Número Actual - Números Anteriores - TonosDigital en OJS - Acerca de Tonos
Revista de estudios filológicos
Nº30 Enero 2016 - ISSN 1577-6921
<Portada
<Volver al índice de corpora  

corpora

RETÓRICA Y POÉTICA Ó LITERATURA PRECEPTIVA DE NARCISO CAMPILLO Y CORREA

 

Juan Antonio López Ribera

(editor)

 

(I.E.S. “Villa de Abarán”, Abarán. Murcia)

 

 

 

I

 

Algunas notas sobre la presente edición

 

        Para esta nueva edición de la obra de Narciso Campillo, hemos tomado como base la cuarta edición del texto, a la que hemos añadido el apéndice titulado Resumen crítico de la historia de la literatura española, de Andrés González-Blanco, incluido por primera vez en la séptima edición.

 

Pulse sobre la imagen para acceder a la edición

 

Pulse sobre la imagen para acceder a la edición

“Este trabajo ha sido realizado en el ámbito del proyecto de investigación METAPHORA (Referencia FFI2014-53391-P), concedido por la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación”

 

        A continuación, indicamos las ediciones de Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva de Narciso Campillo:

 

- 1ª edición: Madrid, Segundo Martínez, 1872.

- 2ª edición: Madrid, Aribau, 1875.

- 3ª edición: Madrid, Hernando, 1881.

- 4ª edición: Madrid, Librería de la viuda de Hernando y Compañía, 1886.

- 5ª edición: Madrid, Librería de la viuda de Hernando, y Gª, 1893.

- 6ª edición: Madrid, Librería de Hernando y Compañía, 1901.

- 7ª edición: Madrid, Sucesores de Hernando, 1912. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

- 8ª edición: Madrid, Sucesores de Hernando, 1916. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

- 9ª edición: Madrid, Sucesores de Hernando, 1920. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

- 10ª edición: Madrid, Sucesores de Hernando, 1923. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

- 11ª edición: Madrid, Sucesores de Hernando, 1928. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

- 12ª edición: Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando, 1936. (Aumentada con un Resumen crítico de la historia de la literatura española por Andrés González-Blanco).

 

(También existe un programa de la asignatura que impartía Narciso Campillo utilizando como manual su Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva. Se titula Programa de Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva que explicará D. Narciso Campillo y Correa, y conoció dos ediciones:

 

- Madrid, Segundo Martínez, 1873.

- Madrid, Hernando, 1876.)

 

        Para esta nueva edición del texto de Campillo, se ha mantenido la ortografía original de la cuarta edición, pero se han corregido las erratas. En el caso del apéndice de González-Blanco, se ha mantenido la ortografía original de la séptima edición y también se han corregido las erratas. Seguidamente reproducimos el texto original y la corrección que se ha realizado, y entre paréntesis indicamos dos cifras: la primera se corresponde con el número de página de la obra original donde se encuentra la errata, mientras que la segunda es el número de página del texto de nuestra edición.

 

CAMPILLO

 

• La naturaleza, en verdad, es la primera y gran maestra en todas las ciencias y artes; la fuente inagotable del conocer y el sentir. la guía más segura á que podemos confiar nuestros pasos; Cuantos se han extraviado y perdido, comenzaron antes por quebrantar sus leyes; > La naturaleza, en verdad, es la primera y gran maestra en todas las ciencias y artes; la fuente inagotable del conocer y el sentir; la guía más segura á que podemos confiar nuestros pasos. Cuantos se han extraviado y perdido, comenzaron antes por quebrantar sus leyes; (33, 22)

• hamano > humano (33, 23)

• eseritos > escritos (151, 115)

• respecivos > respectivos (161, 124)

• cima > encima (182, 140)

• le > el (193, 148)

• ó > á (197, 151)

 

GONZÁLEZ-BLANCO

 

• Turió > Furió (411, 15)

• da > de (420, 22)

• 1589 > 1599 (427, 27)

• Swiff > Swift (452, 47)

 

 

 

II

 

Biografía[1]

 

         Narciso Campillo y Correa nació en Sevilla el 29 de octubre de 1834[2]. Hijo de Simón José del Campillo y Antonia Correa, su nombre completo era Narciso Manuel del Campillo y Correa, nombre que, a lo largo de su vida, nunca utilizaría tal cual.

         En 1845 ingresa en el Colegio de San Telmo, sólo para huérfanos pobres (Campillo había quedado huérfano de padre a los seis años). Allí trabó íntima amistad con Gustavo Adolfo Bécquer; juntos compusieron un drama, Los conjurados, y una novela al modo de Walter Scott, el único novelista que conocían, titulada El bujarrón en el desierto.

 

No sabemos en qué momentos robados a los quehaceres diarios compusieron los dos niños sus primeras obras literarias: en aulas, biblioteca, dormitorio, o entre los naranjos y cipreses de la orilla del Guadalquivir. Pero el hecho es que sus composiciones fueron acogidas con entusiasmo por sus maestros, hasta el punto de poner en escena una de ellas. (Brown, 1964:23)

 

Pero los estudios de los dos amigos se verían interrumpidos en 1847, cuando por Real Orden del 7 de julio, el Colegio cerró sus puertas. Campillo vuelve con su madre.

         Durante sus años de adolescencia, Campillo cursa el Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media de Sevilla, donde tuvo como profesor, entre otros, a Rodríguez Zapata, discípulo de Lista. Es en esos años cuando se forma el pequeño grupo de amigos y jóvenes poetas: Campillo, Bécquer y Julio Nombela, madrileño afincado en Sevilla. Su amistad discurre entre paseos por los alrededores de Sevilla o siguiendo el curso del Guadalquivir[3], reuniones en casa de Campillo o Nombela para recitar versos, tanto propios como ajenos, discusiones literarias y la proyección de planes para el futuro.

 

Quedó así formado, por agosto de 1853, un grupo de tres jóvenes poetas. El lazo más íntimo estaba ya trazado entre Bécquer y Campillo. Con él Bécquer inició la composición de un vasto poema épico sobre la conquista de Sevilla, del que alcanzaron a realizar los tres primeros cantos. (Díaz, 1971:31)

 

Un poco más adelante, el círculo se amplió con otras amistades, como García Luna o Arístides Pongilioni, este último presentado por Campillo.

         Al año siguiente, en junio, Campillo obtiene por unanimidad el Grado de Bachiller en Filosofía. Ese mismo mes, Bécquer, Nombela y Campillo ultiman el viaje a Madrid que habían venido planeando un tiempo atrás. Su objetivo era financiar el viaje con el dinero que les diera la publicación de un volumen conjunto de poesías. Para preparar el libro, los tres se reunían en casa de Campillo todas las noches para examinar sus composiciones y someterlas a votación; las que eran aprobadas por unanimidad eran depositadas en una caja de madera, custodiada por Campillo, el más exigente de los tres. Bécquer marcha rápidamente a Madrid, Nombela también lo hace con su familia, mientras que Campillo permanece en Sevilla guardando los poemas. A finales de año, llega éste a Madrid, pero lo hace enfermo de viruela, por lo que no pudo prolongar su estancia durante mucho tiempo. Apenas llegó, repartió los versos de la caja. Nombela y él los conservaron, pero Bécquer los rompió. Poco después, cuando le es dada el alta, Campillo vuelve a Sevilla en compañía de su madre, que había viajado a Madrid a buscarlo.

         En 1855, con veinte años cumplidos, Campillo comienza a desarrollar su labor periodística. Empezó siendo redactor de La España musical y literaria. Aquí participó, en colaboración con Bécquer y otros poetas, en la famosa “Corona” a Manuel José Quintana, poeta clasicista, publicada el 19 de marzo. En 1856, funda El Mediodía, periódico literario y artístico, en Sevilla, junto con Pongilioni y Rodríguez Correa, a quien había conocido en la Universidad. Como curiosidad, Guerrero (1964:75) señala:

 

El primer número vio la luz en una Sevilla inundada, por lo que el periódico hubo de ser repartido en lanchas, entregando los números por los balcones de las casas.

 

         De 1857 a 1865, Campillo reparte su actividad docente, en la que acababa de iniciarse, hasta en tres centros distintos. Durante esos ocho años, impartirá clases de Gimnástica Higiénica en el Colegio de San Fernando de Sevilla. De 1861 a 1865, ejercerá como profesor de Retórica y Poética y de Gimnasia Higiénica en el Colegio de Santa Catalina. Y de 1863 a 1865, dará clases de Gimnasia Higiénica, Historia de España, Historia Universal y Geografía en el Colegio de San Isidoro de Sevilla.

         A pesar de esa actividad frenética, aún tiene tiempo para dedicarse a la creación poética, y en 1858 publicará su primer libro de poemas, titulado Poesías, que gozó de un amplio número de lectores. Además, el 3 de junio de 1861 obtiene con nota de Sobresaliente el Grado de Bachiller en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. Por aquel entonces conoció a la que sería su esposa, Rosa del Hoyo, natural de Córdoba; aunque no fue un matrimonio muy feliz, de él nacieron tres hijos: Rafael, Narciso y Rosa, que murió prematuramente.

         De 1863 a 1865, Campillo ocupó el cargo de director de El diario de Sevilla. En 1864 fue nombrado miembro de la «Academie Nationale, Agricole, Manufacturière et Comerciale» de Francia.

         El 28 de junio de 1865 es nombrado, tras obtener el primer lugar en la oposición, Catedrático de Retórica y Poética del Instituto de Cádiz, con un sueldo de 2.500 pesetas. Pero al año siguiente, y debido a la reforma de la enseñanza, pasará a ser numerario de la Cátedra de Perfección de Latín y Principios Generales de Literatura.

         En estos años se produce un cambio radical en el pensamiento político de Campillo. A partir de ahora se caracterizará por su apasionada ideología liberal, por su ferviente anticlericalismo y por su lucha a favor de la revolución; su nueva visión de la situación política de España se advierte en sus artículos en el Diario de Cádiz y El Demócrata Andaluz, con los cuales contribuyó al advenimiento de “La Gloriosa” (1868). Por otra parte, en 1867 se publican sus Nuevas poesías.

         En 1868 se suprime la cátedra que ejercía desde hacía dos años. Campillo se ve obligado a asumir otra cátedra, esta vez de Principios Generales de Arte y de su Historia y Elementos de Literatura. Por entonces publica su primera obra teórica, Memoria y Teoría del Estilo. Además, como resultado de su implicación política, es nombrado Regidor del Ayuntamiento de Cádiz, y poco después Secretario del mismo.

         En 1869 dirigió El Museo Universal, que se refundió en La Ilustración Española y Americana; en él publicó artículos muy variados, pero de entre todos los temas que trató, destacaba uno que le preocupaba especialmente: el estado de la educación. Sus escritos también tenían presencia en el continente americano, pues era corresponsal en varios periódicos de las Antillas, Chile y Argentina. Esta ingente labor periodística la combinaba, además de con su actividad docente, con las conferencias y veladas literarias que ofrecía en el Ateneo de Cádiz, en Sevilla, en el Ateneo de Señoras de Madrid y en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid.

         Este mismo año Campillo reanuda su amistad con Bécquer, que se prolongaría hasta la muerte de éste al año siguiente, y con Rodríguez Correa. No ocurrió lo mismo con Nombela, de ideas políticas muy alejadas a las de Campillo.

         En 1870, Campillo recibe el Grado de Licenciado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. Durante este año y el siguiente será redactor de El País de Madrid.

         El año 1870 acaba con una noticia triste para Campillo: el 22 de diciembre muere Bécquer, su amigo desde la infancia. El 15 de enero del año siguiente Campillo publica en La Ilustración de Madrid su biografía, donde también se anuncia la publicación de su obra. Efectivamente, en julio de ese mismo año sale a la calle la edición de las obras completas de Bécquer, a cargo de Campillo, Ferrán y Rodríguez Correa. Como editores, se tomaron la licencia de realizar algunas correcciones, aspecto que ha sido criticado hasta hoy día. El prólogo de esta primera edición corre a cargo de Rodríguez Correa. La segunda edición, de 1877, recogía obras olvidadas en la anterior. Las tres ediciones siguientes, de 1881, 1885 y 1898, siguen incluyendo ampliaciones. A partir de ahí, las sucesivas ediciones repetirán el texto de la quinta edición, la definitiva: 1907, 1911, 1915, etc.

         En el aspecto docente, Campillo toma posesión de la cátedra vacante de Retórica y Poética en el Instituto del Noviciado en Madrid el 29 de abril de 1871, cargo para el que había sido nombrado en comisión en 1869. Su sueldo asciende a 3.000 pesetas. También comienza a llevar a cabo una labor que desempeñaría durante el resto de su vida: miembro de tribunales de oposición.

         En 1872 publica su Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva en Madrid, obra que disfrutó de cierto éxito y que fue adoptada como libro de texto en los institutos[4]. A modo de complemento, al año siguiente se publica el Programa de Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva.

         Las incursiones de Campillo en el terreno de la creatividad literaria no se limitaban al género poético. En 1878 aparece en Madrid Una docena de cuentos, su primera colección de cuentos, con prólogo de Juan Valera; su título no es exacto, pues contiene 16 relatos.

 

Se trata, como ya apuntaba Valera en el prólogo, de relatos que, en la mayoría de los casos, tienen como denominador común el humor, la comicidad. Unos relatos que mediante una trama graciosa e ingenua se encierra la ponderación de un valor netamente castizo y por tanto representativo del espíritu español. Muchos de los relatos cortos de Campillo no son otra cosa que un chiste alargado ingeniosamente por su autor. (Ayala, 2001:137)

 

Ese mismo año, Campillo se ve honrado con un Premio de Mérito, por el que recibirá 250 pesetas anuales.

         En 1879 es nombrado Académico de la «Real Academia Gaditana de Ciencias y Letras» (Sección de Literatura). En 1880 es nombrado Académico de la Sociedad denominada como «Liga contra la Ignorancia», fundada en Madrid ese mismo año. Un año después, se publican sus Nuevos Cuentos en Madrid.

         En 1885 se publica el Florilegio Español en dos volúmenes, con un prólogo del autor. Se trata de una recopilación de textos de los mejores autores en lengua castellana; el primer volumen está dedicado a la prosa y el segundo a la poesía.

         En 1891 publica, bajo seudónimo, sus Historias de la Corte Celestial, una obra muy influida por su ideología liberal; según Guerrero (1964:79), «un insigne conjunto de tonterías y barbaridades». Ese mismo año ejerce como Presidente de la Sección de Literatura del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. En 1894 imparte clases de Elementos de Literatura de tercer curso de Latín en el Instituto de Segunda Enseñanza del Cardenal Cisneros.

         Sus últimos años de vida son un periodo de franca decadencia. Campillo deja de ser el autor prolífico que había sido hasta el momento. Su ánimo y su dedicación a la palabra escrita disminuyen. Así lo expresa Guerrero (1964:79):

 

Francamente desanimado, ha perdido todas las ilusiones. No tiene estimación ni aplauso. Los autores de primera línea no son, en su opinión, los que más valen, sino los que mejor saben congraciarse con los críticos. (…) Pese a su posición desahogada que le daba independencia para escribir, no se siente con las fuerzas necesarias.

 

 Una de sus últimas obras es Cuentos y sucedidos, escrita en colaboración con Francisco Javier Burgos. En el verano de 1899 realiza un insólito viaje a Marruecos, donde disfruta del clima y el paisaje. Se dice que disfrutó de un nuevo amor en su vejez, algo que se encargó de ocultar celosamente. Finalmente, muere en Madrid el 2 de enero de 1900.

 

III

 

Contexto histórico y educativo de Campillo

 

         Aunque pueda parecer que no, Narciso Campillo es lo que se dice un hombre de su siglo. Su dedicación a las letras, tanto en su vertiente artística como pedagógica, no fue una excusa para desvincularse de la realidad, sino que supo compaginarla durante toda su vida con otras labores como la periodística, donde se materializaba claramente su compromiso político[5] y su preocupación por el estado de la enseñanza. En este apartado, siguiendo el periplo docente de Campillo, examinaremos conjuntamente las circunstancias sociopolíticas y educativas que rodearon su actividad en las aulas; ambos aspectos, política y educación, están indiscutiblemente unidos durante aquellos años, pues la orientación que se le da al ámbito de la enseñanza depende de quién ostenta el poder en ese momento.

         La etapa estudiantil de Campillo coincide con el ecuador de la monarquía isabelina (1833-1868). Tras una regencia de diez años de su madre, Isabel II recibe la mayoría de edad en 1843, cuando cuenta trece años. Dada su incapacidad para gobernar, el poder será asumido por dirigentes de clara ideología moderada, como Narváez (1845-46), Istúriz (1846-47) o Bravo Murillo (1847-52). Salvo el breve periodo conocido como Bienio Progresista (1854-56), de corte más liberal, la ideología predominante durante la monarquía isabelina será el moderantismo.

         Por supuesto, las medidas que se tomen en materia de enseñanza y educación estarán muy influidas por esta ideología moderada. Pero hay otros factores, de tipo sociopolítico, que es conveniente señalar en aras de una mejor caracterización de la época: los gobiernos moderados llevan a cabo un nuevo acercamiento a la Iglesia, tras las desamortizaciones de años anteriores, y con tal fin firman el Concordato de 1851; la administración se somete a un proceso de centralización; el índice de alfabetización de la sociedad española es muy bajo, alrededor del 20%, y surge con fuerza una nueva forma de influencia y difusión de ideas: el periodismo.

         El plan de estudios inspirado por los moderados, que vio la luz en 1845, fue conocido como Plan Pidal. Sus principales promotores fueron Antonio Gil de Zárate, director general de Instrucción Pública, y el marqués de Pidal, ministro de Gobernación. El Plan Pidal distribuía los estudios secundarios en dos periodos: el elemental, con una duración de cinco años, y el de ampliación, de dos años de duración, con el que se obtiene la licenciatura en Letras o Ciencias, o el preparatorio, de un año de duración y que habilita para el ingreso en una Facultad Mayor. Las áreas de conocimiento, pues, se dividen en Letras y Ciencias. Aparte está la Religión.

         Lo que nos interesa especialmente con relación a este Plan es la prioridad que se da a las Humanidades. Superando posturas retrógradas, se impone la traducción del Latín clásico dentro de los estudios de Lengua Castellana. Dichos estudios gozan de un lugar privilegiado dentro del plan, al igual que la Retórica y Poética, que se imparte en el quinto curso.

         Sin embargo, el Plan de 1845 no está exento de ambigüedades:

 

Los estudios de Latinidad y Humanidades han quedado absorbidos en una estructura unitaria y equivalen a los dos primeros cursos de la Segunda enseñanza Elemental. Los tres años de la antigua Facultad de Filosofía corresponden al 3º, 4º y 5º del nuevo plan; al terminar los cuales se sigue otorgando el grado de Bachiller en Filosofía, con la particularidad de que empieza a exigirse también para el acceso a las Facultades Mayores. Aparece ahora el año Preparatorio para el ingreso en éstas, constituido por asignaturas de la Facultad de Filosofía –criterio que seguirán los planes sucesivos–, aunque de momento se engloba bajo el nombre de «Segunda enseñanza de Ampliación». En lo que se observa una clara limitación de aspiraciones es en la Licenciatura (en Letras o en Ciencias), que sigue concibiéndose con los parámetros de Facultad Menor, reducida a sólo dos cursos, cuando en las demás Facultades se exigen ocho (siete de carrera, más el Preparatorio), como una simple prolongación de la enseñanza que se da en los Institutos, e incluso recibiendo el impropio nombre de «Segunda enseñanza de Ampliación». (Sanz Díaz, 1985: 152-153).

 

Algunas de estas ambigüedades fueron subsanadas en el Plan de 1847. Pero ya se había trazado una línea para la cuestión de la enseñanza: las disposiciones de 1849 y 1850 la continuarán, y se mantendrá en adelante.

