmente en contextos de lenguas relativamente cercanas, como las románicas) con programas sofisticados de traducción simultánea, o traductores humanos (como objetivo a alcanzar).

 

Aun cuando el idioma predominante de la Ciencia siguiera siendo el inglés, es indispensable la labor traductológica que permita establecer equivalencias exactas y normalizadas entre las terminologías utilizadas en este idioma y en otros. Esto implica un conocimiento profundo de la propia lengua y de la lengua meta, así como cierta familiarización con el ámbito especializado en cuestión. Por supuesto, las TIC juegan un papel esencial en esta labor. Martín Municio (1998) muestra la importancia de un compromiso social que integre el lenguaje de la ciencia en el acervo idiomático:

 

[..] a la relevancia de la Ciencia y a sus relaciones culturales y sociales se une el valor añadido de que su adquisición y comunicación pertenecen a esa especie de soberanía compartida que es el idioma común. Soberanía compartida que exige la existencia de los inventarios de las voces técnicas y la normalización terminológica de la ciencia en español. [...] Posiblemente, esta sociedad de la información en la que estamos inmersos puede favorecer tanto la esperanza como el desespero; y todo dependerá de cómo nosotros sepamos utilizar con este fin las modernas comunicaciones y su poderosa tecnología.( Martín Municio 1998: 20-21) 


3.3.        El lenguaje de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Los cibergéneros

 

Gómez Hernández y Benito Morales (2000) consideran la alfabetización en información como la suma de la alfabetización tradicional (destrezas de lecto-escritura), más un dominio de los medios tecnológicos y de gestión de información. Ellos diferencian dos tipos de información a la que acceder: la información dentro de la mente, construida a través de la cognición y que sirve a la producción del pensamiento crítico. Esta información mental o conocimiento se desarrollaría mediante un aprendizaje basado en estrategias. Por otro lado, está el conocimiento externo o información, al que se accede por medio de las destrezas de recuperación, gestión y transferencia de información (o sea, destrezas de gestión de información).

El uso de ambos tipos de información parece vital para cualquier aprendiz que quiera convertirse en un ciudadano autónomo y capaz de desenvolverse en un entorno cambiante. Las redes de información se presentan como la herramienta clave para ayudar en este tipo de instrucción. De ahí que los autores defiendan la presencia de una alfabetización informacional (que incluiría la gestión de la información digital y en otros soportes) como una materia transversal en la enseñanza de cualquier especialización.

El uso de las TIC supone el conocimiento de una jerga documental mínima ligada a los procesos de búsqueda y recuperación de la información, que incluye además lo que se ha venido en llamar cibergéneros: páginas web, directorios, mensajería electrónica, etc. No se trata tan sólo de un nuevo lenguaje, sino también de un nuevo modo de comunicación. Así, Celis (2002a) habla de una variación del modelo de comunicación de Jakobson, con las siguientes particularidades o variaciones sobre el modelo tradicional:

-         la hipertextualidad supone una ruptura de la linealidad del texto (donde principio y fin venían decididos por el autor), de manera que  es el lector el que decide la ruta;

-         nos encontramos con emisores y receptores múltiples;

-         la comunicación es más que nunca un camino de ida y vuelta, donde los factores creatividad y decisión implican tanto al emisor como al receptor.

 

Encontramos, recapitulando, que el usuario de la información científica tiene las siguientes necesidades lingüísticas para acceder a ésta y transformarla en conocimiento:

       Terminológicas: para acceder a los conceptos clave en la propia lengua y en inglés. Esto implica la necesidad de una normalización lingüística de los términos y expresiones equivalentes, lo cual viene hoy en día facilitado por los estudios de corpus y el uso de herramientas traductológicas. 

       De conocimiento de idiomas, especialmente el inglés, para intercambiar datos y dar a conocer el conocimiento producido.

       De gestión de información y alfabetización digital: estrategias para la selección, búsqueda y uso adecuado (crítico) de la información necesaria para un determinado fin. Se requiere para esto una potenciación de los modos de comunicación electrónicos como nuevo paradigma comunicativo; se trata de facilitar el acceso al conocimiento producido por otros y que está, cada vez en mayor medida, automatizado.

 

4.        Acciones encaminadas a la formación de usuarios e intermediarios en la difusión del conocimiento científico a nivel universitario

 

Cada usuario del conocimiento científico se va adentrando en la terminología propia de su área conforme avanza en su vida académica, adquiriendo un cierto nivel de especialización en el segundo ciclo que culmina con el postgrado. De este modo, especialización conceptual y lingüística (terminológica) van mano a mano y dependen del nivel de implicación del propio sujeto llegado a un punto.

Respecto a la formación lingüística complementaria en el idioma propio y el extranjero, cada universidad arbitra de forma más o menos satisfactoria el que cualquier alumno y/ o investigador tenga la posibilidad de cursar unos complementos en este sentido dentro del propio plan de estudios, con suerte, o fuera de éste, lo que es cada vez más frecuente. Los casos en los que se ofertan asignaturas de Inglés Científico y Técnico o similares en pregrado siguen siendo una excepción (un ejemplo es la Universidad del País Vasco, dentro del programa de Filología Inglesa).

Sí son cada vez más frecuentes los cursos de postgrado especializados en Inglés Académico y Científico, como el programa de doctorado desarrollado en la Politécnica de Madrid “Lenguas para Fines Específicos: un enfoque multidisciplinar. Análisis, metodología y nuevas tecnologías” (descrito en Aguado y Durán 2001).

