Enseñar español en la era de Internet. La www y la enseñanza del español como lengua extranjera, de Mar Cruz Piñol. Octaedro, Barcelona, 2002, 173 páginas y una web asociada

 

Antonio M. Bañón Hernández

(Universidad de Almería)

 

I

 

Mar Cruz, profesora de Lengua Española en la Universidad de Barcelona, está investigando, desde hace años y con gran acierto, las características lingüístico-discursivas de Internet, así como en sus posibles usos en la enseñanza de la lengua, especialmente del español como segunda lengua. Buenos ejemplos de esta labor son sus trabajos «La World Wide Web en la clase de E/LE»[1], «La red hispanohablante. La Internet y la enseñanza del español como lengua extranjera»[2], «Los diarios hispanos en la red: herramienta para el acercamiento cultural y lingüístico» (en coautoría con Rosalie Sitman)[3], o Espan-L, un foro de debate en la internet sobre la lengua Española[4]. Además, dirige, junto a las profesoras Emma Martinell y Mar Forment, el portal Cultura e Intercultura en la enseñanza del español como lengua extranjera, y participa activamente en el desarrollo de esa magnífica iniciativa llamada Estudios de Lingüística Española.

Este libro, “obra rigurosa y bien estructurada” y que “marca un antes y un después en el estudio y en la valoración de las páginas web”, a decir de Francisco Javier Cubero[5], es el resultado de siete años de trabajo, detalle que puede resultar suficientemente significativo a la hora de establecer una valoración a propósito del grado de conocimiento que pueda tener la autora del tema tratado. En efecto, se trata de un libro reposado, muy bien documentado y sumamente práctico. Es éste el libro de una profesora preocupada por la utilidad de la información, y eso es algo que se agradece. No sólo se habla de enseñanza, sino que se desarrolla con el espíritu propio de una enseñante, característica que se aprecia ya desde la dedicatoria a sus alumnos. Otras iniciativas suyas, como la interesante base de datos sobre Tesis y memorias de máster sobre informática y didáctica de las lenguas[6], incluida en la página del Departamento de Filología Española de la Universidad de Barcelona, confirman ese interés por servir de forma altruista a todos los interesados en este campo de trabajo.

Es, además, un proyecto original. No es habitual que una investigación sepa complementar tan bien las posibilidades que le ofrece el uso de medios diferentes: el libro se nos presenta junto con la advertencia de que existe una dirección electrónica en la que se hallará información complementaria. Aunque pueda pensarse, en principio, en la existencia de lectores interesados en el contenido de la investigación, pero sin posibilidad de acceso a la red de redes, en nuestra opinión se trata de una decisión metodológicamente muy acertada, no tanto porque la inclusión de citas o de referencias bibliográficas “pueden entorpecer la lectura de un libro” como éste, sino porque realmente abre numerosas posibilidades de enriquecimiento del contenido ofrecido en soporte papel. No entramos en el análisis de la existencia o no de posteriores consecuencias que esta decisión haya tenido para la editorial. Por cierto que, en nuestra opinión, esta información complementaria merecería ocupar un lugar más destacado en la web de Octaedro.

Mar Cruz ha seleccionado doscientas siete páginas electrónicas publicadas hasta 2000 (Base de datos 2000), que ha analizado en la segunda parte del libro; se puede acceder a ellas y también a algunas otras páginas añadidas (que constituyen la Base datos actual) desde la web asociada (www.octaedro.com/prod_show.asp?art_no=10041). Este segundo corpus se encuentra en constante crecimiento, lo que proporciona al lector-visitante una actualización sumamente útil e imposible de conseguir si el fruto del trabajo de la autora se hubiese limitado a aparecer en papel.

Es un libro, por si fuera poco, abierto a las contribuciones de otras personas, lo que le confiere una frescura, una naturalidad y una modestia añadidas: ”Me gustaría terminar este apartado invitando a todos los profesores que hayan utilizado el correo en sus clases a que den a conocer sus trabajos para que todos podamos aprender de la experiencia de los colegas, pues no cabe duda de que nos falta mucho por conocer sobre la aplicación de las telecomunicaciones a la enseñanza de las lenguas” (pág.92).

