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Revista de estudios filológicos
Nº32 Enero 2017 - ISSN 1577-6921
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reseñas

El telar de la Palabra. Ecos bíblicos en la autobiografía teresiana

María José Pérez

(Carmelitas Descalzas de Puçol, Valencia)

Pilar Huerta Román, El telar de la Palabra. Ecos bíblicos en la autobiografía teresiana, Editorial de Espiritualidad, Madrid, 2013 (3ª. Edición 2016), 237 pp.

ISBN 978-84-7068-445-6

 

El V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús (1515-2015) propició la aparición de multitud de publicaciones que han enriquecido la ya extensa bibliografía de la primera doctora de la Iglesia, cuya prosa, como sostenía Fray Luis de León, «es la misma elegancia».

El libro que presentamos vio la luz en ese contexto de preparación al Centenario, pero ha demostrado tener una validez y un interés que superan la mera conmemoración teresiana, como prueba el hecho de conocer tres ediciones en tres años.

Julia Kristeva, –una pensadora que, a su vez, profundizaría también en la obra teresiana desde el psicoanálisis, la filosofía y la novela– acuñó, en los años sesenta, el concepto de intertextualidad que tanto fruto ha dado a los estudios literarios: «Todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto»[1]. Este fenómeno está en la base de la obra que hoy presentamos.

La autora de El telar de la Palabra, carmelita descalza del monasterio de Toro (Zamora) y apasionada de la Sagrada Escritura, percibía cómo muchos textos del Libro de la Vida de Teresa de Jesús coincidían en cuanto a imágenes, estructuras o relatos con pasajes bíblicos. El título del libro nos conecta inevitablemente con la afirmación barthiana del texto como tejido de citas procedentes –según el semiólogo francés– de innumerables centros culturales. En este caso, la autora se fija en uno de esos centros, que no es tampoco singular, sino múltiple, pues Biblia significa conjunto de libros. Unos libros que pasaron a ser referencia primero para la tradición judía (no está de más recordarlos antecedentes judeoconversos de la santa) y luego, con la suma del Nuevo Testamento, para la cristiana.

Los estudiosos de la obra teresiana, por lo general, están de acuerdo en dividir el Libro de la Vida en cinco partes, y esta misma estructura le sirve a Pilar Huerta para desarrollar su contenido, transformando cada parte de Vida en un capítulo de su Telar. El capítulo 22, dedicado a la Humanidad de Cristo, la autora lo ha dejado aparte, con lo que le salen 6 capítulos.

1.   Debilidad y grandeza de Dios (Narración autobiográfica de los 40 primeros años de la santa, cap. 1-10 de Vida).

2.   El camino de un cambio radical (Exposición de los cuatro grados de oración, cap. 11-21 de Vida).

3.   En las cimas de la revelación: el Dios humanado (La relación con Cristo hombre, cap. 22 de Vida).

4.   En el umbral de la madurez: una vida nueva (Nueva secuencia biográfica, inicio de la vida mística, cap. 23-31 de Vida).

5.   La fundación de San José (cap. 32-36 de Vida).

6.   El cielo al alcance de la mano: nuevas experiencias de Dios (Gracias místicas últimas y sus efectos, cap. 37 al 40 de Vida).

Cada uno de los seis capítulos está, a su vez, seccionado en un número variable de apartados, todos ellos encabezados por una sentencia bíblica.  A partir de ahí, la autora va poniendo de relieve ese entrelazarse de la trama y la urdimbre, los hilos de la palabra teresiana y del libro sagrado, descubriendo elementos de intertextualidad asombrosos.

Román Llamas señalaba en su clásico libro Biblia en Santa Teresa que la manera poco precisa de citar la Escritura por parte de la santa hace que, por un lado, el contenido bíblico quede diluido –y, en cierta manera, incorporado al texto teresiano, enriqueciéndolo– y por otro, que las referencias bíblicas sean mucho más numerosas de lo aparente, y exista una mayor dificultad a la hora de localizarlas.[2]

Sabemos que Teresa de Jesús –nos lo confiesa ella misma– amaba la lectura de la Biblia, que le ayudaba en su experiencia de oración: «Siempre yo he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios que libros muy concertados» (C 21, 4).

Sin embargo, es conocida la dificultad –por no decir imposibilidad– que había en aquel tiempo para el acceso al texto sagrado, sobre todo a partir de 1559, año en que el Inquisidor General Fernando de Valdés colocó la Biblia en romance y sus comentarios en el Índice de libros prohibidos. Esta dificultad aumentaba en el caso de las mujeres que, como la propia santa, desconocían el latín.

Buena parte del conocimiento bíblico le vino a la madre Teresa por otros libros espirituales que recogen fragmentos de la Sagrada Escritura, y también a través de la liturgia y la predicación (vía oral). Teresa afirma ser muy aficionada a los buenos sermones.

La labor de Pilar Huerta ha sido minuciosa, exhaustiva, a la hora de explicitar esas citas implícitas y desarrollar las referencias escuetas de la santa: «Siempre en la palabra de Teresa vamos descubriendo destellos de la Palabra con mayúscula».