         Las asignaturas también serían modificadas de acuerdo con los resultados prácticos y el talante de los distintos ministros que se ocuparon del asunto. En este sentido, el Reglamento de Estudios de 1852 y el Proyecto de Ley de Instrucción Pública de 1855 son de notable importancia. Respecto a la cuestión de las distintas adaptaciones y modificaciones a que se vio sometido el Plan Pidal, Sanz Díaz (1985: 175) concluye:

 

En conjunto asistimos a la implantación de un sistema coherente y completo que arranca de 1845, se ve afectado por ligeras variaciones en los años siguientes y sufre una inflexión en 1852, para retornar al modelo de origen y consolidarlo entre 1855 y 1857.

 

         El Plan Pidal de 1845, pese a ser un proyecto con evidentes ambigüedades y puesto en tela de juicio por todas las tendencias políticas[6], abrió un camino que los planes posteriores seguirían transitando. Su modelo de educación se vería consolidado con la Ley Moyano de 1857, y se mantendría hasta la Revolución de 1868, donde el nuevo orden político exigiría un cambio radical en el campo de la enseñanza. 

         La aparición de la Ley Moyano en 1857 coincide con el comienzo de la actividad docente de Campillo. Con el ardor y la energía del primerizo, Campillo impartirá clases, hasta 1865, hasta en tres centros de enseñanza distintos. Lo hace en un clima de inestabilidad propiciado por la alternancia en el poder de liberales y moderados, alternancia en la que se basaron los gobiernos de la llamada Unión Liberal, que se mantuvieron al frente del Estado hasta la Revolución de 1868.

         La Ley Moyano, que debe su nombre al Ministro de Fomento Claudio Moyano, supone la consolidación de la reforma educativa que había arrancado en 1821 y cuyo último hito importante había sido el Plan Pidal de 1845, en el que se apoya principalmente esta Ley. Asimismo, en ella tuvo cabida buena parte del proyecto del liberal Alonso Martínez durante el Bienio Progresista (1854-56). No es, por lo tanto, una ley innovadora[7]. Su puesta en práctica no estará exenta de vaivenes, e incluso retrocesos, como el llamado “repliegue neocatólico” (Sanz Díaz, 1985), entre 1866 y 1868, del que hablaremos más adelante.

         El periodo de aplicación de la Ley Moyano puede dividirse en tres etapas: la primera corresponde a la ley de Instrucción Pública de 1857, donde se exponen las reformas y objetivos de la Ley, y cuya aplicación práctica se correspondió únicamente con el curso 1857-58; la segunda etapa viene asociada al Plan de 1858, que sería el definitivo y que se aplicaría durante tres cursos, hasta 1861, y, por último, la tercera etapa es la concerniente al Plan de 1861, que sigue la línea del anterior y que estaría vigente durante cinco cursos, hasta 1866.

         La ley de Instrucción Pública de 1857, que supuso la primera fase de la Ley Moyano, planteó muchos de los criterios en que se basarían los posteriores planes de estudios, incluso hasta bien entrado el siglo XX. Tres de ellos son: a) obligatoriedad y gratuidad restringida[8] de la enseñanza primaria; b) uniformidad de libros, horarios y sistema de estudios, c) regulación del profesorado y de la estructura administrativa de los institutos, y d) centralización y autonomía de la Universidad[9]. Además, se determina que la enseñanza puede ser de tres tipos: pública, privada y doméstica, y se compone de tres grados: primero, segundo y superior.

         Sin duda, la principal novedad que trajo consigo la Ley Moyano fue la división de la enseñanza secundaria en Estudios Generales y Estudios de Aplicación. Los Estudios de Aplicación, destinados a formar profesionales, no adquirieron ni por asomo el desarrollo de los Estudios Generales, pues se alejaban de los objetivos atribuidos por los liberales a la enseñanza secundaria. En resumen, ambos tipos de estudios funcionaban de la siguiente manera:

 

Los Estudios Generales se dividen en dos periodos sucesivos sin denominación específica: el Primero, de dos años, y el Segundo de cuatro. Al final se obtiene el grado de Bachiller en Artes, que habilita para las carreras superiores, entre las que se encuentra –sin distinción con las demás Facultades– la de Filosofía, y a las que se añaden, debidamente reguladas, las Escuelas Superiores. El acceso no es automático con el título de Bachiller en Artes, sino que se precisan uno o dos años Preparatorios (en la práctica será uno), exigencia que continuará vigente en adelante, dejándose su regulación concreta al plan de la respectiva Facultad o Escuela. Los Estudios de Aplicación apenas aparecen definidos en la Ley, no habilitan para el título de Bachiller y son en todos sus aspectos un añadido artificial en los Institutos. (Sanz Díaz, 1985: 154-155).

 

         El principal punto de interacción entre las dos clases de estudios era la posibilidad que tenía el alumno de combinar asignaturas de los Estudios Generales y de los de Aplicación, y así componer su propio “currículum” educativo, aunque con algunas limitaciones. Además, en la línea del Plan Pidal, la Ley Moyano concedió especial importancia a las Humanidades, a las lenguas vivas, que se dispusieron como materia obligada. La Retórica y Poética se ubicó en el segundo periodo.

         Sin embargo, todos estos planteamientos en torno a la distribución de los estudios de secundaria de la Ley de 1857 sólo tuvieron vigencia durante un curso. El plan definitivo de 1858 retornó al periodo único y los estudios en cinco cursos, algo que el posterior plan de 1861 mantuvo, así como también la abolición de la libertad de combinar asignaturas de ambos tipos de estudios, debido a la uniformidad de los cursos y la fijación de las asignaturas.

         Un aspecto muy significativo de esta ley es el debate parlamentario que se originó respecto al papel de la Iglesia en el ámbito educativo. No estaba en el ánimo de los moderados impedir a la Iglesia el ejercicio de su influencia en las aulas, pero simplemente se quería evitar que acapararan la totalidad del control ideológico de la docencia.

 

La opinión de la minoría ultracatólica de la Cámara lucharía por incorporar al proyecto los más amplios poderes docentes para la Iglesia, lo que suponía en algunos casos la entrega exclusiva de la enseñanza primaria al clero, una amplia intervención a la enseñanza secundaria y universitaria, una participación deseada en el nombramiento de los profesores y una supervisión absoluta en la elección de los libros de texto. (Puelles Benítez, 1988: 70).

 

         El intervencionismo eclesiástico en la esfera educativa fue, de hecho, el único punto debatido en el parlamento. Es un frente abierto en el que habrá que luchar cada vez que se lleve a cabo una reforma de las leyes educativas. En el caso de la Ley Moyano, el control ideológico del clero sobre la enseñanza se vería finalmente legitimado en dos artículos principalmente:

 

Artículo 153. Podrá el Gobierno conceder autorización para abrir Escuelas y Colegios de primera y segunda enseñanza, a los institutos religiosos de ambos sexos legalmente establecidos en España, cuyo objeto sea la enseñanza pública, dispensando a sus jefes y Profesores del título y fianza que exige el artículo 150.

 

 

Artículo 295. Las Autoridades civiles y académicas cuidarán bajo su más estrecha responsabilidad de que ni en los Establecimientos públicos de enseñanza ni en los privados se ponga impedimento a los RR. Obispos y demás Prelados diocesanos, encargados por su ministerio de velar sobre la pureza de la doctrina, de la Fé y de las costumbres, y sobre la educación religiosa de la juventud, en el ejercicio de este cargo.

 

         Por lo tanto, la Iglesia está autorizada para asumir el control ideológico de la enseñanza española. Esto suponía una clara limitación en la libertad de enseñanza, una cuestión que los liberales consideraban fundamental para la mejora de la calidad de la enseñanza en España. Restringir la libertad de cátedra suponía una herida profunda en el ánimo de los liberales, y la posterior Revolución liberal del 68 enarbolaría este asunto como una de las principales reformas que debían ser llevadas a cabo en materia de educación.

         A pesar de todo, la Ley Moyano es el sistema educativo más longevo en la historia de España. Fue un proyecto avalado por todas las fuerzas políticas, deseosas de implantar un sistema educativo estable, que recogiera lo mejor de todas las anteriores propuestas[10]; con ella se trazaron las principales líneas a seguir por la enseñanza hasta la «Ley General de Educación» de Villar Palasí, ya en 1970.

 

La Ley Moyano resultó ser la solución oportuna a la siempre problemática reforma de la enseñanza desde el «Informe» de Quintana y su explicitación en el Reglamento de 1821. Fue, pues, el final consecuente de intentos continuos -«proyectos, planes y reglamentos»- que por una u otra razón no llegaron a realizarse, a pesar de la voluntad política y social de arreglar de forma definitiva la instrucción pública. Nació con buena fortuna en una «circunstancia» de consenso liberal y de un «centro parlamentario» siempre proclive a posturas conservadoras y, en ocasiones, a soluciones eclécticas; contentó a casi todos, con la excepción de progresistas radicales y neocatólicos –católicos monárquicos– y tuvo la gracia de evitar los puntos conflictivos para llevar adelante la ordenación, pendiente desde siempre, de la instrucción pública. Fue, en fin, la consolidación real de un primer sistema educativo liberal y la estabilidad de un modelo que avaló el desarrollo normal de la instrucción en España durante la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX (incluso en algunos aspectos formales hasta la «Ley General de Educación» de 1970). (Capitán Díaz, 2000: 49).

 

         Los últimos años de la monarquía isabelina se caracterizan por la progresiva decadencia de los gobiernos moderados y, como consecuencia, su apego al estamento eclesiástico.

 

1863 es un año crucial. Lo es porque es el año en que se restringen las libertades electorales, lo que traerá consigo la retirada de los progresistas de las elecciones y el comienzo del fin de la era isabelina. Abre, pues, una etapa en que el moderantismo se ve acosado por todas partes y en que, como toda ideología que ha perdido su virtualidad, la respuesta será la regresión. Es también una etapa en que los moderados se entregan por completo a la Iglesia, considerada como el único bastión posible frente a la tan temida revolución, término que se va ampliando constantemente hasta albergar prácticamente a todo lo que no signifique la reacción. (Puelles Benítez, 1988: 82).

 

         La revolución se está gestando, y parece que motivos no faltan. La omnipresencia de la Iglesia, también en el ámbito educativo, es uno de ellos. En 1865, Campillo obtiene su ansiada Cátedra de Retórica y Poética en el Instituto de Cádiz. Pero, un año después, la reforma neocatólica de la enseñanza le obliga a abandonarla, y pasa a ser numerario de la Cátedra de Perfección de Latín y Principios Generales de Literatura. Durante dos años, entre 1866 y 1868, la Iglesia asumirá un papel predominante en todo lo que se refiera a educación, y sus reformas tendrán un marcado carácter retrógrado y ultraconservador. En ese periodo, Campillo no sólo tendrá que abandonar su Cátedra de Retórica y Poética, sino también la que se le asignó después; en 1868, la Cátedra de Perfección de Latín y Principios Generales de Literatura, que ejercía desde 1866, se suprimió, y Campillo pasó a ser Catedrático de Principios Generales de Arte y de su Historia y Elementos de Literatura. No sería extraño manejar la hipótesis de que estos constantes cambios, propiciados por las reformas neocatólicas, y que le obligaron a abandonar su Cátedra de Retórica y Poética, fueran la causa principal de su pensamiento manifiestamente anticlerical y de su contribución a la causa revolucionaria mediante la publicación de artículos periodísticos y la ocupación de ciertos cargos políticos.

         La etapa neocatólica (1866-1868) marca el fin de la monarquía isabelina. Los gobiernos de la Unión Liberal, de ideología moderada, no han sido capaces de solucionar los problemas de España y han provocado el descontento general del pueblo. Los pronunciamientos militares se suceden, y desde el exilio vuelven liberales y republicanos, que encabezarán la revolución que se está fraguando. Tras la muerte de O’Donnell en 1867, la Unión Liberal certifica su desmoronamiento. La fuerte crisis gubernamental sitúa en una posición muy delicada al reinado de Isabel II, que se aferra con más fuerza que nunca a la Iglesia. En esta coyuntura encuentran su terreno de juego los neocatólicos.

         Los “neos”, en su defensa a ultranza de la fe católica, se opusieron a todo pensamiento mínimamente liberal, a todo acto intelectualmente rebelde. Su plan de estudios, de corte muy tradicionalista, favorecía a la familia y la enseñanza privada en detrimento de los centros educativos estatales; sobre el profesorado oficial recaía ahora el peso de la sospecha. Todas estas medidas provocaron una reacción en defensa de los institutos.

         Las retrógradas medidas neocatólicas sólo fueron efectivas durante dos años. En septiembre de 1868, con la sublevación de Topete en Cádiz, estalla la Revolución, y comienza el denominado Sexenio Revolucionario (1868-1874). Durante este periodo democrático se asumirán variados sistemas políticos: la regencia de Francisco Serrano hasta el hallazgo de un nuevo rey para España (1868-1871), la monarquía constitucional de Amadeo de Saboya (1871-1873) y la I República (1873-1874), de carácter federal y presidencialista. En 1869 se promulga la nueva Constitución, de talante liberal y monárquico; en ella se establecen la soberanía nacional, la libertad de culto (aunque el Estado se compromete a financiar el culto católico), de prensa, de asociación y de reunión y el sufragio universal masculino como principales medidas que rompían con el pasado. Y no hay que olvidar que en esta etapa de la Historia española hace su aparición el republicanismo, defensor de ideas liberales avanzadas (sufragio universal, separación Iglesia-Estado, protección de las clases bajas, necesidad de reformas sociales, etc.) y que a partir de ahora jugará un importante papel en el devenir político del país.

         Para Campillo, partidario de la Revolución, estos años suponen un periodo de prosperidad en el ámbito profesional. En 1870 obtiene el grado de Licenciado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. Un año después, vuelve a tomar posesión de la Cátedra de Retórica y Poética, ahora en el Instituto del Noviciado en Madrid, y en 1872 publica la obra que va a ser objeto de nuestro análisis, Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva. Sin embargo, a nivel personal, Campillo tiene que ver cómo, en diciembre de 1870, la muerte se lleva a su mejor amigo, Gustavo Adolfo Bécquer, sobre el que publicará una biografía en enero de 1871 en La Ilustración de Madrid. Habían sido amigos desde su más tierna infancia y, a pesar de que durante casi quince años habían estado separados, Campillo se trasladará a Madrid en 1869 y podrá estar junto al poeta durante su último año de vida.

         La causa revolucionaria tenía como principal motor el deseo ferviente de libertad. El principio de libertad

 

fue considerado como derecho primigenio del individuo y de la sociedad, en todos sus ámbitos y sectores, entre ellos, por supuesto, el de la enseñanza y la educación –y de la educación femenina– estrictamente vinculado con las ideas de «progreso» y «bien común» en el pensamiento liberal-ilustrado: la escuela es lugar de instrucción pública y la instrucción es el camino propio hacia el conocimiento de sus derechos y libertades y la facultad para practicarlos, y para cooperar en la creación de un orden social justo y un orden económico de progreso. (Capitán Díaz, 2000: 60).

 

         Pero conquistar una realidad para ese ideal no fue ni mucho menos fácil. Los liberales revolucionarios tuvieron que enfrentarse a la oposición de ciertos sectores (sobre todo, el clero), a una España que aún estaba muy lejos de ser un país moderno y a una administración aquejada de una clara inestabilidad estructural. Sin embargo, el mayor problema era que, para disfrutar de un verdadero clima de libertad, se hacía necesario desterrar de la idiosincrasia española la idea, muy arraigada y extensiva a todos los niveles sociales, de autoridad:

 

El espíritu de autoridad, que es mucho más que el espíritu de jerarquía, domina en la Iglesia. Se manifiesta por la autoridad de los clérigos sobre los laicos, por el espíritu autoritario de la enseñanza y las predicaciones, por las relaciones, matizadas con un prejuicio favorable a la Iglesia, entre esta y el Estado. Principio de autoridad también en el Estado, en la familia, el marido la ejerce sobre su mujer, el padre sobre sus hijos. Relaciones de autoridad en la sociedad, entre las clases sociales y, en un plano más individual, entre amos y servidores. Entre estos últimos la relación de autoridad es tan fuerte y tan natural, que se afirma hasta sobre las conciencias. El espíritu de libertad destruye todo eso, o más bien amenaza con ponerlo todo en tela de juicio, no sólo en las instituciones civiles que ya les entreabren sus puertas, sino, lo que es más grave, en los estilos de vida y en las estructuras más internas de las relaciones sociales. En este nivel se plantean los problemas de educación. (Turin, 1967: 14).

 

         Las reformas educativas no se hicieron esperar. Si en septiembre de 1868 estallaba la revolución, en octubre ya estaban dispuestos los decretos mediante los cuales se daría legitimidad a la ansiada “libertad de cátedra” y se establecía un plan de estudios de carácter totalmente liberal.

         La libertad de cátedra se consideraba una derivación natural de la libertad individual. Su puesta en práctica era fruto de la confianza depositada en la ciencia y la libre oposición de ideas como medios más apropiados para acercarse a la verdad. Para ello se rechazó el monopolio del Estado sobre la enseñanza, propugnando la libertad de creación de centros educativos, y se fomentó la enseñanza privada.

         El objetivo último de estas y otras medidas era ambicioso: la completa supresión de la enseñanza estatal. Sin embargo, es más que patente el grado de utopismo de esta propuesta, y los revolucionarios hubieron de aceptar que difícilmente podría llevarse a cabo en la España de esos años.

 

Ahora bien, se tiene la conciencia de que con el grado de desarrollo cultural de la sociedad española esto no es posible, pues falta la necesaria sensibilidad colectiva para que la sociedad pueda asumir por sí misma con eficacia las tareas educativas. En este punto los revolucionarios se ven obligados a reconocer la distancia que separa aún sus planteamientos, de intachable coherencia teórica, y la realidad sobre la que han de aplicarse. El Estado, pese a los deseos gubernamentales, debía aún desempeñar un papel muy importante para transformar las condiciones culturales del país, hasta que la sociedad pudiera valerse por sí misma generando instituciones docentes en cantidad y calidad suficientes. El ideal de máxima liberalización se deja para más adelante, adoptándose entre tanto un criterio mixto de promoción de la enseñanza privada a la vez que se mantiene la estatal. (Sanz Díaz, 1985: 315).

 

         Los revolucionarios plantearon la segunda enseñanza como un camino que permitiría al alumno alcanzar la denominada “ciudadanía moral”. No se conciben los estudios de secundaria como una simple preparación para la posterior etapa universitaria, sino que el plan de estudios y sus asignaturas se orientan a la formación de la persona; esta aspiración, que no entiende de clases sociales, tiene su origen, como sabemos, en los doceañistas.

         El plan de estudios para la enseñanza secundaria diseñado por los revolucionarios, influido en cierta medida por el pensamiento krausista[11], permitía al alumno escoger entre dos opciones: una con Latín, y otra sin Latín, siendo esta última la principal novedad, pues reducía al mínimo el estudio del latín en beneficio de un estudio más intensivo de la lengua y la literatura españolas[12]. Además, se introdujeron asignaturas nunca antes ofertadas, como el Arte, la Fisiología o la Agricultura, y, en clara sintonía con el carácter laico del régimen, se suprimió la Religión[13].

         En cuanto a la distribución de los estudios de secundaria, no era fija, pues se otorgaba al alumno la capacidad de elegir las asignaturas que quería cursar cada año[14]; no obstante, en la práctica eran cinco años más el Preparatorio.