 En cuanto a la formación en uso y gestión de información, siguen siendo pocos en estas latitudes los cursos y seminarios impartidos por bibliotecarios especializados sobre la utilización de recursos bibliográficos y técnicas documentales. No falta quien defienda que éste debería ser un componente transversal en la enseñanza de pregrado, y fundamental en el postgrado (Gómez Hernández y Licea de Arenas 2002). Especialmente apremiante es la necesidad de formación en la búsqueda y procesamiento de información electrónica, que se hace más urgente en el postgrado, donde todavía existen muchas limitaciones (Barry 1997).

 

Por otro lado, el nacimiento de nuevas titulaciones ha propiciado la integración de los componentes lingüístico y tecnológico en alguna universidad de reciente creación. Así, la Universidad de Castilla – La Mancha en Albacete contiene esta doble vertiente en la titulación de Humanidades. Celis (2002b) describe a los tecnohumanistas como profesionales capaces de convertir la información en conocimiento, tanto por su formación humanística sólida como por su capacidad de gestionar las TIC. Este sería su perfil de acuerdo con la autora:

 

Profesional que, a unos conocimientos básicos sobre el uso de las HERRAMIENTAS INFORMÁTICAS, une una sólida FORMACIÓN LINGÜÍSTICA Y HUMANÍSTICA. El dominio de esas disciplinas, informáticas y humanísticas, sitúa al TECNÓLOGO, de entre los profesionales de las TIC, en una posición aventajada respecto a aquellos que tan sólo dominan una de las dos. (Énfasis de la autora)

 

Existe cierta inquietud entre filólogos de distintas especialidades por acercar la sólida formación lingüística que ofrecen estas titulaciones a las nuevas necesidades de gestión del conocimiento, quizá por un sentimiento de que tras las máquinas deben existir “profesionales capaces de gestionar con criterio las herramientas que [las] hacen funcionar” (Celis 2002b). Fiormonte (2002) observa que la ciencia del texto no sólo requiere una puesta al día, sino también una re-fundación para adecuarse a las nuevas formas de comunicación, lo que supone comenzar haciendo “un nuevo curriculum”. 

Existen hoy en día posibilidades de combinación de ofertas formativas que culminan en perfiles igualmente interesantes, si bien exigen en la mayoría de los casos la especialización posterior a la obtención de un primer título, en segundos ciclos o cursos de postgrado pertenecientes a ramas diferentes a las seguidas en un primer momento.

La especialización en traducción, por ejemplo, se puede obtener directamente partiendo de un pregrado, o bien con una especialización posterior a la obtención de un título de filología  o equivalente. En cualquier caso, para este perfil se necesitan hoy en día tanto un conocimiento lingüístico contrastivo como el dominio de las herramientas documentales para la búsqueda de documentación de apoyo y la gestión de datos terminológicos. Hay incluso cursos de postgrado especializados en Documentación para la Traducción o en Gestión terminológica.

         En el polo opuesto, tenemos el caso de diplomados o licenciados de cualquier rama que acceden a segundos ciclos de Documentación, de manera que pueden aplicar las técnicas y métodos documentales al ámbito en el que se habían especializado anteriormente. Esta tradición se inició antes en el Reino Unido, donde  bibliotecarios y documentalistas han obtenido la especialización mayoritariamente a través de cursos de postgrado (títulos de Diploma o Master).

El futuro puede traer titulaciones dobles o titulaciones “a la carta”, como ocurre ya en otras universidades europeas, donde los alumnos puedan obtener perfiles mediante la combinación de asignaturas de diversos títulos como en los dos ejemplos hipotéticos que se muestran a continuación:

-         Lingüística aplicada a la documentación científica (base lingüística y documental sólida, idioma inglés, documentación científica);

-         Lingüística aplicada a la documentación multilingüe (base lingüística, dos o más idiomas, técnicas de análisis y procesamiento documental).

 

5.        Conclusiones.

 

Hoy en día coexisten diversos perfiles relacionados con la gestión del conocimiento especializado, como son los de documentalista, traductor, terminólogo, lexicógrafo o lingüista. Todos comparten en mayor o menor medida el tratamiento y la difusión del lenguaje como actividad común. Cabré (2001: 72) recoge los perfiles mencionados y algunos más, con una indicación del aspecto del conocimiento en que cada perfil se centra (producción, transmisión, tratamiento o gestión en general).

Algunas actividades que hoy en día requieren la colaboración de lingüistas y documentalistas en un enfoque interdisciplinar, o que al menos se pueden ver favorecidas por ésta, son

-         La elaboración de herramientas de apoyo a la traducción.

-         La elaboración de documentos secundarios, como índices y abstracts.

-         La creación de herramientas lexicográficas y terminológicas, como tesauros multilingües, diccionarios, glosarios, vocabularios normalizados y terminologías.

 

Estas son algunas posibilidades, sin mencionar el trabajo relacionado con la creación de ontologías, dentro de la Ingeniería del Conocimiento, donde Lingüística, Ingeniería y Lógica confluyen produciendo unas herramientas valiosísimas para los investigadores (véase, por ejemplo, la página del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Cognición en Italia – ICTS-CRN en <http://ontology.ip.rm.cnr.it/>).

Lo que está claro es que el futuro de la Ciencia pasa más que nunca por la interdisciplinariedad. La labor de filólogos y lingüistas en colaboración con otras especialidades, como es la del documentalista, resulta más que nunca esencial para que las distintas áreas de conocimiento puedan compartir y difundir su saber con ayuda de un lenguaje común.

 

 

REFERENCIAS

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