 

II

 

         La primera parte de Enseñar español en la era Internet se titula «Nuevos modos de aprender, nuevos modos de enseñar» y comienza con una reflexión en torno a la lectura hipertextual junto a la lectura lineal. No es casualidad que la autora utilice la locución junto a y no frente a; indica que no estamos ante las consideraciones de una persona que piensa en medios antagónicos, sino complementarios, aunque, sin duda, autónomos: “No se trata del texto frente al hipertexto, sino de uno junto al otro; no consiste en un enfrentamiento, sino en un encuentro y enriquecimiento mutuo” (pág.27). El punto fundamental, en este asunto, es, justamente, la conexión entre hipertexto y aprendizaje, por un lado, e hipertexto y aprendizaje lingüístico, por otro. Recogiendo la opinión de Claire Kramsch, Cruz habla de cinco peculiaridades del aprendizaje con la ayuda del ordenador que también a nosotros nos resultan de gran interés: “que es no lineal, contextual, recursivo, constructivo y que está orientado por el aprendiz” (pág.37). Estos rasgos conllevan, entre otras cosas, la potenciación del pensamiento relacional y la jerarquización de los contenidos observados, el acceso, a través de la lengua, a un conocimiento cultural global, la posibilidad de reestructuración continua de la información adquirida o la capacidad para que el alumno tome conciencia, mediante la hipertextualidad, de sus progresos y de sus limitaciones en el proceso de aprendizaje.

         El que la profesora de la UB sea una manifiesta defensora de las posibilidades que tiene internet en la enseñanza de una segunda lengua no implica, ni mucho menos, que no se muestre profundamente crítica con las inadecuaciones teóricas, metodológicas e instrumentales que, en este sentido, se pueden observar. No es infrecuente, por desgracia, que se piense en la necesidad de informatizar todas las actividades, sin que exista un objetivo pedagógico claro; o que se descuide el proceso de elaboración. A partir de las palabras de José Antonio Millán, también se recuerda en el libro, entre otros inconvenientes, la existencia, a veces, de una distancia excesiva entre el resultado de una web y el previsible perfil del usuario y de sus necesidades, la sobreposición de la tecnología por encima de los contenidos, la eliminación del marco interdisciplinar como el más apropiado para conseguir un producto verdaderamente útil, el exceso de enlaces, y la heterogeneidad de los sistemas de citas utilizados.

         Estamos de acuerdo con Mar Cruz al afirmar que cuando “el texto que se lee está escrito en una lengua distinta de la propia, el bagaje cultural cobra aún más importancia, pues los referentes culturales con los que cuenta el autor son distintos de los que posee el lector, y viceversa” (pág.45). Es uno de los motivos por los que se hace tan importante la combinación de lengua y cultura cuando se enseñan o se aprende un idioma, y cuando en ese proceso de enseñanza/aprendizaje se cuenta con las valiosas aportaciones del hipertexto, que, según recuerda la misma autora, resultan aún más ágiles cuando se combina este tipo de conexión textual con los multimedios (pág.51). Esto no significa que, siempre y en todo caso, el hipermedio y los multimedios deban concebirse como elementos inexcusables del proceso lingüístico-educativo. El error sería mayor aún si se pensase en la omisión de la figura del profesor.

         Entre los aciertos del libro, nos gustaría destacar su sensibilidad hacia los enfermos y los discapacitados, al incluir un breve, pero muy acertado epígrafe sobre los hipermedios y la educación especial (págs.55-56).

         Por lo que se refiere al uso de los hipermedios y la enseñanza de lenguas extranjeras, la profesora Cruz no duda en criticar el que este tipo de tecnología discursivo-textual haya desembocado en usos que en absoluto logran ni siquiera acercarse a sus enormes posibilidades, y en los que se confunde el carácter formativo y el informativo de los cursos diseñados. El consejo que ofrece demuestra la sensatez que determina todas las afirmaciones del libro: “Para entender qué distingue la enseñanza y el aprendizaje del ELE a través de Internet de su enseñanza por otros medios, es conveniente aprender de los profesores que han aplicado las nuevas tecnologías a la enseñanza de idiomas antes que nosotros, aunque haya sido para enseñar otras lenguas” (pág.67).