         En 1873, ya bajo el régimen republicano, se intentó una reforma de la enseñanza mediante los llamados Decretos Chao de 2 y 3 de junio, que deben su nombre al Ministro de Fomento Eduardo Chao. En ellos principalmente se abordó una reorganización de asignaturas muy moderna, basada en el nuevo humanismo y el interés por el progreso científico, pero en buena medida utópica. Recibió numerosas críticas desde todos los flancos, que hacían hincapié en el excesivo nivel que se exigía, la cantidad desorbitada de asignaturas, el escaso número de escuelas primarias, el papel predominante del idioma francés y la amplia duración de los estudios. Desde el principio, la reforma estuvo abocada al fracaso, y nunca llegó a aplicarse.

         El 29 de diciembre de 1874 marca el fin de la experiencia revolucionaria y republicana, con el pronunciamiento del general Martínez Campos, que supondrá la restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII. En cualquier caso, la andadura educativa de estos años no debe ser desdeñada; en poco menos de seis años, España había confiado en la ciencia y la pedagogía para su aplicación en el ámbito de la enseñanza, alcanzando el nivel de las culturas europeas más prósperas:

 

La pedagogía «permitía» a una minoría consciente e ilustrada reformar la sociedad, acabar con su atraso y, en definitiva, colocar a la sociedad española a la altura de las más adelantadas y cultas a través de la acción educativa. Los años que siguen a la revolución y luego, durante la monarquía restauradora, en el seno de las capas medias marginadas del poder, se caracterizan por la prioridad de esta utopía, de esta convicción que de algún modo va a impregnar al resto de los sectores no burgueses interesados en el dominio político de la sociedad. (Medina, 1977: 63).

 

         Pero, sobre todo, se había conquistado un nuevo terreno, el de la libertad[15], que si bien sería puesto en entredicho en periodos subsiguientes, desde ese momento se convertía en una cuestión de primer orden que ya no podría ser obviada. Una enseñanza sin trabas, sin censura, confiando en la ciencia, en el libre contraste de ideas y en el buen hacer de los profesores, era posible. Este fue el gran logro de los revolucionarios.

 

Si hubiera que definir la esencia de una enseñanza libre desde la vertiente de los liberales progresistas, diría que estriba en la oposición a todo monopolio, a toda centralización, a toda censura ideológica, a toda uniformidad, en definitiva, a toda constricción. Todo el conjunto de libertades se explica perfectamente desde esta perspectiva. La repulsa al monopolio explica la libertad de creación de centros docentes; la negativa a la centralización, la libertad institucional de diputaciones y ayuntamientos; el rechazo del control ideológico, la libertad de cátedra; la oposición a la uniformidad, la libertad de aprender o la libertad de método. (Puelles Benítez, 1988: 97).

 

         Los seis años del llamado Sexenio Revolucionario habían proporcionado a Campillo la estabilidad deseada, ejerciendo su Cátedra de Retórica y Poética en el Instituto del Noviciado de Madrid (actualmente Instituto del Cardenal Cisneros), puesto que conservaría durante el resto de su vida, y publicando sus primeras obras teóricas, como su exitosa Retórica y Poética ó Literatura Preceptiva (1872).

         Tras la restauración de la monarquía borbónica, se vuelve a la forma de gobierno tradicional de la mano de Cánovas del Castillo, antiguo ministro de la Unión Liberal. En 1876 se firma una nueva Constitución, de talante conservador y que duraría hasta 1923, en la cual se establecía una soberanía conjunta entre el Rey y las Cortes, cediendo al monarca el control del poder ejecutivo y la vida parlamentaria. Por otra parte, el Estado volvía a definirse como confesional.

         El sistema político diseñado por Cánovas se basaba en el bipartidismo o “turnismo”, que consistía en la alternancia pacífica de dos partidos en el poder. Esos dos partidos eran el Conservador, liderado por el propio Cánovas, y el Liberal, dirigido por Sagasta, constituido en su mayoría por los demócratas del Sexenio. Este sistema, que se sustentaba mediante fraudes electorales llevados a cabo por oligarcas y caciques, se prolongó hasta el nuevo siglo.

         Con el nuevo cambio de régimen político, las reformas en materia de educación no tardaron en llegar. El 26 de febrero de 1875 ve la luz el polémico decreto del marqués de Orovio, por el cual se hacía efectivo un mayor control sobre los programas de enseñanza[16]. Esto provocó la dimisión del profesorado más liberal de la Universidad. Dicha situación beneficiaba a la enseñanza privada, cuyo máximo exponente sería la Institución Libre de Enseñanza, creada ese mismo año.

         De 1875 a 1879, el Partido Conservador estuvo al frente del gobierno. El Conde de Toreno estaba al cargo de las cuestiones educativas. Durante su ministerio no se esquivaron los grandes problemas, como la organización administrativa, la impartición o no de la asignatura de Religión, las enseñanzas científicas y técnicas, y, sobre todo, la libertad de enseñanza:

 

Con el debate parlamentario de la nueva Constitución, la de 1876, renació la confianza; continuaron siendo diferentes las opiniones sobre la libertad de enseñanza: la progresista-liberal del partido de Sagasta, defensora a ultranza de la libertad de cátedra y de la ciencia; la moderada-conservadora del partido de Cánovas, que la limitaba por los derechos del Estado restringiéndola prácticamente a la elección de centros y a la creación de los mismos; y la integrista de la Unión Católica, que la entendía como facultad para crear centros privados que pudiesen incluso conferir los grados académicos, postura que suponía la ampliación unilateral del concepto de libertad de enseñanza. Prevaleció la postura moderada, acuñada en el artículo 12 de la Constitución: «Cada cual es libre de elegir su profesión y de aprenderla como mejor le parezca. Todo español podrá fundar y sostener establecimientos de instrucción o de educación con arreglo a las leyes. Al Estado corresponde expedir los títulos profesionales y establecer las condiciones de los que pretendan obtenerlos, y la forma en que han de probar su aptitud. Una ley especial determinará los deberes de los profesores y las reglas a que ha de someterse la enseñanza en los establecimientos de instrucción pública costeados por el Estado, las provincias o los pueblos». (Capitán Díaz, 2000: 84).

 

         Sin embargo, el Conde de Toreno nunca pudo aprobar su proyecto de ley, por lo que se vio obligado a llevar a cabo sus reformas educativas mediante decretos.

         No cabe duda de que el hecho más importante de estos años inmediatamente posteriores a la Revolución es la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, que se convirtió en un auténtico revulsivo en el ámbito educativo. La cuestión de la enseñanza estaba a la orden del día, después de la experiencia democrática[17]. Ante la situación de incertidumbre, acentuada por las polémicas universitarias y la necesidad de ofrecer a los jóvenes una educación que les dignifique como personas y les ayude a afrontar su futuro, Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío consideran necesaria la creación de una institución educativa al margen del control estatal. El decreto de Orovio de 1875 da luz verde a la Institución Libre de Enseñanza, alternativa firme a la enseñanza estatal, y un año después sus estatutos se verán reconocidos jurídicamente:

 

El real decreto de 16 de agosto de 1876 concedió a la Institución Libre existencia jurídica, aprobando los estatutos redactados el mes de mayo precedente. Los estatutos defendían la reorganización administrativa, la enseñanza y la situación del personal del establecimiento. La Institución Libre aparece como una asociación creada con los fondos aportados por los socios. Sólo la Junta Directiva puede decidir los movimientos de fondos, las inversiones, en suma, todo lo que afecta a la gestión financiera. Decide también la remuneración de los profesores y las cuestiones de material. Esto para señalar que no son los dirigentes de la Institución quienes disponen de sus recursos. La organización de los estudios y la administración interior está confiada a una Junta técnica que se reúne más a menudo que la primera, cuyas reuniones son anuales. Esta Junta está constituida por el conjunto de los profesores que participan en la vida de la Institución, ora a título permanente, ora de modo temporal. Dependen de ella los horarios, los planes de estudio, la creación o la supresión de una enseñanza, los nombramientos de profesores, la elección del rector, del vicerrector, del secretario y del vicesecretario, que se renuevan por mitad cada año» (Turin, 1967: 180).

 

         La ILE nace con el firme propósito de ofrecer a sus alumnos una educación basada en principios más modernos que los que regían la enseñanza estatal. En primer lugar, su objetivo es formar hombres y mujeres libres, capaces de dar forma a su pensamiento y a sus juicios de manera independiente. Para ello, los docentes de la ILE confían en la Pedagogía como ciencia y se preocupan por explorar la personalidad de cada alumno atendiendo a todas sus facultades. La ILE, además, suscribe la concepción krausista del hombre que tanto había calado en España; Turin (1967: 199-200) matiza esta cuestión:

 

Hay cierta concepción del hombre en la base del sistema educativo que construye. No es, en cuanto la concierne, una noción difusa que se desprende de los hechos después, sino, al contrario, una opción consciente en absoluto y que tiene por fundamento una elección reflexiva. Suponer que se trata de una concepción krausista del hombre es, sin duda, atribuir a esa filosofía una originalidad que no posee; mediante el krausismo, la Institución Libre se nutre de una corriente filosófica que, a través del s. XVIII, se remonta hasta el Renacimiento: la que sitúa al hombre mismo en el lugar de elección y considera que el ser humano no es ante todo un servidor de Dios o el miembro de una sociedad organizada, sino que el valor del hombre reside en sí mismo. Eso no significa, por otra parte, que se niegue la vocación espiritual y el papel social del ser humano. Educar al hombre para el hombre, al hombre en sí mismo, es un leit-motiv que se repite constantemente en la pluma de Giner, de Cossío, o en los prospectos que la Institución redacta anualmente.

 

         En concordancia con el propósito de formar personas libres, con un pensamiento independiente, la ILE se constituye como un establecimiento laico, aunque tolerante con los alumnos que poseen convicciones religiosas:

 

El laicismo de la Institución Libre es un laicismo abierto que consiste en no tomar partido en un terreno que considera como una zona reservada a las conciencias. Evita influir sobre la conciencia delicada del niño, pero respeta cuidadosamente las convicciones de los que las tienen. (Turin, 1967: 215).

 

         Como era previsible, unos principios tan modernos chocaron inevitablemente con las facciones más tradicionales y conservadoras de la enseñanza:

 

Los hombres de la Institución trataron desde el principio de erigirse como motores de la moderna pedagogía racionalista, laica y humanista, con lo que se encontraron enfrentados no sólo a la Iglesia y los conservadores, sino a la gran masa de maestros apegados a los viejos estilos de enseñar, adocenados en su rutina y demasiado atentos, para su misma subsistencia, a la concordancia de sus ideas y sistema pedagógico con las de las autoridades locales, eclesiásticas y civiles de las que dependían totalmente. (Medina, 1977: 69).

 

         La ILE fue concebida en un principio como un centro de enseñanza secundaria; pero la propia experiencia en el trato con los alumnos hizo que los propios maestros abogaran por la creación de una sección de enseñanza primaria dentro de la Institución:

 

Esta [la ILE], primero, quiere ser un centro de estudios de cultura general, es decir, de enseñanza secundaria. Durante este periodo, en efecto, se forman la inteligencia, la sensibilidad y el cuerpo del niño. Mas, para llegar a un desarrollo tan completo, muy pronto ven los maestros de la Institución que es insuficiente ocuparse de los niños después de su formación primaria. Estos han adquirido entonces hábitos, o más bien un hábito, el de la pasividad, que hace muy larga la puesta en marcha de los métodos activos que son la base de toda formación secundaria, tal como la concibe la Institución. Así, en 1878 se crea una sección primaria. (Turin, 1967: 181).

 

         Pero la ILE deseaba que sus alumnos disfrutaran de una educación integral, incluyendo los estudios universitarios. No querían que, tras el periodo de enseñanza secundaria, el espíritu institucionista que se había inculcado al alumno se diluyese cuando ingresara en la Universidad. La ley no permitía un proyecto paralelo al de la Universidad Oficial, por lo que la ILE ofrecía a sus alumnos una serie de cursos y conferencias sobre diversas materias[18]. El problema era que estos cursos no tenían validez oficial, razón por la que muchos alumnos se daban de baja en ellos, y que los recursos económicos eran muy limitados, lo cual provocaba la renuncia de algunos profesores; todo esto dio al traste con el “proyecto universitario de la ILE” (Capitán Díaz, 2000: 87).

         Si la ILE era ambiciosa en cuanto a los estudios que ofertaba, también lo era en lo referente al tipo de enseñanza que en sus aulas se impartía:

 

La Institución Libre no quiso elegir entre una enseñanza clásica y otra científica. Giner lo dijo: la enseñanza secundaria no es, según él, el lugar de una formación profesional. Se trata de formar al hombre, y para ello sería incompleta una instrucción que descuidase uno u otro de esos dos aspectos de la enseñanza. Sin embargo, la Institución concede mucho mayor lugar a las ciencias que la enseñanza tradicional. Y si se preguntara a uno de sus maestros cuáles son a su parecer las disciplinas más propias para formar el espíritu del niño, respondería sin vacilar: todas. (Turin, 1967: 206-207).

 

         La Institución consideraba que el alumno debía ser educado integralmente. Su educación orientada hacia la libertad y el buen uso del juicio debía verse acompañada de la impartición de asignaturas de todas las ramas del saber humano, sin dar prioridad a ninguna por encima de otra.

         Como hemos dicho más arriba, la ILE desarrolló un programa pedagógico bastante novedoso. Fueron muchas las innovaciones en materia de educación que la ILE puso en marcha. A continuación señalamos las principales:

a)   La coeducación, es decir, los chicos y las chicas estudian juntos, no son separados en razón de su sexo[19]. La igualdad de sexos en la escuela era un principio fundamental en la filosofía educativa de la ILE.

b)   Uso del método intuitivo. La educación se orienta hacia la práctica, por lo que el alumno se convierte en el protagonista de su propia formación; el maestro es un guía que incita constantemente al alumno a buscar, indagar, descubrir[20]. Giner solía decir: «Es necesario enseñar al niño lo menos posible, y hacer encontrar al niño lo más posible». 

c)   Las excursiones como recurso didáctico. Se trata de enseñar al alumno teniendo presentes los objetos del estudio (desde monumentos hasta flores), permitiendo así la observación directa de tales elementos y fomentando su valoración crítica.

d)   Potenciación de las relaciones entre la escuela y la familia. La ILE promovía la implicación de la familia y de lo social en la formación de sus alumnos. La familia es parte esencial en la educación del niño. Además, con tal fin se redacta periódicamente el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, donde escribían algunos de los más prestigiosos pedagogos, literatos, científicos, filósofos e investigadores.

e)   Los libros como elementos imprescindibles de apoyo para el estudio. Pero no los libros “de texto” destinados a la asignatura en concreto, sino que el maestro tenía como prioridad despertar en el alumno la curiosidad y el gusto por la lectura, por los libros en general. Los maestros de la ILE rechazan el uso de los libros “de texto” por considerar que mecanizan el trabajo del alumno.

         Como se puede apreciar, son muchos los factores que señalan a la Institución Libre como pionera de los métodos pedagógicos más modernos. Su programa educativo es la primera experiencia representativa de la aplicación de la Pedagogía como ciencia y el principio de la libertad de enseñanza en el ámbito docente, algo sin duda muy significativo para la historia de la educación española:

 

Un examen a fondo del programa pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza nos indicaría cómo este programa encarna lo mejor, lo más puro del pensamiento liberal proyectado hacia la educación. Con todas sus limitaciones, que las tuvo, fue una experiencia pedagógica profundamente renovadora cuyo espíritu se proyectó sobre la educación española hasta bien entrado el siglo XX: sólo la trágica experiencia de la guerra civil de 1936 impidió a la II República recoger los frutos del institucionismo. (Puelles Benítez, 1988: 111).

 

         El eterno debate entre los teóricos es si la Institución Libre de Enseñanza fue o no una experiencia fructífera. Pocos niegan su influencia posterior en ciertos aspectos y la calidad de sus planteamientos, pero la mayoría opina que, a pesar de todas sus novedosas aportaciones, la ILE, además de ser una experiencia truncada, no ofreció soluciones concretas para los problemas más arraigados en la enseñanza española:

 

Pero la Institución, ¿consigue prácticamente imponer un estilo de educación adaptado a la sociedad española naciente y capaz de servir de modelo a una reforma general de la enseñanza? Sin injusticia se puede responder que no. Aportó procedimientos pedagógicos nuevos; fue un centro en que fermentaban gran cantidad de ideas nuevas e interesantes que esparció por toda España. Sacudió las inercias, lo que es inapreciable. Pero prácticamente no halló la solución a las contradicciones de lo bueno y de lo útil en materia de educación. (Turin, 1967: 218).

 

         Para concluir nuestra presentación de la Institución Libre de Enseñanza, reproducimos las palabras de Puelles Benítez (1988: 110), que nos dan uno de los muchos motivos por los que el proyecto de Giner de los Ríos, Cossío y muchísimos más merece un lugar destacado dentro de la historia de la educación española:

 

Si me viera obligado a resumir en dos palabras el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, creo que nada sería más fácil al respecto; la Institución nace, vive y muere en función de la libertad de ciencia, de la defensa de la libre manifestación del pensamiento docente. Nada tiene, pues, de extraño que este principio aparezca en el artículo primero de los Estatutos de la Institución y, más desarrollado, en el famoso artículo quince, artículo que aparecería de modo constante en el frontispicio del Boletín de la ILE. Nacida en un principio para hacer posible la libertad de ciencia en el ámbito universitario, pronto se dirigiría hacia la enseñanza secundaria y, finalmente, hacia la primera enseñanza, convirtiéndose de este modo en un proyecto pedagógico sumamente ambicioso.

 

         Año 1881. Los liberales acceden al poder. Turin (1967: 301) nos pone en situación:

 

En 1881, el gran periodo del gobierno conservador termina sin que se haya adoptado ninguna ley de conjunto. No se han constituido las instituciones escolares. Sin embargo, la libertad de enseñanza se ha convertido en una realidad concreta. Se han fundado la Institución Libre y otras muchas “academias”. Ya no hay monopolio de la enseñanza. No obstante, persiste la incertidumbre en lo que concierne a las relaciones de la enseñanza oficial con la confesional, a los exámenes, la inspección y la instrucción religiosa. Esos son los temas de la política, llena de contrastes, de los años siguientes.

 

         La primera medida de José Luis Albareda, ministro de Fomento, fue derogar todo lo decretado anteriormente por Orovio. En su circular de 3 de marzo de 1881, se decreta la libertad total de enseñanza, lo que propició el retorno de los profesores liberales que habían dimitido en 1875. Por otra parte, se le ofrece apoyo gubernamental a la Institución Libre de Enseñanza, que se materializó en la creación del Museo Pedagógico, la reforma de las Escuelas Normales y el Congreso Pedagógico de 1882.

         Germán Gamazo fue el segundo ministro de Fomento de este periodo liberal. Su principal aportación fue hacer eficaz la obligatoriedad escolar, mediante dos medidas: establecer penas para padres y maestros negligentes y crear una caja especial municipal destinada exclusivamente al pago de los sueldos de los maestros.

         Por último, el Marqués de Sardoal, tercer y último ministro de Fomento de los liberales, planteó una reforma de la enseñanza superior y las enseñanzas técnicas.

         Durante ninguno de los tres ministerios se debatió la cuestión religiosa.

         Entre 1883 y 1885, el partido conservador está al frente del gobierno. Alejandro Pidal Mon, marqués de Pidal, se encarga de la cartera de Fomento. Sus medidas en materia de educación tienen un carácter muy retrógrado, como la considerable disminución de la libertad de enseñanza, y provocan un conflicto entre el gobierno y la Universidad.

         De 1885 a 1890, el gobierno vuelve a ser liberal. Y, como ya hiciera antes, deroga lo decretado por el gobierno anterior, reestableciendo los derechos negados por el marqués de Pidal[21]. La libertad de enseñanza vuelve a ser total, y ahora se plantea la reforma de la enseñanza primaria, con la incorporación de las Escuelas Normales al presupuesto estatal, y la reforma de las enseñanzas técnicas, que no pudo ser llevada a cabo por el anterior gobierno liberal.