Hay muchas ocasiones en que la doctora mística no cita directamente textos de la Escritura, sino que alude a algunos de sus personajes (Pedro, Pablo, la Magdalena, el rey David…) dando a entender la historia que hay detrás, conocida por el receptor al que la obra iba destinada (en primer lugar, su confesor, el dominico García de Toledo). La ventaja de la relectura que Pilar Huerta nos ofrece es que explicita ese contenido implícito y aclara por qué y en qué sentido le sirven a Teresa como ejemplo o modelo de un determinado comportamiento.  Por esta razón, la obra tiene un valor pedagógico indudable, sobre todo, porque la autora rescata a esos personajes aludidos también por la santa en otros libros, con lo que la perspectiva se amplía y se enriquece aún más, y la intertextualidad se hace aún más densa.

Hasta aquí, la obra hubiera podido ser un estudio de fuentes, sin más. Pero no es eso el libro que reseñamos. Es un trabajo fruto de la intuición, y –como la propia autora señala– «más sugerente que académico». Así, en muchas otras ocasiones, se deja llevar por el fenómeno de la evocación, cuando el texto teresiano hace resonar en su mente otros textos bíblicos, que ella introduce con fórmulas como estas: «Algo muy parecido había dicho ya bellamente el autor del libro de las Lamentaciones…» (p. 59), «Teresa podría muy bien hacer suyas las palabras del autor de la carta a los Colosenses…» (p. 67).

Cuando Pilar Huerta descubre una serie de evocaciones concatenadas, nos ofrece un sumario en el que, a modo de guion teatral, los fragmentos evocadores encabezados por el epígrafe: Teresa, van alternando con los autores o personajes bíblicos, seguidos del texto de la Escritura evocado. Por ejemplo, el pasaje de la transverberación (gracia del dardo), se conecta con el texto evangélico de la Transfiguración (p. 115-16), determinados momentos de la noche oscura teresiana con las Confesiones del profeta Jeremías (p. 121), la decepción de Teresa ante el modo de vida de los grandes señores con el desengañado acento de Qohélet (p. 154-5) o sus visiones místicas con las sobrecogedoras imágenes del Apocalipsis (p. 214-5), por citar solo algunos casos.

Otras veces, Pilar Huerta pone en relación personajes de la vida de la santa con determinados personajes bíblicos. Así lo hace, por ejemplo, cuando conecta a Gaspar Daza y Domingo de Salcedo con los amigos de Job (Elifaz, Bildad y Sofar) que, en lugar de suponer una ayuda, son rémora y fuente de sufrimiento por su incomprensión (Cf. p. 84). O cuando habla del joven jesuita Cetina como un «nuevo Daniel» capaz de hacer justicia donde había sinrazón contra Teresa (Cf. p. 91).

El proceso de fundación del convento de San José de Ávila, en medio de tantas dificultades, semeja, para la autora, la persecución sufrida por los testigos del Señor en el Nuevo Testamento; su nacimiento se conecta con el nacimiento del propio Jesús, y el modo de vida de la naciente hermandad, con el de los primeros cristianos de Hechos de los Apóstoles.

Creemos que, precisamente el hecho de que la autora no se limite a descubrir fuentes, sino a acompañar la palabra teresiana de la palabra sagrada que a ella se le despierta en la lectura, es lo que hace de este libro una obra de creación. Me vienen a la memoria estas acertadas palabras de Lauro Zavala:

«La intertextualidad no es algo que dependa exclusivamente del texto o de su autor, sino también, y principalmente, de quien observa el texto y descubre en él una red de relaciones que lo hacen posible como materia significativa desde una determinada perspectiva: precisamente la perspectiva del observador.

Esto último es muy importante, pues significa que el concepto mismo de intertextualidad presupone una teoría de la comunicación en la que el receptor (lector, espectador, observador, visitante, usuario, consumidor) es el verdadero creador de significación en todo proceso comunicativo»[3].

Resulta imposible, en definitiva, repasar todos los nexos encontrados o establecidos por Pilar Huerta entre la primera obra teresiana y la Sagrada Escritura. Esta trabazón es posible porque la Biblia narra una historia de liberación, como la de Teresa, como la de todo ser humano que busque alcanzar la plenitud del amor. Una historia de gozos y sufrimientos, de comunión y experiencia de soledad. Y el mismo Dios que habló en el pasado a los profetas, sigue haciéndose presente en la vida del creyente que es capaz de escuchar su voz, como hizo Teresa de Jesús, y convertirse en portavoz de una palabra performativa, eficaz. La santa escribe con su libro un nuevo episodio en esa larga historia de salvación, mostrando en propia carne que la Biblia no es documento muerto del pasado sino palabra viva del Dios vivo. Y Pilar Huerta consigue, con su libro, conectar la historia personal de esta monja del siglo XVI no solo con la historia de sus antepasados en la fe, muchos siglos atrás, sino también, y al mismo tiempo, con la de los lectores actuales, que podemos vernos reflejados también en esa historia tan humana y tan divina.



[1] KRISTEVA, Julia, «Bajtín, la palabra, el diálogo y la novela», en NAVARRO, Desiderio (selecc. y trad.). lntertextuallté, La Habana: UNEAC, Casa de las Américas, 1997, p. 3.

[2]Cf. LLAMAS, Román, Biblia en Santa Teresa, Madrid, EDE, 2007, p. 55.

[3] ZAVALA, Lauro, «Elementos para el análisis de la intertextualidad», en Cuadernos de Literatura, Vol. 5, Nº. 10, 1999, p. 27.