         En esta primera parte del libro, son frecuentes las alusiones a la representación de la oralidad en los géneros discursivos electrónicos. Así, por ejemplo, alude a las dificultades tecnológicas que siguen existiendo para el desarrollo de interacciones orales mediadas por ordenador. En otro momento, recuerda que “el discurso electrónico se parece al discurso escrito sobre papel y otras veces se asemeja más a la conversación oral; y comparte algunas características con otros formatos textuales (...), al tiempo que presenta rasgos exclusivos del discurso electrónico” (pág.73).  En todo caso, coincide con otros autores en afirmar que los ordenadores están cambiando el discurso lingüístico, ya sea en su dimensión escrita, ya en la oral[7]. Entre las páginas 73 y 90 menciona en varias ocasiones las consecuencias derivadas de la comparación entre medio escrito, medio oral y medio electrónico.

 

III

 

         La segunda parte del libro se titula «Materiales para el ELE en Internet» y lleva por subtítulo «Análisis de 207 Webs útiles para la enseñanza del ELE». Mar Cruz se aproxima a estas páginas con la intención de valorarlas, no de evaluarlas. Esta distinción es importante porque, con gran acierto, confiesa que la utilidad de cada una de las páginas depende de los intereses de profesores y estudiantes El proceso de valoración se realiza a partir de la adscripción o exclusión de cada uno de los sitios a los ciento veinte campos identificados, relacionados con algunos de estos temas: dirección, sede, elaboración como página de L2 o no, idioma en el que se presenta, perfil de profesor y de aprendiz, variedad del español, tipo de información cultural, recursos y ejercicios incorporados, enlaces, marco desde el que se desarrolla, niveles de conocimiento, niveles de lengua en los que se permite ejercitar, posibilidad de interacción entre el usuario y el ordenador, sistema de corrección seleccionado, tratamiento de la progresión de aprendizaje, posibilidad de interacción entre personas interesadas en los temas tratados, enfoque metodológico, materiales complementarios, uso de la hipertextualidad y facilidad de navegación en general, atención prestada a los multimedia, cuidado de los aspectos técnicos (visión, requisitos, descarga de programas necesarios, etc.), dinamismo de las páginas (por ejemplo, la fecha de visita, la fecha de creación o la fecha de la última actualización), y, finalmente, el carácter gratuito o no del acceso a la página.

Los resultados del escrutinio de los datos no desmerecen en absoluto la ambición que se observa en el diseño del formulario. Permítasenos apuntar sólo algunos de los aspectos destacados por Mar Cruz: el español se está haciendo cada vez más presente en la red; la variedad española y la variedad americana aparecen casi por igual; son muchos los usuarios que se interesan por nuestra lengua por su interés general por la cultural hispanoamericana; existe una confusión generalizada entre fonética y destrezas orales, con lo que esa confusión implica en cuanto al frecuente abandono del aprendizaje de la norma. Claro que la solución de este problema implica que los profesores que ofrecen materiales en internet cubran sus posibles vacíos en el terreno de la fonética (especialmente, aunque no exclusivamente, en fonética acústica). El análisis del discurso (los conectores, por ejemplo) está inadecuadamente tratado, en general; lo más frecuente es que los autores no hagan explícita su opción metodológica.

En definitiva, estamos ante un excelente material para la enseñanza del español como segunda lengua. Nada de lo dicho en esta breve reseña puede suplir obviamente, la lectura, que, sin duda, resultará apasionante, del libro, ni la consulta de la página electrónica complementaria.

 

 

 

 

                                   

 

 



[1] http://www.ucm.es/info/especulo/numero5/m_cruz.htm.

[2] http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/int_hisp.html.

[3] http://www.ub.es/filhis/culturele/diariosf.html.

[4] http://elies.rediris.es/elies1.

[5] Hablamos de una reseña aparecida en la Página del Idioma Español (http://www.el-castellano.com.marcruz.html).

[6] www.ub.es/filhis/recopila.html.

[7] La lectura del libro de David Crystal El lenguaje e internet (Madrid, Cambridge University Press, 2002) resultaría muy útil en este punto.