         El nuevo gobierno conservador (1890-1892), con los ministros Santos Isasa y Aurelio Linares Rivas al frente del ministerio de Fomento, ejerció una actividad casi nula en el campo de la educación.

         El siguiente turno es para los liberales, que gobiernan entre 1892 y 1895. Su ministro de Fomento, Alejandro Groizard, por fin aborda la cuestión religiosa y llega a un cierto compromiso con la Iglesia: el gobierno, por su parte, creará la Cátedra de Moral y Religión, mientras que la Iglesia reconocerá la libertad de conciencia. Por otra parte, se establecen medidas para garantizar la autonomía de la Universidad.

         El gobierno conservador que estuvo en el poder entre 1895 y 1897, con Alberto Bosch como ministro de Fomento, demostró de nuevo que la derecha tenía poca voluntad de moderarse. Las medidas vuelven a tener un claro talante retrógrado, como la que obliga a los católicos a asistir a cursos de religión.

         Mientras tanto, la situación en Cuba se agrava considerablemente. La constante dejadez en todo lo que se refiere a política exterior por parte de los gobiernos, más atentos a borrar las huellas de la ejecutiva precedente, desemboca en una guerra entre España y Estados Unidos y en la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico). El llamado “desastre del 98” hace que España haga su entrada en el nuevo siglo XX en un estado de forma lamentable. Urge una reforma radical, y la educación es indudablemente uno de los frentes en los que hay que trabajar por la renovación. Campillo, que había asistido a esta progresiva decadencia de España desde la estabilidad de su Cátedra de Retórica y Poética en el Instituto del Noviciado de Madrid, no tuvo oportunidad siquiera de entrever las medidas regeneracionistas. Murió el 2 de enero de 1900; apenas vio un día del nuevo siglo. 

 

IV

BIBLIOGRAFÍA

 

- ALBALADEJO MAYORDOMO, Tomás (1993): Retórica, Madrid, Síntesis.

-ALVAR, Carlos, MAINER, José-Carlos y NAVARRO, Rosa (2000): Breve historia de la literatura española, Barcelona, Círculo de Lectores.

- ARADRA SÁNCHEZ, Rosa María (1997): De la Retórica a la Teoría de la Literatura (siglos XVIII y XIX), Murcia, Universidad.

- AULLÓN DE HARO, Pedro (1994): “Epistemología de la teoría y la crítica de la literatura”, en Pedro Aullón de Haro (coord.): Teoría de la crítica literaria, Madrid, Trotta, pp.11-113.

- AYALA, María de los Ángeles (2001): “Una docena de cuentos, primera recopilación de cuentos de Narciso Campillo y Correa”, en Jaime Pont (ed.): El cuento español en el siglo XIX. Autores raros y olvidados, Edicions Universitat de Lleida, pp. 133-148.

- BAQUERO ESCUDERO, Ana Luisa (1984): “El cuento popular en el siglo XIX (Fernán Caballero, Luis Coloma, Narciso Campillo, Juan Valera)”, Anales de la Universidad de Murcia, Vol. XLIII, Núm. 1-2, Facultad de Letras, pp. 361-380.

- BAQUERO ESCUDERO, Ana Luisa (1999): “Las ideas literarias del XIX en torno a la novela: algunas aproximaciones”, Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, II Coloquio. La elaboración del canon en la literatura española del siglo XIX (Barcelona, 20-22 de octubre de 1999), Barcelona, PPU, pp. 59-67.

- BOBES NAVES, María del Carmen [et al.] (1998): “Transmisores; Edad Media; Poéticas clasicistas” en Historia de la teoría literaria, 2, Madrid, Gredos.

- BROWN, Rica (1964): Bécquer, Barcelona, Aedos.

- CAPITÁN DÍAZ, Alfonso (2000): Educación en la España contemporánea, Barcelona, Ariel.

- CARBALLO PICAZO, Alfredo (1955): “Los estudios de preceptiva y de métrica españolas en los siglos XIX y XX. Notas bibliográficas”, en Revista de Literatura, VIII, pp. 23-56.

- CUESTA ABAD, José M. (1994): “La Crítica literaria y la Hermenéutica”, en Pedro Aullón de Haro (coord.): Teoría de la crítica literaria, Madrid, Trotta, pp. 485-510.

- DELGADO CRIADO, Buenaventura (1994): La educación en la España contemporánea (1789-1975), Madrid, Ediciones SM, 3 vols.

- DÍAZ, José Pedro (1971): Gustavo Adolfo Bécquer. Vida y poesía, Madrid, Gredos, 3ª ed. corregida y aumentada.

- DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, José (1974): Contribución a la historia de las teorías métricas en los siglos XVIII y XIX. Anejos de la Revista de Filología Española, XCII, Madrid, CSIC.

- ESTEVE SERRANO, Abraham (1982): Estudios de teoría ortográfica del español, Universidad de Murcia.

- FLITTER, Derek (1995): Teoría y crítica del romanticismo español, Cambridge, University Press.

- GARCÍA BERRIO, Antonio y HERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, Teresa (1994): La Poética: tradición y modernidad, Madrid, Síntesis.

- GAVIÑO RODRÍGUEZ, Victoriano y DURÁN LÓPEZ, Fernando (2010): Gramática, canon e historia literaria. Estudios de filología española entre 1750 y 1850, Madrid, Visor Libros.

- GONZÁLEZ ALCÁZAR, Felipe (2005): Procesos de la poética clasicista: los tratados de preceptiva españoles del siglo XIX, Universidad de Murcia.

- GUERRERO, Fuensanta (1964): “Vida y obras de Narciso Campillo”, en Revista de Literatura, XXV, nº 49-50, pp. 69-106.

- HERNÁNDEZ GUERRERO,  José Antonio (1990): “Supuestos epistemológicos de las retóricas y poéticas españolas del siglo XIX”, en Investigaciones semióticas III, I, Madrid, UNED, pp.537-544.

- HERNÁNDEZ GUERRERO, José Antonio y GARCÍA TEJERA, María del Carmen (1994): Historia breve de la retórica, Madrid, Síntesis.

- JURISICH, Marcelo (2008): “Lo que yace debajo: para qué sirve el canon literario”, en Espéculo. Revista de estudios literarios, número 38 (www.ucm.es/info/especulo/numero38/canonli.html).

- LLORENS, Vicente (1983): El romanticismo español, Madrid, Castalia.

- MAINER, José-Carlos (1981): “De historiografía literaria española, el fundamento liberal”, en Estudios sobre Historia de España. Homenaje a Manuel Muñón de Lara, Santander, UIMP, vol. II, pp. 439-472.

- MAINER, José-Carlos (2000): “La invención de la literatura española”, en Dolores Romero López (ed.): Naciones literarias, Barcelona, Anthropos / Editorial Complutense de Madrid, pp. 201-230.

- MEDINA, Esteban (1977): La lucha por la educación en España, 1770-1970, Madrid, Ayuso.

- METZELTIN, Miguel (2003): “De la Retórica al Análisis del Discurso”, en Tonos Digital, número 6:

www.um.es/tonosdigital/znum6/estudios/Metzeltin.htm

- MORALES SÁNCHEZ, Isabel (2000): La novela como género. Tradición y renovación en la teoría literaria española del siglo XIX, Universidad de Cádiz.

- NÚÑEZ RUIZ, Gabriel (2001): La educación literaria, Madrid, Síntesis.

- NÚÑEZ RUIZ, Gabriel y CAMPOS FERNÁNDEZ-FIGARES, María del Mar (2005): Cómo nos enseñaron a leer: Manuales de literatura en España, 1850-1960, Madrid, Akal.

- PÉREZ PRIEGO, Miguel Ángel (1997): La edición de textos, Madrid, Síntesis.

- POZUELO YVANCOS, José María (1988): Del formalismo a la neorretórica, Madrid, Taurus.

- PUELLES BENÍTEZ, Manuel de (1988): Textos sobre la educación en España (Siglo XIX), Madrid, UNED.

- PUELLES BENÍTEZ, Manuel de (2010): Educación e ideología en la España contemporánea, Madrid, Tecnos, 5ª edición.

- RAMÍREZ LUENGO, José Luis [coord.] (2012): Por sendas ignoradas. Estudios sobre el español del siglo XIX, Lugo, Axac.

- ROMÁN GUTIÉRREZ, Isabel (2002): “Las ideas poéticas de Narciso Campillo: la Retórica y Poética o Literatura Preceptiva y otros textos”, Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, II Coloquio. La elaboración del canon en la literatura española del siglo XIX (Barcelona, 20-22 de octubre de 1999), Barcelona, PPU, pp. 377-391.

- ROMERO TOBAR, Leonardo (1994): Panorama crítico del romanticismo español, Madrid, Castalia.

- ROMERO TOBAR, Leonardo (2006): “La Historia de la Literatura Española en el siglo XIX”, en La literatura en su lit   eratura, Madrid, Arco Libros, pp.110-145.

- SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, María José (2005): “La formación de la maestra. Un recorrido histórico a través de la legislación educativa española (siglos XIII- XIX)”, en Tonos Digital, nº 9 (www.um.es/tonosdigital/znum9/estudios/formacionmaestra.htm).

- SANZ DÍAZ, Federico (1985): La Segunda Enseñanza oficial en el siglo XIX (1834-1874), Madrid, MEC.

- SILVER, Philip W. (1996): Ruina y restitución: reinterpretación del romanticismo en España, Madrid, Cátedra.

- TÉMIME, Émile, BRODER, Albert y CHASTAGNARET, Gérard (2009): Historia de la España contemporánea. Desde 1808 hasta nuestros días, Barcelona, Ariel Historia, 11ª impresión (1ª ed. 1982).

- TURIN, Ivonne (1967): La educación y la escuela en España de 1874 a 1902, Madrid, Aguilar.

- UTANDE IGUALADA, Manuel (1982): “Un siglo y medio de segunda enseñanza (1820-1970)”, en Revista de Educación, año XXX – Nº 271 (septiembre-diciembre), pp. 7-41.

- VICENTE GÓMEZ, Francisco (2008): “La formación de las disciplinas literarias en España. Del modelo retórico al modelo crítico e histórico literarios. Los Elementos de Literatura (Retórica y Poética) de Francisco Holgado y Toledo, de 1863”, en Vicente Cervera Salinas y Mª Dolores Adsuar Fernández (eds.): Alma América. In honorem Victorino Polo (Tomo II), Murcia, Editum, pp. 429-447.

V

Índice de autores y obras

 

CAMPILLO

 

 

AUTORES

OBRAS

Abul-Beka: 115 (n.p.)

Afranio: 269

Akenside, Mark: 242

Al(f)onso X el Sabio: 15, 109, 111, 151 (n.p.), 191, 245

Alcalá Galiano, Antonio: 141

Alcázar, Baltasar del: 58, 101, 224

Alcibíades: 126

Alemán, Mateo: 171, 173, 175

Alfieri, Vittorio: 264

Andócides: 132

Anquetil: 150

Antifon: 143

Antonio: 128, 129

Arcipreste de Hita (Juan Ruiz): 110, 111, 112, 113, 241

Argensola, Bartolomé Leonardo de: 29, 152, 204, 219, 281

Argensola, Lupercio de: 86, 208, 211

Argensolas, los: 221, 265, 281

Arguijo, Juan de: 85, 89, 192, 221

Ariosto: 229, 230

Aristófanes: 268, 269, 280

Aristóteles: 176, 250, 251

Arjona, Manuel María de: 286

Arnou: 114

Arolas, Juan: 40, 47, 94, 199, 214, 243

Arrambide, don Juan Miguel de: 246 (n.p.)

Ávila, maestro Juan de: 148, 167

 

 

Bacon, Francis: 169, 176

Balmis, Francisco Javier de: 39

Barahona de Soto, Luis: 240

Baralt, Rafael María: 65, 191, 203

Barcia, Roque: 58 (n.p.)

Batteux, Charles: 286

Bécquer, Gustavo Adolfo: 243

Bellini, Vincenzo: 22

Bello, Andrés: 48

Berceo, Gonzalo de: 56 (n.p.), 108, 191

Bergedán, Guillén de: 114

Bermúdez, fray Jerónimo: 265

Bión: 219, 289

Blair, Hugo: 98

Boileau, Nicolás: 241, 257

Boscán, Juan: 113, 117

Bossuet, Jacques Bénigne: 9, 153 (n.p.)

Boyssy: 256

Bretón de los Herreros, Manuel: 58 (n.p.)

Brocense, el: 9

Buffón, conde de: 9, 22

 

 

Cabrera, Luis: 152

Cadalso, José: 200, 215

Cádiz, fray Diego de: 148

Calderón de la Barca, Pedro: 25, 26, 43, 45, 51, 85, 97, 221, 222, 253, 256, 265, 269, 270, 273, 277, 279

Calímaco: 219

Camoens, Luis de: 229, 231, 239

Camuñas, Fray Diego: 76 (n.p.)

Cañizares, don José de: 255

Cano, Alonso: 22

Cantú, César: 150

Carducho, Vicente: 164

Caro, Rodrigo: 46, 47 (n.p.), 179

Cartagena, don Alonso de: 15

Castellví, Franci de: 114

Casti, Giovanni Battista: 241

Castillejo, Cristóbal de: 114

Castro, Guillén de: 264

Castro, Salvador Bermúdez de: 72

Catón de Útica: 128

Catón el Censor: 128

Catulo: 224

Cavanillas: 150

Ceficios: 132

Cervantes, Miguel de: 31, 51, 60, 64, 82, 85, 88, 100, 101, 160, 171, 173, 175, 205, 259, 265, 287

César Octavio Augusto, Julio: 8, 87, 126, 128, 129, 151, 264, 269, 285

Céspedes, Pablo de: 42, 80, 196, 285

Cetina, Gutierre de: 223

Chatam, lord: 141

Chateaubriand, vizconde de: 259

Cibdareal, bachiller Fernán Gómez de: 115, 116, 167

Cicerón: 1, 7, 22, 96, 98, 101, 102, 120, 127, 128, 129, 133, 143, 151 (n.p.), 163, 164, 167, 286

Cienfuegos, Nicasio Álvarez de: 58 (n.p.), 205, 219, 265, 267

Císcar, Gabriel: 286

Cleón: 126

Clístenes: 126

Cneo Macio: 269

Coloma, don Carlos: 151, 157

Colón, Cristóbal: 22, 38, 60, 88, 232, 234

Columela, Lucio Junio Moderato: 284, 285

Constant, Benjamin: 141

Contreras, padre Fernando de: 148

Copérnico, Nicolás: 22, 39

Corneille, Pedro: 264

Cornificio: 98

Cota, Rodrigo de: 117

Craso: 128, 143

Crates: 268

Cricias: 126

Cruz, don Ramón de la: 278

Cueva, Juan de la: 240, 241, 264, 285

Cuvier, Georges: 22

 

 

Dante Alighieri: 19, 22, 39, 50, 52, 115, 117, 131, 227, 229, 230, 233, 236, 237, 238, 273

Dantón, Georges-Jacques: 135, 141

Decio Laberio: 269

Delille, Jacques: 243, 285

Demóstenes: 22, 100, 102, 127, 128, 129 (n.p.), 132, 133, 134, 135, 136 (n.p.), 142, 143

Descartes, René: 9

Diamante, Juan Bautista: 265

Díaz Tanco, Vasco: 265

Díez de Gámez, Gutierre: 151

Don Juan Manuel, Infante: 15, 110, 113

Don Santo de Carrión (Sem Tob): 110, 112, 113

Donoso Cortés, Juan: 141

Dryden, John: 284

Durán, Agustín: 31

 

 

Encina, Juan de la: 115, 117, 224, 269, 279

Epicarmo: 268

Ercilla, Alonso de: 82, 84, 226, 239, 241

Escobar, Baltasar de: 205

Esopo: 283

Espinel, Vicente: 171, 203

Espinosa, Pedro de: 289

Espronceda, José de: 68, 92, 97, 190, 218, 219, 221, 237, 243

Esquilo: 251, 263

Esquines: 127, 128, 132

Estacio: 238, 269

Euclides: 22

Eupolis: 268

Eurípides: 251, 252, 263, 265, 268

 

 

Febrer, mosén Jaime: 114

Fedro: 283

Fenelón, François: 164

Fenollar, Bernat: 114

Fernández de Apontes, Juan: 277

Fernández, Lucas: 279

Festo Avieno: 242

Fidias: 22

Figueroa, Francisco de: 286, 289

Filipo: 127

Fontenelle, Bernard le Bovier de: 289

Fornaris, José: 203

Forner, Juan Pablo: 224

Fóscolo, Hugo: 73 (n.p.)

Fox, George: 141

Fracástor, Jerónimo: 285

Franklin, Benjamin: 39

Fulton, Robert: 39

 

 

Galileo: 22, 39

Gallego, Juan Nicasio: 31, 60, 71, 72, 97, 186, 214, 218, 219, 221

García de la Huerta, Vicente: 86 (n.p.), 265

Garcilaso de la Vega: 21, 44, 50, 62 (n.p.), 64, 113, 117, 118, 186, 191, 193, 199, 211, 219, 286, 287, 289

Gay, John: 284

Gellert, Christian: 284

Gésner, Salomon: 288, 289

Gil Polo, Gaspar: 171, 200

Gil y Zárate, Antonio: 253

Gleim, Johann Wilhelm Ludwig: 284

Goethe, Johann Wolfgang: 223, 233, 234

Gómez de Avellaneda, Gertrudis: 191

Góngora, Luis de: 12, 50, 51, 57, 70 (n.p.), 76, 183, 190, 196, 211, 212, 222, 223, 224, 281

González Dávila, Gil: 152

González, Diego: 285

Gorgias: 126

Gracián, Baltasar: 45, 243

Gracos, los: 128

Granada, (Padre) fray Luis de: 9, 98, 148

Guarini, Gian Battista: 289

Gutenberg, Johannes: 39

 

 

Hartzenbusch, Juan Eugenio: 284

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich: 232, 258

Heine, Enrique: 223

Heredia, José María: 81, 83, 91, 214

Hermosilla, José Mamerto Gómez: 26, 164, 176 (n.p.), 257, 286

Hernández de Velasco, Gregorio: 91

Herodoto: 151 (n.p.)

Herrera, Fernando de: 21, 42, 51, 55, 83, 84, 89 (n.p.), 91, 93, 105, 118, 178, 184, 185, 186, 210, 213, 214, 218, 219, 289

Herrera, Juan de: 22

Hesiodo: 242, 285

Hojeda, fray Diego de: 202, 227, 233, 239

Homero: 22, 27, 37, 39, 42, 52, 83, 208, 217, 229, 234, 236, 237, 238, 241

Horacio: 8, 11, 21, 29, 40, 48, 75, 84, 85, 92, 96, 100, 104, 180, 182, 185 (n.p.), 193, 213, 214, 217, 237, 254, 257, 258, 280, 281, 286

Hortensio: 128, 143

Hugo, Víctor: 243

Hurtado de Mendoza, don Diego: 157, 171, 173, 175

 

 

Iglesias, José: 58, 101, 215, 224

Iriarte, Tomás de: 30, 189, 224, 284

Iseo: 127, 143

Isla, padre: 148, 167, 175

Isócrates: 127, 143

 

 

J.Z.: 199, 202

Jáuregui, Juan de: 186, 219, 287

Jenofonte: 151

Jérica, don Pablo de: 284

Jonama, Santiago: 58 (n.p.)

Jordi, mosén: 114

Jovellanos, Gaspar Melchor de: 87, 90, 92, 100, 112 (n.p.), 143, 167, 207, 271, 281, 286, 289

Juan II: 15

Juvenal: 8

 

 

Klopstock, Friedrich Gottlieb: 233, 239

 

 

La Fontaine, Jean de: 284

Lafuente, Modesto: 100, 150, 157

Lamartine, Alphonse de: 141

Lamothe: 284

Leibnitz, Gottfried: 9, 153 (n.p.)

León, fray Luis de: 42, 53, 56 (n.p.), 62 (n.p.), 69, 75, 92, 95, 96, 185, 186, 210, 214, 215

León, maestro Pedro de: 9, 164, 213

Lisias: 127, 132

Lista, Alberto: 31, 51, 60, 201, 214, 242

Livio Andrónico: 245, 269

Llanos, padre: 76 (n.p.)

Llorente, Juan Antonio: 150

Lloret, Doctor: 76 (n.p.)

Lope de Rueda: 269, 279

Lope de Vega, Félix: 25, 26, 43, 51, 56 (n.p.), 71, 85, 87, 95, 119, 171, 198, 200, 215, 220, 221, 222, 231, 236, 240, 241, 252, 265, 269, 270, 273, 285, 287, 289

López de Ayala, Pe(d)ro: 100, 110, 112, 151

López de Zárate, Francisco: 240

López, Joaquín María: 141

Lucano: 52, 96, 228, 238, 241

Lucrecio: 8, 285

Lulio, Raimundo: 114

 

 

M.F.G.: 52

Macías: 115

Malara, Juan de: 264

Manrique, Jorge: 75, 115, 218

Maquiavelo: 153 (n.p.)

March, Ausias: 114

March, José: 58 (n.p.)

Marcial: 224

Marco Antonio: 143

Mariana, padre Juan de: 9, 150, 157

Mármol Carvajal, don Luis del: 150, 222

Marmontel, Jean-François: 164

Martín, Luis: 223

Martínez de la Rosa, Francisco: 67, 141, 193, 207, 218, 219, 265, 267, 281, 285, 286

Mataplana, Hugo de: 114

Mecenas: 263

Meini, Vicente: 46

Meléndez Valdés, Juan: 44, 66 (n.p.), 80, 94, 143, 186, 200, 215, 219, 222, 224, 281, 286, 289

Melo, Francisco Manuel de: 157

Mena, Juan de: 56, 115, 116, 117

Menandro: 268, 269

Mesa, Cristóbal de: 209

Metastasio: 220, 264

Miguel Ángel: 22

Milton, Juan: 39, 52, 227, 229, 230, 233, 237, 239

Miñano, Sebastián: 167

Mira de Amescua, Antonio: 219

Mirabeau, conde de: 135, 141

Miranda, Francisco Sa de: 289

Mola: 114

Molière: 256

Moncada, don Francisco de: 150, 157

Montaner, Raimundo: 114

Montañés, Juan Martínez: 18, 22

Montemayor, Jorge de: 171, 287

Montiano y Luyando, don Agustín de: 265

Monzón, Juan Francisco Enciso de: 240

Morales, Ambrosio de: 151 (n.p.), 157

Moratín, Leandro Fernández de: 12, 26, 167, 176 (n.p.), 184, 190, 218, 249, 253, 270, 281, 289

Moratín, Nicolás Fernández de: 71, 88, 189, 204, 224, 241, 285

Moreto, Agustín de: 253, 256, 265, 269, 271, 273

Mosco: 219, 289

Mozart, Wolfgang Amadeus: 22

Müller, Juan: 150

Murillo, Bartolomé Esteban: 22

 

 

Newton, Isaac: 9, 39, 103

Nieto de Molina, Francisco: 242

 

 

O’Connell, Daniel: 141

Ocampo, Florián de: 151 (n.p.), 157

Olive, Pedro María de: 58 (n.p.)

Ortiz de Zúñiga, don Diego: 151

Ovidio: 8, 236, 285

 

 

Padilla, fray Juan de: 115

Palacios Rubio, Juan López de: 100

Palafox, Juan: 73

Paravicino, fray Hortensio Félix: 148

Pastor Díaz, Nicomedes: 106

Pedro III: 15

Pedro IV el Ceremonioso: 15

Peña Aguayo, Manuel: 151

Pérez de Guzmán, Fernán: 115, 116, 151

Pérez de Oliva, Fernán: 94, 164, 265

Pérez, Alonso: 171

Pérez, Antonio: 167

Pericles: 126, 132, 288

Perier, Casimir: 141

Persio: 8

Petrarca, Francesco: 114, 213, 219 (n.p.)

Pignoti, Lorenzo: 284

Pilpay: 283

Píndaro: 100

Pisístrato: 126, 132

Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés): 93 (n.p.), 204

Platón: 33, 164, 176

Plauto: 8, 258, 269

Plinio el Joven: 167

Plutarco: 151

Pope, Alexander: 241, 289

Príncipe, Miguel Agustín: 284

Prudencio: 217

Publio Siro: 269

Puebla, fray Antonio de la: 76 (n.p.)

Pulgar, Fernando (Hernando) del: 115, 116, 117, 151, 167

 

 

Quevedo, Francisco de: 9, 44, 50, 51, 57, 62 (n.p.), 70, 73, 76, 90, 101, 112, 118, 160, 167, 171, 173, 175, 201, 212, 219, 222, 224, 281

Quintana, Manuel José: 20, 25, 31, 66 (n.p.), 68, 71, 87, 116, 136 (n.p.), 151, 157, 214, 265, 267, 281

Quintiliano: 11, 98, 263, 280

Quinto Curcio: 8, 152

Quirós, Pedro de: 204, 221, 223

 

 

Racan, marqués de: 289

Racine, Jean: 264, 269 (n.p.)

Rafael: 22

Reinoso, Félix José: 31, 52, 91, 96, 214, 241

Ribeiro, Bernardim: 289

Richarson, Samuel: 174

Richter, Juan Pablo: 223

Rioja, Francisco de: 46, 47 (n.p.), 48, 56, 71, 73, 84, 89, 179, 183, 184, 186, 199, 215, 219, 281

Rivas, duque de: 25, 176, 222, 243

Roa, bachiller Pedro de: 167

Roa, padre Martín de: 148, 157

Roberti, Girolamo: 284

Rodríguez del Padrón, Juan: 115

Roig, Jaime: 114

Rojas, Fernando de: 117

Rojas Zorrilla, don Francisco de: 256, 265, 269, 273

Rucher: 243

Ruckert, Friedrich: 223

Rufo, Juan: 228, 240

Ruiz de Alarcón, don Juan: 269, 270, 273

 

 

Saavedra Fajardo, Diego de: 9, 43, 48

Saint-Lambert, marqués de: 243

Sal, padre Juan de la: 167

Salas, Francisco Gregorio de: 30

Salomón: 44, 288

Salustio: 8, 150, 157

Samaniego, Felix María: 282, 283, 284

San Agustín: 33, 98, 148, 153 (n.p.), 176

San Ambrosio: 148, 217

San Atanasio: 147

San Basilio: 147

San Bernardo: 148

San Clemente: 22

San Fulgencio: 148

San Gregorio Magno: 146 (n.p.)

San Gregorio Nacianceno: 147

San Isidoro: 148

San Jerónimo: 148

San Juan Crisóstomo: 147

San Juan de Ávila: 100

San Juan de la Cruz: 200, 214

San Leandro: 148

San Paulino: 217

Sánchez Barbero, Francisco: 61 (n.p.), 176, 220, 286

Sandoval, fray Prudencio de: 152

Sannázaro, Jacobo: 287, 289

Santa Teresa de Jesús: 85

Santillana, marqués de (don Iñigo López de Mendoza): 15, 113, 115, 176

Schiller, Friedrich: 223

Scott, Walter: 172, 173

Segura de Astorga, Juan Lorenzo: 108, 111

Séneca: 216, 258, 263, 264

Sepúlveda, Juan de: 164

Shakespeare, William: 264

Sheridan, Richard Brinsley: 141

Sigüenza, padre: 148, 157

Silio Itálico: 238, 241

Simónides de Ceos: 219

Sócrates: 39, 127, 268

Sófocles: 251, 263, 265

Solís, Dionisio de: 96

Solís, don Antonio: 150, 152, 157, 167

Spencer: 289

Suárez, padre: 9

 

 

Tácito: 8, 22, 100, 153 (n.p.), 164

Tassara, Gabriel: 203

Tasso, Torcuato: 22, 31, 229, 233, 238, 287, 289

Tassoni, Alessandro: 241

Temístocles: 126

Teócrito: 286, 287, 289

Teramenes: 126

Terencio: 258, 268, 269

Tespis: 225, 245, 263

Thompson, Jaime: 243

Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez): 270, 271

Tito Livio: 101, 112, 150, 152

Torre, bachiller Alfonso de la: 115, 184

Torre, Francisco de la: 190, 200, 205, 209, 219

Torres Naharro, Bartolomé de: 269

Trissino, Gian Giorgio: 264

Tucídides: 22, 150, 151 (n.p.)

 

 

Uhland, Ludwig: 223

Ulloa, Luis de: 86, 265

 

 

Valbuena, Bernardo de: 25, 26, 44, 52, 58, 69, 96, 211, 236, 239, 286, 287, 289

Valderrama, padre: 76 (n.p.)

Valera, don Juan: 115 (n.p.)

Valerio Flaco: 238

Vaniere, padre Jacobo: 285

Vargas Ponce, José de: 82, 101, 281

Vario: 263

Velázquez, Diego Rodríguez de Silva y: 22

Vélez de Guevara, Luis: 171, 175

Venegas, Alejo: 100

Verdancha, Juan: 114

Vergniaud, Pierre: 141

Vico: 153 (n.p.)

Vida, Jerónimo: 285

Villaviciosa, José de: 241

Villegas, Esteban Manuel de: 95, 190, 206, 215

Villena, marqués de: 15, 114, 115, 117, 285

Vinyoles, mosén Narcis: 114

Virgilio, Publio: 22, 27, 51, 66, 67, 68, 77, 80, 83, 87, 89 (n.p.), 91, 92, 100, 104, 216, 229, 230, 231, 233, 236, 237, 238, 269, 284, 285, 286, 289

Virués, Cristóbal de: 243, 265

Vitrubio: 22

Vives, Luis: 9

Voltaire: 156, 239

 

 

Yáñez, Rodrigo: 110, 111

Yepes, padre: 157

 

 

Zamora, Antonio de: 56, 255

Zapata, Luis: 228, 240

Zea: 278

Zurita, Jerónimo: 151

“A Dios”: 214

“A Itálica”: 204

“A Jehovah”: 214

“A Juan de Padilla”: 67

“A la Arrebolera”: 56

“A la defensa de Buenos Aires”: 97, 214

“A la flor de Gnido”: 219

“A la Libertad”: 215

“A la Luna”: 286

“A la muerte de Jesús”: 214

“A la muerte de la Duquesa de Alba”: 61 (n.p.)

“A la muerte de la Duquesa de Frías”: 218

“A la patria”: 218

“A la tumba de Adonis”: 219

“A la tumba de Bión”: 219

“A las estrellas”: 215

“A las Flores”: 215

“A las Musas”: 218

“A unas flores”: 85

Agamenón: 252

Aguja de navegar cultos: 70

“Al Dos de Mayo”: 218

“Al Guadalquivir”: 89

“Al Sol”: 286

“Al túmulo elevado en las honras fúnebres de Felipe II”: 205

Alejandra: 265

Alfalfa espiritual para los borregos de Christo: 76 (n.p.)

Aminta: 287

Anales de la Corona de Aragón: 151

Anales de Sevilla: 151

Antíoco y Seleuco: 265

Araucana: 226, 228, 239, 241

Arauco Domado: 252

Arcadia: 171, 287

Arte de cultivar jardines: 285

Arte Poética (Martínez de la Rosa): 193, 285

Arte Poética (Vida): 285

Atalaya contra judíos, puesta en la Torre de la Iglesia de Dios: 76 (n.p.)

Ataulfo: 265

Atila furioso: 265

Austriada: 228, 240

Ayax Telamón: 265

 

 

Batracomiomaquia: 241

Bética conquistada: 240, 241

Bias contra fortuna: 115

Biblia: 52, 183, 232, 283

 

 

Calentura mesenthérica y repasso del Escrutinio: 76 (n.p.)

“Canción á la Batalla de Lepanto”: 55, 185, 219

“Canción á la Pérdida del Rey Don Sebastián”: 55, 185, 218, 219

“Canción á las Ruinas de Itálica”: 46, 56, 179

“Canción al armamento de Felipe II contra Inglaterra”: 212

“Canción al Señor Don Juan de Austria”: 42, 55, 210, 214, 219

“Canción al Sueño”: 210

Cancionero general: 116

Cantar de los Cantares: 44

Cantica de loores de María: 111

Carlo Famoso: 228, 240

Carmen Sæculare: 217

Cartas del Caballero de la Tenaza: 57, 167

Casarse por vengarse: 265

Catilinarias: 96

Centón epistolario: 116, 167

Cina: 264

Circe: 56 (n.p.), 95

Claros Varones de Castilla: 117, 151

Coloquios de Pedro Mejía: 164

Comedieta de Ponza: 115

Comentarios: 151

Conjuración de Catilina: 150

Conquista de Méjico: 150

Consejos y Documentos al rey Don Pedro: 113

Coplas á la muerte de su padre: 218

Coplas añadidas: 116

Corónica General de España: 110

“Creed en Dios”: 243

Cristiada (Hojeda): 225, 227, 239

Cristiada (Monzón): 240

Crónica de don Álvaro de Luna: 151

Crónica de don Juan II: 116

Crónica de don Pedro Niño, conde de Buelna: 151

Crónica de España: 111

Crónica de los Reyes Católicos: 117

 

 

Dafnis y Cloe: 169

Danza general de la muerte, en que entran todos los estados de gentes: 113

De Amicitia: 164

De Causis Corruptæ Elocuentiæ: 164

De Cultu Hortorum: 284, 285

De la Dignidad del Hombre: 164

De los Claros Oradores: 128

De los signos que aparesçerán ante del Juicio: 56 (n.p.), 108

De Natura Deorum: 164

De Natura Rerum: 285

De Oratore: 163

De Re Rustica: 284

De Senectute: 164

Defunsión de don Enrique de Villena: 115

Demócrates: 164

Diálogo de la Pintura: 164

“Diálogo entre el Alma y Cristo su esposo”: 214

Diana ó Poema de la Caza: 285

Diana: 171, 287

Dianam teneræ: 217

Diccionario de Galicismos, 65 (n.p.)

Diccionario de la Lengua: 103

Diccionario de Sinónimos Castellanos: 58 (n.p.)

Dido: 265

Diferencia de libros que hay en el universo: 100

Discurso sobre la historia universal: 153 (n.p.)

Discurso sobre las tragedias españolas: 265

Dive, quem proles: 217

Divina Comedia: 19, 115, 226, 227, 230, 238, 273

“Don Carnaval y Doña Cuaresma”: 241

Don Gil de las Calzas Verdes: 271

Don Juan de Alarcón: 278

Doña Mariana de Pineda: narración de su vida: 151

Duelo de la Virgen el día de la Pasión de su Hijo: 108

 

 

Edipo (César): 264

Edipo (Martínez de la Rosa): 265

Edipo (Sófocles): 253

“Égloga venatoria”: 89 (n.p.), 289

Églogas: 269

Ejemplar Poético: 285

“El Ara de Rogelia”: 286

“El Árbol Caído”: 286

El Asno de Oro: 169

El Avaro: 256

El Bernardo: 96, 239

El Bucle Robado: 241

El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra: 250, 270

“El Cazador y la Perdiz”: 283

El Cid: 264

El Conde Lucanor: 111

El Cubo Robado: 241

“El Cuervo y el Zorro”: 282

El Delincuente Honrado: 271

El desdén con el desdén: 253, 256

El Diablo Alcalde: 278

El Diablo Cojuelo: 171

El Diablo Mundo: 97, 237

El Duque de Viseo: 265

“El escudo de Hércules”: 242

El Estudiante de Salamanca: 243

El Facistol: 241

“El Gnomo”: 243

El Golfo de las Sirenas: 277

El Gran Teatro del Mundo: 279

“El Hacha y el Mango”: 282

El hechizado por fuerza: 56

El Héroe: 45

El Laurel de Apolo: 277

El lindo Don Diego: 271

El Martirio de San Lorenzo: 108

El mayor monstruo los zelos: 265

“El Medio Día”: 215

El Mercader de Valladolid: 243

“El Miserere”: 243

“El Monte de las Ánimas”: 243

El Montserrate: 243

El Moro Expósito: 243

El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón: 252

“El Pastor y el Filósofo”: 282

El Pintor de su Deshonra: 279

El sacrificio de la Misa: 108

“El Torrente y el Río”: 282

Empresas Políticas: 48, 49

Eneida: 22, 67, 68, 87, 91, 92, 114, 225, 226, 227, 229, 231, 233, 238

“Epístola á Don Gaspar de Jovellanos”: 281

“Epístola á don Ramón Moreno, sobre el ejercicio de la poesía”: 282

“Epístola á don Simón Rodríguez Laso”: 281

“Epístola á Fernando”: 281

“Epístola á un Ministro, sobre la utilidad de la Historia”: 281

Epistola ad Pisones: 21, 257, 258, 281

“Epístola al Conde-Duque de Olivares”: 57, 62 (n.p.)

“Epístola al Duque de Frías”: 281

“Epístola moral á Fabio”: 56

“Estatua del Apolo de Belvedere”: 80

Expedición de Catalanes y Aragoneses: 150

 

 

Fábula del Genil: 289

Farsalia: 228, 238, 241

Fastos: 285

Fiesta de toros en Madrid: 71 (n.p.), 189

Filipicas: 129

Filis: 265

Florilegio Español: 94 (n.p.), 108 (n.p.), 111 (n.p.), 113 (n.p.)

Fuero Juzgo: 109

 

 

Galatea: 171, 287

Gatomaquia: 71, 87 (n.p.), 241

Gaya Sciencia: 285

Generaciones y Semblanzas: 116, 151

Georgicas: 95, 284, 285

Guerra del Peloponeso: 150

Guerras de los Estados Bajos, desde el año 1588 hasta el 1599: 151

Guerras Púnicas: 238

Guzmán de Alfarache: 171

Guzmán el Bueno: 253

 

 

Hamlet: 50, 249

Hécuba triste: 265

Henriada: 239

Hércules Furens: 252

Hércules Oetœus: 252

“Himno a Apolo”: 217

“Himno a Mercurio”: 217

“Himno a Venus”: 217

“Himno a Ceres”: 217

Himno de Riego: 217

Hippolitus: 252

Historia de Carlos V: 152

Historia de don Alfonso XI: 111

Historia de España: 157

Historia de Felipe II: 152

Historia de Felipe III: 152

Historia de Fray Gerundio de Campazas: 148

Historia de la Inquisición: 150

Historia de la Orden de San Jerónimo: 157

Historia de Roma: 150

Historia del descubrimiento y Conquista de las Molucas: 29

Historia general de España: 100

Historia Universal: 156

Horacio: 264

 

 

Ifigenia en Tauris: 252

Iliada: 42, 226, 229, 234, 235, 238

“Imitación de Osián”: 83

Informe sobre la Ley Agraria: 100

Instituciones Oratorias (Institutio Oratoria): 11

Isabela: 265

 

 

Jam lucis orto sidere: 217

Jerusalén conquistada: 240

Jerusalén libertada: 225, 228, 230, 233, 238

Jugar con fuego: 277

 

 

Korán: 109

 

 

La Adoración de los Santos Reyes: 109

“La Ascensión”: 214

“La Aurora Boreal”: 215

“La Ausencia”: 286, 289

“La Cierva”: 219

La Ciudad de Dios: 153 (n.p.)

La Comedia Nueva o El Café: 249, 253, 270

La cruel Casandra: 265

“La danza”: 67

La Doctrina Cristiana: 113

La doncella de Orleáns: 255

La estrella de Sevilla: 43, 265

La Gran Semiramis: 265

“La Hermosa y el Espejo”: 283

La infeliz Marcela: 265

La inocencia perdida: 52, 241

La invención de la cruz: 240

La Judía de Toledo: 265

La Marsellesa: 217

La Mosquea: 241

“La muerte de Jesús”: 51

La Muerte de Virginia: 265

“La muerte del toro”: 81

La Nave del Mercader: 279

La niña de Gómez Arias: 45

“La Noche Escura”: 214

“La Noche Serena”: 215

La Numancia: 265

“La Primavera”: 286

“La Promesa”: 243

“La Rosa de Pasión”: 243

La segunda guerra púnica: 241

“La Tórtola”: 219

La venganza de Agamenón: 265

“La Venta de los gatos”: 243

La Verdad Sospechosa: 270

“La vida del campo”: 62 (n.p.), 69, 215

“La vida del cielo”: 75

La vida es sueño: 43, 253, 256

“La Vida Humana”: 242

La Vie est un Songe: 256

La visión delectable: 115

“La Zorra y las Uvas”: 283

Laberinto de Fortuna (las Trescientas): 115

Las Edades del Hombre: 285

Las Estaciones: 243

Las lágrimas de Angélica: 240

Las Mocedades del Cid: 264

“Las Navas de Tolosa”: 209

Las naves de Cortés destruidas: 241

Las Nubes: 268

Las Obras y los Días: 285

Las Paredes oyen: 270

Las Selvas del Año: 243

Las Suplicantes: 251

“Las Tres fechas”: 243

Las Verdades Soñadas: 171

Lazarillo de Tormes: 171

Libro de la Caza: 111

Libro del Escudero: 111

Libro del Jinete: 111

Libro del Peón: 111

Libro del Rey Apolonio: 109

Los Animales Parlantes: 241

Los Argonautas: 238

Los doce triunfos: 117

Los Loores de Nuestra Señora: 108

Los Meses: 243

“Los Ojos Verdes”: 243

Los placeres de la imaginación: 242

Los Tres Reinos de la Naturaleza: 242

Lusíadas: 96, 231, 239

 

 

“Maese Pérez el Organista”: 243

Mahabarata: 99

Medea (Eurípides): 252, 267

Medea (Séneca): 216 (n.p.)

Memoria sobre el Estilo: 98 (n.p.)

Mesiada: 239

Milagros de Nuestra Señora: 108

Místico candelero de oro, ó Vida de Sor Juana de la Cruz: 76 (n.p.)

 

 

Nise lastimosa: 265

Nise laureada: 265

No hay con la Patria venganza: 255

No siempre lo peor es cierto: 270

Nombres de Cristo: 164

Novelas Ejemplares: 171

Nuevo Arte de hacer Comedias: 285

 

 

Observatorio Rústico: 30

Octavia: 252, 264

“Oda á la catarata del Niágara”: 214

“Oda á la invención de la imprenta”: 214

“Oda á la Virgen”: 214

“Oda á Santiago”: 62 (n.p.)

“Oda al Apartamiento”: 56 (n.p.)

“Oda al Sol”: 214

Odisea: 227, 238

Oris Maritimis: 242

Orlando Furioso: 230

 

 

Pan floreado y partido, en prosa y verso, para los párvulos en el conocimiento de la Doctrina Cristiana: 76 (n.p.)

Paraíso perdido: 227, 228, 230, 238

Paso de las Aceitunas: 279

Pelayo: 265

Perromaquia: 241

Poema de Alexandre: 108, 111

Poema de la Música: 29, 285

Poema de la Pintura: 42, 80, 285

Poema de la Virgen: 110

Poema del Cid: 108, 113

Poema del Conde Fernán-González: 109

Poema físico-astronómico: 286

Poética (Aristóteles): 250

Poética (Encina): 269

Poliuto: 264

Por el Sótano y el Torno: 271

Pro Archia, poeta: 1

Pro Ligario: 128

Proclama del Solterón: 101

Proedium Rusticum: 285

Proemio: 115

“Profecía del Tajo”: 42, 62 (n.p.), 69, 185, 210

Prometeo: 264

Propaladia: 269

Proverbios: 115

Psiquis y Cupido: 279

 

 

Querellas: 110

Quijote (El ingenioso Hidalgo): 88, 90, 171, 278

 

 

Ramayana: 99

Raquel: 86 (n.p.), 265

Razonamiento sobre la navegación del Guadalquivir: 94

Rebelión y castigo de los Moriscos de Granada: 150

Reforma de la escritura y ortografía castellana: 65

Retirada de los Diez Mil: 151

Retórica: 220

Rhetórica Eclesiástica: 98, 148

Rimado de Palacio: 112

“Roma Antigua y Moderna”: 219

Romancero del Cid: 206

Romancero: 206

 

 

Sagrado anzuelo para la pesca y salvación de las almas en Jesús, Nuestro Redemptor: 76 (n.p.)

Setecientas coplas del buen vivir: 117

Siete Partidas: 110, 245

Siglo de Oro: 171, 287

Sobre la construcción y decoración teatral de los antiguos, sus vestidos y declamación: 246 (n.p.)

Syphilis: 285

 

 

Tablas Alfonsinas: 110

También por la voz hay dicha: 255

Te Deum: 217

Teágenes y Cariclea: 169

Tebaida: 238

Temístocles en Persia: 255

Tieste: 263

“Tirsi”: 286

Todo lo vence el amor: 255

Tragi-comedia de Calixto y Melibea: 117

Tratado de vicios y virtudes: 56

Tratado del esfuerzo bélico-heroico: 100

Troas: 252

 

 

Varones Ilustres: 151

Vida de San Jerónimo: 157

Vida de San Millán: 108

Vida de Santa María Egipciaca: 109

Vida de Santo Domingo de Silos: 108

Vida de Teresa de Jesús: 157

Vida del escudero Marcos de Obregón: 171

Vida del Gran Tacaño: 171, 173

Vidas de Españoles célebres: 151

Virginia: 265

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

Índice de autores y obras

 

GONZÁLEZ-BLANCO

 

 

AUTORES

OBRAS

Acebal, Francisco: 54

Acuña, Hernando de: 13

Afán de Ribera, don Fernando (marqués de Tarifa): 21

Alarcón, don Pedro Antonio de: 51

Alcalá Galiano, don Antonio: 35, 38

Alcázar, Luis de: 15

Alemán, Mateo: 16

Alfieri, Vittorio: 43

Alfonso X el Sabio: 7, 8

Alfonso XI: 8, 9

Álvarez de Toledo, don Gabriel: 29

Álvarez de Villasandino, Alfonso: 9

Álvarez Quintero, hermanos (Serafín y Joaquín): 53

Arcediano de Toro: 9

Arcipreste de Hita (Juan Ruiz): 4, 8, 9

Argote de Molina, Gonzalo: 8

Arias de Encinas, fray: 10

Aristóteles: 15, 18, 26

Arjona, Manuel María de: 34

Arolas, padre Juan: 49

Avellaneda, Alonso Fernández de: 16

Ávila y Sotomayor, don Fernando de: 21

Ávila, beato Juan de: 14

Azorín (José Martínez Ruiz): 51, 53

 

 

Bacon, Francis: 30

Balart, Federico: 52

Balmes: 2

Bances Candamo, don Francisco de: 24, 26

Baroja, Pío: 53

Bécquer, Gustavo Adolfo: 52

Belmonte, don Luis de: 24

Bembo, cardenal: 13

Benavente, Jacinto: 53

Beneficiado de Úbeda: 8

Berceo, Gonzalo de: 6, 7, 8

Berners, lord: 12

Biclara, Juan de: 3

Blanco Crespo, José María: 45

Blanco García, padre Francisco: 46, 47, 48

Blanco White, José María: 44

Blasco Ibáñez, Vicente: 53

Boccaccio, Giovanni: 2

Bœdecker: 3

Boileau, Nicolás: 29, 30, 47

Bonilla, Alonso de: 19

Boscán, Juan: 13

Bretón de los Herreros, Manuel: 48, 50

Brocense, el: 15

Bueno, Manuel: 54

Byron, lord: 18, 23, 45, 46

 

 

Cabrera, fray Alonso de: 14

Cadalso, José: 31, 32

Calderón de la Barca, Pedro: 22, 23, 24, 25, 40, 44

Campe, Joachim Heinrich: 39

Campillo y Correa, don Narciso: 2

Campoamor, Ramón de: 11, 42, 51

Cano, Melchor: 15

Cañizares, don José de: 40

Capmany, Antonio: 35

Caramuel, obispo: 15

Caro, Rodrigo: 10, 20

Cartagena, don Alonso de: 12

Castillejo, Cristóbal de: 13

Castro, don Adolfo de: 13, 19, 41 (n.p.)

Castro, don Federico de: 21

Castro, Guillén de: 23

Catulo: 44

Cavia, Mariano de: 30

Cervantes, Miguel de: 8 (n.p.), 13, 16, 17, 21, 22, 28, 30, 35

César, Julio: 27

Cetina, Gutierre de: 21

Chaucer, Geoffrey: 2, 8 (n.p.)

Cienfuegos, Nicasio Álvarez: 34

Cieza de León, Pedro: 16

Clarín (Leopoldo Alas): 52

Cobo de la Torre, don José: 30 (n.p.)

Coll y Vehí, José: 2

Coloma, don Carlos de: 27

Conde Ferrán González: 7

Contreras, Jerónimo de: 17

Corneille, Pierre: 23

Coronado, Carolina: 50

Cortés, don Cayetano: 47

Cortés, don Juan Antonio: 28

Cortón, don Antonio: 46 (n.p.)

Cotarelo, don Emilio: 23 (n.p.)

Courier, Paul Louis: 48

Cruz, don Ramón de la: 40, 41

Cubillo de Aragón, don Álvaro: 25

Cueto, Leopoldo Augusto de: 32

 

 

Delille, Jacques: 44

Descartes, René: 15

Desmoulins, Camilo: 31

Diamante, Juan Bautista: 26, 33

Díaz de Toledo, Pedro: 10

Díaz del Castillo, Bernal: 16

Don Juan Manuel: 7, 8

Don Sem Tob, Rabbí: 8

Draconcio: 3

Dumas, Alejandro: 48

Duque D. Fadrique: 10

Durán, don Agustín: 40

 

 

Ercilla, Alonso de: 16

Espinel, Vicente: 16

Espinosa, Pedro de: 30

Espronceda, José de: 44, 45, 46

 

 

Feijóo, fray Benito Jerónimo: 30, 31, 34

Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Fáber): 51

Fernández de Andrada, Andrés: 10, 20

Fernández de Gerena, Garci: 9

Fernández de Oviedo, Gonzalo: 16

Fernández de Rivera, don Rodrigo: 28

Fernández Espino, José: 4

Fernández y González, Manuel: 50, 51

Ferrús, Pedro: 9

Figueroa Córdoba, don Diego: 26

Figueroa Córdoba, don José: 26

Fitzmaurice-Kelly, James: 20, 45

Flórez, padre Enrique: 36

Forner, don Juan Pablo: 31, 32, 33, 39

Fox Morcillo, Sebastián: 15

Fuentes, Alonso de: 15

Furió y Ceriol, Fadrique: 15

 

 

Galdós, Benito Pérez: 51, 52

Gallardo, don Bartolomé José: 45

Gallego, Juan Nicasio: 42, 43

García de la Huerta, don Vicente: 26, 33, 39

García de Villalta, José: 51

García Gutiérrez, don Antonio: 50

Garcilaso de la Vega: 13, 18, 19, 20, 34

Germán y Ribón, don Luis: 34

Gil y Zárate, don Antonio: 50

Gil, Enrique: 51

Godínez, don Felipe: 26

Goethe, Johann Wolfgang: 25 (n.p.)

Gómez de Tapia: 8

Gómez Pereira: 15

Góngora, don Luis de: 18, 19, 21, 27

González de la Calle, don Pedro: 15 (n.p.)

González de León, Francisco: 34

González de Mendoza, Pero: 9

González del Castillo, Juan Ignacio: 41

González, fray Diego: 32

González-Blanco, Edmundo: 37 (n.p.)

Gracián, Baltasar: 27

Granada, fray Luis de: 14

Guerra Junqueiro, Abilio Manuel: 23

Guevara, Antonio de: 13

Guzmán, Vasco de: 10

 

 

Hartzenbusch, Juan Eugenio: 48, 50

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich: 18

Heine, Enrique: 11, 18

Henríquez, Antonio: 26

Hermosilla, don José: 44

Herrera, Fernando de: 18

Herrera, Fernando de: 19

Hesiodo: 26

Hinojosa, Gonzalo de: 9

Hoffmann, Ernst Theodor Amadeus: 47

Homero: 4

Horacio: 30, 34, 43, 44

Huarte, canónigo: 40

Huarte, Juan: 15

Hurtado de Mendoza, don Alonso: 9

Hurtado de Mendoza, don Diego: 9, 13, 15, 17

 

 

Ibo Alfaro, Manuel: 51

Idacio: 3

Iglesias de la Casa, José: 31, 32

Imperial, Micer Francisco: 10

Iriarte, don Tomás de: 33, 34, 37, 38, 39

Isla, padre José Francisco: 35

 

 

Jáuregui, don Juan de: 18, 21

Jiménez de Enciso, don Diego: 24

Josefo: 10

Jovellanos, Gaspar Melchor de: 32, 33, 37, 38, 42 (n.p.)

Juvenal: 30, 34

Juvencio: 3

 

 

Lange, Friedrich Albert: 15 (n.p.)

Larra, Mariano José de: 43, 47, 48, 49

Ledesma: 19

Ledesma, Alonso de: 27

Lenau, Nikolaus: 23

León, fray Luis de: 32

León, Ricardo: 54 (n.p.)

Leopardi, Giacomo: 11

Leopardi, Giacomo: 37

Lesage, Alain-René: 24

Lewis, Leopold: 42

Leyva, don Francisco de: 26

Linares Rivas, Manuel: 53

Lista, don Alberto: 23, 30, 40, 44, 45

Lobo, Eduardo Gerardo: 34, 35

Lope de Vega, Félix: 13, 21 (n.p.), 22, 23, 24, 25, 50

López de Gomara, Francisco: 16

López Roberts, Mauricio: 54

Lucano, Marco Anneo: 3, 21

Lucena, Juan de: 12

Luciano de Samosata: 27

Luján de Saavedra, Mateo: 17

Luzán, don Ignacio de: 29, 41

 

 

Machado, Antonio: 54 (n.p.)

Machado, Manuel: 54 (n.p.)

Macías: 10

Mal-Lara, Juan de: 14

Malón de Chaide, fray Pedro: 14

Manrique, Gómez: 11

Manrique, Jorge: 11

Manrique, Rodrigo: 11

Maquiavelo: 26

Marchena, padre José: 44

Marcial: 3, 4

Mariana, padre Juan de: 16

Mármol, Luis del: 15

Marquina, Eduardo: 5 (n.p.)

Martínez de la Rosa, don Francisco: 23, 43, 44, 48

Martínez de Medina, Gonzalo: 10

Martínez Marina, Francisco: 8 (n.p.)

Martínez Sierra, Gregorio: 53

Martínez Villergas, Juan: 43, 49

Martínez, don Martín: 31

Masdeu, Juan Francisco: 35

Matute, Justino: 34

Maury, Juan María: 48

Mayans y Siscar, don Gregorio: 18, 31

Mejía, don Luis de: 13

Mejía, don Pedro de: 13

Meléndez Valdés, don Juan: 33, 37, 38

Melo, don Francisco Manuel de: 27

Mena, Juan de: 12

Méndez Bejarano, Mario: 16 (n.p.), 19, 23, 25, 34, 36, 41, 49

Menéndez Pelayo, Marcelino: 10, 16, 24 (n.p.), 29, 37, 41, 42, 43, 52

Mesonero Romanos, don Ramón de: 24, 48

Milego, don Julio: 25 (n.p.)

Miñano, don Sebastián: 44

Mir, padre Miguel: 14 (n.p.)

Mira de Mescua, Antonio: 24

Moncada, don Francisco de: 27

Monroy, don Cristóbal de: 26

Montemayor, Jorge de: 22

Montesquieu, barón de (Charles Louis de Secondat): 18

Montiano y Luyando, don Agustín de: 29

Montoto, don Luis: 28

Mor de Fuentes, don Joaquín: 51

Morales, fray Gabriel: 27

Moratín, don Nicolás Fernández de: 41

Moratín, Leandro Fernández de: 23, 33, 40, 41, 42, 50

Moreto, don Agustín de: 22, 23, 25, 28

Mosé Arragel de Guadalajara, Rabbí: 10

Mozinho de Albuquerque: 44

Muratori, Ludovico Antonio: 29

Musset, Alfred de: 23

 

 

Nájera, Juan Jacinto: 34

Nassarre, don Blas: 29, 30

Navarrete y Ribera, don Francisco de: 28

Navarro Villoslada, Francisco: 51

Nieremberg, padre Juan Eusebio: 26

Nieto de Molina, Francisco: 34

Noroña, conde de: 39

Núñez de Arce, Gaspar: 24 (n.p.), 52

Núñez de Castro, don Álvaro: 27

 

 

Onís, Federico de: 30 (n.p.)

Orencio: 3

Orosio: 3

Ortega y Frías, Ramón: 51

Ortiz de Zúñiga, don Diego: 22, 28

Ortiz, Alonso: 12

Ovidio: 34

 

 

Pachecho, don Francisco: 20, 22

Páez de Ribera, Ruy: 10

Palacio Valdés, don Armando: 52

Palencia, Alfonso de: 10

Paravicino, fray Hortensio Félix: 18, 27

Pardo Bazán, doña Emilia: 31 (n.p.), 52

Párraga, don Francisco de: 28

Pe(d)ro Alfonso: 3, 7

Pedro Abad: 4, 5

Pellicer, Juan Antonio: 18

Pereda, don José María de: 51

Pérez de Ayala, Ramón: 53

Pérez de Guzmán, Fernán: 10

Pérez de la Oliva, Fernán: 13

Pérez de León, Andrés (Francisco López de Úbeda): 17

Pérez de Montalbán, Juan: 21, 24 (n.p.), 26

Pero Compostelano: 3

Pero Gómez: 6

Perpiñá, maestro: 15

Persio: 30, 34

Petrarca, Francesco: 44

Petronio: 44

Píndaro: 41

Pineda, Juan de: 27

Pitillas, Jorge (don José Gerardo de Hervás): 30

Platón: 15, 26

Plutarco: 10

Polo de Medina, Jacinto: 19

Porcel, don Juan Antonio: 29

Porcio Latrón: 3

Prudencio Clemente: 3

Pulgar, Hernando del: 12 (n.p.)

 

 

Quevedo, Francisco de: 19, 24, 27, 28, 30, 34

Quijada, don Diego F. de: 21

Quintana, Manuel José: 30 (n.p.), 33, 42, 43

Quintiliano: 3, 4

Quiñones, fray Juan: 14

Quirós, don Francisco Bernaldo de: 28

Quirós, don Pedro de: 21

 

 

Ramus, Pedro: 15

Reinoso, don Félix José: 45

Reinoso, fray Fernando: 34

Renán, Ernest: 1

Répide, Pedro de: 54

Revilla, don Manuel de la: 42

Ribera, Perafán de: 9

Rioja, Francisco de: 10, 19, 20, 44

Ríos, doña Blanca de los: 23 (n.p.)

Rivadeneyra, fray Pedro de: 15, 50

Rivas, duque de (don Ángel Saavedra): 48, 49, 50

Rodríguez Correa, Ramón: 52

Rodríguez de Almela, Diego: 12

Rodríguez Marín, don Francisco: 52 (n.p.)

Rojas Zorrilla, don Francisco de: 25

Ros de Olano, Antonio: 46

Ruiz de Alarcón, don Juan: 22, 24

 

 

Saavedra Fajardo, don Diego de: 18, 26, 27

Sabuco de Nantes, Oliva: 15

Sainte-Beuve, Charles Augustin: 1

Salinas, Dr. Juan de Salinas: 21

Salomón: 11

Salustio: 10

Samaniego, don Félix María: 36

San Fulgencio: 3

San Isidoro: 3

San Juan de la Cruz: 14

San Leandro: 3

San Pedro, Diego de: 12

Sánchez de Tovar, Fernán: 9

Sánchez Moguel, don Antonio: 25 (n.p.)

Santa Teresa de Jesús: 14

Santa Teresa, sor Francisca de: 21

Santillana, marqués de: 4, 9, 10, 11, 12

Santos Álvarez, Miguel de los: 46, 47

Schlegel, hermanos: 25

Schopenhauer, Arthur: 27

Scott, Walter: 48

Sedano, Juan José López de: 38

Segura, Juan Lorenzo de: 4, 6

Séneca, Lucio Anneo: 3, 11

Séneca, Marco Anneo: 3

Server, Miguel: 15

Sevilla, Juan de: 14

Shelley, Percy Bysshe: 45

Sigüenza, fray Juan de: 15

Sófocles: 43

Solís, don Antonio: 28, 36

Solís, don Francisco Ignacio de: 36

Somoza, don José: 38, 40

Somoza, don Julio: 37 (n.p.)

Spencer, Edmund: 289

Suárez de Godoy, Juan: 14

Suárez, padre Francisco: 26

Swift, Jonathan: 47

 

 

Tácito: 27

Taine, Hipólito: 1

Tapia, don Eugenio de: 30 (n.p.)

Tárraga, Francisco: 26

Tárrago y Mateos, Torcuato: 51

Tasso, Torcuato: 21, 44

Ticknor, George: 7, 11, 12, 21, 23, 24, 25 (n.p.), 32, 33 (n.p.), 41

Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez): 23, 40

Torre Farfán, Fernando de la: 22

Torre, bachiller Alfonso de la: 12

Torrepalma, conde de: 29

Torres de Villarroel, don Diego: 30

 

 

Ulloa, don Antonio de: 36

Unamuno, Miguel de: 54

Urrea, don Lope de: 12

Urrea, Miguel de: 12

Urrea, Pedro de: 12

 

 

Valdés, Juan de: 10, 13

Valdivieso, fray Josef de: 26

Valera, don Juan: 7, 42, 46 (n.p.)

Valle Inclán, Ramón del: 53

Vallés, Francisco: 15

Valmar, marqués de: 32, 49

Valrea, Cipriano de: 15

Vargas Ponce, José: 34

Vega, Ventura de la: 50

Velázquez, don Luis José (marqués de Valdeflores): 29

Vélez de Guevara, Luis: 24, 29

Vélez de Guevara, Pedro: 10

Vélez de León, Juan: 29

Ventura de Prado, fray Antonio: 35

Vidart, don Luis: 22

Villaespesa, Francisco: 54 (n.p.)

Villaviciosa, José de: 19

Villegas, don Esteban Manuel de: 19

Villena, marqués de (Enrique de): 10, 11

Virgilio: 10, 39

Vives, Luis: 15, 30

 

 

Westermaecker: 31

Wolff, Fernando: 8 (n.p.)

 

 

Young, Edward: 31

 

 

Zamora, don Antonio de: 40

Zola, Emile: 16, 53

Zorrilla, don José: 33, 49, 52

 

 

“A Batilo”: 37, 38

“A buen juez mejor testigo”: 49

“A Cristo crucificado”: 44

“A Guzmán el Bueno”: 42

“A Juan de Padilla”: 42

“A Judas”: 43

“A la invención de la Imprenta”: 42

“A la muerte de Jesús”: 44

“A la muerte de la reina Doña Margarita”: 21

“A la rosa”: 20

“A la vacuna”: 42

“A la victoria de Bailén”: 49

“A la Virgen de las Veredas”: 20

“A las Artes”: 37

“A los doctores de la Universidad de Salamanca”: 30

“A Pedro Romero”: 41

A secreto agravio, secreta venganza: 25

“A una dama llamada Rosa”: 35

A.M.D.G.: 54

Aben-Humey: 43

“Acaecimiento amoroso”: 21

“Agonías de la Corte”: 47

Agudeza y arte de ingenio: 27

Aires de fuera: 53

“Al Alcázar de Sevilla”: 49

“Al bombardeo de Argel”: 33

“Al Dos de Mayo”: 43

“Al faro de Malta”: 49

“Al oro”: 21

Alivio de caminantes: 54 (n.p.)

Alma: 54 (n.p.)

Amaya o los vascos en el siglo XV: 51

Aminta: 21

Amor y pedagogía: 54

Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla: 28

“Ande yo caliente”: 18

Anthony: 48

Antigüedades y principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla y chorografía de su convento jurídico o antigua chancillería: 20 (n.p.)

Antología de poetas castellanos desde la formación del idioma hasta nuestros días: 10

Antoniana Margarita: 15

Antonio Azorín: 53

Apología por la verdad: 21

Aprecio y estima de la divina gracia: 26

“Aprended, flores, de mí”: 18

Arcadia (Lope de Vega): 22

Arcadia (Sannazaro): 22

Arroz y tartana: 53

Arte nuevo de hacer comedias: 22

Arte poética (Luzán): 29

Arte poética (Martínez de la Rosa): 43

Aun de noche alumbra el sol: 26

Aurora roja: 53

Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox: 53

Aviso de Privados: 14

 

 

Batracomiomaquia: 19

Besos: 49

Biblia: 10, 15

Biblioteca de Autores Españoles: 11, 19 (n.p.), 32 (n.p.), 37 (n.p.)

Biblioteca Universal: 47 (n.p.)

Blanca de Navarra: 51

Bocetos al temple: 51

Bodas de plata: 53

Bosquejo de la política de España: 43

Bosquejo histórico-crítico de la poesía castellana en el siglo XVIII: 32 (n.p.)

 

 

Camino de perfección (Santa Teresa de Jesús): 14

Camino de perfección (Galdós): 53

Campoamor: 51 (n.p.)

Campos de Castilla: 54 (n.p.)

“Canción a la rica hembra y defeita”: 9

“Canción a las ruinas de Itálica”: 20

Canción de cuna: 53

“Canción del pirata”: 46

Cancionero general: 11

“Cantiga Serrana”: 9

Cantigas (Alfonso X el Sabio): 7

Cantigas (Vélez de Guevara): 10

“Canto a Teresa”: 46

“Canto del cosaco”: 46

Cantos populares españoles: 52 (n.p.)

Cañas y barro: 53

Caprichos: 54 (n.p.)

Cárcel de amor: 12

Carlos II el Hechizado: 50

Carmen: 54 (n.p.)

“Cartas de Jovellanos a Lord Holland”: 37 (n.p.)

Cartas Eruditas: 30

Cartas espirituales: 14

Cartas: 14

Cartas: 28

Casa con dos puertas mala es de guardar: 25

Casa de juego: 28

Casta de hidalgos: 54 (n.p.)

César o nada: 53

Charivari: 53

Childe-Harold: 45

Clemencia: 51

“Colón”: 51

Comedia sentimental: 54 (n.p.)

Comedias: 30

Comentarios de los tópicos de Cicerón: 15

Corazón adentro: 54

Corona gótica: 27

Correo del otro mundo: 30

Crónica de Castilla: 12 (n.p.)

Crónica del Perú: 16

Crónica latina: 9

Cuando no se aguarda: 26

Cuento de abril: 53

Cuento de cuentos: 30

Cuentos fantásticos: 47

“Cupido pendulus”: 20

Cyropedia: 14 (n.p.)

 

 

“De amor las intercadencias”: 21

De Causis corruptarum artium (De Corruptione Artium): 15, 30

De Consolatione Rationis: 3

De dignitate et augmentis scientiarum: 30

De divina et humana philosophia discenda: 15

De Institutione Oratoris: 4

De la hermosura de Dios: 26

De las enfermedades de la Compañía: 16

De las guerras de los Estados Bajos desde 1588 a 1599: 27

De libris sacris in vernaculam linguam convertendis: 15

De logis theologicis: 15

De naturâ philosphiæ seu de Platonis et Aristotelis consensione: 15

De rege et regis institutione: 16

De spectaculis: 16

De tradendis disciplinis: 30

De vita beata: 12

Década de los Césares: 14

Decir que fué fecho sobre la justicia et pleitos et la gran vanidat de este mundo: 10

Deleitar aprovechando: 24

Descripción general del África: sus guerras y vicisitudes: 15

Despachos de otro mundo: 30

“Despedida del patriota griego de la hija del apóstata”: 46

Desyr a las Siete Virtudes: 10

Diálogo de la dignidad del hombre: 13

Diálogo de las condiciones de las mujeres: 13

Diálogo de las lenguas: 13

Diana: 22

Diario de los literatos de España: 30

Diffugere nives: 44 (n.p.)

Disciplina Clericales: 3, 7

Discurso poético contra el hablar culto y estilo obscuro: 21

Disputación entre el cuerpo y el alma: 6

Diva: 44 (n.p.)

Divina Comedia: 10

Doloras: 42, 51

Dolores: 52

Dolorosa: 54

Don Álvaro o la fuerza del sino: 49

Don Gil de las calzas verdes: 23

Don Juan Tenorio: 33, 49

Don Juan: 46

Donde las dan las toman: 39

Doña Isabel de Solís: 43

Doña Perfecta: 52

Dudas y tristezas: 42

Dulce dueño: 52

 

 

Edipo: 43, 48

El abolengo: 53

El Adonis: égloga venatoria: 29

El alcalde de Zalamea: 25

El Alcázar de las Perlas: 54 (n.p.)

El alcázar del amor: 28

El alguacil alguacilado: 17

El alma castellana: 53

El ama de la casa: 53

“El amante liberal”: 17

El amor al uso: 28

El amor como ha de ser: 25

El amor de los amores: 54 (n.p.)

El árbol de la ciencia: 53

El asno erudito: 39

El Barón: 41

El buey suelto: 51

El Burlador de Sevilla y convidado de piedra: 23, 40

El caballero invisible: 28

“El Caballero leal”: 49

“El canto del esposo”: 44

“El capitán Montoya”: 49

“El capitán Veneno”: 51

“El casamiento engañoso”: 17

“El castellano viejo”: 47

El castigo sin venganza: 23

“El celoso extremeño”: 17

El Cid: 23

El cisne de Vilamorta: 52

El cocinero de Su Majestad: 50

El conde de Saldaña: 25

El Conde Lucanor: 7

El condenado por desconfiado: 23

El cortejo enredador: 39

El Criticón: 27

El defensor de sí mismo: 26

El delincuente honrado: 37

El desdén con el desdén: 25

El Diablo Cojuelo: 24, 28

El Diablo Mundo: 45, 46

El Diablo predicador: 24

El Discreto: 27

El divino Orfeo: 24

El don de gentes: 39

El doncel de D. Enrique el Doliente: 48

“El Dos de Mayo”: 46

El dragoncillo: 25

“El drama universal”: 51

El duque de Viseo: 42

El eclipse de Sol con el anillo refractario de sus rayos: 36

El escándalo: 51

El espíritu del siglo: 43

El estudiante de Salamanca: 46

El filósofo casado: 38

El final de Norma: 51

El genio alegre: 53

El golfo de las Sirenas: 25

El haz de leña: 24 (n.p.)

El hechizado por fuerza: 40

El hermano de su hermana: 28

El Héroe: 27

El hombre de mundo: 50

El hombre marcial: 39

“El hombre sin mujer”: 47

El honor es lo primero: 26

El huérfano de la China: 38

El idilio de un enfermo: 52

El Intruso: 53

El laurel de Apolo (Calderón): 25

El laurel de Apolo (Lope de Vega): 21 (n.p.)

“El licenciado Vidriera”: 17

El lindo D. Diego: 25, 28

“El llano”: 51

El mágico prodigioso: 25

El Marqués de Bradomín: 53

El Martirio de San Lorenzo: 6

El mayor monstruo, los celos: 25

El mayorazgo de Labraz: 53

El médico de su honra: 25

El mejor alcalde, el rey: 23, 25

El mejor tutor, Dios: 24

“El mendigo”: 46

El Mesón del Mundo: 28, 29

El moro expósito: 49

El Muñuelo: 40

El murciélago alevoso: 32

El Nacimiento de Cristo: 23

El nido ajeno: 53

El niño de la bola: 51

El nuevo Robinsón: 39

El Parnaso Español: 38

“El paso honroso”: 49

El patio: 53

El Pelayo: 45

El pelo de la dehesa: 50

El peregrino en su patria: 22

El político: 53

El porvenir de Paco Tudela: 54

El premio del bien hablar: 23

El príncipe Constante: 25

El príncipe D. Carlos: 24

El prosaísmo en el Arte: 52

El Rapto: 48

“El reflejo perdido”: 47 (n.p.)

“El reo de muerte”: 46

El ricohombre de Alcalá: 25

El sabor de la tierruca: 51

“El sacrificio de la esposa”: 44

El secreto a voces: 25

El señor de Bembibre: 51

El señorito mimado: 39

El sí de las niñas: 41

El Símbolo de la Fe: 14

El sombrero de tres picos: 51

El teatro en Toledo en el siglo XVII: 25 (n.p.)

El tejedor de Segovia: 24

El Testamento: 10

El Trovador: 50

El Valerio de las historias: 12

“El verdugo”: 46

El Vértigo: 52

El viejo y la niña: 41

“El violín de Cremona”: 47 (n.p.)

El zapatero y el rey: 49

“Elegía a la muerte de María Antonieta”: 41

Elogio de la crítica: 54

Empresas (De las empresas políticas o idea de un príncipe cristiano): 18

En torno al casticismo: 54

Eneida: 10, 39

Ensayo histórico sobre la Legislación: 8 (n.p.)

Entre naranjos: 53

Epigramas: 4

Epístola ad Pisones (Arte poética): 38, 43

Epístola moral a Fabio: 20

Epístolas Familiares: 14

Epístolas jocosas: 49

Epístolas: 4

Eróticas: 19

Esbozos y rasguños: 51

Espéculo: 7

Espronceda: 46 (n.p.)

Estudios de crítica literaria: 42 (n.p.), 52

Eurídice y Orfeo: 28

Examen de ingenios: 15

Exequias de la lengua castellana: 31, 32 (n.p.)

Expedición de los catalanes y aragoneses contra turcos y griegos: 27

 

 

Fábula del Genil: 30

Fábulas literarias: 36, 39

Farsalia: 18, 21

Fausto: 25 (n.p.)

Fedón: 10, 15

Fiesta de toros: 41

Filosofía de la elocuencia: 35

Filosofía natural: 15

Flor de Mayo: 53

Flor de sainetes: 28

Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX, con introducción y notas biográficas y críticas: 42 (n.p.), 46 (n.p.)

Flos Sanctorum: 15

Fuero Juzgo: 7

Fuero Real: 7

“Fúnebre numerosa descripción de las exequias de Carlos III”: 40

 

 

“Gaceta sentimental de 12 de septiembre de 1863”: 47

Galán valiente y discreto: 24

Galatea: 22

Ganar amigos: 24

García del Castañar: 25

Generaciones y semblanzas: 11

Gente conocida: 53

Geórgicas: 44

Golpe en vago: 51

“Gran filósofo me han hecho”: 18

“Granada”: 49

Gritos del combate: 52

Guía de pecadores: 14

Guzmán de Alfarache: 16, 17

Guzmán el Bueno (Gil y Zárate): 50

Guzmán el Bueno (Moratín, Nicolás): 41

 

 

Hacer que hacemos: 38

“Hermana Marica”: 18

Hermelinda: 41

Hernán Pérez del Pulgar: 43

Historia crítica de España: 35

Historia de España: 16

Historia de historias: 30

Historia de la civilización española: 30 (n.p.)

Historia de la conquista de Méjico: 28

Historia de la Literatura Española (Fitzmaurice-Kelly): 20, 45 (n.p.)

Historia de la Literatura Española (Ticknor): 7 (n.p.), 11, 33 (n.p.)

Historia de la Literatura española, francesa, inglesa e italiana en el siglo XVIII: 35

Historia de la Literatura: 25 (n.p.)

Historia de la novela en España desde el romanticismo hasta nuestros días: 43 (n.p.), 49 (n.p.)

Historia de la rebelión y castigo de los moriscos de Granada: 15

Historia de las artes y de los espectáculos: 37

Historia de Lisseno y Fenisa: 28

Historia de los heterodoxos españoles: 44 (n.p.), 52

Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña: 28

Historia del cisma de Inglaterra: 15

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas: 35

Historia del materialismo: 15 (n.p.)

Historia general de las Indias: 16

Historia general y natural de las Indias: 16

Historia literaria: 19 (n.p.), 23 (n.p.), 25 (n.p.), 34 (n.p.), 36 (n.p.)

Histórica narración de la conquista de Orán: 36

Horizontes: 52

Hospital de incurables: 19

Huella de almas: 54

Humoradas: 51

 

 

Idilios vascos: 53

Ilíada: 4, 45

Impresiones: 52

Informe sobre la Ley Agraria: 37

Insolación: 52

Introducción a las Obras escogidas de Rubén Darío: 54

Introducción a los poetas líricos de los siglos XVI y XVII: 19 (n.p.)

Investigatio arcani sensûs in Apocalipsi: 15

 

 

Jaime el Conquistador: 54

José: 52

Jovellanos: su vida y su obra: 37 (n.p.)

 

 

L’avenir de la science: 1

L’Espagne poétique: 48

La alegría del capitán Ribot: 52

La Barraca: 53

La batalla de Pavía: 26

La Bodega: 53

La Busca: 53

La casa de Aizgorri: 53

La casa de García: 53

La casa de Tócame-Roque: 51

La Catedral: 53

La Celestina: 22

La cena de Baltasar: 24

La ciencia española: 52

La cisma de Inglaterra: 25

La ciudad de la niebla: 53

La comedia nueva o el Café: 41

La conjuración de Venecia: 43

La conquista de Orán: 29

La conversión de la Magdalena: 14

La dama boba: 22

La dama duende: 25

La dama-presidente: 26

La de Bringas: 52

“La derrota de los pedantes”: 41

La devoción de la Cruz: 25

La dicha ajena: 53

La Dorotea: 22

La Dulciada: 40

La enamorada indiscreta: 54

La Escocesa: 38

La España Sagrada: 36

La espuma: 52

La estrella de Sevilla: 23

La fábula de Mirra: 21

La familia de León Roch: 52

La Fe: 52

La feria de los discretos: 53

La feria de Neuilly: 53

“La fuerza de la sangre”: 17

La fuerza del amor: 53

La Gaviota: 51

La gitanilla de Madrid: 28

“La Gitanilla”: 17

La gran conquista de Ultramar: 7

La hermana San Sulpicio: 52

La hija del mesonero: 26

La historia de la guerra contra los moriscos de Granada: 15

La Horda: 53

“La Huertaida”: 33

“La ilustre fregona” (Cervantes): 17

La ilustre fregona (Figueroa): 26

La judía de Toledo: 26, 33

La jura en Santa Gadea: 50

La literatura del día: 48 (n.p.)

La Literatura Española en el siglo XIX: 47 (n.p.)

La luna de la Sierra: 24

La madre hipócrita: 41

La Madre Naturaleza: 52

La mala sombra: 53

La marina y las fuerzas navales de la Europa y del África: 36

La mojigata: 41

La Mosquea: 19

La moza de cántaro: 22

La muerte de César: 50

La muerte de Orfeo: 14

“La muerte por madrina”: 51

La niña de Gómez Arias: 25

La noche del sábado: 53

La novela de Lino Arudiz: 54

La oración de la misa: 24

La pata de la raposa: 54

“La patria a Ballesteros”: 44

La perfecta casada: 26

La Pesca: 52

La Petimetra: 41

La pícara Justina: 17

“La planta nueva o el faccioso: artículo de Historia Nacional”: 48

La princesa bebé: 53

La pródiga: 51

La protección de un sastre: 47

La prudencia en la mujer: 23

La puchera: 51

La púrpura de las rosas: 25

La Quimera: 52

La Regenta: 52

La renegada de Valladolid: 24

La República Literaria: 27

La rueda de la fortuna: 24

La ruta de Don Quijote: 53

“La señora Cornelia”: 17

La señorita mal criada: 39

La Serrana de la Vega: 24

La sombra del padre: 53

“La tía fingida”: 17

La Tribuna: 52

La verdad sospechosa: 24

La Vida de Amor y el Razonamiento que fizo consigo: 10

La vida es sueño: 24

La villana de la Sagra: 23

La visión deleitable: 12

La visita de los chistes: 28

La viuda de Padilla: 43

La voluntad: 53

Labricio Portundo: 13

Lágrimas: 51

Lara: 47

Las Amazonas: 28

Las aventuras de D. Fruela: 28

Las castañeras picadas: 40

Las centurias de dictámenes prudentes y reales: 26

Las confesiones de un pequeño filósofo: 53

“Las dos doncellas”: 17

Las dos hermanas: 28

Las edades: 32

Las flores de poetas ilustres: 19

Las flores: 53

Las hijas del Cid: 5 (n.p.)

Las inquietudes de Shanti Andía: 53

Las lágrimas de San Pedro: 28

Las mocedades del Cid: 23

Las mocedades del duque de Osuna: 26

Las moradas o el castillo interior: 14

Las naves de Cortés destruidas: 41

Las obras y los días: 26

Las selvas del año: 27

Las zahurdas de Plutón: 17, 28

Lazarillo de Tormes: 15, 17, 29

Le diable boiteux: 24

Le ventre de Paris: 16

“Lección poética o sátira contra los vicios de la poesía castellana”: 41

Lecciones de Filosofía moral: 44

Lecciones de literatura española (Lista): 44

Lecciones de Literatura española (Marchena): 44

Lecciones instructivas sobre la Moral, la Historia y la Geografía: 39

Lecciones solemnes a las obras de D. Luis de Góngora: 18

Lecturas españolas: 53

Leyendas caballerescas: 50

Libro de Apolonio: 6

Libro de Buen Amor: 8 (n.p.)

Libro de la Montería: 8

Libro de los tres Reys d’Orient: 4

Libro de Marco Aurelio: 14

Lirio entre espinas: 53

Literatura: 16 (n.p.)

Lo cierto por lo dudoso: 22

Lo prohibido: 52

Lo que puede un empleo: 43

Loores de los claros varones de España: 10

Los amantes de Teruel: 48, 50

Los anteojos de mejor vista: 28

Los cigarrales de Toledo: 24

Los cohetes de la verbena: 54

Los Contemporáneos: 54

“Los dineros del sacristán”: 18

Los eruditos a la violeta: 31

Los Galeotes: 53

Los intereses creados: 53

Los literatos en cuaresma: 38

Los novios de Hornachuelos: 25

Los Pazos de Ulloa: 52

Los pechos privilegiados: 24

Los pequeños poemas: 51

Los pueblos: 53

Los socorros de los mantos: 26

Los Sueños: 27

Los trabajos de Hércules: 14

Lucrecia: 41

Luna Benamor: 53

Lustro de la corte en Sevilla: 36

 

 

Macías: 48

Madama González: 39

“Mademoiselle de Scudery”: 47 (n.p.)

Madrigales: 52 (n.p.)

Mala hierba: 53

Malditas sean las mujeres: 51

Manual de Literatura: 4

Marcela o cuál de los tres: 48, 50

Marcelino Menéndez Pelayo: 52 (n.p.)

“Margarita la tornera”: 49

María Victoria: 53

“María”: 46

Marianela: 52

Mari-Hernández la gallega: 23

Marta y María: 52

Martirio de Santa Justa y Rufina: 14

Memorial de Fernando III: 27

Men Rodríguez de Sanabria: 50

Menosprecio de corte y alabanza de aldea: 14

Mentir y mudarse a un tiempo: 26

Mi religión: 54

“Milagros de corte son”: 18

Minerva: 15

Misericordia: 52

Morriña: 52

Motivos: 53

Munuza: 37

 

 

Ninia y Filos: 21

No hay burlas con el amor: 25

No más mostrador: 48

Noches lúgubres: 31

Noches: 31

Noticias americanas: 36

Novelas ejemplares: 17

Novum Organum: 30

Nueva aguja de marear cultos: 19

Nueva Biblioteca de Clásicos Españoles: 14 (n.p.)

Nueva campaña: 52

Nuevo jardín de flores divinas: 19

Nuevo Teatro Crítico: 30, 34

 

 

O el fraile ha de ser ladrón, o el ladrón ha de ser fraile: 26

Observaciones sobre la tortura: 31

Ocios juveniles: 37

Orfeo: 21

Orientales: 50

Orígenes de la novela: 52

Orígenes de la poesía castellana: 29

 

 

Panegírico del Arte: 27

Panegírico funeral: 27

“Para casos tales suelen tener los maestros oficiales”: 39

Partidas: 8

Pascua florida: 53

Paz en la guerra: 54

Pelayo: 42

Peñas arriba: 51

Perromaquia: 34

Philosophia vulgar: 14

Piraneo y Tisbe: 18

Poema de Alexandre (Poema de Alejandro): 4, 6, 7

Poema de la Música: 33, 39

Poema de Myo Cid: 3, 4, 5

Poema o Misterio de los Reyes Magos: 4

Poesías (Lista): 44

Poesías (Noroña): 39

Poesías (Unamuno): 54

Poesías asiáticas: 39

Polifemo: 18

Por tierras de España y Portugal: 54

Primavera en otoño: 53

Príncipe tonto: 26

Proceso que ovieron en uno la Dolencia e la Vejez e el Destierro e la Probesa: 10

Proclama de un solterón: 34

“Prólogo a los Sainetes de D. Ramón de la Cruz”: 40

Proverbios morales: 8

Psyche: 14

 

 

Qualem ministrum: 44

Questión de amor: 12

Quijote (El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha): 13, 18, 35

 

 

Raquel: 26, 33

Reflexiones de Tomé Cecial: 34

Reflexiones sobre la Historia: 31

Reinar después de morir: 24

Relación del caballero Butioro de Arcadia: 33

Relación histórica del viaje a la América Meridional: 36

Relox de príncipes: 13

Retórica eclesiástica: 14

Retórica y Poética: 2

Retórica: 2

Rimas: 52

“Rinconete y Cortadillo”: 16, 17

Romances y letrillas: 18

Rosario de sonetos líricos: 54

 

 

Sacra philosophia: 15

Salvador Rueda y Rubén Darío: 54

Sancho García: 49

Sátira contra los malos escritores: 30

Selva de aventuras: 17

Señora ama: 53

Serafina: 51

Sermón de amores: 13

Sermón perdido: 52

Sic te: 44

Siglo pasado: 52

Silva de varia lección: 13

Simón Bocanegra: 50

Sol de la tarde: 53

Soledades (Góngora): 18

Soledades (Machado, Antonio): 54 (n.p.)

Soliadas: 21

Soliloquios y conversaciones: 54

Solos de Clarín: 52

Sonata de estío: 53

Sonata de invierno: 53

Sonata de otoño: 53

Sonata de primavera: 53

Sotileza: 51

Su único hijo: 52

Super flumina Babilonis: 21

 

 

Tanto vales cuanto tienes: 48

Tentativas literarias: 47

Tesoro de varias consideraciones sobre el salmo DCCCVII: 14

Theatro de los theatros de los pasados y presentes siglos: 24 (n.p.)

Timeo: 15

Tinieblas en las cumbres: 53

Tipos trashumantes: 51

Todo cabe en lo posible: 21

Traidor, inconfeso y mártir: 49

Tratado de educación cristiana: 15

Tratado de la Oración y Meditación: 14

Tratado para luz y guía de los nuevos misioneros: 14

Tres ensayos: 54

Tres crónicas: 9

Tristitia rerum: 54 (n.p.)

Triunfo de amor y fortuna: 28

 

 

Un idilio y una elegía: 52

Un loco hace ciento: 28

Un novio a pedir de boca: 50

Un tercero en discordia: 50

Una comedia moderna. Treinta años o la vida de un jugador: 47 (n.p.)

 

 

“Varias observaciones sobre algunas particularidades de la poesía española”: 19 (n.p.)

Venganza catalana: 50

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de Nueva España: 16

Vergel de varios triunfos: 17

Vida de Jovellanos: 37 (n.p.)

Vida de la Verónica: 14

Vida de San Ignacio de Loyola: 15

Vida de San Jerónimo: 15

Vida de San Millán de la Cogulla: 6

Vida de San Pablo: 19 (n.p.)

Vida de Santa María Egipciaqua: 4

Vida de Santa Oria: 6

Vida de Santo Domingo de Silos: 6

Vida del escudero Marcos de Obregón: 16

Vida del Gran Tacaño: 17

Vida: 30

Vidas de españoles célebres: 42

Vidas de Santos: 14

Vidas sombrías: 53

Voces de gesta: 53

“Vuelva usted mañana”: 47

 

 

Walpole’s Royal and Noble Authors: 12 (n.p.)

 

 

“Yo quiero ser cómico”: 47

 

 



[1] Las principales fuentes bibliográficas que hemos utilizado para elaborar esta biografía de Campillo son Guerrero (1964), Brown (1964) y Díaz (1971).

[2] Fuensanta Guerrero (1964) reproduce su partida bautismal, donde se indica que nació en esta fecha. Hasta ese momento se creía que Campillo había nacido en 1835.

[3] Brown (1964:41), Guerrero (1964:71) y Díaz (1971:35) recogen una curiosa anécdota: Campillo salvó a Bécquer de morir ahogado en el Guadalquivir. Guerrero y Díaz reproducen las palabras del propio Campillo en su biografía de Bécquer que apareció en “La Ilustración de Madrid” el 15 de enero de 1871: «Nadábamos juntos en el Guadalquivir: iba muy fatigado y le vi hundirse: el sitio era peligroso y muy profundo: cuando apareció, me dijo: “si no me salvas, me ahogo”, con el mismo tono que si dijera: “buenos días”. Pude llevarle a sitio seguro, y cuando nos vestíamos, dijo: “debe ser muy mala muerte la del ahogado”. Y no hablamos más del asunto.»

[4] La obra tuvo una segunda edición en 1875 y una tercera en 1881. A partir de la séptima edición (1912) se vio aumentada con un «Resumen crítico-histórico de la Literatura Española» a cargo de Andrés González-Blanco. La obra ha conocido hasta doce ediciones; la octava es de 1916, la novena, de 1920, la décima, de 1923, la undécima, de 1928, y la duodécima, de 1936.

[5] Recordemos que Campillo fue un liberal acérrimo, antimonárquico y anticlerical, y que contribuyó con sus escritos al desencadenamiento de la Revolución “Gloriosa” de 1868, mediante la cual se derrocó a Isabel II.

[6] «Por parte de liberales y radicales de izquierda, en tanto que suponía un control excesivo del Estado y una limitación a la libertad de pensamiento. Por los clericales, en cuanto que tales medidas favorecían la secularización» (Medina, 1977: 46).

[7] A pesar de la continua alternancia y oposición entre liberales y moderados, en la cuestión de la educación sus posiciones estaban muy cercanas. Todos los partidos políticos deseaban la implantación de un sistema educativo estable, y ese deseo se materializó en la Ley Moyano: «La Ley Moyano sería posible porque, de una parte, existía un fuerte consenso entre todos los partidos políticos acerca de la conveniencia de consolidar el nuevo sistema liberal sobre las bases generales que representaban el reglamento de 1821, el plan del Duque de Rivas en 1836 y el plan del marqués de Pidal de 1845, y porque, de otra parte, se era consciente de que sólo una norma con rango de ley garantizaría la estabilidad deseada» (Puelles Benítez, 1988:66). «Faltaba precisamente una ley de enseñanza que, continuando la labor realizada por los grandes reformadores, culminara las experiencias que desde hacía casi un siglo se venían produciendo y que terminara de pasar al Estado la responsabilidad general de la educación de la juventud» (Medina, 1977: 50).

[8] «La gratuidad restringida suponía también la consagración en una ley del principio que formulara el Duque de Rivas: como el sistema educativo se dirige fundamentalmente a las “clases acomodadas”, éstas deben pagar la enseñanza, pero la primera parte de la enseñanza primaria, al igual que el plan de 1836, sólo será gratuita para “los que puedan pagarla”» (Puelles Benítez, 1988:68).

[9] «La universidad centralizada se convirtió en un instrumento excelente para propagar ideologías que contradecían los intereses moderados, por eso, cuando cayeron en el error, aplicaron, consecuentemente con sus planteamientos, el estatuto del funcionariado a los catedráticos, de modo que impidieron a éstos la posibilidad de contradecir la ideología oficial del Estado que los sustentaba, acabando con la libertad de cátedra» (Medina, 1977: 56).

[10] La implantación de un sistema de educación estable podía responder también a otros intereses: «Por otra parte, la ley va a ser consecuencia de las necesidades, reconocidas públicamente como tales, de una burguesía incipiente deseosa de encontrar definido el sistema de reproducción cultural, de legitimar el acceso escalonado y clasista a la cultura, de ordenar la formación de los elementos de la fuerza de trabajo de la producción, tanto a nivel elemental como superior, de articular todos los niveles de acuerdo con las demandas de la actividad económica…» (Medina, 1977: 50-51).

[11] El pensamiento krausista fue introducido en España por Sanz del Río, quien también se encargó de adaptarlo para su aplicación. El krausismo, que debe su nombre al filósofo alemán Krause, es una doctrina de carácter moralista y racionalista, fundada en una conciliación entre el teísmo y el panteísmo, que en aquel tiempo gozaba de cierta difusión en toda Europa. «El krausismo daba razones de casi todo lo humano: de la filosofía de la historia, de la sociedad y su ideal, de la educación, de la libertad y de la ciencia, de la realidad de todo lo creado, como un “todo” armónico concebido en Dios. […] El individuo descubre aquellos valores y verdades que constituyen su propia vida a partir de la intuición del yo, como uno y total: las raíces de su ser y del verdadero sentido de su vida están en lo religioso, lo moral y lo jurídico» (Capitán Díaz, 2000: 61-62).

[12] «El establecimiento de un curso de Castellano y otro de Literatura Española y su historia (en lugar de la tradicional Retórica y Poética, que perdura en el Plan con Latín), ambos de 9 horas semanales, busca dar entidad propia y un desarrollo no amplio, pero sí básico, a la propia lengua. La lengua nacional ya no será un añadido o complemento del latín, estudiado en función de éste, sino que se cultivará como instrumento de comunicación hablada y escrita, al tiempo que se reivindican de manera autónoma las glorias literarias castellanas» (Sanz Díaz, 1985: 337-338).

[13] «La acción anticlerical, que sistemáticamente ha caracterizado todas las revoluciones progresistas en el pasado, no demuestran sólo el empecinamiento de una parte del país y la intransigencia de ciertas ideologías, sino también la reacción inevitable frente a una institución, la Iglesia, que una vez tras otra ha tomado partido, se ha alzado como grupo de presión, opuesto a todo tipo de cambio. Nada extraño tiene entonces la acción de los revolucionarios septembrinos: desaparece la Teología como facultad universitaria, se vuelve a expulsar a los jesuitas y a las órdenes religiosas establecidas en España desde 1837, se suprime la subvención a los seminarios conciliares…» (Medina, 1977: 62).

[14] El hecho de que el alumno se convierta en titular de su aprendizaje «obedece a principios ideológicos generales, pues no se concibe que el Estado pueda limitar la voluntad individual. En el campo educativo su única obligación es garantizar que los estudios, hechos por el procedimiento que se quiera y según la ordenación de asignaturas y cursos que el alumno haya elegido, tengan el rigor requerido para la expedición de los títulos oficiales. La razón principal que se aduce para reconocer a los alumnos la libertad de confeccionar su propio currículum académico es la diferencia de capacidades individuales, lo que viene a ser una aplicación casi literal de los principios liberales que inspiran toda la acción política en el periodo» (Sanz Díaz, 1985: 330-331).

[15] Turin (1967: 14) nos ofrece una breve reflexión sobre el impacto de la libertad en la educación y la sociedad de aquellos años: «Por la educación la sociedad se transmite, se perpetúa ella misma. Es el medio de que dispone para enseñar a los más jóvenes lo que ella ha sido y, en consecuencia, lo que ellos deberían ser. Por eso dura, sobrevive. Así se explica la angustia de una sociedad ferozmente aferrada a sus tradiciones, hostil, a priori, a todo cambio, a lo que la pone en peligro de sucumbir. La introducción de nuevos principios hasta en la escuela es la inseguridad establecida en todo. El clima de libertad, más que las leyes mismas, multiplicaba así las cuestiones planteadas por la educación».

[16] «Lo que se pretendía era controlar no la calidad de la enseñanza, sino el espíritu con que se daba» (Turin, 1967: 296).

[17] «En 1868 y durante los años que siguen se disiente libremente, y a veces con violencia, el problema escolar. Desaparecida la República, la efervescencia intelectual que la acompaña dejó huellas. Provoca con mayor o menor rapidez, más o menos completamente, en la sociedad de la Restauración una conciencia, un descubrimiento paulatino del hecho escolar. Al mismo tiempo aparecen inquietudes, se afirman reacciones. Las actitudes se hacen más francas. Sobre los derechos del Estado y los de la Iglesia, sobre los de la familia y los del niño, España comienza un debate emprendido hace mucho tiempo más allá de sus fronteras» (Turin, 1967: 4).

[18] «La enseñanza secundaria llevaba a una formación superior cuyo fin no era reemplazar los cursos de la Universidad oficial, sino completarlos y conservar en los estudios superiores de los antiguos alumnos de la Institución los métodos y el espíritu que habían dominado su formación secundaria. No se podía hacer más, porque la ley no concedía libertad completa a la enseñanza superior. Tales cursos estaban concebidos como una serie de conferencias más o menos regulares» (Turin, 1967: 182).

[19] «No se trata de lanzarse a un feminismo descabellado o de prestar su concurso a alguna revolución metafísica del sexo débil. Se trata sólo de ayudar a la solución de problemas difíciles y hacer las relaciones entre chicos y chicas más sanas por ser más naturales» (Turin, 1967: 210).

[20] Una de las consecuencias del uso de este método pedagógico es el rechazo por la evaluación del alumno mediante exámenes: «En todo ello no había apenas exámenes. Giner y sus colaboradores eran claramente hostiles al mismo principio. Sin embargo, les fue difícil, al menos al comienzo, no preparar el bachillerato. Mas, desde 1881, se suprimieron los exámenes anuales que existen aún en España, y sólo se dejó subsistir el examen final. Ya se tratase de enseñanza secundaria, superior o técnica, jamás se preocupó mucho la Institución Libre de la necesidad de llegar a una sanción de los estudios. El tiempo, la edad en que concluían, tampoco contaban. Este criterio no dejó de suscitar la crítica de muchas familias» (Turin, 1967: 183).

[21] «Si la actitud conservadora continuó siendo dominada por un reflejo de temor, casi constantemente negativo, la política liberal, por el contrario, se caracteriza por un esfuerzo para mantener los derechos del Estado y por el deseo de encontrar una solución a los problemas más graves que esterilizan, de antemano, cualquier política escolar de conjunto y, especialmente, el de la enseñanza religiosa» (Turin, 1967: 309).